10.-LA
MURMURACIÓN
Toma la vida de
Jesús y léela a fondo: no verás en Él una palabra de murmuración. El Sagrado Corazón
es siempre Él mismo: tiene una palabra dulce para los justos y los pecadores, una palabra
de ternura para sus traidores, una palabra de perdón para los que le crucifican. Sobre
todos extiende el manto benigno de la caridad. Por eso odia tanto la murmuración y
establece una regla especial: "No juzguéis y no seréis juzgados", dice.
En la medida con la
que juzguéis a los otros, seréis juzgados. ¿Por qué ves la mota en el ojo de tu
hermano y no ves la viga en el tuyo?
¡Oh Dios todopoderoso y eterno! Mira al Corazón de tu Santísimo Hijo y
las alabanzas y satisfacciones que te tributa en nombre de los
pecadores, y a éstos concédeles el perdón en nombre del mismo
Jesucristo, tu Hijo y Salvador nuestro. Amén.
¡Oh Corazón de Jesús, ceñido de corona de punzantes espinas! Me pesa de
los pecados que contra ti he cometido con mis sensualidades, y poca
mortificación.
Padrenuestro ...
Padrenuestro ...

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