sábado, 7 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la profecía de Miqueas 7, 14-15. 18-20

Pastorea a tu pueblo, Señor, con tu cayado, al rebaño de tu heredad, que anda solo en la espesura, en medio del bosque; que se apaciente como antes en Basán y Galaad.

Como cuando saliste de Egipto, les haré ver prodigios.

¿Qué Dios hay como tú, capaz de perdonar el pecado, de pasar por alto la falta del resto de tu heredad?

No conserva para siempre su cólera, pues le gusta la misericordia.

Volverá a compadecerse de nosotros, destrozará nuestras culpas, arrojará nuestros pecados a lo hondo del mar.

Concederás a Jacob tu fidelidad y a Abrahán tu bondad, como antaño prometiste a nuestros padres.

Salmo de hoy

Salmo 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12 R/. El Señor es compasivo y misericordioso

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura. R/.

No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R/.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre los que lo temen;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».

Jesús les dijo esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”.

El padre les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían ¡os cerdos, pero nadie le daba nada.

Recapacitando entonces, se dijo:
“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.

Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.

Su hijo le dijo:
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.

Pero el padre dijo a sus criados:
“Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.

Y empezaron a celebrar el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.

Este le contestó:
“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”.

Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.

Entonces él respondió a su padre:
“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.

El padre le dijo:
“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

Dios deja abierta la puerta del regreso a todos

Miqueas, preocupado por la injusticia general envía un mensaje de esperanza en el que destaca una maravillosa pregunta: ¿Qué Dios hay como tú, que quite la culpa y pase por alto el delito del resto de tu heredad? Invoca a Dios para que guíe a su pueblo, que mora solitario en la selva, con la esperanza de que vuelvan los días de la milagrosa liberación y salida de Egipto. Una súplica por el regreso de la justicia.

A pesar de los pecados de su pueblo, Dios cumplirá su promesa, deja abierta la puerta al regreso a todos. Miqueas resalta la importancia de que regresen los que están alejados.  Y al que regresa le espera Dios con su misericordia y perdón, que “pisoteará nuestras culpas”.

¿Quién hace eso? Así le sucederá al hijo prodigo, que no recibe castigo cuando regresa a casa. El castigo ya lo ha sufrido arruinado y solo, lejos de su hogar, cuando sentía envidia de lo que comían los puercos.

El camino del regreso no se puede hacer con el mismo orgullo que lleva al pecado. Se necesita humildad para regresar a Dios. El modo es: Soy un pecador, necesito tu perdón, acepto tu perdón.

Miqueas nos transmite una actitud en la vida: esperanza en medio de la oscuridad, confianza en Dios, arrepentimiento y humildad.

Los dos hijos necesitan convertirse

El relato comienza narrando la inmensa misericordia de Jesús, su afán por salvar a todos sin excepción. No deja abandonada ni una sola oveja de su rebaño. Incluidos los publicanos y pecadores, con los que en actitud de acogida y cordialidad, se sienta a comer, aunque le cuesta las murmuraciones y recelos de los fariseos.

En el relato hay tres comidas bien diferentes. Jesús comiendo en fraternidad con los socialmente mal vistos, una envidiada comida de algarrobas de unos puercos y un banquete de fiesta. Y en el centro del relato, la historia de amor incondicional de un padre hacia sus dos hijos perdidos. Uno fuera, en un país lejano y el otro perdido en su propia casa.

Narra, dirigido a todos y con sencillez, el cotidiano error humano de confundir la felicidad con la satisfacción egoísta de los deseos individuales. El hijo menor quiere disfrutar las riquezas del hogar paterno sin limitaciones impuestas, marcha de su hogar por no sentirse libre y experimenta que cuando se terminan las riquezas efímeras, es menos libre todavía y acaba cuidando cerdos, cayendo en la peor impureza posible, y envidiando que estaban mejor alimentados que él. Es importante el v 17: “entrando en sí mismo”.

La experiencia dramática vivida provoca una evolución que da la vuelta a su vida. No es el padre el que sale a buscar a su hijo, es el recuerdo de su amor volcado en su cuidado. “Y levantándose” con humildad, se pone en marcha decidido a arrepentirse, y volver sin pensar en que le acepte en su condición de hijo, sino como jornalero, para acabar con la indigencia en la que ha caído.

Todos podemos experimentar a lo largo de la vida la caída y la necesidad de volver y de ser perdonados al regreso. Volver al hogar paterno por medio del perdón. Es una parábola dirigida a todos.

El padre ha respetado la libertad del hijo, lo ha criado con cariño y confía en que “ya volverá”. Y recupera a su hijo, al que no le deja ni terminar de disculparse. Lo viste, le pone un anillo en señal de rehabilitación de su dignidad, y lo calza dándole de nuevo posesión del hogar. Un reingreso total en la familia, con misericordia y compasión.  Así es el perdón de Dios al que regresa. Restablece la condición y se niega a aceptar la indignidad de su hijo arrepentido. Y Dios celebra una gran fiesta por cada hijo que regresa. Como decía Miqueas, ¿Qué Dios hay como tú?

El hijo mayor reacciona al regreso de su hermano con envidia por el recibimiento, con amargura e incomprensión. A pesar de que vive en casa del padre y lo tiene todo, demuestra sentir la misma falta de libertad que su hermano al marchar.

La parábola nos da una guía para la vida: la misericordia del padre, el arrepentimiento del que regresa, y la comprensión del que está dentro de casa.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Perpetua y Felicidad, Santas
Memoria Litúrgica, 7 de marzo...

viernes, 6 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 37, 3-4. 12-13a. 17b-28

Israel amaba a José más que a todos los otros hijos, porque le había nacido en la vejez, y le hizo una túnica con mangas. Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaban el saludo.

Sus hermanos trashumaron a Siquén con los rebaños de su padre. Israel dijo a José:
«Tus hermanos deben de estar con los rebaños en Siquén; ven, que te voy a mandar donde están ellos».

José fue tras sus hermanos y los encontró en Dotán. Ellos lo vieron desde lejos y, antes de que se acercara, maquinaron su muerte. Se decían unos a otros:
«Ahí viene el soñador. Vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos que una fiera lo ha devorado; veremos en qué paran sus sueños».

Oyó esto Rubén, e intentando salvarlo de sus manos, dijo:
«No le quitemos la vida».

Y añadió:
«No derraméis sangre; echadlo en este aljibe, aquí en la estepa; pero no pongáis las manos en él».

Lo decía para librarlo de sus manos y devolverlo a su padre.

Cuando llegó José al lugar donde estaban sus hermanos, lo sujetaron, le quitaron la túnica, la túnica con mangas que llevaba puesta, lo cogieron y lo echaron en un pozo. El pozo estaba vacío, sin agua.

Luego se sentaron a comer y, al levantar la vista, vieron una caravana de ismaelitas que transportaban en camellos goma, bálsamo y resina de Galaad a Egipto. Judá propuso a sus hermanos:

«¿Qué sacaremos con matar a nuestro hermano y con tapar su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pongamos nuestras manos en él, que al fin es hermano nuestro y carne nuestra».

Los hermanos aceptaron.

Al pasar unos mercaderes madianitas, tiraron de su hermano; y, sacando a José del pozo, lo vendieron a unos ismaelitas por veinte monedas de plata. Estos se llevaron a José a Egipto.

Salmo de hoy

Salmo 104, 16-17. 18-19. 20-21 R/. Recordad las maravillas que hizo el Señor

Llamó al hambre sobre aquella tierra:
cortando el sustento de pan;
por delante había enviado a un hombre,
a José, vendido como esclavo. R/.

Le trabaron los pies con grillos,
le metieron el cuello en la argolla,
hasta que se cumplió su predicción,
y la palabra del Señor lo acreditó. R/.

El rey lo mandó desatar,
el señor de pueblos le abrió la prisión,
lo nombró administrador de su casa,
señor de todas sus posesiones. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43, 45-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchad otra parábola:
“Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.

Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.

Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.

Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.

Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?”».

Le contestan:
«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».

Y Jesús les dice:
«¿No habéis leído nunca en la Escritura:
“La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente”?

Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos.

Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

Ahí viene el soñador

La historia de José, tan conocida para nosotros, se narra en la última parte del libro del Génesis. La lectura de hoy va a revelarnos las tensiones familiares, los celos, la violencia y también el plan de Dios que se abre camino incluso a través del pecado humano. Recordemos que todos son descendientes de Jacob, aunque hijos de distintas madres.

Desde el inicio se nos habla del motivo por el que los hermanos tienen envidia de José, y este no es otro que la preferencia de Jacob por él, “porque lo había engendrado en su vejez” (Gn 37,3). Esta predilección se expresa simbólicamente en el regalo de “una túnica de mangas largas”, signo de distinción y autoridad. Este gesto de Jacob, nacido del afecto sincero, va a sembrar la división en la familia.

Jacob envía a José dónde sus hermanos, que habían marchado lejos en busca de buen pasto para el ganado, y desea tener noticias. Pero José no es recibido con hospitalidad, sino con violencia. La frase “ahí viene el soñador” revela la burla y el temor de los hermanos ante los sueños de José. En lugar de discernir si Dios hablaba a través de él, reaccionan con envidia y deciden acabar con él.

Los hermanos, a instancias de Rubén, echaron a José en uno de los muchos pozos que existen en la montaña de Efraín. Mientras estaban comiendo llegó una caravana de mercaderes ismaelitas que venían de Galaad en dirección a Egipto. Estos comerciantes ofrecen la oportunidad a Judá, de evitar que sus hermanos se manchen las manos matando a José y lo vende como esclavo. El precio fue de 20 piezas de plata, que era la suma ofrecida en el mercado por un esclavo entre los cinco y veinte años (Lv 27,5). La historia de José y sus hermanos no ha hecho más que comenzar, Dios transformará esta tragedia en un camino de salvación para Israel, pues José será instrumento para preservar a su familia del hambre. Pero por ahora, el soñador es llevado a Egipto para ser vendido como esclavo.

Jesús es la piedra que desecharon los arquitectos

A partir de la entrada de Jesús en Jerusalén (Mt 21,1-11) las hostilidades contra él aparecen con mayor intensidad y presagian su desenlace próximo. Sus acciones, sobre todo la expulsión de los vendedores del Templo (21,12-13), y las aclamaciones y reconocimientos de la gente, llevan a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo a cuestionar la autoridad del Señor. No obstante, Jesús denuncia la infidelidad de los líderes de Israel y la no acogida del Reino de Dios.

La parábola de los viñadores homicidas, dirigida a los sumos sacerdotes y fariseos, comienza describiendo a un propietario que planta una viña, la cerca, cava un lagar y construye una torre. Esta imagen remite a Isaías 5,1-7, donde la viña simboliza al pueblo de Israel y el propietario es Dios. Mateo añade a su texto una novedad, la viña es arrendada y el dueño se ausenta. A partir de aquí comienzan los sucesivos envíos de siervos a fin de que los labradores les entreguen los frutos. Mateo habla de dos envíos, cada uno de varios siervos cuya suerte es el rechazo sistemático que llega incluso hasta la muerte. De nuevo, los oyentes y los lectores ven un eco de la historia de la salvación: Dios constantemente ha enviado a sus siervos los profetas a Israel, en cambio, en vez de obtener frutos, muchos de ellos han sufrido la violencia (Jr 7,25-26). Esta serie de envíos encuentra su culmen en el tercero, el envío del “hijo”. La reflexión interna que se hace el dueño (“a mi hijo lo respetarán”), contrasta con la que se hacen ellos (“este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”), y concluye con dándole muerte fuera de la viña.

A continuación, Jesús recurre a la pregunta para interpelar a sus interlocutores: “cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?”. Pregunta que los oyentes van a responder correctamente: “los que así han obrado merecen la muerte y que se les quite la viña, y se dé a otros que den los frutos a su tiempo”. Jesús amplía y explicita esta respuesta presentando la suerte del Hijo. Y lo hace a través de la cita del salmo 118: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular” y anunciando las consecuencias: “Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”. En este momento los dirigentes caen en la cuenta de que lo había dicho por ellos y su reacción es de rechazo, pero no se atreven a arrestarlo por miedo a la gente.

El evangelio nos ha recordado hoy que hemos recibido una viña: la vida, la fe, la comunidad… y que somos meros administradores, no sus dueños. Dios espera de nosotros y nosotras frutos concretos de justicia, misericordia, fidelidad, servicio. La parábola también abre nuestro corazón a la esperanza: aunque los hombres rechacen a Dios, Él sigue construyendo su Reino, incluso a partir del aparente fracaso. La piedra rechazada se convierte en la base de una nueva construcción. ¿Es Jesús la piedra angular de nuestra vida?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Olegario, Santo
Obispo, 6 de marzo...

jueves, 5 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 17, 5-10

Esto dice el Señor:

«Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor.

Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita.

Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza.

Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto.

Nada hay más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo conoce?

Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual su conducta según el fruto de sus acciones».

Salmo de hoy

Salmo 1, 1-2. 3. 4 y 6 R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día.

Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.

Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.

Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.

Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo:
“Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”.

Pero Abrahán le dijo:
“Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.

Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”.

Él dijo:
“Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”.

Abrahán le dice:
“Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”.

Pero él le dijo:
“No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”.

Abrahán le dijo:
“Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Bendito quien confía en el Señor”

La primera lectura y el salmo de hoy, están estrechamente relacionados, ambos nos hablan de la confianza y el abandono en Dios Padre, algo que el cristiano tiene que vivir como pilar fundamental de su vida.

El profeta Jeremías es muy claro al afirmar que quien confía en los hombres, aparta su corazón de Dios. Es un llamado a nuestra conciencia, hemos de preguntarnos ¿en quién y dónde ponemos la confianza?

Seguro que en tu historia has tenido momentos profunda confianza en personas cercanas: familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc. Y a la vez, también habrás sufrido alguna traición o decepción por parte de quienes creías que estaban a tu lado sin condiciones, y esto es algo que rompe nuestros esquemas y nos deja heridas a veces realmente profundas en nuestro interior.

En estos momentos estamos llamados a orientar nuestra alma, todo nuestro ser a Dios, porque Él es el único que puede darnos un amor eterno e incondicional.

Sigue la lectura diciendo que quien confía verdaderamente en el Señor, no teme los tiempos de hastío, no pierde la paz en momentos de gran sufrimiento, está bien afianzado en sus raíces. ¿Cuáles son esas raíces? La fe, la esperanza y la caridad. Las virtudes teologales que nos hablan constantemente del corazón de Dios, un corazón que ama, que perdona, que no tiene límites.

Nuestro corazón es limitado, tenemos hermosos deseos, pero también somos de barro, y surgen las envidias, los celos, los resentimientos…estamos tantas veces a merced de los sentimientos y de las cosas que nos suceden que no somos perseverantes en el amor auténtico.

Una manera de revisar nuestra vida es mirar los frutos que damos ¿qué siembras a tu alrededor? ¿creas un ambiente de armonía y alegría, o por el contrario generas tensiones?

¡Ánimo hermanos! Estamos a tiempo de reconducir nuestro corazón al verdadero camino, este tiempo de Cuaresma es un tiempo precioso para “meditar la ley del Señor, día y noche”, que nuestro gozo no venga de las cosas terrenales, esas siempre son cambiantes, que nuestra verdadera alegría sea el gozo del Señor, y así, todo lo que emprendamos en la vida, tendrá buen fin.

“Recuerda que recibiste tus bienes en vida”

El Evangelio de hoy nos presenta la historia del pobre Lázaro y el hombre rico, también llamado “el rico Epulón”. Una historia que puede reflejar muy bien nuestras vidas, ya que toda parábola que predica Jesús, nos quiere hacer de espejo para una constante revisión en nuestro corazón.

Buscamos tantas veces obras grandes para vivir el Evangelio, esperamos que llegue la ocasión de que quede de manifiesto nuestra generosidad, que dejamos pasar pequeñas ocasiones de misericordia con aquellos que tenemos al lado y no nos damos cuenta que necesitan de nuestro amor, de nuestra escucha y dedicación.

Vivimos indiferentes al dolor y la pobreza (espiritual o material) de los que nos rodean, mientras ninguna desgracia toca a nuestra puerta, vivimos “anestesiados”, ajenos a lo que los demás puedan estar necesitando.

No tienen porqué ser cosas de gran valor económico, en realidad lo que verdaderamente ayuda a quien sufre son pequeños gestos de cercanía. Una llamada, un mensaje, una carta, un detalle con tus compañeros de trabajo, una tarde dedicada a un amigo que sufre, escuchando pacientemente a tus hijos, cuidando a nuestros mayores…cualquier cosa cotidiana se puede convertir en tu propia salvación y en la del otro.

Tanto ricos como pobres tenemos un mismo destino, ¿has pensado alguna vez en que tus obras redundan en el Cielo? Una oración por quien sabes que nadie se acuerda de él/ella, tiene un valor inmenso en la vida eterna. Sólo en el Cielo conoceremos la gran ayuda que pudimos dar con una simple plegaria, con una Eucaristía ofrecida, por los pequeños detalles de cada día que hicieron la vida de los demás algo más alegre y fácil.

Si fuéramos más conscientes de todo esto, viviríamos de otra manera, más descentrados de nosotros mismos, con más anhelos de entrega por el prójimo, con más sed por la salvación de las almas y no por nuestra propia comodidad y seguridad.

El rico de esta historia se da cuenta tarde, y quiere librar a sus familiares del tormento que sufre, ya que se encuentra lejos de Dios por la dureza de su corazón. Pero dice Jesús que quien no ha escuchado antes a los profetas, tampoco escucharán ni creerán, aunque vean que los muertos resucitan.

Que no nos pase esto a nosotros, hermanos. Tenemos motivos para tener esperanza, sabemos que nuestra fe tiene fundamento, que Cristo vive, que nos llama a una entrega total por amor, no nos cerremos a su llamada en los pobres, en los que sufren. Podemos transmitir la luz de la Vida a quien vive en tinieblas, esta es nuestra misión, dar gratis lo que gratis hemos recibido. Con muy poco haremos mucho ruido en el Cielo.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Lucio I, Santo
XXII Papa, 5 de marzo...

miércoles, 4 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 18, 18-20

Ellos dijeron:

«Venga, tramemos un plan contra Jeremías porque no faltará la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta. Venga, vamos a hablar mal de él y no hagamos caso de sus oráculos».

Hazme caso, Señor, escucha lo que dicen mis oponentes. ¿Se paga el bien con el mal?, ¡pues me han cavado una fosa!

Recuerda que estuve ante ti, pidiendo clemencia por ellos, para apartar tu cólera.

Salmo de hoy

Salmo 30, 5-6. 14. 15-16 R/. Sálvame, Señor, por tu misericordia

Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás. R/.

Oigo el cuchicheo de la gente,
y todo me da miedo;
se conjuran contra mí
y traman quitarme la vida. R/.

Pero yo confío en ti, Señor;
te digo: «Tú eres mi Dios».
En tu mano están mis azares:
líbrame de los enemigos que me persiguen. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 17-28

En aquel tiempo, subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino:

«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.

Él le preguntó:
«¿Qué deseas?».

Ella contestó:
«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».

Pero Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».

Contestaron:
«Podemos».

Él les dijo:
«Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo:

«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.

Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

¿Se paga el bien con el mal?

Hemos iniciado la celebración con una súplica: que nos guarde en el camino del bien, que él nos ha señalado, y hemos expuesto ante el Señor una necesidad: haz que, protegida por tu mano, en sus necesidades temporales, tienda con mayor libertad hacia los bienes eternos.

En el camino cuaresmal se nos presenta el misterio de Cristo para su contemplación, y en él se nos revela el necesario camino del bien. En el Hijo de Dios, que se ha hecho verdaderamente hombre, queda trazada para nosotros la línea de conducta que debemos seguir. Y sin perder de vista quien es este que camina a nuestro lado, capaz de llevarnos a experimentar la auténtica libertad de espíritu. Tenemos así expuesta en las dos primeras semanas, la tarea cuaresmal.

Y el profeta se pregunta ¿Se paga el bien con el mal? Habiendo escuchado lo que traman sus enemigos, sintiendo su impotencia, se vuelve a Dios suplicando y exponiendo su sorpresa. Ha pasado ante ellos haciendo el bien, intercediendo en su favor, pero, lejos de atenderlo, arremeten contra él.

Sin embargo, el profeta no mudará su actitud: “Recuerda que estuve ante ti, pidiendo clemencia por ellos, para apartar tu cólera”. Con el bien se termina venciendo al mal. Nosotros llegamos también con nuestra impotencia a dirigirnos a Dios, convencidos de que sólo cuando atendemos a su palabra, comenzamos a ver cómo se disipan las tinieblas. Por eso clamamos con el salmista:

Sálvame, Señor, por tu misericordia

Se oye y se ve cómo se planifica y lleva a cabo toda suerte de actuaciones, contra la dignidad y derechos de las personas. Parece inútil todo esfuerzo por cambiar esa situación. Para no desfallecer, cediendo al desaliento, no hay otra solución que volverse al Señor, como el salmista, como el profeta: Pero yo confío en tí, Señor; te digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis azares…”.

En Jesús aparece con el máximo de radicalidad lo que en el salmo contemplamos. Este salmo es recitado por Jesús estando en la cruz y los mártires lo utilizan en el momento de entregar la vida. En medio de las situaciones que toca afrontar, reconocer que solamente Dios nos salva y ello en razón de su infinita misericordia.

Estamos subiendo a Jerusalén

La cuaresma es camino hacia la Pascua. La vida del cristiano es una peregrinación pascual, hacia la Pascua eterna. De ello no debemos huir. Van camino de Jerusalén. No es un viaje más; este es el viaje definitivo, así lo entiende el Señor y así se lo hace ver a los Doce: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».

Este anuncio es clave para entender el discipulado. Profundizar en él, durante la cuaresma debe tener prioridad, para comprender mejor lo que ella significa. Para ir más allá del sentido penitencial que la marca. No en vano en estas dos primeras semanas se coloca delante el misterio de Cristo y se nos invita a vivirlo en plenitud. La conversión tiene que estar fundamentada en ese conocimiento, por lo que revela para el presente y futuro de cada ser humano.

Hay que prestar atención a ello, para superar la tentación que aparece en el relato evangélico. La figura de la madre de los Zebedeos no está aislada, es compartida por los miembros del grupo. Han discutido muchas veces sobre quién es el más importante. Los primeros puestos son apetecidos por el ser humano. Especialmente los beneficios que se pueden obtener y los honores que llevan anexos. La indignación de los otros diez revela que se sienten discriminados, que pierden oportunidades. ¡Es tan humano eso! Tan común y frecuente, entonces y ahora, que se ha de prestar el máximo de atención al planteamiento de Jesús.

La respuesta del Maestro es situarlos ante la determinación de entregar la vida. Beber el cáliz. A esto respondieron que estaban dispuestos. Jesús va más allá: “Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre”. Los sitúa ante la entrega total y gratuitamente. ¿Qué es lo que no tienen que hacer? Sabéis, les dirá “que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo”. La razón de todo eso es que él no ha venido a ser servido, sino a servir y dar la vida en rescate por todos.

 

¿Qué busco, por qué y para qué? ¿Cómo entiendo y vivo la gratuidad?