jueves, 5 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 17, 5-10

Esto dice el Señor:

«Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor.

Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita.

Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza.

Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto.

Nada hay más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo conoce?

Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual su conducta según el fruto de sus acciones».

Salmo de hoy

Salmo 1, 1-2. 3. 4 y 6 R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día.

Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.

Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.

Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.

Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo:
“Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”.

Pero Abrahán le dijo:
“Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.

Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”.

Él dijo:
“Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”.

Abrahán le dice:
“Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”.

Pero él le dijo:
“No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”.

Abrahán le dijo:
“Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Bendito quien confía en el Señor”

La primera lectura y el salmo de hoy, están estrechamente relacionados, ambos nos hablan de la confianza y el abandono en Dios Padre, algo que el cristiano tiene que vivir como pilar fundamental de su vida.

El profeta Jeremías es muy claro al afirmar que quien confía en los hombres, aparta su corazón de Dios. Es un llamado a nuestra conciencia, hemos de preguntarnos ¿en quién y dónde ponemos la confianza?

Seguro que en tu historia has tenido momentos profunda confianza en personas cercanas: familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc. Y a la vez, también habrás sufrido alguna traición o decepción por parte de quienes creías que estaban a tu lado sin condiciones, y esto es algo que rompe nuestros esquemas y nos deja heridas a veces realmente profundas en nuestro interior.

En estos momentos estamos llamados a orientar nuestra alma, todo nuestro ser a Dios, porque Él es el único que puede darnos un amor eterno e incondicional.

Sigue la lectura diciendo que quien confía verdaderamente en el Señor, no teme los tiempos de hastío, no pierde la paz en momentos de gran sufrimiento, está bien afianzado en sus raíces. ¿Cuáles son esas raíces? La fe, la esperanza y la caridad. Las virtudes teologales que nos hablan constantemente del corazón de Dios, un corazón que ama, que perdona, que no tiene límites.

Nuestro corazón es limitado, tenemos hermosos deseos, pero también somos de barro, y surgen las envidias, los celos, los resentimientos…estamos tantas veces a merced de los sentimientos y de las cosas que nos suceden que no somos perseverantes en el amor auténtico.

Una manera de revisar nuestra vida es mirar los frutos que damos ¿qué siembras a tu alrededor? ¿creas un ambiente de armonía y alegría, o por el contrario generas tensiones?

¡Ánimo hermanos! Estamos a tiempo de reconducir nuestro corazón al verdadero camino, este tiempo de Cuaresma es un tiempo precioso para “meditar la ley del Señor, día y noche”, que nuestro gozo no venga de las cosas terrenales, esas siempre son cambiantes, que nuestra verdadera alegría sea el gozo del Señor, y así, todo lo que emprendamos en la vida, tendrá buen fin.

“Recuerda que recibiste tus bienes en vida”

El Evangelio de hoy nos presenta la historia del pobre Lázaro y el hombre rico, también llamado “el rico Epulón”. Una historia que puede reflejar muy bien nuestras vidas, ya que toda parábola que predica Jesús, nos quiere hacer de espejo para una constante revisión en nuestro corazón.

Buscamos tantas veces obras grandes para vivir el Evangelio, esperamos que llegue la ocasión de que quede de manifiesto nuestra generosidad, que dejamos pasar pequeñas ocasiones de misericordia con aquellos que tenemos al lado y no nos damos cuenta que necesitan de nuestro amor, de nuestra escucha y dedicación.

Vivimos indiferentes al dolor y la pobreza (espiritual o material) de los que nos rodean, mientras ninguna desgracia toca a nuestra puerta, vivimos “anestesiados”, ajenos a lo que los demás puedan estar necesitando.

No tienen porqué ser cosas de gran valor económico, en realidad lo que verdaderamente ayuda a quien sufre son pequeños gestos de cercanía. Una llamada, un mensaje, una carta, un detalle con tus compañeros de trabajo, una tarde dedicada a un amigo que sufre, escuchando pacientemente a tus hijos, cuidando a nuestros mayores…cualquier cosa cotidiana se puede convertir en tu propia salvación y en la del otro.

Tanto ricos como pobres tenemos un mismo destino, ¿has pensado alguna vez en que tus obras redundan en el Cielo? Una oración por quien sabes que nadie se acuerda de él/ella, tiene un valor inmenso en la vida eterna. Sólo en el Cielo conoceremos la gran ayuda que pudimos dar con una simple plegaria, con una Eucaristía ofrecida, por los pequeños detalles de cada día que hicieron la vida de los demás algo más alegre y fácil.

Si fuéramos más conscientes de todo esto, viviríamos de otra manera, más descentrados de nosotros mismos, con más anhelos de entrega por el prójimo, con más sed por la salvación de las almas y no por nuestra propia comodidad y seguridad.

El rico de esta historia se da cuenta tarde, y quiere librar a sus familiares del tormento que sufre, ya que se encuentra lejos de Dios por la dureza de su corazón. Pero dice Jesús que quien no ha escuchado antes a los profetas, tampoco escucharán ni creerán, aunque vean que los muertos resucitan.

Que no nos pase esto a nosotros, hermanos. Tenemos motivos para tener esperanza, sabemos que nuestra fe tiene fundamento, que Cristo vive, que nos llama a una entrega total por amor, no nos cerremos a su llamada en los pobres, en los que sufren. Podemos transmitir la luz de la Vida a quien vive en tinieblas, esta es nuestra misión, dar gratis lo que gratis hemos recibido. Con muy poco haremos mucho ruido en el Cielo.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Lucio I, Santo
XXII Papa, 5 de marzo...

miércoles, 4 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 18, 18-20

Ellos dijeron:

«Venga, tramemos un plan contra Jeremías porque no faltará la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta. Venga, vamos a hablar mal de él y no hagamos caso de sus oráculos».

Hazme caso, Señor, escucha lo que dicen mis oponentes. ¿Se paga el bien con el mal?, ¡pues me han cavado una fosa!

Recuerda que estuve ante ti, pidiendo clemencia por ellos, para apartar tu cólera.

Salmo de hoy

Salmo 30, 5-6. 14. 15-16 R/. Sálvame, Señor, por tu misericordia

Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás. R/.

Oigo el cuchicheo de la gente,
y todo me da miedo;
se conjuran contra mí
y traman quitarme la vida. R/.

Pero yo confío en ti, Señor;
te digo: «Tú eres mi Dios».
En tu mano están mis azares:
líbrame de los enemigos que me persiguen. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 17-28

En aquel tiempo, subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino:

«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.

Él le preguntó:
«¿Qué deseas?».

Ella contestó:
«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».

Pero Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».

Contestaron:
«Podemos».

Él les dijo:
«Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo:

«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.

Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

¿Se paga el bien con el mal?

Hemos iniciado la celebración con una súplica: que nos guarde en el camino del bien, que él nos ha señalado, y hemos expuesto ante el Señor una necesidad: haz que, protegida por tu mano, en sus necesidades temporales, tienda con mayor libertad hacia los bienes eternos.

En el camino cuaresmal se nos presenta el misterio de Cristo para su contemplación, y en él se nos revela el necesario camino del bien. En el Hijo de Dios, que se ha hecho verdaderamente hombre, queda trazada para nosotros la línea de conducta que debemos seguir. Y sin perder de vista quien es este que camina a nuestro lado, capaz de llevarnos a experimentar la auténtica libertad de espíritu. Tenemos así expuesta en las dos primeras semanas, la tarea cuaresmal.

Y el profeta se pregunta ¿Se paga el bien con el mal? Habiendo escuchado lo que traman sus enemigos, sintiendo su impotencia, se vuelve a Dios suplicando y exponiendo su sorpresa. Ha pasado ante ellos haciendo el bien, intercediendo en su favor, pero, lejos de atenderlo, arremeten contra él.

Sin embargo, el profeta no mudará su actitud: “Recuerda que estuve ante ti, pidiendo clemencia por ellos, para apartar tu cólera”. Con el bien se termina venciendo al mal. Nosotros llegamos también con nuestra impotencia a dirigirnos a Dios, convencidos de que sólo cuando atendemos a su palabra, comenzamos a ver cómo se disipan las tinieblas. Por eso clamamos con el salmista:

Sálvame, Señor, por tu misericordia

Se oye y se ve cómo se planifica y lleva a cabo toda suerte de actuaciones, contra la dignidad y derechos de las personas. Parece inútil todo esfuerzo por cambiar esa situación. Para no desfallecer, cediendo al desaliento, no hay otra solución que volverse al Señor, como el salmista, como el profeta: Pero yo confío en tí, Señor; te digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis azares…”.

En Jesús aparece con el máximo de radicalidad lo que en el salmo contemplamos. Este salmo es recitado por Jesús estando en la cruz y los mártires lo utilizan en el momento de entregar la vida. En medio de las situaciones que toca afrontar, reconocer que solamente Dios nos salva y ello en razón de su infinita misericordia.

Estamos subiendo a Jerusalén

La cuaresma es camino hacia la Pascua. La vida del cristiano es una peregrinación pascual, hacia la Pascua eterna. De ello no debemos huir. Van camino de Jerusalén. No es un viaje más; este es el viaje definitivo, así lo entiende el Señor y así se lo hace ver a los Doce: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».

Este anuncio es clave para entender el discipulado. Profundizar en él, durante la cuaresma debe tener prioridad, para comprender mejor lo que ella significa. Para ir más allá del sentido penitencial que la marca. No en vano en estas dos primeras semanas se coloca delante el misterio de Cristo y se nos invita a vivirlo en plenitud. La conversión tiene que estar fundamentada en ese conocimiento, por lo que revela para el presente y futuro de cada ser humano.

Hay que prestar atención a ello, para superar la tentación que aparece en el relato evangélico. La figura de la madre de los Zebedeos no está aislada, es compartida por los miembros del grupo. Han discutido muchas veces sobre quién es el más importante. Los primeros puestos son apetecidos por el ser humano. Especialmente los beneficios que se pueden obtener y los honores que llevan anexos. La indignación de los otros diez revela que se sienten discriminados, que pierden oportunidades. ¡Es tan humano eso! Tan común y frecuente, entonces y ahora, que se ha de prestar el máximo de atención al planteamiento de Jesús.

La respuesta del Maestro es situarlos ante la determinación de entregar la vida. Beber el cáliz. A esto respondieron que estaban dispuestos. Jesús va más allá: “Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre”. Los sitúa ante la entrega total y gratuitamente. ¿Qué es lo que no tienen que hacer? Sabéis, les dirá “que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo”. La razón de todo eso es que él no ha venido a ser servido, sino a servir y dar la vida en rescate por todos.

 

¿Qué busco, por qué y para qué? ¿Cómo entiendo y vivo la gratuidad?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Casimiro de Polonia, Santo
Memoria Litúrgica, 4 de marzo ...

domingo, 1 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la profecía de Daniel 9, 4b-10

¡Ay, mi Señor, Dios grande y terrible, que guarda la alianza y es leal con los que lo aman y cumplen sus mandamientos!

Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.

Tú, mi Señor, tienes razón y a nosotros nos abruma la vergüenza, tal como sucede hoy a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los de cerca y a los de lejos, en todos los países por donde los dispersaste a causa de los delitos que cometieron contra ti.

Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti.

Pero, mi Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona, aunque nos hemos rebelado contra él. No obedecimos la voz del Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por medio de sus siervos, los profetas.

Salmo de hoy

Salmo 78, 8. 9. 11. 13 R/. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados

No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados. R/.

Socórrenos, Dios, Salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu nombre. R/.

Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:
con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte. R/.

Nosotros, pueblo, ovejas de tu rebaño,
te daremos gracias siempre,
cantaremos tus alabanzas de generación en generación. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 36-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

Dios guarda su alianza y perdona al transgresor arrepentido

El libro que contiene la profecía de Daniel pude datarse en dos siglos antes del nacimiento de Cristo, aunque los acontecimientos históricos a los que se refiere se refieren a siglos anteriores (Dan 9, 4-10). Sin embargo, el mensaje espiritual que contiene cuadra perfectamente con todas las épocas, también con la nuestra.

En primer lugar, se ofrece una visión del misterio de Dios por lo que se deduce de su relación con los seres humanos. Es fiel a la alianza que tiene pactada a través del pueblo de Israel, su poder es infinito, hay que pensarlo como la santidad personificada, cercano a los cumplidores de sus mandatos, que proceden de su amor sin medida y hace capaces a los humanos de corresponderle de la misma manera.

Lo más opuesto a Dios es el pecado del hombre, pero este tiene posibilidad de arrepentimiento, de sentir vergüenza por sus crímenes y delitos, infidelidades, desobediencias, rebeldías, dureza de corazón. Su contrición y dolor por los pecados se manifiesta en la reconciliación con el Señor, que es la fuente de toda sabiduría y amor misericordioso. Tiene compasión, perdona las rebeldías reconocidas con pesar por haberlas cometido.

Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso

La naturaleza divina, el ser de Dios se confunde con el amor (Mt 6, 36-38). Su manifestación que nos entra por los ojos es el regalo de la Creación, en general, y del hombre que es su centro. Se hace visible, de manera más significativa, en el amor fontal en su Hijo, que asume la naturaleza humana para redimirla. Su predilección se exterioriza en la misericordia y perdón de los pecados, en la ayuda misteriosa del Espíritu Santo, que se manifiesta en sus representantes, a nivel humano, y en el orden espiritual. El Espíritu de Dios alienta a las familias, ministros sagrados y a los educadores y educandos. Por parte de Dios, todo lo tenemos asegurado de manera perfecta.

Por nuestra parte, el Evangelio de Dios nos alumbra en el camino que no es otro que el de Cristo.  Hemos de avanzar por la senda del amor a Dios y del amor a Dios, dejando a un lado los juicios temerarios, murmuraciones y personales condenas. Se nos pide de manera particular, la misericordia, el perdón, la generosidad, la comprensión.

El fruto de obrar en conformidad con el consejo de Jesús es: la misericordia de Dios para con nosotros, abstenernos de juzgar y condenar a nadie, perdonar sin establecer una medida, solidaridad. La recompensa hay que dejarla en manos del Señor, que multiplicará la remuneración, en este mundo y en el venidero.

SANTOS DEL DÍA

 



LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 12, 1-4a

En aquellos días, el Señor dijo a Abrán:
«Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré.

Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre y serás una bendición.

Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra».

Abrán marchó, como le había dicho el Señor.

Salmo

Salmo 32, 4-5. 18-19. 20 y 22 R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R/.

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 8b-10

Querido hermano:

Toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.

Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo Jesús desde antes de los siglos, la cual se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.

Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».


La revelación de la Gloria

Todos los ojos se cierren para no ser encandilados por tan grande, viva y brillante luz. Todos los labios se callen, para no opacar una belleza tan perfecta, al querer descubrirla. Todo espíritu se despoje y adore, para no ser oprimido por el peso inmenso de la gloria de la divina Sabiduría, al querer sondarla. Para adecuarse a nuestra debilidad, el Espíritu Santo nos ofrece esta idea en el Libro de la Sabiduría, compuesto para nosotros. La Sabiduría eterna “es exhalación del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Todopoderoso: por eso, nada manchado puede alcanzarla. Ella es el resplandor de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios y una imagen de su bondad” (Sb 7,25-26). (…) El Padre ha puesto su predilección, en la eternidad y en el tiempo, en esa belleza soberana de la Sabiduría. Así lo aseguró expresamente el día de su bautismo y transfiguración “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección” (Mt 3,17; 17,5). La Sabiduría eterna, para aproximarse más a los hombres y testimoniarles más sensiblemente su amor, llegó a hacerse hombre, devenir niño, devenir pobre, morir por ellos en la cruz.