lunes, 4 de mayo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 




Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 14, 5-18

En aquellos días, cuando en Iconio se produjeron conatos de violencia de parte de los gentiles y de los judíos, con sus autoridades, para maltratar a Pablo y a Bernabé y apedrearlos; al darse cuenta de la situación, huyeron a las ciudades de Licaonia, a Listra y Derbe y alrededores, donde se pusieron a predicar el Evangelio.

Había en Listra, sentado, un hombre impedido de pies; cojo desde el seno de su madre, nunca había podido andar. Estaba escuchando las palabras de Pablo, y este, fijando en él la vista y viendo que tenía una fe capaz de obtener la salud, le dijo en voz alta:
«Levántate, ponte derecho sobre tus pies».

El hombre dio un salto y echó a andar. Al ver lo que Pablo había hecho, el gentío exclamó en la lengua de Licaonia:
«Los dioses en figura de hombres han bajado a visitarnos».

A Bernabé lo llamaban Zeus, y a Pablo, Hermes, porque se encargaba de hablar. El sacerdote del templo de Zeus que estaba a la entrada de la ciudad trajo a las puertas toros y guirnaldas y, con la gente, quería ofrecerles un sacrificio.

Al oírlo los apóstoles Bernabé y Pablo, se rasgaron el manto e irrumpieron por medio del gentío, gritando y diciendo:
«Hombres, ¿qué hacéis? También nosotros somos humanos de vuestra misma condición; os anunciamos esta Buena Noticia: que dejéis los ídolos vanos y os convirtáis al Dios vivo “que hizo el cielo, la tierra y el mar y todo lo que contienen”. En las generaciones pasadas, permitió que cada pueblo anduviera su camino; aunque no ha dejado de dar testimonio de sí mismo con sus beneficios, mandándoos desde el cielo la lluvia y las cosechas a sus tiempos, dándoos comida y alegría en abundancia».

Con estas palabras, a dura penas disuadieron al gentío de que les ofrecieran un sacrificio.

Salmo de hoy

Salmo 113 B, 1-2. 3-4. 15-16 R/. No a nosotros, Señor, sino a tu nombre da la gloria

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria,
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»? R/.

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas. R/.

Benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hombres. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 21-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama será amado mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Le dijo Judas, no el Iscariote:
«Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»

Respondió Jesús y le dijo:
«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».

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Reflexión del Evangelio de hoy

El Ausente que está presente

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos está recordando, en esta cincuentena pascual, los primeros pasos de la Iglesia, tras la resurrección de Jesús. Son pasos que nos indican que el Espíritu de Jesús está presente entre sus seguidores. Pablo y Bernabé son una muestra más de esta realidad. Hoy nos ha recordado que predicando en Iconio descubren una trama contra ellos urdida por los judios y otros habitantes de aquella ciudad. Es la razón por la que abandonan Iconio y se trasladan a Listra y Derbe. Las persecuciones y tramas ocultas no les impiden llevar adelante su decisión de predicar el evangelio a los paganos. Un paso importante en el camino de esta iglesia naciente.

El asombro desbordado de unos oyentes

En el pasaje que leemos hoy hay algunas cosas sorprendentes. Primero la curación de un paralítico llevada a cabo por Pablo, en Listra. En paralelo con Pedro, también Pablo realiza curaciones milagrosas. Pero más sorprendente es la reacción de los paganos al confundir a Pablo y Bernabé con los dioses de la mitología griega, Zeus y Hermes. Pablo y Bernabé expresan su descuerdo rasgándose las vestiduras espantados ante algo que ellos no pueden admitir.

Teodicea para quienes desconocen las Escrituras

Es la ocasión que aprovecha Pablo para pronunciar un discurso  clarificador. En él sus palabras no se apoyan en las Sagradas Escrituras, ajenas a ese mundo griego, sino que invita al abandono de los ídolos para convertirse a quien ha creado todas las cosas. Desde una teodicea sencilla, sus palabras acaban por convencer a los oyentes de Listra de no ofrecerles ningún sacrificio. Parece que no fue tarea fácil, pero, finalmente, los de Listra desistieron del ofrecimiento de sacrificios de animales previsto, ante la idea de verlos como dioses que habían bajado a la tierra.

El discurso de Pablo en Listra nos habla de algo elemental en la transmisión del Evangelio. Saber ante quién se predica es fundamental para conseguir que las personas descubran a Jesucristo, a través de los medios a su alcance.

¿Qué es amar?

El evangelio de San Juan continúa acompañándonos a lo largo de esta semana. Hoy nos ofrece parte del discurso de Jesús después de la Cena. Son palabras cargadas de intimidad, porque son palabras de despedida.

El pasaje se centra hoy en la autorrevelación de Jesús, quien ante la pregunta de Judas Tadeo, “¿cuál es la razón de manifestarte solo a nosotros y no al mundo?”, vuelve a indicar el tema de la presencia de Dios en la vida de los creyentes. Esa presencia será real cuando el creyente cumpla su Palabra y esto solo se puede llevar a cabo desde el amor. La fidelidad a sus palabras será la manifestación del amor. No basta haber conocido a Jesús. Es necesario cumplir los mandamientos, expresión de que el amor ha entrado en sus creyentes.

"Haremos morada en él"

La vida de Jesús ha transcurrido no en gradezas o sensacionalismos, sino en la sencillez y la humildad al servicio de los hombres. Por eso, en medio del ambiente de tristeza que se ha expandido tras las palabras de despedida  de Jesús, ahora los reconforta desde la seguridad de su presencia permanente en aquellos que cumplen la Palabra y aman. “El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”. La obediencia de la fe es la prueba de que en esa persona hay amor. El amor siempre imprescindible para poder vivir la comunión entre Dios y el hombre.

Jesús presente en los que le siguen y cumplen

La presencia de Jesús se hará más plena porque no se reducirá a algo meramente físico. Jesús resucitado seguirá en aquellos que cumplen su palabra. Por eso recalca “el que me ama se mantendrá fiel a mis palabras. Mi Padre lo amará, y mi Padre y yo vendremos a él y haremos morada en él”. “Hacer morada” se traduce en una realidad que se prolonga en el tiempo. Junto a todo ello promete el Espíritu, el Paráclito, que enseñará todo y les irá recordando todo lo que Él les ha enseñado. Hay un tema sugerente en este pasaje. Cristo ha sido enviado por el Padre para llevar adelante su obra. El Espíritu Santo será enviado en nombre de Cristo para completar su revelación a la Iglesia.

Las palabras de Jesús son palabras alentadoras para todos cuantos creemos en Él. Su ausencia física se convierte en una presencia –morada- espiritual en todos los que, cumpliendo sus Palabras a través del amor, vivimos la seguridad de su ayuda en el camino. Y es que, cuando se ama de verdad, uno es capaz de dejar de lado el punto de vista personal para buscar cumplir la voluntad del que se ama.

 

Un día más merece la pena reflexionar a la luz de la Palabra: ¿Cuáles son los ídolos que hay en mí y que me impiden vivir de verdad el evangelio? Amar es cumplir los mandamientos. ¿Hasta qué punto es esto verdad en mi vida? 


SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Felipe y Santiago el Menor, Santos
Fiesta Litúrgica, 4 de mayo...

domingo, 3 de mayo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 6, 1-7

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas. Los Doce, convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron:
«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra».

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo; a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.

La palabra de Dios iba creciendo y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

Salmo

Salmo 32, 1-2. 4-5. 18-19 R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 4-9

Queridos hermanos:
Acercándoos al Señor, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo.

Por eso se dice en la Escritura:
«Mira, pongo en Sion una piedra angular, elegida y preciosa; quien cree en ella no queda defraudado».

Para vosotros, pues, los creyentes, ella es el honor, pero para los incrédulos «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular», y también «piedra de choque y roca de estrellarse»; y ellos chocan al despreciar la palabra. A eso precisamente estaban expuestos.

Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa.

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».

Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».

Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».

Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».


Entrar en el seno de la Trinidad

Durante su vida pública Nuestro Señor revela y explica progresivamente su mediación. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, dice (Jn14,6). (…) Hijo de Dios, a la vez engendrado eternamente como Verbo del Padre y pronunciado en el tiempo como Verbo encarnado. Jesús es la luz increada -Dios- y toda la luz que Dios ha querido manifestar al mundo, vida que está en el seno de la Trinidad y vida que Dios quiere llevar a las almas. En Él están todos los tesoros de la sabiduría y de la gracia, que recibimos de su plenitud. (…) Nuestra gracia es filial, esto es esencial. Hemos recibido un espíritu filial “que nos hace llamar a Dios “Abba”, Padre” (Rom 8,15) ... (..). El Padre tiene sólo un Hijo, su Verbo. El ritmo eterno de la vida en el seno de la Trinidad santa es inamovible. Dios Padre por el conocimiento que tiene de sí mismo, engendra al Verbo que lo expresa. El Padre y el Hijo por un soplo común de amor engendran al Espíritu Santo. Siglos y eternidad no cambiaron nada a ese movimiento. ¿Cómo podemos entrar y participar, como lo pide nuestra vocación sobrenatural? El Verbo se ha encarnado, ha tomado una humanidad a la que ha entrenado, feliz cautiva, en el seno de esta gloria que el Verbo tenía antes que el mundo fuera. Con esta humanidad santa de Cristo, el Verbo entrena a todos los hombres que se dejan tomar por su gracia. Cristo total, bajo la paternidad eternamente fecunda del Padre de luz y misericordia y con el soplo de amor del Espíritu Santo. Espíritu del Padre y del Hijo que deviene Espíritu de la Iglesia, de nosotros.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

La Santa Cruz
Una preciosa fiesta popular que arranca desde el día en que se encontró la Santa Cruz en el año 326. ...

sábado, 2 de mayo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13, 44-52

El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra del Señor. Al ver el gentío, los judíos se llenaron de envidia y respondían con blasfemias a las palabras de Pablo.

Entonces Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía:
«Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra”».

Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y creyeron los que estaban destinados a la vida eterna.

La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas, adoradoras de Dios, y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron de su territorio.

Estos sacudieron el polvo de los pies contra ellos y se fueron a Iconio. Los discípulos, por su parte, quedaban llenos de alegría y de Espíritu Santo.

Salmo de hoy

Salmo 97, 1bcde. 2-3ab. 3cd-4 R/. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 7-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».

Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».

Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Creyeron los que estaban destinados a la vida eterna”

La empresa de la evangelización comienza a ponerse en marcha gracias a un grupo comprometido de discípulos. El mensaje evangélico se va abriendo paso, poco a poco y con dificultades, en las pequeñas aldeas y ciudades por las que van pasando los del grupo de Jesús.

Los acompaña la fuerza del Espíritu Santo, que fortalece la misión y alumbra las oscuridades del camino. Es precisamente esta gracia la que hace que los apóstoles comprendan algo decisivo: ante el obstáculo que presenta el mundo judío para acoger el Evangelio y a Jesucristo vivo y resucitado, se abre un nuevo horizonte, el de la predicación a los gentiles.

Así, se van conjugando varios elementos necesarios. Por un lado, la fuerza del Espíritu Santo, que se derrama sobre Pablo y Bernabé, infundiéndoles valentía y coraje para romper con el esquema seguido hasta entonces. Por otro, el cumplimiento del mandato de Jesús: “vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5,14). Esa luz alcanza ahora a quienes caminaban en tinieblas y sombras de muerte, es decir, a los que hasta entonces eran considerados gentiles.

De este modo, llegamos al fundamento principal: la disponibilidad para acoger y hacer propio el mensaje de salvación. Esto sucede en quienes dejan que la Palabra anide en su corazón y la ponen en práctica.

Por eso, se rompe una manera de entender la religión como simple cumplimiento de normas y preceptos, para dar paso a una experiencia más humana de la fe. Una experiencia en la que uno se siente interpelado por el amor de Dios, convocado, destinado a la vida eterna y llamado a ser testigo coherente de su fe.

“Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe?”

El evangelista Juan, con la profundidad teológica de su lenguaje y sus contrastes, nos introduce en el discurso de despedida de Jesús a sus discípulos. Reunidos en torno a la mesa, en un ambiente de fraternidad y cercanía, Jesús va abordando los temas centrales de su proyecto del Reino.

Aparece aquí su testamento vital: el mandamiento nuevo del amor, la promesa del Espíritu Santo y el tema central del “Abba”. La enseñanza se eleva hacia el misterio de la Trinidad: Jesús como Camino, Verdad y Vida; el Espíritu Santo como comunión de amor; y el Padre, que ama tanto al mundo que envía a su Hijo.

Sin embargo, uno de los discípulos no logra comprender esta profundidad. Entonces, con sencillez, dice: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta".

Es posible imaginar a Jesús preguntándose si, después de tanto tiempo conviviendo con ellos, han llegado realmente a identificarse con Él. Porque estar con Jesús no siempre significa haber asimilado su mensaje. Aún discutían quién sería el más importante en el Reino o quién ocuparía los primeros puestos.

Por eso, la petición de Felipe —"enséñanos al Padre"— da pie a Jesús para ayudarle a comprender. Le invita a mirar, a recordar, a percibir por sí mismo, con los sentidos y la inteligencia, lo que ha sucedido ante sus ojos.

Felipe, recuerda: la mujer adúltera a la que Jesús dice “no te condeno”. El leproso que suplica: “si quieres, límpiame”, y Jesús responde: “quiero, queda limpio”. La viuda de Naím, que llora la muerte de su hijo, y cómo la compasión de Dios se lo devuelve.

Recuerda también cómo Jesús se sienta a la mesa con pecadores y publicanos, considerados impuros por quienes se creían superiores por cumplir la ley. Cómo devuelve la vista al ciego, hace andar a cojos y levanta a los paralíticos.

Felipe, ¿no te das cuenta? El amor de Dios ha tocado la tierra a través del Hijo.

Los signos, las acciones y las palabras de Jesús son sanadoras, liberadoras y dan plenitud al ser humano, porque muestran el rostro concreto de Dios Padre, un Dios compasivo que hace salir el sol sobre buenos y malos.

Y cuando percibimos la gracia de su amor, nos volvemos capaces de comprender a qué estamos llamados en la escuela de Jesús: a hacer sus mismas obras.

Porque, como dice el refrán, “acciones son amores y no buenas razones”.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Atanasio, Santo
Memoria Litúrgica, 2 de mayo...

jueves, 30 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13, 26-33

En aquellos días, cuando llegó Pablo a Antioquía de Pisidia, decía en la sinagoga:
«Hermanos, hijos del linaje de Abrahán y todos vosotros los que teméis a Dios: a nosotros se nos ha enviado esta palabra de salvación. En efecto, los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús ni entendieron las palabras de los profetas que se leen los sábados, pero las cumplieron al condenarlo. Y, aunque no encontraron nada que mereciera la muerte, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar.

Y, cuando cumplieron todo lo que estaba escrito de él, lo bajaron del madero y lo enterraron. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Durante muchos días, se apareció a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo. También nosotros os anunciamos la Buena Noticia de que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo:
“Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy”».

Salmo de hoy

Salmo 2, 6-7. 8-9. 10-11 y 12a R/. Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy

«Yo mismo he establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo».
Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres mi Hijo:
yo te he engendrado hoy. R/.

Pídemelo:
te daré en herencia las naciones,
en posesión, los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás como jarro de loza». R/.

Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad, los que regís la tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-6

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».

Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

Una esperanza que se hace historia

El discurso de Pablo nos sitúa en el corazón de la primera predicación cristiana: anunciar que Dios ha sido fiel a su promesa. No se trata solo de recordar el pasado, sino de descubrir el sentido profundo de la historia a la luz de Dios. Pablo se dirige a un pueblo que conoce la alianza, que vive de la esperanza, y les invita a reconocer que en Jesús esa historia alcanza su plenitud.

La clave del texto es profundamente teológica: lo que parecía un fracaso total se convierte, por la acción de Dios, en cumplimiento y vida. La resurrección no es solo un acontecimiento extraordinario, sino la revelación de quién es Dios: un Dios fiel, que no abandona, que transforma la injusticia en salvación y la muerte en vida.

Resuena con fuerza una afirmación central: “la promesa hecha a los padres, Dios la ha cumplido en nosotros”. La salvación alcanza el presente. Dios sigue actuando, sigue cumpliendo su palabra, sigue abriendo caminos donde parecía no haberlos. Esta mirada nos invita a releer también nuestra propia historia. Muchas veces no reconocemos a Dios cuando su presencia se manifiesta en lo sencillo, en lo cotidiano o incluso en lo que parece un fracaso.

La Pascua nos enseña a mirar más allá: ahí donde todo parece terminar, Dios está comenzando algo nuevo.

Una llamada a vivir desde la fe que transforma

Este pasaje se sitúa en el contexto del discurso de despedida de Jesús en el Evangelio de Juan. En la intimidad de la última cena, Jesús prepara a sus discípulos para el momento de la cruz. Ante la inquietud y el desconcierto, pronuncia una frase que resonará con fuerza a través del tiempo: “No se turbe vuestro corazón”. No es una invitación a ignorar las dificultades, sino a vivirlas desde la confianza en Dios y en el sentido profundo de la vida.

En este contexto, Jesús se revela con una afirmación central: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. No propone simplemente una enseñanza, sino que se ofrece Él mismo como referencia para orientar nuestra propia vida y la construcción de la fraternidad.

Jesús es el camino: nos muestra cómo vivir y cómo relacionarnos. Su manera de actuar nos impulsa a construir un mundo donde la dignidad de cada persona sea respetada y donde las relaciones estén marcadas por la justicia, la equidad y el reconocimiento del otro. En este día rememoramos la figura de San José Obrero, quien de forma silenciosa y fiel, con su trabajo cotidiano, sostiene la vida y cuida de aquellos que le son encomendados: María y Jesús. En él descubrimos la dignidad del trabajo sencillo, la responsabilidad vivida con amor y la grandeza de quien se gana el pan con esfuerzo y honradez.

Jesús es la verdad: una verdad que no depende de opiniones o intereses, sino que se fundamenta en el amor de Dios y en la dignidad inviolable de todo ser humano. No todo criterio vale cuando se trata de la vida de las personas. La verdad del Evangelio nos exige discernir, denunciar aquello que genera explotación o desigualdad, y defender condiciones laborales justas, donde cada persona pueda desarrollar su vida con seguridad y dignidad.

Jesús es la vida: fuente de vida plena y verdadera, que se hace visible en la fraternidad. Allí donde se promueve el respeto, la solidaridad y el cuidado mutuo, especialmente hacia quienes viven situaciones de mayor vulnerabilidad, la vida de Dios se abre paso. También en el mundo del trabajo, la vida se hace más humana cuando se crean espacios donde las personas no solo producen, sino que son reconocidas, valoradas y acompañadas.

Hoy su palabra sigue resonando con fuerza: “No se turbe vuestro corazón”. En medio de las dificultades, Jesús nos invita a confiar y a actuar. A construir, desde la fe y siguiendo el ejemplo de San José, una sociedad donde el trabajo sea digno, los derechos sean respetados y cada persona pueda vivir con la esperanza y la plenitud que Dios quiere para todos.