martes, 26 de mayo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 10-16

Queridos hermanos:

Sobre la salvación de las almas estuvieron explorando e indagando los profetas que profetizaron sobre la gracia destinada a vosotros tratando de averiguar a quién y a qué momento apuntaba el Espíritu de Cristo que había en ellos cuando atestiguaba por anticipado la pasión del Mesías y su consiguiente glorificación.

Y se les reveló que no era en beneficio propio, sino en el vuestro por lo que administraban estas cosas que ahora os anuncian quienes os proclaman el Evangelio con la fuerza del Espíritu Santo enviado desde el cielo.

Son cosas que los mismos ángeles desean contemplar.

Por eso, ceñidos los lomos de vuestra mente y, manteniéndoos sobrios, confiad plenamente en la gracia que se os dará en la revelación de Jesucristo.

Como hijos obedientes, no os amoldéis a las aspiraciones que teníais antes, en los días de vuestra ignorancia.

Al contrario, lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta, porque está escrito: «Seréis santos, porque yo soy santo».

Salmo de hoy

Salmo 97, 1. 2-3ab. 3c-4 R/. El Señor da a conocer su salvación.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 28-31

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».

Jesús dijo:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Seréis santos porque yo soy santo”

Esto viene de antiguo. Pedro sigue palabras proféticas muy anteriores a Cristo, pero actualizadas al momento en que el apóstol vive y, adaptadas también, al que ahora vivimos nosotros: Si quien nos ha llamado a la fe es santo, parece obvio que nosotros debemos ser también santos para seguir a su lado.

Puede que nos resulte difícil confiar plenamente en el mensaje y las enseñanzas de Cristo. Nuestras mentes están más hechas a confiar en lo que podemos probar y comprobar. Las pruebas, más bien la búsqueda de pruebas, es un poco la guía que queremos y buscamos seguir. Nos falta empuje para encontrarnos ciegos, saltar de la piedra al lado del camino donde, sentados, extendemos la mano pidiendo. Saltar a ciegas al paso de Cristo y pedirle que nos ayude a ver.

Y ahí encontraremos a Cristo: en el encuentro de la oscuridad de nuestros ojos, con la deslumbrante luz de la fe. Olvidemos, pues, nuestros miedos y saltemos sin dudar al camino. Cristo que está siempre pasando, abrirá nuestros ojos y quitará las piedras del camino en las que podríamos tropezar. Solo es necesario que saltemos fuertemente agarrados a una fe viva y poderosa que nos llena, nos completa y nos salva.

“Lo hemos dejado todo y te hemos seguido”

Ese es nuestro sentido: creemos haberlo dejado todo por Cristo, pero, con frecuencia, olvidamos ese rincón de nuestra mente en el que tenemos guardado algo de nuestra ambición que no queremos perder, incluso que no queremos recordar. Parece que Pedro va también por ese camino: no parece pedir nada, pero le recuerda a Jesús su generosidad, buscando, tal vez, una confirmación, de manos del Maestro, de la recompensa que buscan tener.

Y, como siempre, el Maestro no defrauda: sigue prometiendo el ciento por uno de lo abandonado por su causa, y seguro que lo ha cumplido, aunque nuestros ojos de carne no sean capaces de descubrirlo.

Puede que venga a cuento un chascarrillo que escuché de niño: Un hombre preguntó a Dios: ¿Qué son para ti mil años?, “Un momento”, fue su respuesta. Insistió el hombre: ¿Podrías darme cien millones? Y Dios respondió: “¡Claro!, espera un momento”.

No olvidemos que nosotros no vemos lo mismo que Dios ve. No pensemos que la recompensa está al otro lado de la puerta de la eternidad. ¡No!; está aquí en nosotros y ahora… Que no lo veamos es producto de la ceguera de nuestros sentidos humanos.

Tuve un amigo muy íntimo al que diagnosticaron una miastenia gravis muy avanzada a los cuarenta y tres años y le pronosticaron, como mucho, cinco de vida y de ellos varios en precario, dependiente absoluto, casi seguro en silla de ruedas. Hoy, a punto de celebrar su ochenta cumpleaños, recuerda aquella sentencia médica y da gracias a Dios porque le ha regalado más del ciento por uno de lo que él dedico a Dios.

A veces cuando abrimos los ojos por la mañana, nos olvidamos del inmenso regalo de la vida, que Dios nos está dando a cada momento. Si buscamos bien, encontraremos que recibimos más del cien por cien de lo que hayamos entregado a Dios. Busquemos y encontraremos porque “El Señor da a conocer su salvación” (Sal 97) en todos y cada uno de los momentos de nuestra existencia.

 

¿Podremos dudar que Dios nos acompaña en cada momento de nuestra vida?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Felipe Neri, Santo
Memoria Litúrgica, 26 de mayo...

domingo, 24 de mayo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 




Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 3, 9-15. 20

El Señor Dios llamó a Adán y le dijo: «¿Dónde estás?».

Él contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».

El Señor Dios le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?».

Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».

El Señor Dios dijo a la mujer: «¿Qué has hecho?».

La mujer respondió: «La serpiente me sedujo y comí».

El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza, cuando tú la hieras en el talón».

Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

Salmo de hoy

Salmo 86, 1-2.3 y 5. 6-7 R/. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios! R/.

Se dirá de Sión: «Uno por uno,
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado». R/.

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí». R/.

Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti». R/.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-34

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».

Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre».

Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed».

Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca.

Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

El título de “Madre de la Iglesia” fue proclamado por San Pablo Vi durante el Concilio Vaticano II. Con él, quería subrayar el papel irreemplazable de María dentro de la Iglesia. El Papa Francisco, en 2018 instituyó esta fiesta en el lunes después de Pentecostés. Si la Iglesia nace en Pentecostés, tiene un gran significado que, en el primer día siguiente, el lunes, en la puesta en marcha de su camino en medio del mundo, se destaque la persona y la misión de la Virgen en ella.

"La serpiente me sedujo y comí"

Las tres lecturas que se proclaman en la liturgia de hoy son ricas en simbolismos y en estímulo para nuestra fe y nuestra devoción a la Madre del Señor. En el Genesis, tras el pecado y sus consecuencias, Adán pone nombre a su mujer: “Eva”, por ser la “madre de todos los vivientes". En el evangelio se nos narra la escena en que Jesús, clavado en la cruz, nos da a María por Madre. En el salmo, hablando de la ciudad de Sión, como un lugar donde todos, cercanos y lejanos, se encuentran en su hogar, símbolo del Reino de Dios, abierto, como decía Francisco “a todos, todos, todos”, se dice: “es la madre, porque todos han nacido en ella”.

En el relato de Génesis, aparecen tres personajes: Adán, Eva y un árbol. En el evangelio, Jesús, María y la cruz. Hay un paralelismo: un hombre, una mujer y un árbol.

Los primeros son símbolos de lo que se da siempre, en todo tiempo y lugar: el pecado es la desconfianza en Dios. Frente a la bondad de Dios que les ha dado la vida, que les ha llamado a la felicidad, al amor, a la fecundidad, prefieren hacer caso de la tentación, representada en la serpiente, que les invita a desconfiar de esa bondad: “No es cierto que morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de él, se les abrirán los ojos y entonces serán como dioses” (Ge. 3, 5). En lugar de querer ser hijos de Dios, prefieren considerar a Dios como competidor peligroso del que defenderse. Todo pecado comienza por una desconfianza en el amor de Dios por nosotros.

Jesús es el nuevo Adán. En su entrega total que se manifiesta en la cruz, pone en claro, por una parte, cuanto nos ama y nos valora Dios: “Tanto amó Dios al mundo que les dio a su propio Hijo…Dios no lo envió para condenarnos, sino para que el mundo se salve gracias a él” (J. 3, 16-17). Por otra parte, Jesús crucificado manifiesta un modelo para toda la humanidad de amor al Padre y disposición total a su misión en bien de sus hermanos.

"Junto a la cruz de Jesús estaba su madre"

La cruz se ha convertido en el verdadero árbol de la ciencia del bien y del mal. Nos habla del Amor infinito y de la maldad y sus consecuencias.

Junto a la cruz, María. Ya había dicho sí a Dios y a su proyecto de salvación en la Anunciación. Ahora, ya no jovencita, sino anciana, recibe una nueva anunciación: no ser solo la madre de la Cabeza sino también del cuerpo de la Iglesia: No solo madre de Dios, sino madre de todos los hijos de Dios, representados en Juan. No tuvo ella necesidad de decir sí con palabras: era la mujer cercana a Dios y totalmente disponible y colaborara con él.

En pentecostés la vemos como esa nueva Sión de la que nos habla el salmo, congregando a los discípulos y discípulas de su Hijo y pidiendo y esperando al Espíritu (Hechos 2, 14).

Después de su asunción, sigue con su tarea maternal. Sigue pendiente y atenta de cada uno de nosotros y diciéndole a Jesús lo mismo que le dijo en Caná: “No tienen vino”; y a nosotros: “haced lo que Él os diga” (Jn 3, 4-5).

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

María, Madre de la Iglesia
La Iglesia celebra por primera vez la memoria de la Santísima Virgen María Madre de la Iglesia....

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 1-11

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.

Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:
«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

Salmo

Salmo 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 R/. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. R/.

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R/.

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13

Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.

Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.

Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».


Serán bautizados en el Espíritu Santo (Hech 1,5)

El Espíritu descendió sobre los apóstoles para revestirlos de su poder y bautizarlos. Dice el Señor: «Ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días» (Hech 1,5). No es que la gracia sea parcial, ya que es una fuerza íntegra y de poder absoluto. Así como el que es bautizado por inmersión queda rodeado de agua por todas partes, así los apóstoles, bautizados en el Espíritu se encontraron totalmente inmersos en él. Además, el agua se derrama de modo externo al cuerpo, pero el Espíritu penetra y bautiza al alma escondida en lo íntimo, sin que nada se excluya. ¿De qué te asombras? Toma un ejemplo de la materia (…). El fuego, al penetrar en el interior del hierro, todo lo convierte en fuego y hace que hierva el metal frío, comenzando así a brillar lo que era negro y oscuro. Si el fuego, una realidad material, al introducirse en el interior del hierro, actúa ahí sin encontrar obstáculos, ¿por qué te asombra que el Espíritu Santo penetre en el interior del alma? (…) Y «llenó toda la casa en la que se encontraban» (Hech 2,2). Aquella casa se convirtió en el receptáculo de una onda mística. Los discípulos estaban sentados en el interior y se llenó toda la casa. Fueron bautizados, «sumergidos» totalmente según la promesa (cf. Hech 1,5). Se revistieron en el alma y en el cuerpo de una vestidura divina salvífica. «Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo» (Hech 2,3). (…) Recibieron un fuego que no abrasaba, sino que era salvífico y destruyendo las espinas de los pecados, devolvió al alma su brillo y su esplendor. Él pronto habrá de venir sobre ustedes. Mientras suprime sus pecados, que son como espinas, hará resplandecer sus almas y les hará el don de la gracia, como entonces a los apóstoles. Se posó sobre ellos bajo la forma de lenguas de fuego, ciñendo sus cabezas con diademas espirituales en forma de lenguas de fuego. Antes, una espada de fuego impedía la entrada al paraíso (Gen 3,24). Ahora, una lengua de fuego de salvación devolvió la gracia.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Pentecostés
La Fiesta de Pentecostés...

viernes, 22 de mayo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 25, 13b-21

En aquellos días, el rey Agripa y Berenice llegaron a Cesarea para cumplimentar a Festo. Como se quedaron allí bastantes días, Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole:

«Tengo aquí un hombre a quien Félix ha dejado preso y contra el cual, cuando fui a Jerusalén, presentaron acusación los sumos sacerdotes y los ancianos judíos, pidiendo su condena. Les respondí que no es costumbre romana entregar a un hombre arbitrariamente; primero, el acusado tiene que carearse con sus acusadores, para que tenga ocasión de defenderse de la acusación. Vinieron conmigo, y yo, sin dar largas al asunto, al día siguiente me senté en el tribunal y mandé traer a este hombre.

Pero, cuando los acusadores comparecieron, no presentaron ninguna acusación de las maldades que yo suponía; se trataba solo de ciertas discusiones acerca de su propia religión y de un tal Jesús, ya muerto, que Pablo sostiene que está vivo. Yo, perdido en semejante discusión, le pregunté si quería ir a Jerusalén a que lo juzgase allí de esto. Pero, como Pablo ha apelado, pidiendo que lo deje en la cárcel para que decida el Augusto, he dado orden de que se le custodie hasta que pueda remitirlo al César».

Salmo de hoy

Salmo 102, 1bc-2. 11-12. 19-20ab R/. El Señor puso en el cielo su trono

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre los que le temen;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.

El Señor puso en el cielo su trono,
su soberanía gobierna el universo.
Bendecid al Señor, ángeles suyos,
poderosos ejecutores de sus órdenes. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 15-19

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer, le dice a Simón Pedro:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?».

Él le contestó:
«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».

Jesús le dice:
«Apacienta mis corderos».

Por segunda vez le pregunta:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».

Él le contesta:
«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».

Él le dice:
«Pastorea mis ovejas».

Por tercera vez le pregunta:
«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».

Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» y le contestó:
«Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».

Jesús le dice:
«Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras».

Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió:
«Sígueme».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Pablo está en prisión, él, sostiene que Jesús, el crucificado, está vivo”

Me permito hacer una recomendación, si pueden lean los cap. 25 y 26. Encontraran todo  el relato sobre la situación de Pablo…, hasta ser llevado a Roma.

 

La lectura de Hechos de hoy día, nos sitúa en un momento de transición política en Cesarea. Hay en el texto una tensión narrativa que se desarrolla entre varios lugares y varios actores. Festo, ha asumido el cargo de procurador romano, y se va a encontrar con un verdadero “problema” dejado por el antiguo procurador: Félix.

Se trata de Pablo de Tarso que lleva largo tiempo encarcelado, acusado por los jefes de los sacerdotes y ancianos judíos que han pedido su condena a muerte. Pero Pablo como ciudadano romano, rechaza el ser juzgado en Jerusalén. Él sabe que no será un juicio justo, por ello pide ser juzgado en un tribunal del emperador romano. “Apelo al Emperador” (25,11) “pues al Emperador iras” (v.12). Con esta respuesta del Procurado Festo esperaríamos su inmediato traslado a Roma.

Pero no será así. El narrador de este libro introduce un largo paréntesis en el relato sobre Pablo. Dios tiene planes que nos sorprenden, a veces en medio de contradicciones, prejuicios y peligros…podemos descubrir y cumplir su plan sobre cada uno de nosotros. Pablo confía plenamente en Aquel que se hizo presente en su camino, frenó sus pasos y le mostró la misión que le tenía reservada. Sabe que el sufrimiento estará presente en su futuro.

Festo está viviendo una gran confusión, desde su llegada quiere ser aceptado por los judíos, facilitando la convivencia, pero tiene pendiente la  acusación y el reclamo de Pablo. Ha escuchado a los acusadores, pero no entiende el contenido de lo que expresan. Dice no encontrar delito de muerte en el actuar de Pablo. También  debe hacer un informe para el Emperador enviándolo con Pablo, sin embargo no sabe qué expresar ante las contradicciones que siente. Aprovecha la visita del rey Agripa para intentar buscar luces, le expone el caso de Pablo y se alegra del interés que el rey muestra  de interrogarle y verle al día siguiente. Festo se siente reconfortado y agradecido. Al fin podrá hacer el informe y cerrar el caso de Pablo.         

En este relato encontramos un cierto paralelismo entre el arresto-acusación y juicio que lleva a Jesús a la cruz y al que es sometido Pablo, que en este momento no  será condenado a muerte,  sino que en Roma predicará,  dando  testimonio de Cristo resucitado y del mensaje de Salvación para toda la humanidad.

“Señor tú lo sabes todo. Sabes que te quiero”  

Hoy, el evangelista Juan nos narra otra de las apariciones de Jesús a sus discípulos. De un modo profundo, toda la perícopa está totalmente centrada en la figura de Simón Pedro. El texto narra el largo diálogo que mantuvieron Jesús y Pedro en medio de una comida. El contenido del diálogo nos muestra la misericordia de Dios como su gran amor por los discípulos y el mundo. Este no es un diálogo cualquiera entre Jesús y su discípulo Pedro. Ambos, hablan de amor, cada uno desde su perspectiva.  

De ahí que Jesús, antes de confiar a Pedro el encargo misionero de la naciente Iglesia, le exija una confesión de amor. Esa es la condición indispensable para poder ejercer una función de “apacentar el rebaño del que habla Jesús”. El Señor requiere el amor de Pedro por tres veces. (V 15-17) Recuerdo y eco de las tres negaciones de Pedro en el momento de la Pasión del Maestro

"La primera vez, Jesús pregunta a Pedro: «Simón, ¿me amas?» quiere decir con este amor total e incondicional (cf. Jn 21, 15). Antes de la experiencia de la traición, el Apóstol ciertamente habría dicho: «Te amo incondicionalmente». Ahora que ha experimentado la amarga tristeza de la infidelidad, el drama de su propia debilidad, dice con humildad: «Señor, te quiero», es decir, «te amo con mi pobre amor humano». Jesús insiste: «Simón, ¿me amas, con este amor total que yo quiero?». Y Pedro repite la respuesta de su humilde amor humano. «Señor, te quiero como sé querer». La tercera vez, Jesús sólo dice a Simón: «¿me quieres?». Simón comprende que a Jesús le basta su amor pobre, el único del que es capaz, y sin embargo se entristece porque el Señor se lo ha tenido que decir de ese modo. Por eso le responde: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero »." Benedicto XVI

Me sobrecoge este dialogo, Jesús nos toma tal como somos y estamos, no hay reproches  ni esperas a que seamos más perfectos para poder dialogar con nosotros o para confiarnos SU misión, Él se abaja hasta nuestro suelo y desde ahí nos invita al “seguimiento”. Parecería que Jesús se ha adaptado a Pedro, en vez de que Pedro se adaptara a Jesús. Precisamente esto nos debe dar esperanza como se la dio a Pedro que experimentó el sufrimiento de la infidelidad. De aquí nace la confianza, que lo hace capaz de seguirlo hasta el final. Ojalá sea el modelo en nuestro vivir cotidiano, en relación a nosotros mismos y en relación con los demás.