martes, 19 de mayo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 20, 28-38

En aquellos días, dijo Pablo a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso:
«Tened cuidado de vosotros y de todo el rebaño sobre el que el Espíritu Santo os ha puesto como guardianes para pastorear la Iglesia de Dios, que él se adquirió con la sangre de su propio Hijo.

Yo sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño. Incluso de entre vosotros mismos surgirán algunos que hablarán cosas perversas para arrastrar a los discípulos en pos de sí. Por eso, estad alerta: acordaos de que durante tres años, de día y de noche, no he cesado de aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en particular.

Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que tiene poder para construiros y haceros partícipes de la herencia con todos los santificados. De ninguno he codiciado dinero, oro ni ropa. Bien sabéis que estas manos han bastado para cubrir mis necesidades y las de los que están conmigo. Siempre os he enseñado que es trabajando como se debe socorrer a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Hay más dicha en dar que en recibir”».

Cuando terminó de hablar, se puso de rodillas y oró con todos ellos. Entonces todos comenzaron a llorar y, echándose al cuello de Pablo, lo besaban; lo que más pena les daba de lo que había dicho era que, no volverían a ver su rostro. Y lo acompañaron hasta la nave.

Salmo de hoy

Salmo 67, 29-30. 33-35a. 35bc y 36d R/. Reyes de la tierra, cantad a Dios

Oh, Dios, despliega tu poder,
tu poder, oh, Dios, que actúa en favor nuestro.
A tu templo de Jerusalén
traigan los reyes su tributo. R/.

Reyes de la tierra, cantad a Dios,
tocad para el Señor, tocad para Dios,
que avanza por los cielos, los cielos antiquísimos;
que lanza su voz, su voz poderosa.
«Reconoced el poder de Dios». R/.

Sobre Israel resplandece su majestad,
y su poder sobre las nubes.
¡Dios sea bendito! R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 11b-19

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo:
«Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros.

Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría cumplida.

Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad».

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Tened cuidado de vosotros y de todo el rebaño”

La última semana del tiempo pascual es una semana testamentaria. Quien hoy habla no es un Pablo austero y frío sino un pastor y padre solícito y previsor, programador de vida y trabajo y tierno como una madre. Está feliz por lo que ha dado; teme que su mensaje sea tergiversado y todo lo deja en manos de Dios.

Estas son las verdaderas dimensiones del apóstol: enseñar con firmeza de doctrina y dedicarse con amor y caridad a colaborar con los mismos destinatarios de la Palabra. Hace una sentida exhortación al cuidado de la comunidad, a la alerta frente a los “lobos feroces” y al trabajo gratuito a favor de los necesitados.

Pone en guardia a la comunidad de creyentes contra una excesiva seguridad en sí mismos. El peligro mayor no viene de fuera sino nace en el seno de la comunidad. El mensaje de Jesús no es un almíbar en el que se deleiten los oídos más cultos. Por el contrario, la palabra de Jesús siempre crea controversias y genera cambios.

Rezan, lloran, se abrazan…he aquí un estilo de comunidad cristiana. Los verbos expresan que todo se realiza desde una intensa cercanía. El talante que se dibuja nos apunta a la sencillez, a la participación, al sentido familiar, a la espontánea y visible presencia de lo divino. El espíritu de una comunidad que “tenía un solo corazón y una sola alma” y que a día de hoy se nos ha ido perdiendo por el camino.

“Tu palabra es verdad”

Jesús en su oración al Padre refleja su preocupación y su entrega por el futuro de sus discípulos frente a la maldad y la mentira que dominan el mundo. Pide al Padre con toda su alma que les guarde de ahora en adelante, porque van a vivir en tierra hostil.

Porque la “verdad” crea hostilidad, la misma que le llevó a la cruz. Se ofrece por sus discípulos, para que ellos también se ofrezcan por la misma verdad y la misma causa que él, testimoniando y comunicando esa vida frente a la codicia y la maldad que ocultan la verdad y matan la vida; y así malean al “mundo” haciéndolo inhumano, injusto, cruel.

Quiere que sus discípulos vivan unidos, que estén llenos de alegría y que vayan madurando en su fe sin renegar nunca de sus contemporáneos. Es a esta nuestra generación, no a otras posibles, a la que tenemos que anunciar el mensaje de Cristo, con palabras convencidas y convincentes, pero sobre todo con nuestras obras.

Se nos invita a dialogar con el mundo pero que no sigamos sus bienaventuranzas, sino las de Cristo. Esto significa que la tarea del discipulado es instaurar un modelo de convivencia humana alternativo, es impedir que la conciencia sea atrapada por el egoísmo imperante. Es necesario que a esta sociedad le llegue también el mensaje de salvación así sabrá que Dios no puede estar con su proyecto de injusticia y exclusión y que acompaña a su pueblo en el único y definitivo escenario de la realidad histórica.

La comunidad cristiana está en el aquí y ahora no para marginarse como una élite exclusiva, sino para dar testimonio de un camino de salvación nacido en una tumba vacía. Una elección que le lleva a tomar una actitud de oposición frente a la injusticia institucionalizada, esforzarse en comprender la situación humana tratando de remediarla y que se concreta en el servicio del pueblo sencillo. Este testimonio se verifica en su opción por el Dios de la vida.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Bernardino de Siena, Santo
Memoria Litúrgica, 20 de mayo ...

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 20, 17-27

En aquellos días, Pablo, desde Mileto, envió recado a Éfeso para que vinieran los presbíteros de la Iglesia. Cuando se presentaron, les dijo:

«Vosotros habéis comprobado cómo he procedido con vosotros todo el tiempo que he estado aquí, desde el primer día en que puse el pie en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, con lágrimas y en medio de las pruebas que me sobrevinieron por las maquinaciones de los judíos; cómo no he omitido por miedo nada de cuanto os pudiera aprovechar, predicando y enseñando en público y en privado, dando solemne testimonio tanto a judíos como a griegos, para que se convirtieran a Dios y creyeran en nuestro Señor Jesús.

Y ahora, mirad, me dirijo a Jerusalén, encadenado por el Espíritu. No sé lo que me pasará allí, salvo que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me da testimonio de que me aguardan cadenas y tribulaciones. Pero a mí no me importa la vida, sino completar mi carrera y consumar el ministerio que recibí del Señor Jesús: ser testigo del Evangelio de la gracia de Dios.

Y ahora, mirad: sé que ninguno de vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino, volverá a ver mi rostro. Por eso testifico en el día de hoy que estoy limpio de la sangre de todos: pues no tuve miedo de anunciaros enteramente el plan de Dios».

Salmo de hoy

Salmo 67, 10-11. 20-21 R/. Reyes de la tierra, cantad a Dios

Derramaste en tu heredad, oh, Dios, una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, oh, Dios,
preparó para los pobres. R/.

Bendito el Señor cada día,
Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación.
Nuestro Dios es un Dios que salva,
el Señor Dios nos hace escapar de la muerte. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 1-11a

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, dijo Jesús:
«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le has dado. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.

Yo te he glorificado sobre la tierra, he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía junto a ti antes que el mundo existiese.

He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.

Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti».

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Reflexión del Evangelio de hoy

Iglesia en misión

La lectura nos habla de la despedida de Pablo en la comunidad de los efesios, y aunque las palabras de Pablo parecen sonar a reproche, en ellas se refleja una Iglesia que no camina en solitario, sino en comunión. San Pablo no actúa como una figura aislada: convoca a la comunidad, comparte su experiencia y rinde cuentas de su misión dejando los cimientos de un estilo eclesial vasado en el caminar juntos, escucharse y discernir en común.

Pablo entiende su propia vida como una misión compartida. Su testimonio no busca imponerse, sino fortalecer a la comunidad. Les recuerda cómo ha vivido entre ellos, pero no para centrarse en sí mismo, sino para dejar un camino abierto que otros puedan continuar. La Iglesia, en clave sinodal, es precisamente eso: una historia que se transmite, una responsabilidad que se comparte.

El texto también muestra una Iglesia en camino, no instalada. Pablo se sabe enviado, impulsado, incluso hacia lo desconocido. Esta dimensión peregrina conecta directamente con la sinodalidad: la Iglesia no tiene todas las respuestas cerradas, sino que discierne paso a paso. Y precisamente ahí nace la esperanza, porque el futuro no está vacío, sino habitado por Dios.

Por último, la despedida de Pablo no es un final, sino un relevo. Confía en que otros continuarán la misión. Y precisamente a esa misión inicial de Pablo es a la que estamos llamados ahora todos los hijos e hijas de Dios, a construir comunidades sembradoras de esperanza y de puertas abiertas.

Caminar juntos

También el texto del Evangelio de hoy, en principio, nos parece una despedida, en este caso de Jesús, que habla de sus discípulos reconociéndolos aun con sus fragilidades. Jesús no idealiza la comunidad, pero tampoco la abandona a su suerte. La entrega al Padre —“cuida de ellos”— es un acto de confianza. La Iglesia no depende solo de sus fuerzas, sino que camina acompañada por Dios. Esto implica que la comunidad tiene una orientación, una revelación que la guía, una experiencia compartida de Dios que ilumina el camino común.

El hecho de que Jesús eleve esta oración antes de su pasión añade una dimensión aún más esperanzadora. En el momento en que todo parece encaminarse hacia la ruptura, Él habla de glorificación, de unidad, de vida eterna. La esperanza cristiana nace precisamente ahí: en la certeza de que incluso en la dificultad, Dios está actuando.

Todo esto nos invita a entender la Iglesia como una comunidad confiada y enviada. Jesús no retira a los suyos del mundo, sino que los deja en él, sostenidos por la comunión con el Padre. La sinodalidad se convierte así en un modo de vivir esa presencia: caminar juntos en medio del mundo, sabiendo que no estamos solos.

 

¿En qué momentos de nuestra vida comunitaria experimentamos que realmente “caminamos juntos” y no cada uno por su lado? Si Jesús confía en sus discípulos aun con sus fragilidades, ¿cómo estamos llamados a mirarnos y sostenernos mutuamente dentro de la Iglesia? ¿De qué manera concreta sentimos que Dios cuida hoy de nuestra comunidad? ¿Sabemos reconocer esos signos en medio de las dificultades?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Celestino V, Santo
CXCII Papa, 19 de mayo ...

lunes, 18 de mayo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 19, 1-8

Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró unos discípulos y les preguntó:
«¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?».

Contestaron:
«Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo».

Él les dijo:
«Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?».

Respondieron:
«El bautismo de Juan».

Pablo les dijo:
«Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyesen en el que iba a venir después de él, es decir, en Jesús».

Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres.

Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses hablaba con toda libertad del reino de Dios, dialogando con ellos y tratando de persuadirlos.

Salmo de hoy

Salmo 67, 2-3. 4-5ac. 6-7ab R/. Reyes de la tierra, cantad a Dios

Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios. R/.

En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad a su nombre;
su nombre es el Señor. R/.

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 29-33

En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús:
«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios».

Les contestó Jesús:
«¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Vino sobre ellos el Espíritu Santo”

Estamos en la última semana de Pascua, semana en la que la Iglesia vive la espera de Pentecostés.  

En la primera lectura, la acción evangelizadora de la Iglesia llega hasta Éfeso a través de la misión de Pablo y la fuerza del Pentecostés experimentado por la comunidad de Jerusalén se revive en los creyentes de Éfeso que reciben el evangelio de Jesús.

Según el texto, apenas el apóstol impone las manos el Espíritu se derrama efusivamente sobre los creyentes con la misma fuerza que en la primera comunidad. Como si Dios estuviera atento al primer atisbo o gesto de receptividad humanos para entregarse a manos llenas en la vida de las personas.

«Eran en total unos doce hombres», precisa Lucas, autor de los Hechos de los Apóstoles, dando a entender –en el símbolo del número– que es la misma Iglesia de Jesucristo la que nace nueva en cada lugar por el Espíritu Santo. Es una misma Iglesia y, a la vez, siempre renovada.

A los cristianos occidentales de hoy nos cuestiona esta frase: «Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo». Y me recuerda a un libro que escribiera nuestro hermano, el p. Royo Marín: “El gran desconocido: El Espíritu Santo y sus dones”. Es que los cristianos podemos vivir nuestra fe sin tomar conciencia del papel fundamental del Espíritu en nuestra vida. Seguir a Jesús no se consigue, simplemente, por nuestro esfuerzo, pues “si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles” (Salmo 127/126), sino por la apertura y libertad con que dejemos obrar al Espíritu de Dios en nosotros.

No se trata solo de saber sino de dejarle obrar. Podemos saber recitar el Credo y conocer teóricamente quién es el Espíritu Santo, pero podemos no saber cómo darle espacio y cabida en nuestra vida.

¿Estaremos siendo más discípulos de Juan que de Jesús? Es decir, ¿estaremos más atentos al esfuerzo de la Ley, al perfeccionismo de las penitencias, a lo estrictamente justo…? ¿o más bien, nos dejamos animar por el “derroche del perfume” de la caridad: perdonar 70 veces 7 a los hermanos, acompañar la milla extra, asumir los últimos puestos, lavar los pies...? ¿Qué prima en nosotros?

“Os he hablado … para que encontréis la paz en mí”

Si bien el contexto literario del evangelio de hoy es la Última Cena, en realidad, este discurso de despedida de Jesús a los discípulos se comprende mejor desde un trasfondo pascual. Como si Jesús Resucitado anticipara los acontecimientos por venir y enseñara a los discípulos a enfrentar las dificultades, cruces y persecuciones que estarán en nuestra historia.

¿Cómo seguir experimentando hoy la presencia del Resucitado? La Ascensión no lo aleja de nosotros, pero, de alguna manera, lo esconde.

Lo que no se esconden de nuestra vista son las luchas que vivimos en el mundo: las guerras y sus consecuencias de muerte, destrucción y pobreza, la desorientación por tantas voces que niegan o desvirtúan el Evangelio, la polarización y sus grietas que tachan de ingenuidad los sueños de un mundo unido, la creciente desigualdad social entre los seres humanos, la persecución a la fe cristiana y el desprecio a la dignidad humana en tantos países, etc.

Tened valor, nos dice el Maestro, que Él ha vencido al mundo. Pero, ¿ y nosotros? ¡Nosotros También!

Las arras del Espíritu que hemos recibido y que siempre renovamos en Pentecostés, nos asientan en el ancla de la Esperanza, y nos hacen confiar en que al final, el mal se disipará como el humo, y se derretirá como la cera ante el fuego (Sal 67, 5).

Es que la vida del Espíritu que podemos reconocer, al menos como semilla en nosotros, es ya un testimonio de que el Siervo Humilde ha vencido al mundo. Por eso es tan imperioso hacerle sitio al Espíritu para que siga y progrese en y a través nuestro, pacificando al mundo y venciendo al mal.

Aprendiendo a encontrar la paz en Jesús, nos convertiremos en artesanos de paz dentro de nuestros ambientes. ¿No es ese el servicio más actual que los cristianos podríamos ofrecer hoy al mundo? 

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Juan I, Santo
Memoria Litúrgica, 18 de mayo ...

sábado, 16 de mayo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 1, 1-11

En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseño desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo. Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios.

Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino: «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».

Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo:
«Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?».

Les dijo:
«No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y “hasta el confín de la tierra”».

Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».

Salmo

Salmo 46, 2-3. 6-7. 8-9 R/. Dios asciende entre aclamaciones, el Señor, al son de trompetas

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible,
emperador de toda la tierra. R/.

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad;
tocad para nuestro Rey, tocad. R/.

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 17-23

Hermanos:

El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro.

Y «todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que llena todo en todos.

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Evangelio del día

Conclusión del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.

Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».


¡Llévame contigo al Cielo!

Al final de los cuarenta días Después de la Santa Pascua de Resurrección, Has hecho subir al Monte de los Olivos Al grupo que habías elegido: los Once. La promesa del Padre, el Espíritu, Prometiste acordárselo, Y bendiciéndolos, Señor, Te has elevado junto al Padre en el cielo. Nuestra naturaleza humana, Que el Malvado había rendido infernal, La has elevado más arriba De la naturaleza de los seres de fuego. Te sentaste a la derecha del que te ha engendrado, Conforme a la predicción del Profeta, Has sido adorado por la armada de Ángeles Con el Padre y el Espíritu. Yo que soy inerte para el bien, Llévame contigo al Cielo. Mis miembros descompuestos, terrestres, Únelos de nuevo con la Cabeza. Aunque sea el último en todo Como la planta de los pies, ¡Qué entre los santos miembros Sea yo contado en esa multitud!