El Señor llamó a su seno a:
Dª MARÍA ÁNGELES FERNÁNDEZ ÁLVAREZ
(MARUJA BALDANA)
Vecina que fue de Bande
D.E.P
Los funerales por su eterno descanso tendrán lugar Mañana Sábado día 4 de Julio a las Cuatro de la tarde
Parroquia de San Pedro de Bande (Bande-Ourense) Tlfno:679216612 email:parroquiadebande@hotmail.com
El Señor llamó a su seno a:
Dª MARÍA ÁNGELES FERNÁNDEZ ÁLVAREZ
(MARUJA BALDANA)
Vecina que fue de Bande
D.E.P
Los funerales por su eterno descanso tendrán lugar Mañana Sábado día 4 de Julio a las Cuatro de la tarde
Hermanos:
Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.
Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros entráis con ellos en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.
Alabad al Señor todas las naciones,
aclamadlo todos los pueblos. R/.
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R/.
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás:
«¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
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Seguimos una vez más reflexionando con el evangelio, la Resurrección de Jesús. En este pasaje, Tomás, no estaba con la comunidad cuando entró Jesús, y no cree lo que le dicen los demás. Tomás aún no tiene la experiencia de la Resurrección; sigue desanimado y no puede creer lo que los demás le dicen.
Este dato me parece importante: nuestra fe no puede apoyarse solo en testimonios; nuestra fe tiene que ser una experiencia personal, un encuentro con Alguien vivo, que nos libera del desencanto, y nos muestra un camino. La fe intelectual, la aceptación de un credo es fácil.
Pero Jesús, vuelve a la semana siguiente, cuando ya está Tomás con la comunidad. Jesús vuelve siempre, vuelve sin reproches; vuelve con su cercanía, su paz, su ánimo. Se acerca a Tomás con cariño y le dice: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”. Y del incrédulo Tomas surge una gran confesión de fe: Señor mío y Dios mío.
De la duda de Tomás, podemos aprender a gestionar nuestras propias dudas. Hemos de entrar con frecuencia en nuestro interior, habitado por Dios mismo, y sentir lo que ahí dentro nos inunda. Ese silencio interior provocara en nosotros la actitud propia de las personas que se saben incondicionalmente queridas, protegidas y acompañadas.
Experimentaremos a Jesús Resucitado cuando nos sintamos personas resucitadas y resucitadoras. Sin miedo, en paz, con coraje… porque Jesús está en medio de nosotros.
Hemos de saber descubrir las nuevas llagas de Jesús, que le reconozcamos en ellas, no nos limitemos a tocarlas y besarlas; tratemos también de aliviarlas, curarlas e impedir que se reproduzcan. Jesús nos invita a ver y tocar, para curar, todas sus llagas en tantas personas heridas en nuestro mundo.
¿Cómo es mi fe? ¿Cual es la raíz de mis dudas? ¿No tengo dudas? ¿Se traduce mi fe en signo y testimonio?
Santoral
Apóstol, 3 de julio ... | ||||||||||
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En aquellos días, Amasías, sacerdote de Betel, envió un mensaje a Jeroboan, rey de Israel:
«Amós está conspirando contra ti en medio de Israel. El país no puede ya soportar sus palabras. Esto es lo que dice Amós: Jeroboán morirá a espada, e Israel será deportado de su tierra».
Y Amasías dijo a Amós:
«Vidente: vete, huye al territorio de Judá. Allí podrás ganarte el pan, y allí profetizarás. Pero en Betel no vuelvas a profetizar, porque es el santuario del rey y la casa del reino».
Pero Amós respondió a Amasías:
«Yo no soy profeta ni hijo de profeta. Yo era un pastor y un cultivador de sicomoros. Pero el Señor me arrancó de mi rebaño y me dijo: “Ve, profetiza a mi pueblo Israel”.
Pues bien, escucha la palabra del Señor: Tú me dices: “No profetices sobre Israel y no vaticines contra la casa de Isaac”.
Por eso, esto dice el Señor:
“Tu mujer deberá prostituirse en la ciudad, tus hijos y tus hijas caerán por la espada, tu tierra será repartida a cordel, tu morirás en un país impuro e Israel será deportado de su tierra”».
La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye a los ignorantes. R/.
Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.
El temor del Señor es puro
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.
Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R/.
En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. En eso le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico:
«¡Animo, hijo!, tus pecados están perdonados».
Algunos de los escribas se dijeron:
«Éste blasfema».
Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo:
«¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate- y echa a andar"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados - entonces dice al paralítico -: "Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa"».
Se puso en pie, y se fue a su casa.
Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.
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Amós acaba de hacer una denuncia profética de la injusticia de las autoridades religiosas y políticas del país y anuncia la ruina de Israel y de su rey Jeroboam. Amasías, sacerdote del santuario nacional de Betel, representante del poder religioso de Israel, le acusa ante el rey de atentar contra la casa real y el pueblo, en un intento de silenciar su voz incómoda que amenaza el orden establecido. No presta ninguna atención a la denuncia del pecado y a la exigencia de la conversión, sino que invita a Amós a volver a Judá para que haga allí de profeta.
Amós responde que él no ha buscado ser profeta, sino que es enviado por Dios desde su condición humilde de pastor en Tecoa; su autoridad viene de la fidelidad a la voluntad de Dios y va a predicar donde Dios le manda.
Por no haberle reconocido como profeta enviado de Dios, Amós le anuncia a Amasías que será deportado y su descendencia será humillada. Él y los que, centrados en su propio beneficio, traicionan la alianza olvidando la justicia, tendrán que soportar las consecuencias de sus actos.
En Amós reconocemos un modelo de profecía: denuncia las estructuras injustas, preferencia por los pobres y valentía en proclamar la verdad. Su ejemplo nos interpela hoy, pues nuestra vocación cristiana exige escucha de la Palabra de Dios que cuestiona, purifica y guía hacia la verdadera paz.
En este pasaje de Mateo Jesús no solo sana al paralítico, sino que muestra su autoridad para perdonar pecados.
Jesús ve la fe de los que traen al enfermo, pero éste es un hombre paralizado, que no dice nada en todo el relato. Solo se deja llevar por sus amigos y ni siquiera manifiesta su fe ante Jesús, ni le pide la curación. Jesús le dice: “Ánimo hijo, tus pecados quedan perdonados”. Es el pecado lo que paraliza su existencia y le impide vivir. Curar a un paralítico es dar al hombre la posibilidad de caminar, de elegir su vida, de ejercer su actividad.
Jesús perdona y sana. Para ello primero es necesario perdonar los pecados, liberar del sentimiento de culpa; solo después será posible curar la parálisis, porque con frecuencia es el sentimiento de culpa lo que nos paraliza.
Los escribas solo ven un escándalo porque Jesús se atreve a perdonar pecados, potestad que solo pertenece a Dios. Mateo relata que Jesús, «viendo sus pensamientos», plantea una pregunta: «¿Qué es más fácil decir?». Luego, para que la multitud sepa que «el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados», manda al paralítico levantarse, tomar la camilla y andar. Jesús lo libera del pecado y le anima a asumir de nuevo su vida con ánimo y responsabilidad: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. La curación corporal confirma y manifiesta su potestad espiritual: el signo verifica la palabra.
El pecado no puede estar en nosotros sin hacernos daño y nos trae dolor, incertidumbre y culpabilidad. Nada mejor que acudir a Cristo para que nos perdone y cure las secuelas del pecado en nosotros. En la parálisis del hombre curado podemos ver el símbolo de nuestras propias parálisis, de todo aquello que nos detiene, que nos impide avanzar en la vida. De esas parálisis interiores, Jesús puede curarnos a partir de su raíz más profunda: el pecado.
La respuesta de la gente concluye en alabanza y asombro, en el reconocimiento público de la presencia del Reino.
Santoral
Sacerdote, 2 de julio... | |||||||
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Buscad el bien, no el mal, y viviréis,
y así el Señor, Dios del universo,
estará con vosotros, como pretendéis.
Odiad el mal y amad el bien,
instaurad el derecho en el tribunal.
Tal vez el Señor, Dios del universo,
tenga piedad del Resto de José.
«Aborrezco y rechazo vuestras fiestas —dice el Señor—,
no acepto vuestras asambleas.
Aunque me presentéis holocaustos y ofrendas,
no me complaceré en ellos,
ni miraré las ofrendas pacíficas
con novillos cebados.
Aparta de mí el estrépito de tus canciones;
no quiero escuchar la melodía de tus cítaras.
Que fluya como agua el derecho
y la justicia como arroyo perenne».
Escucha, pueblo mío, voy a hablarte;
Israel, voy a dar testimonio contra ti;
—yo soy Dios, tu Dios—. R/.
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños. R/.
Pues las fieras de la selva son mías,
y hay miles de bestias en mis montes;
conozco todos los pájaros del cielo,
tengo a mano cuanto se agita en los campos. R/.
Si tuviera hambre, no te lo diría;
pues el orbe y cuanto lo llena es mío.
¿Comeré yo carne de toros,
beberé sangre de cabritos? R/.
¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos? R/.
En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos.
Desde los sepulcros dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino.
Y le dijeron a gritos:
«¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí a atormentarnos antes de tiempo?».
A cierta distancia, una gran piara de cerdos estaba paciendo. Los demonios le rogaron:
«Si nos echas, mándanos a la piara».
Jesús les dijo:
«Id».
Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo al mar y murieron en las aguas.
Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados.
Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.
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Jesús llega a la otra orilla, llega a la región de los gerasenos, situada en la Decápolis. Los habitantes de Gerasa todavía no habían recibido la Buena Noticia del Reino de Dios; vivían envueltos en la oscuridad que conlleva la ausencia de la luz del Reino de Dios.
Las fuerzas del mal estaban entre ellos y, estas fuerzas del mal no estaban dispuestas a renunciar a la más mínima presión sobre estos hombres y mujeres. Los caminos que dominaban estaban llenos de violencia y, por eso, nadie se atrevía a pasar por ellos. No son caminos de vida y de paz, donde el caminante pueda disfrutar de la Creación, de la Naturaleza; son caminos de oscuridad, de sufrimiento, de dolor. Las fuerzas del mal son muy poderosas donde reina la oscuridad.
Pero Jesús llega a esta orilla y su luz ilumina de vida y esperanza a esta región sumida en la oscuridad; la presencia del Señor en aquella orilla, es la victoria de la luz sobre la oscuridad, de paz sobre la violencia, de la esperanza sobre la desilusión.
También hoy el Señor tiene que llegar a tantas y tantas “regiones”; vidas envueltas en el dolor de la enfermedad, hombres y mujeres que sobreviven en un mundo dominado por intereses económicos y estratégicos, “caminos” por los que es muy difícil transitar si se quiere permanecer en la honestidad de la luz de Dios.
Jesús es la luz que llega a cada uno de nosotros para deshacer la fuerza del mal, no podemos dejar que esa fuerza rompa la fraternidad que nace de tener a Dios como Padres. Jesús, luz del mundo, ilumina nuestra vida y crea en nosotros lazos de solidaridad que disipan las tinieblas de los egoísmos humanos.
Santoral
Memoria Litúrgica, 30 de Junio... | |||||||||||||
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