jueves, 11 de junio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 7, 6-11

Moisés habló al pueblo diciendo:
«Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios; el Señor, tu Dios, te eligió para que seas, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad.
Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor a vosotros y por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó el Señor de Egipto con mano fuerte y os rescató de la casa de esclavitud, del poder del faraón, rey de Egipto.
Reconoce, pues, que el Señor, tu Dios, es Dios; él es el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y observan sus preceptos, por mil generaciones.
Pero castiga en su propia persona a quien lo odia, acabando con él. No se hace esperar; a quien lo odia, lo castiga en su propia persona.
Observa, pues, el precepto, los mandatos y decretos que te mando hoy que cumplas».

Salmo de hoy

Salmo 102 R/. La misericordia del Señor dura siempre, para aquellos que lo temen

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
el rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R/.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel. R/.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4, 7-16

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios Y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.
Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.
En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros:
en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.
Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.
Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“El Señor se enamoró de vosotros y os eligió”

Las palabras de Moisés revelan la motivación profunda que habitaba en el pueblo para comprenderse como propiedad de Dios. Cuando Dios eligió a su pueblo, no lo hizo en virtud de su pasado (méritos, esfuerzo, santidad…) ni tan siquiera por su realidad presente (grandeza, fuerza, poder).

Dios quiso hacer del más pequeño de todos los pueblos, el pueblo de su elección, por puro amor, por fidelidad a la alianza. Del mismo modo, el Señor se enamora de la humanidad conociendo la ambigüedad en el cumplimiento de nuestra palabra, contando con las vacilaciones y la incoherencia de nuestra parte. Y aun así, adelantándose a nuestra ingratitud hace de nosotros un pueblo santo que reconoce a su Señor, que camina humildemente a la luz de su Palabra, intuyendo su huella de bondad en las personas y las cosas creadas, y suscitando la conversión de nuestro corazón.

En medio del individualismo que nos acecha, podemos preguntarnos: ¿somos conscientes del amor eterno que el Señor mantiene con el pueblo de su propiedad?, si somos hoy el Pueblo de Dios ¿cómo nos acogemos como personas bendecidas, amadas, acompañadas, rescatadas…?

Con las palabras del Salmo 102, nuestro corazón bendice al Señor, desde nuestro barro quebradizo y siendo conscientes de que su amor no nos trata como corresponde a nuestra fragilidad. Su misericordia nos precede y nos corona con su bondad y compasión.

“Porque Dios es Amor”

En la primera carta del apóstol san Juan se pone de relieve cómo se verifica la autenticidad de la fe y la vida cristiana. Creer en Dios implica vivir de su amor y permanecer en su Palabra. El amor que procede de Dios transforma nuestro amor interesado y condicional que busca la satisfacción personal o el debido cumplimiento.

El amor con que Jesús nos ha amado nos abre a una realidad nueva que hace que nos sintamos con los demás como en casa, compartiendo la riqueza de la bondad y la compasión en la mesa que sienta a los pobres y descartados, celebrando así, la fiesta de la dignidad humana, como hijos e hijas de Dios. Regenerados por Cristo, conocemos el amor, creemos en Dios que nos ama y por su Espíritu salimos al encuentro de los demás, alegres de compartir el don.

Es bueno cuestionarse hoy, ¿nos sigue impresionando la devaluación del amor verdadero que observamos o que vivimos? ¿cómo recuperar el corazón que, como el Hijo amado, conoce, se deja amar, guarda y custodia, respeta y acoge, perdona y sana?

Urge ser testigos de la historia de amor que Dios desde el origen y desde nuestro origen, ha ido desentrañando a través de personas, situaciones, experiencias, sufrimiento, pues quien confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, el Amor permanece en él y él en Dios.

“Mi yugo es llevadero y mi carga ligera”

En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, la liturgia nos presenta un texto evangélico que, aunque breve, nos revela la profundidad del amor de Dios manifestado en su Hijo.

La comunidad judeocristiana destinataria de este evangelio tuvo que atravesar el umbral de sus propias expectativas e intereses proyectados en un mesías opositor a un régimen y salvador de la opresión. Del mismo modo tuvo que discernir la sabiduría proveniente de los entendidos y maestros de la Ley y la de quien se revelaba sorprendentemente como el Hijo de Dios.

Jesús se presenta como el que ora sencillamente desde la gratitud por todo lo que acontece en su vida y en la de quienes lo escuchan y siguen. Admira en los pobres y más incultos su capacidad para que la Buena noticia encuentre espacio y eco en sus vidas. El Padre de todos, el Señor de nuestra historia, por puro amor y benevolencia se revela a quienes, vaciados de sí mismos, acogen con sencillez la bondad de Dios.

Recordamos que Cristo, a pesar de su condición divina, se anonadó, se hizo “pequeño” para acoger todo lo que el Padre le había confiado, y de esta manera, nos enseña el camino para crecer en la fe, entender su Palabra y descubrir su voluntad.

Jesús nos introduce en su escuela de humildad y mansedumbre que, lejos de implicar despreocupación o pasividad, nos enseña a vivir desde la sabiduría del corazón. Como Hijo amado del Padre, quienes se encuentran agobiadas por el peso de la vida, cansados de la carga que le ocasionan otros, con la inquietud que impone la incertidumbre del futuro… encuentran acogida en el Corazón de Cristo. Sin que la carga sea suprimida, con Él se hace más llevadera. Sin que el yugo desaparezca, ya no se lleva en solitario, sino que es sobrellevado por Cristo, como el buen cireneo.

Podemos dedicar hoy un tiempo para cuestionarnos: ¿experimento mi descanso en el Corazón de Cristo?  ¿Cómo lo hago anuncio y salida a quienes no tienen esta experiencia?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Sagrado Corazón de Jesús
Adoramos el Corazón de Cristo porque es el corazón del Verbo encarnado, del Hijo de Dios hecho hombre...

miércoles, 10 de junio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 11, 21b-26; 13, 1-3

Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró y exhortaba a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño, porque era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una multitud considerable se adhirió al Señor. Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo; cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez los discípulos fueron llamados cristianos.

En la Iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, llamado Níger; Lucio, el de Cirene; Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo. Un día que estaban celebrando el culto al Señor y ayunaban, dijo el Espíritu Santo: «Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado». Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los enviaron.

Salmo de hoy

Salmo 97, 1-6 R/. El Señor revela a las naciones su justicia

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás”, y el que mate será reo de juicio.

Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.

Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».

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Reflexión del Evangelio de hoy

 “Era un hombre bueno, lleno de fe y de Espíritu Santo”

La primera lectura nos presenta la figura de San Bernabé, cuya fiesta celebramos hoy. Él, un levita, perteneció a la primera comunidad cristiana nacida de la predicación y actividad que los apóstoles desplegaron en la ciudad santa: aquella comunidad modelo que tenía una sola alma y un solo corazón. Fue uno de los que vendió cuanto poseía —un campo en su tierra natal, Chipre— y lo puso a los pies de los Apóstoles (Hch 4, 36-37). Fue compañero de San Pablo y, como él, apóstol de los gentiles.

Dios nos habla a través de palabras, de acontecimientos y también a través de la santidad de tantos hombres y mujeres. Hoy nos habla a través de Bernabé, el “hijo de la Consolación”, un hombre “bueno y lleno de Espíritu Santo”, alguien que “entregó su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Hch 15, 26). Le debemos tanto. ¿Qué habría sido de la historia de la Iglesia sin su bondad y fe? ¿Qué habría ocurrido si él no hubiera cumplido con tanta solicitud el papel que Dios le asignó, si no se hubiera dejado guiar por el Espíritu como lo hizo?

Él fue el único que creyó en el recién convertido Saulo cuando todos los fieles huían de él por temor. Creyó en él y lo llevó ante los apóstoles (Hch 9, 27). Lo asoció a su misión de llevar el Evangelio a los gentiles, tal como nos narra la primera lectura de hoy, pues “la noticia que llegó a los apóstoles” que se menciona, era precisamente la conversión de un gran número de gentiles en Antioquía. El texto lo especifica en los versículos anteriores. También creyó en el joven san Marcos y luchó por él cuando no parecía mostrar aptitudes para evangelizar; y, como bien sabemos, este se convirtió más tarde en el primero de los evangelistas.

El papel de Bernabé fue decisivo en el primer concilio de Jerusalén. Fue un compañero discreto, pero se mostró siempre firme y valiente a la hora de dar la cara por Dios y por los hermanos. El testimonio de su vida acercó multitudes al Señor.

Bernabé recibió a manos llenas el caudal de gracia que se derramó como un torrente en Pentecostés, fruto del misterio pascual. Se dejó transformar por esa gracia y supo transmitirla a los demás a lo largo de toda su vida. Haciendo honor a su apodo, llevó el consuelo del Evangelio a muchos. Hoy nos exhorta a permanecer unidos al Señor y, con su vida, nos invita a asociarnos a la vida y misión de los Apóstoles, como él lo hizo, porque todo bautizado es depositario de la gracia, templo del Espíritu Santo, apóstol, misionero, enviado de Cristo y portador de su consuelo.

“Vuestra justicia”

“Me enseñarás el sendero de la vida” (Salmo 16, 11). Hoy se cumple esta Escritura. Jesús, el Maestro, nos irá revelando a lo largo de estos días el sentido pleno de la ley; nos introducirá en la verdad completa. Nos guiará por senderos de madurez y de santidad verdadera.

En el Evangelio de este día, el Señor nos invita a elegir el amor siempre, por encima de todas las cosas. Más allá del impulso de nuestras pasiones, de la ira, la agresividad, los juicios, los rencores y los deseos de venganza, que se imponga nuestra libertad: somos cristianos, somos hijos de Dios, trabajamos por la paz, permanecemos en el amor y vencemos al mal a fuerza de bien. Queremos complacer a nuestro Padre, y lo que él desea ardientemente es ver a sus hijos unidos; allí manda la bendición, la vida eterna (Cf. Sal 133, 1).

El Señor nos ha colmado a cada uno de nosotros con su misericordia y ahora nos pide que demos gratis lo que hemos recibido gratis. Si no estamos dispuestos a hacer esto, a tener compasión de nuestro hermano como Dios la tuvo de nosotros, ¿cómo osaremos presentarnos ante él con ofrendas para pedirle perdón, reconciliación y comunión, pretendiendo alabarle y agradecerle como si fuéramos personas que cumplen su voluntad?

“Tienes razón, Maestro… amar al prójimo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”, le dijo un escriba a Jesús en cierta ocasión, y él le respondió: “No estás lejos del Reino de Dios” (cf. Mc 12, 32-34). Esto es lo que nos acerca a Dios, a su corazón; lo que nos introduce en la gloria.

Mientras vamos de camino en esta vida, muchos nos ponen pleito: son tantos los que reclaman nuestro amor, nuestra atención; los que mendigan una palabra de aliento, un trozo de pan, un poco de compañía, una mano amiga, una oración solidaria… Como san Bernabé, seamos dóciles al Espíritu Santo, que nos llena del amor de Dios, y sigamos el camino de Jesús, perdonando y haciendo el bien. Que brille en nosotros la justicia de los hijos de Dios y que, viéndolo, una multitud considerable se adhiera al Señor.


SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Bernabé, Santóstol, 11 de junio ...

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 18, 20-39

En aquellos días, el rey Ajab dio una orden entre todos los hijos de Israel y reunió a los profetas de Baal en el monte Carmelo.

Elías se acercó a todo el pueblo y dijo:
«¿Hasta cuándo vais a estar cojeando sobre dos muletas? Si el Señor es Dios, seguidlo; silo es Baal, seguid a Baal».

El pueblo no respondió palabra. Elías continuó:
«Quedo yo solo como profeta del Señor, mientras que son cuatrocientos cincuenta los profetas de Baal. Que nos den dos novillos; que ellos elijan uno, lo descuarticen y lo coloquen sobre la leña, pero sin encender el fuego. Yo prepararé el otro novillo y lo pondré sobre la leña, también sin encender el fuego. Vosotros clamaréis invocando el nombre de vuestro dios y yo clamaré invocando el nombre del Señor. Y el dios que responda por el fuego, ese es Dios».

Todo el pueblo acató:
«¡Está bien lo que propones!».

Elías se dirigió a los profetas de Baal:
«Elegid un novillo y preparadlo vosotros primero, pues sois más numerosos. Clamad invocando el nombre de vuestro dios, pero no pongáis fuego».

Tomaron el novillo que les dieron, lo prepararon y estuvieron invocando el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo:
«¡Baal, respóndenos!».

Mas no hubo voz ni respuesta. Brincaban en torno al altar que habían hecho.

A mediodía, Elías se puso a burlarse de ellos:
«Gritad con voz más fuerte, porque él es dios, pero tendrá algún negocio, le habrá ocurrido algo, estará de camino; tal vez esté dormido y despertará!».

Entonces gritaron con voz más fuerte, haciéndose incisiones con cuchillos y lancetas hasta chorrear sangre por sus cuerpos según su costumbre.

Pasado el mediodía, entraron en trance hasta la hora de presentar las ofrendas, pero no hubo voz, no hubo quien escuchara ni quien respondiese.

Elías dijo a todo el pueblo:
«Acercaos a mí», y todo el pueblo se acercó a él. Entonces se puso a restaurar el altar del Señor, que había sido demolido. Tomó Elías doce piedras según el número de tribus de los hijos de Jacob, al que se había dirigido esta palabra del Señor:
«Tu nombre será Israel».

Erigió con las piedras un altar al nombre del Señor e hizo alrededor una zanja de una capacidad de un par de arrobas de semilla. Luego dispuso leña, descuartizó el novillo y lo colocó encima.
«Llenad de agua cuatro tinajas y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña», ordenó y así lo hicieron.

Pidió:
«Hacedlo por segunda vez»; y por segunda vez lo hicieron.
«Hacedlo por tercera vez» y una tercera vez lo hicieron.

Corrió el agua alrededor del altar, e incluso la zanja se llenó a rebosar.

A la hora de la ofrenda, el profeta Elías se acercó y comenzó a decir:
«Señor, Dios de Abrahán, de Isaac y de Israel, que se reconozca hoy que tú eres Dios en Israel, que yo soy tu servidor y que por orden tuya he obrado todas estas cosas. Respóndeme, Señor, respóndeme, para que este pueblo sepa que tú, Señor, eres Dios y que has convertido sus corazones».

Cayó el fuego del Señor que devoró el holocausto y la leña, lamiendo el agua de las zanjas.

Todo el pueblo lo vio y cayeron rostro en tierra, exclamando:
«¡El Señor es Dios. El Señor es Dios!».

Salmo de hoy

Salmo 15, 1b-2a. 4. 5 y 8. 11 R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios». R/.

Se multiplican las desgracias
de quienes van tras dioses extraños;
yo no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios. R/.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».

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Reflexión del Evangelio de hoy

La voz del profeta

El Libro de los Reyes nos narra hoy el episodio de la confrontación entre los profetas de baal y el profeta Elías. Que oportuno es hacer memoria de los tiempos pasados para que nos ayuden a afrontar los desafíos del tiempo actual en que vivimos. Más allá de los elementos anecdótico y espectaculares que nos brinda el relato sería oportuno  preguntarnos ¿qué está en juego en este hecho que se nos recuerda?¿Qué dice a la realidad en que vivimos?

Creo que un elemento que deberíamos tener en cuenta es quienes son parte de esta confrontación: por un lado Elías, el profeta, su nombre “Eli-yahu, significa”: “Mi Dios es Yahvé”. Elías es la figura referente al pensar en el ideal de profeta; Él quiere presentarnos con sus palabras y acciones al verdadero Dios y no está dispuesto a permitir que se adulteren los valores esenciales de la fe y de la vida. Frente a Elías los profetas de baal, el dios cananeo, su nombre significa: “señor”. Baal es presentado siempre como un ídolo. El ídolo no tiene consistencia sino que es apariencia. Nos muestra algo ficticio que no es real. Nos ilusiona poniendo en lugar de lo trascendente realidades que no lo son. Muchas veces en nuestro hoy somos bombardeados por esta realidad idolátrica que nos deja el sabor amargo de la desilusión cuando ponemos en ella nuestras expectativas.

Tal vez sea oportuno recordar las palabras del cardenal Carlo María Martini: «Nosotros somos creyentes, pero estamos siempre tentados de caer en la idolatría; la figura de Elías nos ayuda a desenmascararlos ídolos que nos tientan tanto más cuanto nuestro esfuerzo por adorar al Dios verdadero intenta hacerse mis sutil, puro; quisiera ser más auténtico. Idolatría no es simplemente la adoración del becerro de oro, en el que reconocemos una forma antigua ya superada, sino toda forma de culto hacia realidades que no son Dios y que intentan, solapadamente, colocarse en su sitio. Realidades, incluso camufladas de divinas, de espirituales, de religiosas».     

 

¿Cuáles son hoy nuestros ídolos? ¿Qué propuestas sociales y culturales pretenden ocupar el lugar de “dios” de nuestra existencia? Que necesaria es la voz del profeta que nos ayude a no confundir las opciones y nos permita discernir los caminos que nos lleven a los valores del Dios revelado por Jesús.

He venido a dar plenitud

Por medio de las bienaventuranzas el Señor, como buen maestro, quiere ayudarnos a dar plenitud en nosotros el sueño de Dios para esta realidad.

Jesús busca que podamos ser fieles al proyecto de Dios desde la perspectiva del Reino. Por eso nos impulsa a crecer y madurar en la fe. A no quedarnos en un mero cumplimiento sino a vivir en plenitud lo que creemos. A encarnar en nuestra humilde realidad cotidiana el amor de Dios.

Estamos llamados a ser libres para desarrollar nuestras potencialidades y capacidades poniéndolas al servicio de los demás alcanzando así la felicidad. Hoy no solo cuentan nuestras ideas y acciones sino sobre todo nuestras actitudes. Como dice la Escritura: « Este precepto que yo te mando hoy no excede tus fuerzas, ni es inalcanzable... El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que lo cumplas.» (Dt 30,11.14)

Jesús nos invita a vivir una fe para la vida. «Una fe que sea capaz de iluminar al mundo dándole sentido y asegurándole que es posible que el hombre deje de ser enemigo del hombre para convertirse en hermano, en alguien en quien se puede confiar, al que se le puede llamar en los momentos de apuro y en los de alegría porque siempre lo encontraremos dispuesto a escuchar, a comprender y a compartir. Es el Evangelio de hoy un auténtico reto para los cristianos. Pero, no lo olvidemos, estamos llamados a aceptar ese reto.» (A. M. CORTES)    

SANTOS DEL DÍA

 



lunes, 8 de junio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 17, 7-16

En aquellos días, se secó el torrente donde estaba escondido Elías, pues no hubo lluvia sobre el país.
La palabra del Señor llegó entonces a Elías diciendo:
«Levántate, vete a Sarepta de Sidón y establécete, pues he ordenado a una mujer viuda de allí que te suministre alimento».
Se alzó y fue a Sarepta. Traspasaba la puerta de la ciudad en el momento en el que una mujer viuda recogía por allí leña. Elías la llamó y le dijo:
«Tráeme un poco de agua en el jarro, por favor, y beberé».
Cuando ella fue a traérsela, él volvió a gritarle:
«Tráeme, por favor, en tu mano un trozo de pan».
Ella respondió:
«Vive el Señor, tu Dios, que no me queda pan cocido; solo un puñado de harina en la orza y un poco de aceite en Ja alcuza. Estoy recogiendo un par de palos, entraré y prepararé el pan para mí y mi hijo, lo comeremos y luego moriremos».
Pero Elías le dijo:
«No temas. Entra y haz como has dicho, pero antes prepárame con la harina una pequeña torta y tráemela. Para ti y tu hijo la harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel:
“La orza de harina no se vaciará
la alcuza de aceite no se agotará
hasta el día en que el Señor conceda
lluvias sobre la tierra”».
Ella se fue y obró según la palabra de Elías, y comieron él, ella y su familia.
Por mucho tiempo la orza de harina no se vació ni la alcuza de aceite se agotó, según la palabra que había pronunciado el Señor por boca de Elías.

Salmo de hoy

Salmo 4, 2-3. 4-5. 7-8 R/. Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro.

Escúchame cuando te invoco, Dios de mi justicia;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mi y escucha mi oración.
Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la falsedad y buscaréis el engaño? R/.

Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.
Temblad y no pequéis,
reflexionad en el silencio de vuestro lecho. R/.

Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?»
Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en su trigo y en su vino. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará hasta el día en que el Señor conceda lluvias sobre la tierra”

El texto del libro de los Reyes, más allá de la historia de Elías y la viuda extranjera de Sarepta, nos presenta a un Dios que se hace presente en las circunstancias más adversas de la vida de los hombres. La viuda, pagana, lo reconoce en el profeta extranjero y se pone a su servicio. En ella contemplamos la triste realidad de la penuria más extrema y el valor supremo del Amor como Donación de Sí misma a quien lo necesita.

En el texto el propio Dios, en la persona del profeta, peregrina fuera de su Casa, del Pueblo por Él elegido y nos descubre que, más allá de creencias aprendidas, de instituciones sagradas, se hace visible, comprensible: su Palabra es Palabra de Vida, de Consuelo, de un Amor que conmueve y dinamiza, un Amor que pone en evidencia que lo imposible puede suceder si hay Fe.

La historia del profeta y la viuda es la de cada uno de nosotros cuando descubrimos que el Dios en que creemos no espera muchas veces a que vayamos a su encuentro en los lugares “sagrados” de referencia, sino que sale a nuestro encuentro en las fronteras de la vida y de la fe y con su Amor nos dinamiza, nos consuela y no deja que se consuma nuestro pan.

“Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín”

La sal, la luz en el candelero, la ciudad en lo alto del monte son signos con lo que el Señor nos quiere explicar que la Fe necesariamente es testimonio de vida para que sea auténtica, que no basta aceptar unas verdades, cumplir unos mandamientos o asistir a unos cultos. La Fe es un Sí a un Dios que da sentido, alegría y esperanza, a un Dios que por Amor se hace hombre y es capaz de dar la Vida por nosotros…

Aceptar esta Fe en mi vida es lo que me impulsa a “ser sal”, es decir, a no conformarme con la mediocridad de una sociedad donde cada uno va a lo suyo, aunque en el fondo siempre están insatisfechos: son sosos por inercia.

Vivir esta Fe es lo que me anima a “ser luz” y que no me importe si con ello me ponen en un celemín o incluso se me vea en lo alto de un monte. Los primeros cristianos, según la carta a Diogneto, eran testimonios de amor y verdad entre los paganos, que se asombraban de sus actitudes y comportamientos. Como explica fray Bernardo Sastre: "Iluminar no es lo mismo que brillar. El cristiano luce, no se luce"

Ciertamente nada de esto es fácil y menos aún en la sociedad donde vivimos, pero al menos debe quedar en nosotros la humilde aspiración a intentarlo en la esperanza de que el Señor, como a la viuda de Sarepta, no va a dejar que se nos acabe el pan y el aceite.

PARA LA MEDITACIÓN

«Jesús nos urge a que seamos luz para la sociedad. El mismo que dijo: «Yo soy la luz», nos dice ahora «vosotros sois la luz del mundo». La luz de Cristo es la luz de la fe, la luz de la vida que nace con más fuerza justo en el momento de la muerte; la luz del amor que se hace pleno cuando es capaz de la renuncia total; la luz de la confianza, de la esperanza que se mantiene siempre viva; la luz de la bienaventuranza descubierta en la pobreza o en la persecución; la luz de Cristo y este crucificado. Pero una luz que se esconde no sirve para nada. El siguiente ejemplo que pone el Señor nos ayuda a entender cuál es nuestra misión: ser como una ciudad edificada sobre un monte, que siempre se ve, que es como punto de referencia y sirve de orientación para los que se encuentran medio perdidos en el camino. Eso mismo debemos ser los cristianos en medio de este mundo complicado y oscuro, deberíamos ser faros, casa acogedora para todos los que andan perdidos en busca de luz, de verdad, de amor.»

(José Manuel Lorca Planes, obispo de Cartagena)