jueves, 12 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 7,23-28:

Esto dice el Señor:

«Esta fue la orden que di a mi pueblo:
“Escuchad mi voz, Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo. Seguid el camino que os señalo, y todo os irá bien”.

Pero no escucharon ni hicieron caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según la maldad de su obstinado corazón. Me dieron la espalda y no la cara.

Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy, os envié a mis siervos, los profetas, un día tras otro; pero no me escucharon ni me hicieron caso. Al contrario, endurecieron la cerviz y fueron peores que sus padres.

Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás:
“Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca”».

Salmo de hoy

Salmo 94,1-2.6-7.8-9 R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R/.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,14-23

En aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo.

Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron:
«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo:
«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.

El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios”

A través de las palabras del profeta Jeremías podemos adivinar la amargura del corazón de Dios hacia el pueblo de Israel que, una vez más, había sido infiel a la alianza, volviéndose a los ídolos. Dios, por boca del profeta, recuerda el mandato que les dio y cómo cuidó de su pueblo enviando profetas que se lo recordaran. Pero el pueblo continuamente rechazó a sus profetas. Y Dios conoce de antemano el fracaso de sus palabras porque Israel es “el que no escuchó la voz del Señor”, que además no muestra ningún signo de arrepentimiento por su conducta.

El profeta Jeremía sin embargo es fiel a su misión, desvelando esta situación y compartiendo con Dios el sufrimiento de ser rechazado, incluso siendo tachado de impostor por los que prefieren la mentira a la verdad.

En mitad de la Cuaresma esta visión real y cruda de la infidelidad de Israel puede ser un reactivo para nuestras infidelidades reiteradas y profundas. Uno de los mayores peligros de nuestra conversión puede ser minimizar nuestros pecados y nuestras responsabilidades. Corremos el peligro de dejar resbalar sobre nosotros estas duras palabras y no darlas importancia, pensando que no se dirigen a nosotros.

Ante estas palabras tan serias debemos examinar las posibles infidelidades de nuestro corazón, las incongruencias que se mezclan en nuestra vida. Por eso, el peligro está en oír estas palabras del profeta Jeremías como dichas a un pueblo que no es el nuestro, a unas personas que no somos nosotros, con lo cual, las escucharemos con indiferencia, con esa misa indiferencia con que Israel escuchaba a los profetas.

En el salmo 94 comenzamos alabando al Señor, porque es la Roca que nos salva y el Pastor que nos guía, para continuar con una denuncia profética que trata de impedir que se repitan los errores de los antepasados, como en Masá y Meribá, donde el pueblo cayó en la rebeldía, la misma que denunciaba Jeremías. Por eso repetimos “Ojalá escuchéis la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»”

“El que no está conmigo está contra mí”

El Evangelio de hoy nos muestra a Jesús expulsando un demonio y respondiendo a quienes lo acusan de blasfemia y de aliarse con Satanás; acusación que muestra la incomprensión radical de sus milagros y también el rechazo directo y consciente de su persona.

La realidad está ahí: una persona ha sido sanada; pero el prejuicio impide reconocer la bondad de este hecho. Los prejuicios contra las personas nos ciegan tanto que no nos permiten ver, o incluso hace que veamos las cosas al revés. Todo nos parece bueno o hecho con buena intención cuando se trata de un amigo, pero si es un enemigo, cualquier cosa que haga lo consideraremos malo. Aunque haga milagros, sus enemigos estarán ciegos a su acción misericordiosa, todo lo atribuyen a mala intención, a pura maldad: “por Belzebú, el príncipe de los demonios, echa a los demonios”. Los prejuicios ciegan. Cuántas veces nos dejamos llevar por nuestras ideas preconcebidas sin atender a la realidad de los hechos.

A Jesús lo acusan de que expulsa el mal con el poder del mal. Pero les corrige, echa el mal con el poder de Dios (“con el dedo de Dios”), porque el mal no lucha contra él mismo: “un reino dividido no puede subsistir”. Con esto muestra la incoherencia de atribuir a Satanás la obra de Dios. Si el mal fuera autor de la expulsión, estaría trabajando contra sí mismo. Solo Dios puede luchar contra el mal y vencerlo, únicamente Dios es más fuerte. Por eso Jesús puede decir que, si su poder echa los demonios, “ha llegado a vosotros el reino de Dios”: al mal solo lo expulsa el poder del bien.

Pero a esos que se creían limpios, les advierte que a veces uno descuida su propia casa y termina vencido por el poder del mal. Jesús nos invita a invocar el poder de Dios para preservarnos de los males que pueden dominarnos: el rencor, la tristeza, el temor, la envidia, el egoísmo. Al mismo tiempo nos llama a la vigilancia. Si nos mantenemos atentos y dejamos que el Señor nos fortalezca con su poder, nuestra casa estará segura.

"El que no está conmigo, está contra mí" es un llamado a la decisión moral y eclesial. La pasividad y la tibieza ante el pecado equivalen a colaborar con el Mal; la fe exige compromiso.

SANTOS DEL DÍA

 



miércoles, 11 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 1. 5-9

Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os enseño para que, cumpliéndolos, viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar.

Mirad: yo os enseño los mandatos y decretos, como me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumpláis en la tierra donde vais a entrar para tomar posesión de ella.

Observadlos y cumplidlos, pues esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos, los cuales, cuando tengan noticia de todos estos mandatos, dirán:
“Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación”.

Porque ¿dónde hay una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos?

Y ¿dónde hay otra nación tan grande que tenga unos mandatos y decretos tan justos como toda esta ley que yo os propongo hoy?

Pero, ten cuidado y guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos y que no se aparten de tu corazón mientras vivas; cuéntaselas a tus hijos y a tus nietos».

Salmo de hoy

Salmo 147, 12-13. 15-16. 19-20 R/. Glorifica al Señor, Jerusalén

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza. R/.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Ten cuidado y guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos”

Igual que ayer, hoy nos hacemos rebeldes. Nos cuesta aceptar que nos pongan normas, tener que cumplir leyes y preceptos. Queremos hacer sólo aquello que nos apetece. Es una tentación fácil. Sobre todo cuando someternos a unas normas se nos hace difícil, porque desde esa rebeldía interior, nos parece que lo que nosotros apetecemos es mejor. O cuando nuestros caprichos parece que son los que tienen que prevalecer.

Nos cuesta entender que no hacemos solos el camino. Que caminamos juntos al paso de los demás. Y que es necesario un respeto mutuo, un valorarnos los unos a los otros, un saber colaborar. No hacer nada que pueda impedir el camino feliz de los demás. Descubrir que la felicidad compartida es mayor para todos. Por esta razón necesitamos normas, parámetros que nos ayuden a preservar la convivencia.

Lo llamamos ley natural o ley divina impresa en nuestros corazones, pero lo que Dios quiere de nosotros es esa dicha. Para eso nos traza sus caminos. No son caprichos de Dios, sino que es su Sabiduría la que quiere el bien del hombre. No es por nuestra parte un sometimiento ciego, sino encontrar ese sentido que nos lleve a un camino de mayor plenitud en común unión. Nunca es el camino de nuestros caprichos el que nos da la felicidad auténtica.

El Deuteronomio se hace un bello mosaico de verbos llenos de profundidad, legado de riqueza y herencia de sabiduría. Escuchar, cumplir, vivir, entrar, tomar en posesión, observar, cuidar, guardar, no olvidar, ver, no apartar del corazón y contar. Esa es la impronta del pueblo sabio e inteligente. Conjugar estos verbos a los ojos de los demás pueblos marcará la diferencia de una gran nación.

“No he venido a abolir, sino a dar plenitud”

Jesús quiere en verdad purificar nuestros corazones, quiere que en verdad busquemos lo que es importante, que no vayamos por caminos de cosas superfluas, que demos un verdadero sentido a aquello que hacemos.

Por esta razón no viene a abolir sino a cumplir y a darle plenitud. Por esta razón invita a sus seguidores a practicar y enseñar. Dos verbos que significan compromiso y coherencia, incluso en los detalles de tu vida cotidiana, incluso en aquello aparentemente pequeño.

Durante la Cuaresma se nos llama a renovar nuestro compromiso con obedecer los mandamientos de Dios y no al mero “cumplo y miento” para tranquilizar nuestra conciencia.

Se nos invita a trasmitir nuestra fe a las generaciones futuras con convicción y cercanía y a traducir en el lenguaje de Dios los cuatro puntos cardinales de nuestra vida.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Pionio, Santo
Presbítero y Mártir, 11 de marzo...

martes, 10 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la profecía de Daniel 3, 25. 34-43

En aquellos días, Azarías, puesto en pie, oró de esta forma; alzó la voz en medio del fuego y dijo:

«Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia.

Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas.

Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados.

En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia.

Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados.

Que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados.

Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor; trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia.

Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor».

Salmo de hoy

Salmo 24, 4-5a. 6 y 7cd. 8-9 R/. Recuerda, Señor, tu ternura

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.

Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Seamos humildes en nuestra oración”

Azarías implora al Señor en momentos de dificultad para su pueblo. Realiza una oración profunda y sincera de la que se deduce una petición de perdón. Y lo hace apoyándose en la intercesión de Abraham, Isaac y Jacob, hombres buenos y fieles a Dios. En sus palabras vemos su confianza, humildad, entrega y amor por Dios. Pide ayuda y perdón de corazón y hay una frase que, para mí, es clave: “Te respetamos y queremos encontrarte”. Busca al Señor desde el respeto, desde lo hondo del corazón, con una sinceridad que desnuda su alma ¿No es así como un hijo habla a su padre?

Nunca debemos tener miedo a ser humildes, a pedir perdón si hemos hecho algo mal. Dios es misericordia, pero también justicia, siempre nos dará lo que nos convenga si se lo pedimos con sinceridad, y si nosotros somos capaces de actuar igual con nuestros semejantes. Y quedémonos con estas palabras de Azarías: “los que en ti confían no quedan defraudados”.

“…Como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”

¡Cuántas veces hemos leído y escuchado este pasaje! ¡Y cuantas veces rezamos el Padre Nuestro! Y yo me pregunto ¿Somos conscientes de lo que significa perdonar o pedir perdón? ¿Cuántas veces hemos oído, o hemos dicho eso de “perdono, pero no olvido”? Si el perdón nace del amor por el otro, por Dios, por nosotros mismos ¿Como debe ser nuestro perdón?

San Pedro le hace una pregunta al Maestro con toda su buena fe y la respuesta que recibe le debió dejar perplejo “Hasta 70 veces 7”, o sea: hasta el infinito. El perdón no sabe de números ni de límites y se da generosamente, sin esperar nada a cambio, es como el abrazo que le da el padre al hijo pródigo cuando regresa a casa reconociendo sus errores. Y Jesús pronuncia una parábola para explicarlo, parábola que nos muestra cual es el verdadero perdón frente al interesado o circunstancial. Y también nos dice que nosotros no podemos implorarlo si no hacemos lo mismo con el prójimo, no podemos pretender un buen trato si no lo damos a los demás.

El verdadero perdón sale del corazón y nace del amor. Del amor por el amigo, el jefe, el hijo, el que nos ofende, el que nos ignora... Fíjate que el propio Cristo en el peor momento de su pasión, colgado de la Cruz, lo que le pide al Padre es que perdone a sus verdugos por su ignorancia de lo que están haciendo, le está pidiendo perdón por ti y por mí, por las veces que le volvemos a crucificar cada día con nuestros comportamientos y negaciones. Solo se puede implorar ese perdón si se ama de verdad. ¿Y nosotros somos capaces de poner condiciones a nuestro perdón al que nos lo pide? Poco amamos si es así.

“Perdona nuestras ofensas COMO NOSOTROS PERDONAMOS AL QUE NOS OFENDE”. El mismo Jesús nos dejó dicho como debemos actuar para alcanzar la gracia del Padre. Mas claro no se puede decir y ejemplos sobran en el Evangelio: el perdón a la mujer adúltera, el perdón a las negaciones de San Pedro, el perdón a sus verdugos…

En esta Cuaresma sería un buen ejercicio, y un propósito, el revisar cómo perdonamos y cómo pedimos perdón. Sí. El perdón viene del amor y por el amor se da y se recibe, sin condiciones ni reservas. Pongámonos al pie de la Cruz con María y miremos a los ojos de Jesús cuando nos perdona con los brazos abiertos mientras entrega hasta su última gota de sangre por ti y por mí. Y luego podremos perdonar y ser perdonados.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Macario de Jerusalén, Santo
Obispo, 10 de marzo ...

lunes, 9 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes 5, 1-15a

En aquellos días, Naamán, jefe del ejército del rey de Siria, era hombre notable y muy estimado por su señor, pues por su medio el Señor había concedido la victoria a Siria.

Pero, siendo un gran militar, era leproso.

Unas bandas de arameos habían hecho una incursión trayendo de la tierra de Israel a una muchacha, que pasó al servicio de la mujer de Naamán. Dijo ella a su señora:
«Ah, si mi señor pudiera presentarse ante el profeta que hay en Samaría. Él lo curaría de su lepra».

Fue (Naamán) y se lo comunicó a su señor diciendo:
«Esto y esto ha dicho la muchacha de la tierra de Israel».

Y el rey de Siria contestó:
«Vete, que yo enviaré una carta al rey de Israel».

Entonces tomó en su mano diez talentos de plata, seis mil siclos de oro, diez vestidos nuevos y una carta al rey de Israel que decía:
«Al llegarte esta carta, sabrás que te envío a mi siervo Naamán para que lo cures de su lepra».

Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras, diciendo:
«¿Soy yo Dios para repartir vida y muerte? Pues me encarga nada menos que curar a un hombre de su lepra. Daos cuenta y veréis que está buscando querella contra mí».

Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras y mandó a que le dijeran:
«Por qué has rasgado tus vestiduras? Que venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel».

Llegó Naamán con sus carros y caballos y se detuvo a la entrada de la casa de Eliseo. Envió este un mensajero a decirle:
«Ve y lávate siete veces en el Jordán. Tu carne renacerá y quedarás limpio».

Naamán se puso furioso y se marchó diciendo:
«Yo me había dicho: “Saldrá seguramente a mi encuentro, se detendrá, invocará el nombre de su Dios, frotará con su mano mi parte enferma y sanaré de la lepra”. El Abaná y el Farfar, los ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Podría bañarme en ellos y quedar limpio».

Dándose la vuelta, se marchó furioso. Sus servidores se le acercaron para decirle:
«Padre mío, si el profeta te hubiese mandado una cosa difícil, ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si te ha dicho: “Lávate y quedarás limpio”!».

Bajó, pues, y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre de Dios. Y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio.

Naamán y toda su comitiva regresaron al lugar donde se encontraba el hombre de Dios. Al llegar, se detuvo ante él exclamando:
«Ahora conozco que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel».

Salmo de hoy

Salmo 41, 2. 3; 42, 3. 4 R/. Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿cuándo veré el rostro de Dios?"

Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío. R/.

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R/.

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R/.

Me acercaré al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
y te daré gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 4, 24-30

Habiendo llegado Jesús a Nazaret, le dijo al pueblo en la sinagoga:

«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naámán, el sirio».

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

"Su carne volvió a ser como la de un niño pequeño"

La Primera Lectura de hoy nos advierte que Naamán, “siendo un gran militar, era leproso”. Con esta afirmación parece querer contraponer una realidad exterior y exitosa a otra más oculta y dolorosa.

Y es que, muchas veces, podemos funcionar muy bien hacia afuera, gestionando con éxito nuestras actividades con los demás, y al mismo tiempo, podemos no saber cómo gestionar nuestras situaciones personales. Aquellas que nos descubren vulnerables, pecadores, necesitados de compasión y comprensión.

Como guerrero, Naamán había salido muchas veces de su patria, pero siempre a la batalla, siempre para conquistar, siempre desde su armadura. Esta vez, al dirigirse a Israel, debe ir desarmado, reconociendo su necesidad o, mejor aún, debe ir dispuesto a mostrarla a los demás.

Cuando llega a la casa del profeta Eliseo y recibe la orden de bañarse siete veces en el Jordán, Naamán se enoja porque lo que le pide el profeta no coincidía con sus expectativas. Había en Siria mejores ríos que en Israel para ello.

Ciertamente, Naamán había hecho un viaje exterior, pero le faltaba hacer el viaje interior: aceptar que la solución a su enfermedad podía venir de donde no sabía, de donde no calculaba, de fuera de sus esquemas de seguridad y costumbre.

Tenía que reconocer que, solo saliendo fuera de su zona de confort, podía encontrar la salud que tanto deseaba. Es verdad que había salido de su tierra y viajado a Israel, que se había quitado la armadura y mostrado su enfermedad, ahora debía aceptar que el camino de la cura no era el esperado según sus criterios, sino que debía escuchar y obedecer a otro que le animaba a arriesgar caminos nuevos.

Naamán termina exclamando: ¡Es verdad! “no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel”. Al fin, descubre a un Dios nómada, un Dios no ligado a un lugar, sino que establece alianza con personas, con un pueblo: un Dios vivo.

 

¿Qué caminos nuevos de salud nos estará invitando Dios a recorrer, más allá de nuestras armaduras, de nuestras fronteras, de nuestros criterios auto referidos?

"Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino"

El Evangelio nos relata que, contrariamente a lo que hizo Naamán…, los paisanos de Jesús no habían salido de su tierra, pero esperaban que Jesús (Él sí había salido de su tierra) les hiciera los milagros que se decía había hecho en otros lugares. Y, cuando Jesús les recuerda los milagros que Dios hizo con los extranjeros, ellos se enojan y lo quieren matar.

El rechazo que advierte Jesús (“ningún profeta es aceptado en su pueblo”) no es responsabilidad suya como profeta, sino del pueblo que se cierra en sí mismo.

Pues, mantenerse en el propio lugar, es decir, no estar dispuesto a salir de la propia tierra, del propio mundo, no estar dispuesto a abrirse, a reconocer y a discernir la verdad que otro pueda ofrecer, representa, ciertamente, una cerrazón que impide todo milagro.

Más todavía. Cuando ese otro que viene de fuera se acerca a la mía, su novedad me invita –y me provoca– a una nueva perspectiva.

Si Jesús no puede hacer las transformaciones que desea en nuestras vidas, en nuestras comunidades, en nuestra sociedad, ¿no se deberá a que lo recibimos muy “afincados en nuestra tierra”, muy encerrados en nuestras perspectivas aprendidas y seguridades conquistadas?

Nuestros rechazos lo pueden ahuyentar y expulsar. Hasta intentar despeñarlo. Jesús, con todo, siempre se abre paso y sigue su camino. Es libre y libertador. Vendrá una y otra vez, como una alondra que muestra lo que hay más allá de nuestros límites y nos enciende en deseo de sus Promesas.

Un deseo de plenitud que no se apaga en nosotros a pesar de nuestros miedos y cerrazones y nos hace orar como el salmista: “mi alma te busca a ti, Dios mío”. Pidamos, pues: “Señor, que tu luz y tu verdad me guíen” y me hagan salir de mí para ir hacia Ti.