jueves, 14 de mayo de 2026

LECTURA Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 18, 9-18

Cuando estaba Pablo en Corinto, una noche le dijo el Señor en una visión:
«No temas, sigue hablando y no te calles, pues yo estoy contigo, y nadie te pondrá la mano encima para hacerte daño, porque tengo un pueblo numeroso en esta ciudad».

Se quedó, pues, allí un año y medio, enseñando entre ellos la palabra de Dios.

Pero, siendo Gallón procónsul de Acaya, los judíos se abalanzaron de común acuerdo contra Pablo y lo condujeron al tribunal diciendo:
«Este induce a la gente a dar a Dios un culto contrario a la ley».

Iba Pablo a tomar la palabra, cuando Gallón dijo a los judíos:
«Judíos, si se tratara de un crimen o de un delito grave, sería razón escucharos con paciencia; pero, si discutís de palabras, de nombres y de vuestra ley, vedlo vosotros. Yo no quiero ser juez de esos asuntos».

Y les ordenó despejar el tribunal.

Entonces agarraron a Sóstenes, jefe de la sinagoga, y le dieron una paliza delante del tribunal, sin que Galión se preocupara de ello.

Pablo se quedó allí todavía bastantes días; luego se despidió de los hermanos y se embarco para Siria con Priscila y Aquila. En Cencreas se había hecho rapar la cabeza, porque había hecho un voto.

Salmo de hoy

Salmo 46, 2-3. 4-5. 6-7 R/. Dios es el rey del mundo

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible,
emperador de toda la tierra. R/.

Él nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones;
él nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado. R/.

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad;
tocad para nuestro Rey, tocad. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 20-23a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.

La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre.

También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“No tengas miedo, sigue hablando”

La primera lectura nos presenta a Pablo en Corinto, en un momento delicado. La misión avanza, pero también crecen las resistencias, las tensiones y los riesgos. En ese contexto, el Señor se le aparece en una visión nocturna con palabras que son al mismo tiempo consuelo y envío: «No tengas miedo, sigue hablando y no calles, porque yo estoy contigo». Estas palabras revelan algo muy humano en la experiencia del apóstol. Pablo también siente temor, cansancio y quizá incertidumbre, como nosotros tantas veces. Evangelizar no es un camino triunfal, sino un itinerario atravesado de fragilidades. Por eso el Señor no le promete facilidad, sino presencia: «Yo estoy contigo». No elimina las dificultades, pero asegura que ninguna oposición tendrá la última palabra.

El mandato es claro: «sigue hablando y no calles». El anuncio del Evangelio nace de la confianza. Cuando el miedo ocupa el corazón, la palabra se apaga; cuando la certeza de la presencia de Dios se hace fuerte, la palabra vuelve a brotar. Pablo permanece allí un año y medio enseñando la Palabra. La fidelidad cotidiana, silenciosa y sostenida, es también forma de misión, que a menudo no está de moda porque el mundo nos hace creer que todo debe ser instantáneo.

El relato continúa mostrando conflictos y acusaciones. Pablo es llevado ante el procónsul Galión, pero la causa no prospera. De nuevo se confirma que la misión no está en manos humanas. Dios actúa incluso a través de situaciones ambiguas, de decisiones políticas o de acontecimientos inesperados. La Palabra sigue su camino.

También hoy la Iglesia y cada creyente pueden sentir miedo: miedo a hablar, a exponerse, a no ser comprendidos, a ir contracorriente. Esta lectura nos recuerda que la misión nace de una promesa: «Yo estoy contigo». No se trata de hablar mucho, sino de no callar aquello que da vida.

Tal vez la pregunta que queda es sencilla: ¿qué miedos silencian hoy nuestra fe? ¿Dónde nos invita el Señor a seguir hablando con sencillez y confianza?

“Vuestra tristeza se convertirá en alegría”

El evangelio nos sitúa en el discurso de despedida de Jesús. Sus palabras reconocen una experiencia muy concreta: la tristeza de los discípulos. La separación, la incertidumbre y el desconcierto están muy presentes. Jesús no niega ese dolor; lo nombra y lo acoge. «Vosotros estaréis tristes». La fe no elimina el sufrimiento, lo atraviesa.

Pero inmediatamente añade una promesa: «Vuestra tristeza se convertirá en alegría». No dice que la tristeza desaparecerá sin más, sino que se transformará. La imagen que utiliza es profundamente humana: la mujer que da a luz. El dolor del parto no es el final, sino el paso hacia una vida nueva. La alegría no ignora el sufrimiento, nace de él.

Esta comparación revela algo esencial del misterio pascual. La cruz no es fracaso, sino el lugar donde germina la vida. Los discípulos pasarán por la oscuridad, pero descubrirán que esa misma experiencia se convierte en fuente de una alegría que nadie podrá quitarles. No será una alegría superficial, sino una certeza profunda.

Jesús insiste: «Volveré a veros y se alegrará vuestro corazón». La alegría cristiana nace del encuentro con el Señor resucitado. No depende de circunstancias favorables, sino de una presencia. Por eso añade: «Nadie os quitará vuestra alegría». Es una alegría que permanece incluso en medio de dificultades, porque está arraigada en Dios.

También nosotros conocemos momentos de tristeza, de incertidumbre, de espera y de sufrimiento. A veces no vemos salida, ni comprendemos lo que está ocurriendo. El evangelio nos invita a confiar en esa transformación silenciosa que Dios realiza. Lo que hoy parece dolor puede convertirse en vida nueva.

La Pascua nos enseña que Dios no elimina nuestras noches, pero las llena de amaneceres. La tristeza no es la última palabra. Cuando el Señor vuelve a nuestro encuentro, el corazón se ensancha y descubre una alegría más honda y duradera.

¿Dónde necesito hoy creer que mi tristeza puede transformarse? ¿Confío en que el Señor sigue gestando vida incluso en medio de la espera?

SANTOS DEL DÍA




Santoral

Isidro Labrador, Santo
Laico, 15 de mayo...

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 1, 15-17. 20-26

En aquellos días, Pedro se puso en pie en medio de los hermanos (había reunidas unas ciento veinte personas) y dijo:
«Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo, por boca de David, había predicho, en la Escritura, acerca de Judas, el que hizo de guía de los que arrestaron a Jesús, pues era de nuestro grupo y le cupo en suerte compartir este ministerio.

Y es que en el libro de los Salmos está escrito: «Que su morada quede desierta, y que nadie habite en ella», y también: «Que su cargo lo ocupe otro».

Es necesario, por tanto, que uno de los que nos acompañaron todo el tiempo en que convivió con nosotros el Señor Jesús, comenzando en el bautismo de Juan hasta el día en que nos fue quitado y llevado al cielo, se asocie a nosotros como testigo de su resurrección».

Propusieron dos: José, llamado Barsabá, de sobrenombre Justo, y Matías. Y rezando, dijeron:
«Señor, tú que penetras el corazón de todos, muéstranos a cuál de los dos has elegido para que ocupe el puesto de este ministerio y apostolado, del que ha prevaricado Judas para marcharse a su propio puesto».

Les repartieron suertes, le tocó a Matías, y lo asociaron a los once apóstoles.

Salmo de hoy

Salmo 112, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8 R/. El Señor lo sentó con los príncipes de su pueblo

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R/.

De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos. R/.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?. R/.

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento:
que os améis unos a otros como yo os he amado.

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.

De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.

Esto os mando: que os améis unos a otros».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Testigo de la Resurrección”

Hoy, fiesta de San Matías, la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles nos narra su elección para formar parte del grupo de los Doce. Después de la traición y muerte de Judas el colegio Apostólico estaba incompleto y era necesario que alguien ocupase su lugar.

Las condiciones para ser apóstol son claras: haber convivido con Jesús y ser testigo de su Resurrección. Una vez más se pone de manifiesto que la vocación es un don de Dios inmerecido, pues no se tiene en cuenta las capacidades del candidato, más bien sabemos que Dios capacita a quién llama, sino su experiencia de Dios para poder acoger esa  vocación a la que Dios llama y ser testigo de Él en el mundo.

Testigo es el que ha visto algo, tiene por tanto una experiencia directa y una convicción profunda, de ahí que tenga razones para dar fe de los hechos. La Resurrección de Jesús es la piedra angular de nuestra fe, donde se fundamenta nuestra vivencia cristiana. Los testigos de la Resurrección no tienen miedo ante las dificultades y no se arredran en las persecuciones, porque saben que la misma fuerza que Resucitó a Jesús de entre los muertos puede obrar maravillas en su vida.

El modo en que fue elegido Matías, “echar a suerte”, es un método muy arcaico para conocer la voluntad de Dios, pero nos muestra que los Apóstoles confiaban en que Dios está detrás de todo acontecimiento y que, en su providencia amorosa, todo lo tiene previsto. Por eso ellos oran pidiendo que les muestre a quién ha elegido. Saben, por propia experiencia, que es Dios quien elige.

Vivamos nosotros con esa confianza en Dios, en su designio de amor para nosotros y en su fuerza para hace de nosotros criaturas nuevas.

“Así os he amado yo. Permaneced en mi amor”

El texto evangélico que hoy se proclama en la fiesta de San Matías nos sitúa en la última cena, por tanto las palabras de Jesús en esos momentos son como un resumen de las cosas más importantes que ha enseñado a sus discípulos. 

Jesús abre su corazón a los discípulos: “como el Padre me ha amado, así os he amado yo. Permaneced en mi amor”. El amor en el que Jesús quiere que permanezcamos no es un sentimiento que sube y baja según nos vayan las cosas, sino un amor cimentado en la experiencia profunda de sentirnos amados por Él. Sólo quien ha experimentado este amor puede permanecer en el.

Permanecer en el amor de Jesús, amar como Él nos amó, no es sinónimo de “estar a gustico”, tiene unas exigencias concretas que continuamente nos desinstalan: cumplir sus mandamientos, como Él cumple los mandamientos de su Padre. Y justo ahí está la clave de nuestra felicidad, de una alegría que nada puede apagar y nadie nos puede robar.

Este permanecer en el amor de Jesús nos lanza de lleno al amor a los hermanos. El amor de Jesús tiene dos direcciones amor a Dios y amor al prójimo. Si nuestro amor es auténtico iremos caminando paulatinamente en ambas direcciones.

Pidamos la intercesión del apóstol San Matías para poder vivir arraigados en el amor y ser testigos de la Resurrección de Jesús.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Matías, Santo
Fiesta litúrgica, 14 de mayo...

miércoles, 13 de mayo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 17, 15. 22 — 18, 1

En aquellos días, los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y se volvieron con el encargo de que Silas y Timoteo se reuniesen con él cuánto antes.

Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo:
«Atenienses, veo que sois en todo extremadamente religiosos. Porque, paseando y contemplando vuestros monumentos sagrados, encontré incluso un altar con esta inscripción: “Al Dios desconocido”.

Pues eso que veneráis sin conocerlo os lo anuncio yo. “El Dios que hizo el mundo y todo lo que contiene”, siendo como es Señor de cielo y tierra, no habita en templos construidos por manos humanas, ni lo sirven manos humanas, como si necesitara de alguien, él que a todos da la vida y el aliento, y todo.

De uno solo creó el género humano para que habitara la tierra entera, determinando fijamente los tiempos y las fronteras de los lugares que habían de habitar, con el fin de que lo buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo han dicho incluso algunos de vuestros poetas: “Somos estirpe suya”.

Por tanto, si somos estirpe de Dios, no debemos pensar que la divinidad se parezca a imágenes de oro o de plata o de piedra, esculpidas por la destreza y la fantasía de un hombre. Así pues, pasando por alto aquellos tiempos de ignorancia, Dios anuncia ahora en todas partes a todos los humanos que se conviertan. Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia, por medio del hombre a quien él ha designado; y ha dado a todos la garantía de esto, resucitándolo de entre los muertos».

Al oír «resurrección de entre los muertos», unos lo tomaban a broma, otros dijeron:
«De esto te oiremos hablar en otra ocasión».

Así salió Pablo de en medio de ellos. Algunos se le juntaron y creyeron, entre ellos Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos más con ellos.

Después de esto, dejó Atenas y se fue a Corinto.

Salmo de hoy

Salmo 148, 1bc-2. 11-12. 13. 14 R/. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria

Alabad al Señor en el cielo,
alabad al Señor en lo alto.
Alabadlo todos sus ángeles;
alabadlo todos sus ejércitos. R/.

Reyes del orbe y todos los pueblos,
príncipes y jueces del mundo,
los jóvenes y también las doncellas,
los ancianos junto con los niños. R/.

Alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime.
Su majestad sobre el cielo y la tierra. R/.

Él acrece el vigor de su pueblo.
Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo escogido. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.

Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Pues eso que veneráis sin conocerlo os lo anuncio yo”

Seguimos con el gozo de la Pascua, contemplando las consecuencias de la gloriosa resurrección de Jesucristo, de cuya muerte y resurrección hemos participado por el bautismo para que andemos en una vida nueva. La oración colecta de este día nos centra en la fe y esperanza generada por el Resucitado.

La experiencia ateniense de Pablo, narrada en los Hechos de los Apóstoles, es una estupenda lección para nosotros. El apóstol cuenta lo que ha hecho mientras subía al Areópago. Ha mirado con atención los monumentos sagrados y destaca uno dedicado “Al Dios desconocido”. A partir de ahí comienza su labor de evangelización con los atenienses.

El discurso está bien fundamentado, tomando la referencia al Dios desconocido, comienza a exponerles quién es ese Dios único, llevándolos a considerar la enorme diferencia entre el Dios que se revela, único, creador de todo cuanto existe, que todo lo llena y transciende todo y la imposible semejanza de la divinidad con las figuras creadas por el hombre.

Creó al ser humano, haciendo a todos iguales en naturaleza y dignidad. Incluso hace referencia a sus poetas y filósofos, al indicar lo que ellos dicen: “Somos estirpe suya”. Es como si detrás de todo ese discurso estuviera el texto del Génesis: “hagamos al hombre a nuestra imagen, a imagen suya lo creo, hombre y mujer los creo”.

Hace la invitación, llegados a ese punto, a dar el paso a la conversión, remitiendo a Jesucristo resucitado de entre los muertos. “Así pues, pasando por alto aquellos tiempos de ignorancia, Dios anuncia ahora en todas partes a todos los humanos que se conviertan…Porque tiene señalado un día en que juzgará el universo con justicia, por medio del hombre a quien ha designado; y ha dado a todos la garantía de esto, resucitándolo de entre los muertos”.

Todo lo venían escuchando con gusto. Había una cierta sintonía. El choque frontal se produce al mencionar la resurrección de entre los muertos. Unos lo toman a broma y otros, dejan el tema para otra ocasión, considerándolo disparate. Para el mundo griego el ser humano es solamente alma, la corporeidad es un encarcelamiento del que hay que escapar.

El necesario diálogo con la diversidad cultural aparece acentuado al final de la experiencia paulina. Tener en cuenta, no solo la visión de Dios que puedan tener, sino la visión del ser humano mismo. Ese problema lo tenemos hoy. En la medida que se puede tener una comprensión inapropiada del ser humano, hombre y mujer, el anuncio de la novedad proclamada por Jesucristo, su misma resurrección puede quedar cuestionada.

“Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria”

Una explosión de júbilo llena al salmista al considerar la presencia gloriosa del Señor. Toda la creación unida en la alabanza por las maravillas realizadas por Dios. La Pascua llena de júbilo a la Iglesia y en ella a cada bautizado, yendo más allá, para alcanzar a toda la creación, porque la presencia del Resucitado ilumina a toda la creación.

“Os guiará hasta la verdad plena”

Jesús instruye en la última cena a sus discípulos. En esa instrucción, la referencia a la promesa de la donación del Espíritu es clave. La comprensión de todo lo que él ha revelado se irá realizando bajo la guía del Espíritu, que todo lo conoce y sondea la intimidad. No revelará nada nuevo, porque todo ya ha sido dado a conocer en el Hijo. Si el Hijo ha comunicado todo lo que ha oído al Padre, eso mismo refiere al Espíritu: “Hablará de lo que oye y comunicará lo que está por venir”.

Somos introducidos en la intimidad de Dios por medio de Jesucristo llevados por el Espíritu. En nuestro proceso de fe, vamos avanzando en el conocimiento de la Verdad. Por eso la formación permanente del bautizado juega un papel importante en su vida y misión. De ella se ocupa el Espíritu que nos va llevando a entender y aplicar lo que Jesús nos ha revelado.

Por eso siempre estamos en camino y en el Camino somos instruidos. No podemos ni debemos dejar de lado el deseo de crecer en el conocimiento del misterio de Cristo y en el adecuado anuncio del mismo en el mundo contemporáneo.

 

¿Deseo avanzar en ese conocimiento?

¿Se trata de un conocimiento experiencial relacionado con la vida diaria y la misión en la sociedad de la que formamos parte?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Nuestra Señora de Fátima
Memoria Litúrgica, 13 de mayo...

martes, 12 de mayo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 16, 22-34

En aquellos días, la plebe de Filipos se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados ordenaron que les arrancaran y que los azotaran con varas; después de molerlos a palos, los metieron en la cárcel, encargando al carcelero que los vigilara bien; según la orden recibida, él los cogió, los metió en la mazmorra y les sujetó los pies en el cepo.

A eso de media noche, Pablo y Silas oraban cantando himnos a Dios. Los presos los escuchaban. De repente, vino un terremoto tan violento que temblaron los cimientos de la cárcel. Al momento se abrieron todas las puertas, y a todos se les soltaron las cadenas. El carcelero se despertó y, al ver las puertas de la cárcel de par en par, sacó la espada para suicidarse, imaginando que los presos se habían fugado. Pero Pablo lo llamó a gritos, diciendo:
«No te hagas daño alguno, que estamos todos aquí».

El carcelero pidió una lámpara, saltó dentro, y se echó temblando a los pies de Pablo y Silas; los sacó fuera y les preguntó:
«Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?»

Le contestaron:
«Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia».

Y le explicaron la palabra del Señor, a él y a todos los de su casa.

A aquellas horas de la noche, el carcelero los tomó consigo, les lavó las heridas, y se bautizó en seguida con todos los suyos; los subió a su casa, les preparó la mesa, y celebraron una fiesta de familia por haber creído en Dios.

Salmo de hoy

Salmo 137, 1bcd-2a. 2bc-3. 7c-8 R/. Tu derecha me salva, Señor

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti;
me postraré hacia tu santuario. R/.

Daré gracias a tu nombre
por tu misericordia y tu lealtad.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.

Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 5-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Adónde vas?”. Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré.

Y cuando venga, dejará convicto al mundo acerca de un pecado, de una justicia y de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el príncipe de este mundo está condenado».

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Cree en el Señor Jesús”

En este martes de la Sexta Semana de Pascua se nos regalan unas preciosas lecturas para meditar y orar sobre nuestro testimonio creyente.

Pablo y Silas son apresados en Filipos. Tras ser cruelmente azotados, oraban malheridos entonando himnos al Señor. Imaginamos el fervor de su canto expandiéndose por todas las mazmorras de la cárcel hasta tocar las mismas entrañas de la tierra. El temblor conmocionó a todos. Hizo saltar los cerrojos de las puertas, los cepos de los apresados, removió cimientos y conciencias. También la del carcelero que vio y creyó.

Recordamos la escena de la muerte de Jesús en la cruz, su grito potente que rasgó el velo del templo e hizo temblar la tierra, signo que permitió a muchos presentes ver más allá de la condena escrita en el madero y confirmar su filiación divina (cf. Mt. 27,52).

Cuando el mundo intenta silenciar al testigo, como lo intentó con el Hijo, la tierra se estremece. Algo se remueve en nuestras conciencias creyentes al recordar las palabras de Jesús: si vosotros calláis, hablarán las piedras (cf. Lc. 19,40)

“El príncipe de este mundo está condenado”

En numerosas ocasiones hemos escuchado decir a Jesús que era necesario el cumplimiento de lo escrito proféticamente sobre él. En el Evangelio de hoy, Jesús anuncia a los discípulos su partida, también necesaria, para dar paso a un bien mayor. El anuncio de la nueva presencia del Espíritu Santo no pareció aliviar a sus atribulados amigos, aunque les aseguró que serían íntimamente consolados por Él.

En las lecturas del tiempo pascual hemos contemplado, sorprendidos, la torpeza de los apóstoles al no reconocer a Jesús en sus encuentros con el Resucitado. No reconoció María Magdalena a Jesús en el hortelano que la consoló ni lo reconocieron los discípulos de Emaús en el caminante que les explicaba las escrituras antes de partir para ellos el pan.

Jesús fue crucificado, aunque el Espíritu probaría el delito cometido contra el Santo de Dios y la Justicia de Dios pondría de manifiesto el poder del bien al quebrantar aquel maligno propósito de aniquilación y de silenciamiento, con su resurrección.

Que el Espíritu Santo nos fortalezca como nuevos testigos de la vida resucitada de Jesús.