miércoles, 17 de junio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 48, 1-14

Surgió el profeta Elías como un fuego,
su palabra quemaba como antorcha.

Él hizo venir sobre ellos el hambre,
y con su celo los diezmó.

Por la palabra del Señor cerró los cielos
y también hizo caer fuego tres veces.

¡Qué glorioso fuiste, Elías, con tus portentos!
¿Quién puede gloriarse de ser como tú?

Tú despertaste a un cadáver de la muerte
y del abismo, por la palabra del Altísimo;
tú precipitaste reyes a la ruina
y arrebataste del lecho a hombres insignes;
en el Sinaí escuchaste palabras de reproche
y en el Horeb sentencias de castigo;
tú ungiste reyes vengadores
y profetas para que te sucedieran;
fuiste arrebatado en un torbellino ardiente,
en un carro de caballos de fuego;
tú fuiste designado para reprochar los tiempos futuros,
para aplacar la ira antes de que estallara,
para reconciliar a los padres con los hijos
y restablecer las tribus de Jacob.

Dichosos los que te vieron
y se durmieron en el amor,
porque también nosotros viviremos.

Cuando Elías fue arrebatado en el torbellino,
Eliseo se llenó de su espíritu.

Durante su vida ningún príncipe lo hizo temblar,
nadie pudo dominarlo.

Nada era imposible para él,
incluso muerto, su cuerpo profetizó.

Durante su vida realizó prodigios,
y después de muerto fueron admirables sus obras.

Salmo de hoy

Salmo 96 R/. Alegraos, justos, con el Señor.

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Delante de él avanza el fuego,
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece. R/.

Los montes se derriten como cera ante el Señor,
ante el Señor de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos.
Adoradlo todos sus ángeles. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis.

Vosotros orad así:
“Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo,
danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal”.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».

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Reflexión del Evangelio de hoy

Elías y Eliseo, hombres llenos del Espíritu

El libro del Eclesiástico nos presenta hoy a Elías como un profeta de fuego: “surgió el profeta Elías como un fuego, su palabra quemaba como antorcha”. No se trata solo de admirar sus milagros, sino de comprender de dónde nacía su autoridad: de una profunda intimidad con Dios. Elías no actuaba desde su fuerza personal, sino desde la conciencia de la Presencia divina que actúa a través de él. Esa es una clave fundamental de toda vida espiritual auténtica: el poder no nace del esfuerzo humano, sino de la unión con Dios. Todo lo podemos en Dios que es el Todopoderoso.

Esta es una de las enseñanzas de la lectura: antes de hacer, hay que ser; antes de obrar milagros, está sabernos hijos de Dios. Elías sabía quién era delante del Señor. No buscaba aprobación humana ni vivía desde el reconocimiento humano, sino desde la obediencia a Dios. Por eso, ningún rey lo dominó y ninguna amenaza lo hizo retroceder. El fuego exterior de sus milagros nacía del fuego interior de su comunión con Dios.

También Eliseo aparece como continuidad de esta herencia espiritual: “cuando Elías fue arrebatado en el torbellino, Eliseo se llenó de su espíritu”. Esto revela que el Espíritu Santo no se conquista, se recibe. Hay una transmisión espiritual que pasa por la docilidad, la humildad y la disponibilidad interior. Eliseo no imita externamente a Elías; recibe interiormente el mismo espíritu.

Segunda enseñanza importante: Dios no busca personajes para una obra de teatro, sino discípulos disponibles. Muchas veces queremos los frutos sin aceptar el proceso de transformación interior. Pero el Señor trabaja desde la raíz. Primero sana el corazón, renueva la mente y fortalece la identidad; después confía la misión.

El verdadero profeta siempre conduce a la comunión con Dios, nunca al protagonismo personal. El profeta auténtico devuelve los corazones al Padre.

Hoy el Señor sigue buscando almas así: personas encendidas por dentro con el fuego del Espíritu Santo; discípulos que escuchen la voz de Dios antes de hablar; hijos que vivan desde la intimidad y no desde el miedo.

 

¿Desde dónde estoy viviendo mi fe: desde la intimidad con Dios y la conciencia de ser hijo suyo, o desde el esfuerzo, ¿el miedo o la necesidad de reconocimiento? ¿Estoy dispuesto a dejar que el Espíritu Santo transforme mi corazón —sanando, corrigiendo y renovando— antes de buscar resultados o frutos visibles en mi vida?

Orar como hijos, vivir en libertad

Jesús hoy no solo enseña una oración; revela una forma de vivir la relación con Dios. Dice primero: “No uséis muchas palabras”. Esto corrige una tentación frecuente: pensar que la oración depende de nuestra capacidad de convencer a Dios. Jesús rompe esa lógica y nos lleva a la confianza filial: “vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis”.

Aquí está el corazón de la espiritualidad cristiana: no oramos para informar a Dios, sino para vivir como hijos. Nuestra identidad no comienza en lo que hacemos para Dios, sino en sabernos hijos amados del Padre. La oración auténtica nace desde esa identidad.

Cada petición del Padre Nuestro es una escuela de transformación interior.

Jesús no dice “Señor lejano”, sino “Padre nuestro”. Esta sola palabra sana muchas heridas interiores. Muchos viven espiritualmente como si tuvieran que ganarse el amor de Dios, como si la vida cristiana fuera una prueba constante de conquista. Pero Jesús nos enseña abandono, confianza y pertenencia. El Espíritu Santo nos hace clamar: “Abbá, Papá”. Dice San André Bessette: "Cuando dices el Padre Nuestro, el oído de Dios está al lado de tus labios".

“Santificado sea tu nombre”: no se trata de que Dios sea más santo, sino de permitir que su santidad gobierne nuestra vida. En su diario, Teresita pide a Dios: “Siento mi impotencia y te pido, Dios mío, que Tú mismo seas mi santidad”.

“Venga tu reino”: significa renunciar al control y permitir que Dios reine en nuestras decisiones, heridas y deseos. San Francisco rezaba así: “Venga a nosotros tu Reino, para que reines en nosotros por tu gracia y nos hagas entrar en tu reino”.

“Hágase tu voluntad”: aquí se rompe el ego y nace la verdadera libertad. No es resignación, sino confianza. Como decía Santa Teresa de Jesús: “Hágase tu voluntad y no la mía, Señor; que se cumpla tu querer y no mis caprichos”.

“Perdona nuestras ofensas” es reconocer con humildad que necesitamos la misericordia de Dios porque somos pecadores. Al mismo tiempo, nos dispone a recibir ese perdón viviendo en coherencia: abiertos a perdonar a los demás. Escribía Santa Gema Galgani en su oración personal: “Jesús mío, pongo todos mis pecados ante ti... Ya que quisiste morir por mis pecados, concédeme el perdón de todos ellos”.

“Como también nosotros perdonamos”: aquí Jesús toca una raíz profunda. No puede haber sanación interior sin perdón. Muchas veces pedimos paz mientras seguimos abrazando resentimientos. El perdón no justifica el mal, pero rompe la cadena que nos mantiene atados. Decía Santa Faustina Kowalska: “Tan a menudo como miro la cruz, otras tantas veces perdonaré de todo corazón”. Donde no hay perdón, el corazón permanece dividido.

Finalmente: “líbranos del mal”. No negamos el combate espiritual, pero tampoco vivimos con miedo al enemigo. Oramos desde la victoria de Cristo. Nada mejor que invocar muchas veces a San Miguel: “San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestra protección contra el mal y las trampas del diablo... líbranos de todo mal”.

El Padre Nuestro no es una fórmula para repetir rápido; es una oración que modela nuestro corazón. Es una escuela de filiación, libertad y sanación.

Jesús no nos enseña solo a rezar mejor, sino a vivir como verdaderos hijos del Padre.


¿Rezo como hijo amado o como alguien que intenta ganarse el amor de Dios? ¿A quién necesito perdonar para que el Padre sane más profundamente mi corazón?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Gregorio Barbarigo, Santo
Obispo, 18 de junio...

martes, 16 de junio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes 2, 1. 6-14

Cuando el Señor iba a arrebatar a Elías al cielo en la tempestad, Elías y Eliseo partieron de Guilgal.

Llegaron a Jericó, y Elías dijo a Eliseo:
«Quédate aquí, porque el Señor me envía al Jordán».

Eliseo volvió a responder:
«¡Vive Dios! ¡Por tu vida, no te dejaré!».

Y los dos continuaron el camino.

Cincuenta hombres de la comunidad de los profetas iban también de camino y se pararon frente al río Jordán, a cierta distancia de Elías y Eliseo, los cuales se detuvieron a la vera del Jordán. Elías se quitó el manto, lo enrolló y golpeó con él las aguas. Se separaron estas a un lado y a otro, y pasaron ambos sobre terreno seco.

Mientras cruzaban, dijo Elías a Eliseo:
«Pídeme lo que quieras que haga por ti antes de que sea arrebatado de tu lado».

Eliseo respondió:
«Por favor, que yo reciba dos partes de tu espíritu».

Respondió Elías:
«Pides algo difícil, pero si alcanzas a verme cuando sea arrebatado de tu lado, pasarán a ti; si no, no pasarán».

Mientras ellos iban conversando por el camino, de pronto, un carro de fuego con caballos de fuego los separó a uno del otro. Subió Elías al cielo en la tempestad.

Eliseo lo veía y clamaba:
«Padre mío, padre mío! ¡Carros y caballería de Israel!».

Al dejar de verlo, agarró sus vestidos y los desgarró en dos. Recogió el manto que había caído de los hombros de Elías, volvió al Jordán y se detuvo a la orilla. Tomó el manto que había caído de los hombros de Elías y golpeó con él las aguas, pero no se separaron.

Dijo entonces:
«¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías?».

Golpeó otra vez las aguas, que se separaron a un lado y a otro, y pasó Eliseo sobre terreno seco.

Salmo de hoy

Salmo 30 R/. Sed valientes de corazón los que esperáis en el Señor

Qué bondad tan grande, Señor,
reservas para los que te temen,
y concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos. R/.

En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas;
los ocultas en tu tabernáculo,
frente a las lenguas pendencieras. R/.

Amad al Señor, fieles suyos;
el Señor guarda a sus leales,
y a los soberbios los paga con creces. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 1-6. 16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Por favor, que yo reciba dos partes de tu espíritu”

Metidos ya plenamente en el tiempo ordinario, sin que ello signifique dejar atrás la centralidad del misterio pascual, se nos propone hoy, con esta lectura del segundo libro de los Reyes, considerar la experiencia pentecostal que vive cada bautizado. No en vano la figura profética de Elías la vemos ligada a Jesús y señalada por él en referencia al Bautista.

Tanto la Ley como los Profetas nos están remitiendo a Jesús y él hace ver a los dos de Emaús, todo lo que se refería a su persona. En el Tabor, Moisés y Elías aparecen dialogando con él. Por ello no debemos pasar a la ligera sobre este pasaje. Elías y Eliseo, maestro y discípulo, nos ofrecen una experiencia de vida y misión, en la que el primero enseña al segundo y éste aprende de su maestro.

La determinación de Eliseo en el seguimiento de Elías. La petición de Eliseo: “Por favor, que yo reciba dos partes de tu espíritu», nos puede llevar a considerar nuestra experiencia. A Eliseo se le conceden las dos partes del espíritu de Elías y repite el gesto de aquél en el paso del Jordán.

Nosotros, desde la experiencia bautismal, naciendo de agua y Espíritu Santo, somos incorporados a la vida y misión de Jesús, pues se nos ha dado el Espíritu, no parcialmente (las dos partes otorgadas a Eliseo) sino sin medida. Juan así nos lo cuenta al anochecer del primer día de la semana: “soplando sobre ellos les dijo: “recibid el Espíritu Santo”. Jesús comunica todo, lo que ha recibido y lo que ha escuchado, se ha unido y une a sí a todo hombre que viene a este mundo. Por eso, la centralidad de la Pascua, tiene que ser reconocida por cada bautizado.

Escuchar los contenidos del Antiguo Testamento implica comprender cómo su cumplimiento ha tenido lugar en Jesucristo y reconocer también la manera en la que se realiza progresivamente en la existencia de la Iglesia unida a su Cabeza, Jesucristo.

"Sed valientes de corazón los que esperáis en el Señor"

Unidos con el salmista, recibimos esta invitación que se nos hace, de parte del Señor. Ser valientes, porque creemos en él. No hay vacilación ante el devenir de los acontecimientos, personales y sociales, porque la fe genera la esperanza. Es la palabra del Señor la que sostiene en la andadura. Creemos lo que nos ha dicho, porque él es siempre fiel a su promesa. Confirma su promesa sosteniendo a cada uno y acogiendo a todos, pues por todos se ha entregado.

“Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos.”

Continuamos con el sermón de la montaña. Este pasaje lo escuchamos en los días de ceniza, comenzando la preparación de la celebración solemne de la Pascua. Encontramos una advertencia que ampara los tres temas que toca: limosna, oración y ayuno. Una tentación muy humana es alardear de lo que se hace. Alardear y deslumbrar parece producir satisfacción, como en ello consistiera la finalidad de lo que se hace. Por si no hubiera sido suficiente, insiste sobre lo mismo: “Que no sepa la mano izquierda lo que hace la derecha”. Es el rechazo de la búsqueda de aprobaciones y reconocimientos.

Se trata de hacer bien lo que conviene hacer. Mirando al bien del otro y a su crecimiento y no a la propia satisfacción. Cuando así lo hiciéramos, concluyamos que somos inútiles siervos, pues hicimos lo que teníamos que hacer. Dios comparte con nosotros su amor, hagamos nosotros lo mismo.

Y eso se aplica a la oración, que no consiste en hablar mucho, sino en amar como somos amados. No se busca programarnos, sino estar con el que sabemos nos ama. Es poner afecto allí donde el conocimiento relaciona en la intimidad. Es estar con él, escuchándole a él. Como María de Betania, escucharle es la mejor parte, porque de este trato se sigue todo bien. Escuchar al Padre y aprender de él, que solamente así llegaremos a estar con Cristo escondidos en Dios.

Termina Jesús con el tercer tema: el ayuno. Si nos quedamos en la materialidad de lo que significa el ayuno, nos quedaremos cortos. El ayuno que modela lo interior es lo que importa, pues si no trabajamos actitudes y criterios, no habrá mudanza en las costumbres y repetiremos los tropiezos en las obras realizadas. La ligereza en el pensamiento y la prontitud con la palabra, genera desconcierto y poco ayuda en la regeneración de la vida. Ante Dios todo está patente, por lo que ha insistido el Señor: Y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará.

 

¿Somos conscientes de cómo está presente el Espíritu Santo en nosotros?

¿Nos dejamos guiar por él en la oración, el ayuno y la limosna?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

San Biagio y San Diógenes, mártires de la Vía Salaria
Mártires en la Vía Salaria Antigua, 17 de junio...

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 21, 17-29

Después que hubo muerto Nabot, la palabra del Señor llegó a Elías tesbita para decirle:
«Levántate, baja al encuentro de Ajab, rey de Israel, que está en Samaría. Ahora se encuentra en la viña de Nabot, adonde ha bajado para tomar posesión de ella. Le hablarás diciendo: “Así habla el Señor: ‘¿Has asesinado y pretendes tomar posesión?’ Por esto, así habla el Señor: ‘En el mismo lugar donde los perros han lamido la sangre de Nabot, lamerán los perros también tu propia sangre’”».

Entonces Ajab se dirigió a Elías diciendo:
«Así que has dado conmigo, enemigo mío».

Respondió Elías:
«He dado contigo. Así, por haberte vendido, haciendo el mal a los ojos del Señor, yo mismo voy a traer sobre ti el desastre. Barreré tu descendencia y exterminaré en Israel a todos los varones de la familia de Ajab, del primero al último. Dispondré de tu casa como de la de Jeroboán, hijo de Nebat, y de la de Baasá, hijo de Ajías, por la irritación que me has producido y por haber hecho pecar a Israel. También contra Jezabel ha hablado el Señor diciendo: «Los perros devorarán a Jezabel en el campo de Yezrael”, y los perros devorarán a los de Ajab que mueran en la ciudad y las aves del cielo a los que mueran en el campo».

No hubo otro como Ajab que, instigado por su mujer Jezabel, se vendiera para hacer el mal a los ojos del Señor. Actuó del modo más abominable, yendo tras los ídolos, procediendo en todo como los amorreos a quienes el Señor había expulsado frente a los hijos de Israel.

Ajab, al oír estas palabras, rasgó sus vestiduras, se echó un sayal sobre el cuerpo y ayunó. Con el sayal puesto se acostaba y andaba pesadamente.

Llegó a Elías tesbita la palabra del Señor:
«Has visto cómo se ha humillado Ajab ante mí? No traeré el mal en los días de su vida, por haberse humillado ante mí, sino en vida de su hijo».

Salmo de hoy

Salmo 50 R/. Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad en tu presencia. R/.

Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.
Líbrame de la sangre, oh, Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Habéis oído que se dijo: “‘Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Por haberse humillado ante mí, no lo castigaré mientras viva”

El fragmento del 1er. Libro de los Reyes que hoy contemplamos, es continuación del que vimos ayer, en el que Ajab, rey de Israel, desea caprichosamente unas tierras de Nabot, aledañas a su palacio, y este no quiere ni venderlas ni cambiarlas por otra parcela, ya que son el legado de sus padres. Jezabel, esposa de Ajab, consigue, con artimañas y el perjurio de unos sicarios, que hagan lapidar a Nabot hasta morir, y así Ajab se apropia de esas tierras.

Dios manda a Elías al palacio de Ajab para reprocharle su pésima conducta y el pecado de robo y asesinato que él había consentido, anunciándole el castigo que el Todopoderoso le va a imponer a él, a su esposa y a toda su familia; lo que hizo que Ajab, compungido, se arrepintiera de lo sucedido e implorara clemencia a Dios.

Dios, en su infinita misericordia, ante el arrepentimiento de Ajab, que se humilla y reconoce su culpa, lo perdona y lo libra de la muerte violenta con que lo había amenazado.

En el texto vemos que Ajab se viste de saco como sayal y ayuna como signos externos de arrepentimiento, junto a una actitud apesadumbrada, y Dios, Padre benevolente, que quiere que todos los hombres se salven, acepta sus muestras de dolor por sus faltas y lo acoge otorgándole el perdón.

Siempre el Señor está abierto al arrepentimiento, sea cual sea el pecado cometido, siempre que exista, como dice el catecismo, un sincero propósito de no volver a pecar, y abre sus brazos para acogernos y continuar otorgándonos ese amor infinito con el que siempre nos regala, y que se manifiesta en Jesús en su vida y obra, y su entrega incondicional por todos nosotros.

Tal como el salmista nos recuerda en el salmo 50, que clama al Señor “Misericordia porque hemos pecado”, reconociendo la bondad y compasión del Padre, que con un arrepentimiento sincero, borra en nosotros toda culpa.

“Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen”

En el capítulo 5º del evangelio de Mateo, Jesús muestra a sus seguidores cuáles son sus líneas generales en el anuncio del Reino de Dios. Sube al monte y comienza con las Bienaventuranzas, a lo que sigue una actualización de muchos de los preceptos que los judíos tienen en la Torá, dando una nueva visión de los mismos.

En el fragmento que hoy contemplamos, Jesús nos pide una de las cosas más difíciles, desde el punto de vista humano, ya que se enfrenta a la reacción provocada por los instintos más genuinos del hombre, nos pide amar a los que nos provocan daño, nos odian o nos persiguen, cuando nuestro instinto natural sería totalmente contrario.

Da una serie de razones para justificar su aseveración, pues el Padre celestial hace salir el sol para malos y buenos, y manda lluvia sobre justos e injustos; si sólo amamos y tratamos a nuestros amigos, no tiene ningún mérito, lo realmente difícil es lo contrario.

Jesús nos pide que no nos dejemos arrastrar por nuestros instintos naturales. Él sabe de sobra que anular nuestros instintos es prácticamente imposible, pero lo que nos pide es que no respondamos de la misma manera a los que nos agreden de cualquier forma. Que hagamos un ejercicio de templanza y, siguiendo su ejemplo, perdonemos a los que nos ofenden y no respondamos con nuestra ira.

Nos anima a intentar ser perfectos, ya que el Padre es perfecto, y esa perfección únicamente se alcanza sirviendo a Dios con un corazón perfecto, basado en la fe y en la justicia, es decir, amando a Dios con todas nuestras fuerzas, lo que nos permitirá crecer en nuestro camino de fe. Y así conseguiremos amar a nuestros enemigos enfocando a la perfección del amor y de la misericordia.

 

¿Nos dejamos llevar por nuestros instintos o confiamos que Dios nos ayude a resistirnos a los mismos? ¿Cuán difícil nos resulta perdonar?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Ciro (Ciriaco) y Julita, Santos
Mártires, 16 de junio ...

domingo, 14 de junio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 21, 1-16

Por aquel tiempo, Nabot de Yezrael tenía una viña junto al palacio de Ajab, rey de Samaria.

Ajab habló a Nabot diciendo:
«Dame tu viña para que pueda tener un huerto ajardinado, pues está pegando a mi casa; yo te daré a cambio una viña mejor, o, si te parece bien, te pagaré su precio en plata».

Nabot respondió a Ajab:
«Dios me libre de cederte la herencia de mis padres».

Se fue Ajab a su casa abatido y enfadado por la respuesta que le había dado Nabot de Yezrael:
«No te cederé la heredad de mis padres».

Se postró en su lecho de cara a la pared y se negó a comer. Jezabel, su mujer, se le acercó y le dijo:
«¿Qué te pasa que estás entristecido y no comes alimento alguno?».

El le respondió:
«Hablé con Nabot de Yezrael y le propuse: “Véndeme tu viña por su valor en plata, o, si lo prefieres, te daré otra viña a cambio”; pero él me contestó: “No te cederé mi viña”».

Jezabel, su mujer, le replicó:
«¡Ya es hora de que ejerzas el poder regio en Israel! Levántate, come y se te alegrará el ánimo. Yo misma me encargo de darte la viña de Nabot de Yezrael».

Escribió cartas con el nombre de Ajab y las selló con el sello de él, enviándolas a los ancianos y notables que vivían junto a Nabot.

En las cartas escribió lo siguiente:
«Proclamad un ayuno y sentad a Nabot al frente de la asamblea. Frente a él sentad a dos hombres hijos de Belial que testifiquen en su contra diciendo: “Tú has maldecido a Dios y al rey”. Entonces lo sacaréis fuera y lo lapidaréis hasta que muera».

Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables que vivían junto a Nabot en su ciudad, hicieron tal como Jezabel les ordenó según lo escrito en las cartas remitidas a ellos. Así proclamaron un ayuno y sentaron a Nabot al frente de la asamblea.

Llegaron los dos hombres hijos de Belial, se sentaron frente a él y testificaron contra él diciendo:
«Nabot ha maldecido a Dios y al rey».

Lo sacaron fuera de la ciudad y lo lapidaron a pedradas hasta que murió.

Enviaron a decir a Jezabel:
«Nabot ha sido lapidado y está muerto».

En cuanto Jezabel oyó que Nabot había muerto lapidado, dijo a Ajab:
«Levántate y toma posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael, el que se negó a vendértela por su valor en plata, pues

Nabot ya no está vivo, ha muerto».
Apenas oyó Ajab que Nabot había muerto, se levantó y bajó a la viña de Nabot, el de Yezrael, para tomar posesión de ella

Salmo de hoy

Salmo 5 R/. Atiende a mis gemidos, Señor.

Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío. R/.

Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia. R/.

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 38-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia.

Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas».

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Dios me libre de cederte la herencia de mis padres”

En el primer libro de los Reyes puede meditarse hoy sobre el comportamiento de algunas figuras de la época veterotestamentaria (1Re 21,1-16). La más importante de todas la constituye Nabot de Yezrael, hombre recto que no entra en litigio con nadie, vive de lo suyo y no ambiciona otros planes que estén en desacuerdo con su legítimo pensar, tiene aprecio por el legado de sus antepasados.

Aparece en la escena, asimismo, el rey Ajab que plantea un acuerdo honesto, a saber, el de ensanchar sus jardines ofreciendo a Nabot que le venda su viña colindante, por supuesto que previo pago, o bien mediante permuta con un terreno mejor. Los medios para conseguir la meta de sus deseos, hasta este punto, eran intachables.

La tercera en escena es la reina Jezabel. Sintoniza plenamente con las aspiraciones de su marido, pero, para que el rey consiga su objetivo, se decide en persona a emplear los medios más perversos. Ningunea a la persona del rey y hasta le reprocha que no haga de su voluntad verdadera ley; escribe cartas y hasta las falsifica con el sello real. No se detuvo hasta concertar unos falsos testimonios que depusieran contra el propietario de la viña. Tendrían que acreditar que lo oyeron blasfemar contra Dios y contra el rey, lo que estaba castigado con pena de muerte.

Apedreado y muerto Nabot a consecuencia de un pecado tras otro, también el rey Ajab se hizo cómplice de la pésima conducta de Jezabel al posesionarse de la viña de Nabot.

El pensamiento cristiano ha puesto de relieve el mesianismo de Nabot. En otras palabras, en Nabot se anuncia a Cristo, fiel en la custodia de la herencia recibida de su Padre Dios; será injustamente tratado, acusado de blasfemar porque se confesaba «Hijo de Dios» y, por tal confesión era reo de muerte. Jesús dio libremente la vida para custodiar la herencia de Dios que es su Iglesia y preservarla santa e incólume hasta la consumación de los tiempos.

“No hagáis frente al que os agravia”

El Evangelio según san Mateo (5, 38-42) presenta el cambio de conducta que para la humanidad pide la ley de la gracia. En realidad, esclarece la demanda que es inherente a la condición de cada hombre, pero existe siempre el peligro de obcecarse y colocarse de espalda a las exigencias más nobles trazadas por Dios en cada ser humano.

Todos nacemos con la herida del pecado original, pero existe la medicina del bautismo, que entraña obediencia a Dios hasta compartir la muerte de Cristo, y confianza plena en su poder hasta entrar en el misterio de la resurrección.

Cuanto debe seguir al bautismo es como una peregrinación por la senda de Cristo, que no buscó su propio interés, sino el nuestro y el de todos los humanos. La gracia bautismal impulsa también a buscar el bien de los demás, que no se logra con revancha de ninguna clase, sino con la grandeza del perdón y la magnanimidad sin regateos.

Al que quiera pleitear para arrebatarte la túnica dale también el manto. Como predicaba a estudiantes de las universidades romanas un domingo de Pentecostés san Pablo VI: «El cristianismo no es fácil, pero es feliz», «Il cristianesimo nos è facile, ma felice», le oímos decir aquel día.