jueves, 6 de agosto de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro 1, 16-19

Queridos hermanos:
No nos fundábamos en fábulas fantasiosas cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, sino en que habíamos sido testigos oculares de su grandeza.
Porque él recibió de Dios Padre honor y gloria cuando desde la sublime Gloria se le transmitió aquella voz:
«Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido».
Y esta misma voz, transmitida desde el cielo, es la que nosotros oímos estando con él en la montaña sagrada.
Así tenemos más confirmada la palabra profética y hacéis muy bien en prestarle atención como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que despunte el día y el lucero amanezca en vuestros corazones.

Salmo de hoy

Salmo 96, 1-2. 5-6. 9 R/. El Señor reina, Altísimo sobre toda la tierra

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Los montes se derriten como cera ante el Señor,
ante el Señor de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Porque tú eres, Señor,
Altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R/.

Evangelio del día

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

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Reflexión del Evangelio de hoy

Habíamos sido testigos

En pleno tiempo estival, la liturgia nos presenta esta Fiesta de la Transfiguración del Señor, una fiesta que también acompaña el tiempo de cuaresma en el segundo domingo, donde la Transfiguración del Señor alienta la esperanza en el camino hacia la Cruz.

En este día, San Pedro afirma categóricamente “no nos fundábamos en fábulas fantasiosas”. El testimonio de los apóstoles está fundamentado en que “hemos comido y bebido con Él”, lo han visto, lo han palpado, lo han escuchado. Nuestra fe no es una fábula, no es un recuerdo melancólico del pasado, es una historia de salvación que ha acontecido en momentos concretos, con acontecimientos salvíficos, como éste de la Transfiguración del Señor, cuando por un momento fulgurante, dejó ver su gloria. No fue algo que los discípulos merecieran, no fue un logro alcanzado, fue una revelación del ser divino del Señor, que se grabó a fuego en el corazón de Pedro.

 

¿Qué momentos de transfiguración has tenido en tu camino de fe? ¿Has escuchado la Palabra del Padre en tu vida?

No temáis

Para un judío era impensable ver la gloria de Dios y seguir con vida. Tan grande era la reverencia que tenían a Dios, que incluso en el templo de Jerusalén, el Sancta Santorum estaba cubierto por un velo grueso, y sólo una vez al año, el Sumo Sacerdote podía entrar en el Tabernáculo para adorar a Dios y ofrecer el sacrificio.

Cuando Pedro, Santiago y Juan contemplan la divinidad de Jesucristo, no aciertan a descubrir qué es lo que está pasando, será más tarde, “cuando el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”, cuando comprendan el abismo de generosidad que ha tenido el Padre al manifestar a su Hijo.

De momento, sólo pueden caer de bruces, llenos de espanto, al escuchar la voz del Padre. Sin embargo, Jesucristo, se acerca, les toca y les dice “no temáis”. El velo del templo se ha rasgado de arriba abajo, porque sólo Dios podía hacer una revelación así, porque Él toma siempre la iniciativa, a nosotros nos toca responder con amor al Amor generoso de Dios. Cristo ha traspasado el velo con su muerte y resurrección, y nos ha dado la capacidad de mirar al cielo, y poder contemplar el rostro de Dios, como dice también la lectura: “al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús”.

Como dice San Juan Damasceno comentando este texto: “hoy se manifiesta lo que los ojos de carne no pueden ver: un cuerpo terrestre irradiando esplendor divino, un cuerpo mortal rebosando la gloria de la divinidad. Las cosas humanas pasan a ser las de Dios y las divinas las de los hombres”.

 

¿Has sentido en tu vida que Jesús te toca para expulsar el temor? ¿Cómo respondes a los gestos de amor que Dios tiene contigo cada día?

 

También hoy es el día del tránsito al cielo de Santo Domingo de Guzmán, se cumplen 805 años de su transfiguración; es el momento en que, antes de morir, “alzando los ojos al cielo, Domingo dijo: ¡Padre Santo!, Tú sabes que he perseverado con gusto en tu voluntad, y he guardado y conservado a los que me confiaste; también ahora yo los confío a Ti. ¡Consérvalos y guárdalos!”.

Que Santo Domingo nos ayude a alzar la mirada siempre a Jesús y a perseverar en Su Voluntad.

SANTOS DEL DÍA



Santoral

Transfiguración de Jesús
Fiesta Litúrgica, 6 de agosto ...

miércoles, 5 de agosto de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 31, 1-7

En aquel tiempo - oráculo del Señor -, seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo.

Esto dice el Señor:
«Encontró mi favor en el desierto el pueblo que escapó de la espada. Israel camina a su descanso.

El Señor se le apareció de lejos.

Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia para contigo.

Te construiré, serás reconstruida, doncella capital de Israel; volverás a llevar tus adornos, bailarás entre corros de fiesta. Volverás a plantar viñas allá por los montes de Samaria; las plantarán y vendimiarán.

"Es de día", gritarán los centinelas arriba, en la montaña de Efraín: "En marcha, vayamos a Sión, donde está el Señor nuestro Dios"».

Porque esto dice el Señor:
«Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por la flor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: ¡El Señor ha salvado a su pueblo, ha salvado al resto de Israel!».

Salmo de hoy

Jer 31, 10-13 R/. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño». R/.

«Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte».
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sion,
afluirán hacia los bienes del Señor. R/.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón.

Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
«Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
«Atiéndela, que viene detrás gritando».

Él les contestó:
«Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

Ella se acercó y se postró ante él diciendo:
«Señor, ayúdame».

Él le contestó:
«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

Pero ella repuso:
«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».

Jesús le respondió:
«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».

En aquel momento quedó curada su hija.

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Señor, ayúdame”

Aquella mujer que gritaba al Señor no era del pueblo escogido, era pagana. Esta división, pueblo escogido y paganos, estaba muy presente en tiempo de Jesús y tenía mucha fuerza, sobre todo, en el pueblo escogido.

Aquella mujer, cananea, no tenía mucha conciencia de esta división, para ella solo existía una niña, su hija, maltratada por un demonio que le quitaba la paz y no la dejaba vivir, y por eso grita con fuerza ante la presencia de Jesús, ella sabe que aquel profeta venido de Israel puede hacer algo por su hija.

Es lo primero que aprendemos de ella, aprendemos a gritar nuestra necesidad delante del Señor, somos conscientes de nuestra debilidad y flaqueza delante de nuestro Dios; la humildad nos hace reconocer nuestros propios errores. Y aunque parezca que, a veces, el Señor guarda silencio eso no nos desanima, seguimos clamando al único que puede liberar nuestra conciencia y curar nuestras heridas del cuerpo y del alma.

“También los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”

Ella se postró delante de Jesús y solo una expresión llena de dolor y esperanza brotó en su corazón de madre: Señor, ayúdame. ¡Cuántas veces también nosotros necesitamos postrarnos delante del Señor! en silencio, solo esperando una respuesta que aliente nuestra paz y fortalezca nuestra confianza en El.

Ante las palabras del Señor, aquella mujer, cananea, no se vino abajo, permaneció fiel, fiel a su condición de madre, fiel a su condición de pagana creyente. Sabía y había puesto su confianza en aquel hombre que venía de otro país, de otra tierra.

De alguna manera, la fe de esta mujer es una prueba cierta y verdadera de que las “migajas” de Dios llenan toda la tierra. Todo hombre, toda mujer solo por esa condición, que nos hace  hijos e hijas de Dios, llevamos en nosotros el germen de una fe que no conoce divisiones ni fronteras. La luz de Dios envuelve a toda la humanidad porque Dios ha sembrado de fe todos los surcos de la tierra.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Dedicación de la Basílica de Santa María
Llamada también Santa María de las Nieves. 5 de agosto ...

martes, 4 de agosto de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 30, 1-2. 12b-15. 18-22

Palabras que recibió Jeremías de parte del Señor:
«Esto dice el Señor, Dios de Israel:
“Escribe en un libro todas las palabras que he dicho:
Tu fractura es incurable,
tu herida está infectada;
tu haga no tiene remedio,
no hay medicina que la cierre.
Tus amantes te han olvidado,
ya no preguntan por ti,
pues te herí como un enemigo,
te di un escarmiento cruel.
Y todo por tus muchos crímenes,
por la gran cantidad de tus pecados.
¿Por qué gritas por tu herida?
Tu haga es incurable.
Por tantos y tantos crímenes,
por todos tus numerosos pecados
te he tratado de ese modo”.
Pero esto dice el Señor:
“Cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob,
voy a compadecerme de sus moradas;
reconstruirán la ciudad sobre sus ruinas,
su palacio se asentará en su puesto.
De allí saldrán alabanzas,
voces con aire de fiesta.
Haré que crezcan y no mengüen,
que sea reconocida su importancia,
que no sean despreciados.
Serán sus hijos como antaño,
su asamblea, estable en mi presencia;
yo castigaré a sus opresores.
De entre ellos surgirá un príncipe,
su gobernante saldrá de entre ellos;
lo acercaré y estará junto a mí,
pues ¿quién arriesgaría su vida
por ponerse cerca de mí?
—oráculo del Señor—.
Y vosotros seréis mí pueblo
y yo seré vuestro Dios”».

Salmo de hoy

Salmo 101, 16-18. 19-21. 29 y 22-23 R/. El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria.

Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sion,
y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones. R/.

Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R/.

Los hijos de tus siervos vivirán seguros,
su linaje durará en tu presencia.
Para anunciar en Sión el nombre del Señor,
y su alabanza en Jerusalén,
cuando se reúnan unánimes los pueblos
y los reyes para dar culto al Señor. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 15, 1-2. 13-14

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén y le preguntaron:
«¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?».
Y, llamando a la gente, les dijo:
«Escuchad y entended: no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre».
Se acercaron los discípulos y le dijeron:
«¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte?».
Respondió él:
«La planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Y vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios”

La palabra del Señor es siempre sorprendente, en términos actuales, contraintuitiva. El profeta Jeremías narra en este pasaje, sin paños calientes, las consecuencias atroces del pecado y de la traición. Los muchos crímenes cometidos, también nuestras grandes y pequeñas traiciones, tienen consecuencias terribles, provocan heridas profundas que se sobreinfectan, traumatismos irreparables que requieren amputaciones.

En medio de este desolador paisaje, que todos conocemos bien porque lo vemos a diario en las pantallas, escuchamos la voz del Señor en boca del profeta: cambiaré vuestra suerte, me compadeceré, reconstruiré vuestras ruinas.

En el Éxodo, en el Levítico y en los libros proféticos del AT hemos podido leer, muy gozosamente, que Dios permanece fiel a su pueblo. Hemos visto cumplida esa promesa en la persona de Jesús y nos hemos unido a la esperanza paulina: Si el Señor está con nosotros ¿quién contra nosotros? (cf. Rm 8, 31)

“Dejadlos, son ciegos”

En este curso académico he podido compartir, con un buen alumno de máster, sus problemas de visión. Mantiene un resto visual del cinco por ciento y ha aprendido a desenvolverse de manera muy hábil. Admirable. Hablábamos de la importancia de la atención a la diversidad en educación. La discapacidad forma parte de la diversidad, aunque en el Evangelio de hoy, san Marcos se refiere a otra cosa. No se trata del ciego de Siloé ni de Bartimeo, el ciego de Jericó, sino del que no quiere ver. 

Hablábamos, mi alumno y yo, de que le es más fácil al ambliope diagnosticado actuar de manera lúcida, consciente de su hándicap, que a cualquiera de los que no estamos diagnosticados, aunque no estemos libres de limitaciones discapacitantes. Creo que, a estos, a nosotros, se refiere el Evangelio.

Qué peligroso es creer que nuestras observancias son las que nos mantienen a salvo, dentro de ese selecto grupo de privilegiados que cumplen con el precepto dominical y rezan el rosario, apartados de los peligros del mundo, encerrados en nuestras propias garantías de las que dan cuenta los rigurosos cumplimientos.

Si nos miramos por dentro vemos que no somos impecables, que hemos consentido el mal debilitados por la tentación de nuestras sucesivas aproximaciones a él o seducidos por las ventajas de sus engañosas promesas. Cuando hemos consentido el mal ya opera desde nuestro interior, aunque nos mantengamos, no sin impostura, apartados de la contaminación del mundo.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Juan María Vianney, Santo
Memoria Litúrgica, 4 de agosto ...

domingo, 2 de agosto de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 28, 1-17

El mismo año, el año cuarto de Sedecías, rey de Judá, el quinto mes, Jananías, hijo de Azur, profeta de Gabaon, me dijo en el templo, en presencia de los sacerdotes y de todo el pueblo:
«Esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: “He roto el yugo del rey de Babilonia. Antes de dos años devolveré a este lugar el ajuar del templo, que Nabucodonosor, rey de Babilonia, tomó de este lugar para llevárselo a Babilonia. A Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá, y a todos los desterrados de Judá que marcharon a Babilonia, yo mismo los haré volver a este lugar —oráculo del Señor— cuando rompa el yugo del rey de Babilonia”».
El profeta Jeremías respondió al profeta Jananías delante de los sacerdotes y de toda la gente que estaba en el templo.
Le dijo así el profeta Jeremías:
«¡Así sea; así lo haga el Señor! Que el Señor confirme la palabra que has profetizado y devuelva de Babilonia a este lugar el ajuar del templo y a todos los que están allí desterrados. Pero escucha la palabra que voy a pronunciar en tu presencia y ante toda la gente aquí reunida: Los profetas que nos precedieron a ti y a mí, desde tiempos antiguos, profetizaron a países numerosos y a reyes poderosos guerras, calamidades y pestes. Si un profeta profetizaba prosperidad, solo era reconocido como profeta auténtico enviado por el Señor cuando se cumplía su palabra».
Entonces Jananías arrancó el yugo del cuello del profeta Jeremías y lo rompió.
Después dijo Jananías a todos los presentes:
«Esto dice el Señor: “De este modo romperé del cuello de todas las naciones el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, antes de dos años”».
El profeta Jeremías se marchó.
Vino la palabra del Señor a Jeremías después de que Jananías hubo roto el yugo del cuello del profeta Jeremías.
El Señor le dijo:
«Ve y dile a Jananías: “Esto dice el Señor: Tú has roto un yugo de madera, pero yo haré un yugo de hierro. Porque esto dice el Señor del universo, Dios de Israel: Pondré un yugo de hierro al cuello de todas estas naciones para que sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y se le sometan. Le entregaré hasta los animales salvajes”».
El profeta Jeremías dijo al profeta Jananías:
«Escúchame, Jananías: El Señor no te ha enviado, y tú has inducido a este pueblo a una falsa confianza. Por tanto, esto dice el Señor: “Voy a hacerte desaparecer de la tierra; este año morirás porque has predicado rebelión contra el Señor”».
Y el profeta Jananías murió aquel mismo año, el séptimo mes.

Salmo de hoy

Salmo 118, 29. 43. 79. 80. 95. 102 R/. Instrúyeme, Señor, en tus decretos.

Apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu ley. R/.

No quites de mi boca las palabras sinceras,
porque yo espero en tus mandamientos. R/.

Vuelvan a mi los que te temen
y hacen caso de tus preceptos. R/.

Sea mi corazón perfecto en tus decretos,
así no quedaré avergonzado. R/.

Los malvados me esperaban para perderme,
pero yo meditaba tus preceptos. R/.

No me aparto de tus mandamientos,
porque tú me has instruido. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 14, 22-36

Después que la gente se hubo saciado, enseguida Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.
Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.
Jesús les dijo enseguida:
«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».
Pedro le contestó:
«Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua».
Él le dijo:
«Ven».
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
«Señor, sálvame».
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
«¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».
En cuanto subieron a la barca amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él diciendo:
«Realmente eres Hijo de Dios».
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le trajeron a todos los enfermos.
Le pedían tocar siquiera la orla de su manto. Y cuantos la tocaban quedaban curados.

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Reflexión del Evangelio de hoy

Del miedo y la confianza

Se dice que el miedo es libre. Sentir miedo es un mecanismo sano en sí del instinto de conservación. Nos avisa de los peligros que nos acechan, despierta nuestros sistemas interiores de alarma, nos prepara psicofisiológicamente para la lucha o la huida: los dos modos más primarios de escapar.

El problema, y a veces la tragedia, comienza cuando se desregula ese sano mecanismo. Por defecto o por excesos. Por defecto, cuando toma el control de nuestra vida y nos hace reaccionar irracionalmente, o vivir en la angustia y el terror. Por exceso, cuando la que toma el control es una falsa confianza que minimiza el peligro real, no concediéndole importancia, o cuando uno exagera sus propias fuerzas y recursos, convirtiéndose en fácil víctima de tal peligro.

Las dos lecturas de hoy, nos muestran ese doble riesgo. En primer lugar, la falsa confianza. En el asedio final a Jerusalén, el falso profeta Ananías, quiere tranquilizar con mentirosas profecía, al pueblo.

"El Señor no te ha enviado, y tú has inducido a este pueblo a una falsa confianza"

El profeta Jeremías, en cambio, aun participando de la angustia de los habitantes de Jerusalén y deseando que Ananías tenga razón, espera a recibir la verdadera palabra del Señor. La solución no es mirar para otro lado, sino darse cuenta de cuál ha sido la actitud de Judá, que no ha querido responder a las llamadas a la conversión y que ahora va a sufrir las consecuencias de sus conductas erradas.

En el evangelio se nos ofrece una catequesis sobre la fe-confianza. Por una parte, se nos presenta el “contenido” de la fe, a Quién debemos creer y qué debemos creer sobre Él. Por otra, se nos muestra la “manera” de creer, el camino de respuesta creyente a Ese que es el contenido de nuestra fe: Cristo Jesús.

Jesús es presentado con señales divinas, que sólo serán plenamente expuestas y descifradas después de la Resurrección y de Pentecostés.  Cristo, después de haber orado en soledad tras la multiplicación de los panes (que señala que es el verdadero Moisés), se acerca caminando sobre las aguas del lago a la barca de los discípulos que luchan en medio de una tormenta.

La reacción de los aterrorizados discípulos es normal. Lo toman por un fantasma. No quieren creer en la realidad de Jesús, como les pasará también después de la Resurrección. Son hombres curtidos por la vida y, por lo tanto, realistas.

"Señor, sálvame"

Las palabras de Jesús son muy importantes: “no tengáis miedo”. Efectivamente, quizás la razón más profunda de nuestros pecados, cobardías y traiciones sea el dejarnos dominar por el miedo. Y prosigue: “Soy yo”. Jesús se identifica como alguien real, pero, además con una expresión que para un israelita resuena al nombre mismo de Yahvé revelado a Moisés (Yo soy).

Pedro reacciona como quien es: impulsivo y generoso: “Si eres tú, Señor, manda que yo vaya a ti”. Jesús acepta.; Pedro se arriesga, pero ante la fuerza del oleaje, se siente dominado por el terror y empieza a hundirse.

El grito le sale de lol profundo: “Señor, sálvame”. Jesús le agarra la mano y le contesta con una afirmación que es la respuesta a todos nuestros terrores y, simultáneamente, a todas nuestras falsas confianzas en las solas fuerzas propias: “Hombre de poca fe ¿por qué has dudado?

Tras la accidentada travesía, los discípulos, admirados de Aquel que domina los elementos, se postran y confiesan: “Verdaderamente, Tú eres el hijo de Dios”.

Pedro somos cada uno de nosotros y toda la Iglesia en su conjunto. Mientras tengamos los ojos fijos en Jesús y en su seguimiento, estamos seguros, no en nosotros, sino en El. De lo contario, el miedo nos atenaza, vence y degrada.

 

Cuándo digo que creo en Jesús ¿en qué creo verdaderamente de Él? Cuando digo que creo en Jesús ¿cómo es mi proceso de fe en la vida diaria? ¿Cuándo me dominan el miedo y la falsa confianza?