martes, 2 de junio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 




Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 1-3. 6-12

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios para anunciar la promesa de vida que hay en Cristo Jesús, a Timoteo, hijo querido: gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.

Doy gracias a Dios, a quien sirvo, como mis antepasados, con conciencia limpia, porque te tengo siempre presente en mis oraciones noche y día.

Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos, pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza.

Así pues, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.

El nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo Jesús desde antes de los siglos, la cual se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.

De este Evangelio fui constituido heraldo, apóstol y maestro. Esta es la razón por la que padezco tales cosas, pero no me avergüenzo, porque sé de quién me he fiado, y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para velar por mi depósito hasta aquel día.

Salmo de hoy

Salmo 122, 1b-2b. 2cdefg R/. A ti, Señor, levanto mis ojos.

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores. R/.

Como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 18-27

En aquel tiempo, se acercan a Jesús unos saduceos, los cuales dicen que no hay resurrección, y le preguntan:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, que se case con la viuda y de descendencia a su hermano”.

Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer.

Cuando llegue la resurrección y resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella».

Jesús les respondió:
«¿No estáis equivocados, por no entender la Escritura ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten, ni los hombres se casarán ni las mujeres serán dadas en matrimonio, serán como ángeles del cielo.

Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: “Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio”

Comenzamos hoy a leer esta segunda carta de Pablo a Timoteo. Es importante recordar que es el último escrito de San Pablo, ya desde la prisión, cuando todo indica que “el tiempo de mi partida se acerca” (4,6). El texto es una magnífica síntesis de las creencias cristianas, entrecruzándose en él lo autobiográfico, su misión, y algunas instrucciones doctrinales y pastorales, sostenido todo ello en una fuerte confesión de su fe en Jesús y en el Evangelio porque “sé a quién me he confiado” (1,12).

Por otra parte, Timoteo es un joven de Listra, formado desde su infancia en la devoción judía por su madre Eunice y su abuela Loida (1,5), a quien Pablo incorpora a su tarea evangelizadora. A Pablo y Timoteo les une un vínculo profundo de amistad y confianza: “sin cesar hago memoria de ti en mis oraciones noche y dia, deseoso de verte, acordándome de tus lágrimas para llenarme de gozo con la memoria de tu sincera fe, que fue también la de tu abuela Loida y la de tu madre, Eunice” (1, 3-5).

Timoteo es también testigo de la vida de Pablo puesto que “has seguido de cerca mis enseñanzas, mi conducta, mis planes, mi fe, mi longanimidad, mi paciencia, mis persecuciones y aflicciones” (3,10-11).

En este fragmento de hoy, Pablo deja a Timoteo, y a nosotros, varias consideraciones, de las que puede destacarse la llamada a implicarnos en las tareas de la evangelización. Dicho así puede entenderse como algo distanciado del quehacer de cada uno, no obstante, es algo que está a nuestro alcance, poniendo el punto de vista de Dios, los valores evangélicos, en nuestras relaciones y en nuestras palabras.

No es fácil, es cierto. El cristianismo está impugnado en buena parte de nuestras sociedades: quedan aún científicos que consideran nuestra fe como un conjunto de prejuicios; otras muchas personas, sin detenerse en debates científicos o humanísticos, se instalan en la indiferencia y la secularidad; incluso muchos cristianos que siguen considerándose tales han vaciado su fe de creencias y compromisos existenciales y eclesiales. Son tres muestras, estadísticamente muy elocuentes, del decaimiento sociológico del cristianismo.

Ante ello, muchos creyentes reaccionan con repliegues hacia el interior de comunidades blindadas ante un ambiente hostil. El testimonio y los compromisos son sustituidos por espiritualidades intimistas y poco receptivas a los desafíos de nuestro tiempo. ¿Cristianos agazapados en el calor de los templos o de algunos movimientos? Y, al contrario, también arranques de fundamentalismo que afirman lo propio despreciando lo ajeno: incluso con agresividades, que felizmente quedan con frecuencia sólo en expresiones verbales, ante todo lo que contraría las viejas formulaciones y seguridades.

El espíritu cristiano tiene poco o nada que ver con el repliegue timorato y el fundamentalismo. Dios no nos ha dado ese espíritu asustadizo, sino un espíritu con el que testimoniar a Jesús y los valores de su Evangelio con serena energía, desinteresado amor, y con lúcidos criterios para discernir sus signos en nuestra historia.

“Estáis muy equivocados”

El evangelio de hoy termina con un reproche de Jesús a los saduceos que le habían consultado sobre la ley deuteronómica (25, 5-10) del levirato. Con ella se pretendía asegurar la continuidad de un linaje y la herencia de sus bienes, y a la vez garantizar la protección de la viuda que había quedado sin hijos.

Los saduceos, que no creían en la resurrección, tratan de meter a Jesús en la casuística jurídico y cultural de la vida matrimonial cuando los cónyuges afectados “vuelvan a la vida”.

Pero Jesús no se deja atrapar:  su respuesta pone en valor una convicción fundamental suya y del Nuevo Testamento: la resurrección de los muertos.

La equivocación de los saduceos consistía en una reducción antropológica al aquí y el ahora de la aventura humana, porque su lectura del Antiguo Testamento era parcial, y porque prescindían del poder de Dios sobre la vida de los hombres y mujeres.

También hoy muchos de nuestros contemporáneos se equivocan porque interpretan la resurrección como el estricto progreso dentro de los límites de la historia, o porque entienden la trascendencia como pura alegoría de un futuro alcanzable por las solas fuerzas humanas, o se conforman con un acercamiento filosófico que confunda la resurrección con la inmortalidad del alma.

Se ha dicho que la Escritura no contiene sólo lo que el hombre dice de Dios, sino lo que Dios dice del hombre. Y lo que dice es que no hemos sido creados para morir, sino para vivir para siempre.  Renovando nuestra fe “en la resurrección de la carne” agradecemos al Padre la resurrección de Jesús, que adelanta la nuestra.

 

¿Qué sentimientos humanos y qué actitudes religiosas desarrolla en nosotros la fe en la resurrección? ¿Te ayuda el recuerdo de la vida de Jesús para esperar con confianza la resurrección y, al mismo tiempo amar este mundo que Dios nos regala cada día?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Carlos Lwanga y 12 compañeros, Santos
Memoria Litúrgica, 3 de junio ...

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro 3, 12-15a. 17-18

Queridos hermanos:

¡Esperáis y apresuráis la llegada del Día de Dios! Ese día los cielos se disolverán incendiados y los elementos se derretirán abrasados.

Pero nosotros, según su promesa, esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia, por eso, queridos míos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, intachables e irreprochables, y considerad que la paciencia de nuestro Señor es nuestra salvación.

Así pues, queridos míos, ya que estáis prevenidos, estad en guardia para que no os arrastre el error de esa gente sin principios ni decaiga vuestra firmeza. Por el contrario, creced en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él la gloria ahora y hasta el día eterno. Amén.

Salmo de hoy

Salmo 89, 2. 3-4. 10. 14 y 16 R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios. R/.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer que pasó;
una vela nocturna. R/.

Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan. R/.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Que tus siervos vean tu acción
y sus hijos tu gloria. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 13-17

En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos de los fariseos y de los herodianos, para cazarlo con una pregunta.

Se acercaron y le dijeron:
«Maestro, sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?».

Adivinando su hipocresía, les replicó:
«¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea».

Se lo trajeron. Y él les preguntó:
«¿De quién es esta imagen y esta inscripción?».

Le contestaron:
«Del César».

Jesús les replicó:
«Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Y se quedaron admirados.

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Al Señor le conocemos por su Palabra”

Muchas veces nos preguntamos ¿Unas cosas dichas hace 2.000 años sirven algo en el mundo actual? En este pasaje San Pedro nos aconseja como debemos afrontar la espera de la venida del Señor ¡Y claro que son palabras actuales! Literalmente nos dice que... “no os arrastre el error de esa gente sin principios” ¿A caso hoy no estamos bombardeados por mensajes sin ningún tipo de principios y valores? Poder, riqueza, violencia contra el otro, fama, “éxito social” ...Mensajes atrayentes que nos apartan de lo verdaderamente importante: Dios.

Mientras esperamos al Señor debemos estar en paz con Él, nos dice el Apóstol, porque si estamos en paz con Dios lo estaremos con los que nos rodean. Y en esa espera nos recomienda crecer en el conocimiento de Nuestro Señor Jesucristo, y aquí traigo algo de lo que hemos hablado muchas veces: la necesidad de acudir a la Palabra, a las Sagradas Escrituras, para conocer a Jesús. La lectura habitual del Evangelio es la mejor manera de acercarnos a Cristo, de conocerle y amarle. Y ese conocimiento alimentará nuestras almas en la espera.

Definitivamente las palabras contenidas en las Sagradas Escrituras están de plena actualidad, y seguirlas es la mejor manera de conseguir un mundo mejor. Todos tenemos la oportunidad de ayudar a que el Reino de Dios se conozca en el mundo, y lo haremos a través de nuestras obras y de nuestra actitud como ciudadanos en medio de la sociedad en que vivimos.

“Con Dios, siempre con Él”

San Marcos nos pinta una escena que debió producirse en muchas ocasiones: los fariseos van a la caza de Jesús mediante trampas basadas en la ley, en la ortodoxia judía. Se acercan aduladores para lanzar su dardo ¿Dios o el César? Pero la respuesta que reciben los deja sin palabras: a cada uno lo suyo.

En la vida no todo es negro o blanco, hay una inmensa gama de grises y para todos hay lugar. Dios debe ser el centro de nuestra vida, nuestro pilar, pero vivimos en distintas sociedades en las que debemos cumplir nuestras obligaciones como ciudadanos, pero siempre dejando claro que nuestra conciencia deberá estar por encima de las injusticias de los hombres.

Y ahora me gustaría lanzar una pregunta ¿Cuantas veces hemos sido como los fariseos y hemos intentado “pillar a Jesús”? ¿En cuantas ocasiones, para justificar nuestros actos, hemos utilizado la moneda del César?: “Si hago esto es por obligación, si no hago aquello es porque me obliga el Estado, si he obrado así es porque todos los hacen…” Y mirando al cielo hemos exclamado “Señor es que hay que pagar el impuesto del César” Lo único que hacemos es engañarnos a nosotros mismos. 

A Dios los que es de Dios, sin mezclar unas cosas con otras, con el Evangelio en una mano y el periódico en la otra, pero sabiendo que las cosas del alma están por encima de las del mundo. Ser buen cristiano implica ser buen ciudadano y ambas cosas no están reñidas. Aquellos fariseos que intentaron tender una trampa a Jesús se debieron retirar llenos de frustración y con la lección aprendida: toda moneda tienes dos partes, la cara que es el César y la Cruz que es Cristo.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Marcelino y Pedro, Santos
Memoria Litúrgica, 2 de junio ...

lunes, 1 de junio de 2026

FUNERAL POR NIEVES

 



El Señor llamó a su seno a :


Dª NIEVES GONZÁLEZ ALONSO


VIÚDA DE DON JUAN FEIJOÓ LÓPEZ


Vecina que fue de Bande a los 89 años de edad


D.E.P


Los funerales por su eterno descanso tendrán lugar Mañana Martes día Dos de Junio a las 7:30 de la tarde

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Comienzo de la segunda carta del apóstol san Pedro 1,1-7:

Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo les ha cabido en suerte una fe tan preciosa como a nosotros.

A vosotros gracia y paz abundantes por el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor.

Pues su poder divino nos ha concedido todo lo que conduce a la vida y a la piedad, mediante el conocimiento del que nos ha llamado con su propia gloria y potencia, con las cuales se nos han concedido las preciosas y sublimes promesas, para que, por medio de ellas, seáis partícipes de la naturaleza divina, escapando de la corrupción que reina en el mundo por la ambición; en vista de ello, poned todo empeño en añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la paciencia, a la paciencia la piedad, a la piedad el cariño fraterno, y al cariño fraterno el amor.

Salmo de hoy

Salmo 90 R/. Dios mío, confío en ti

Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti». R/.

«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre;
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación». R/.

«Lo defenderé, lo glorificaré
lo saciaré de largos días
y le haré ver mi salvación». R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12,1-12

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos:
«Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cayó un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. A su tiempo, envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo azotaron y lo despidieron con las manos vacías. Les envió de nuevo otro criado; a este lo descalabraron e insultaron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos, a los que azotaron o los mataron.

Le quedaba uno, su hijo amado. Y lo envió el último, pensando:
“Respetarán a mi hijo”.

Pero los labradores se dijeron:
“Este es el heredero. Venga, lo matamos y será nuestra la herencia”.

Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, hará perecer a los labradores y arrendará la viña a otros.

¿No habéis leído aquel texto de la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?».

Intentaron echarle mano, porque comprendieron que había dicho la parábola por ellos; pero temieron a la gente y, dejándolo allí, se marcharon.

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

"A vosotros gracia y paz abundantes"

Los estudiosos de la Biblia indican que esta carta, la segunda de Pedro, está escrita después de su muerte, no es del Príncipe de los Apóstoles. Tiene relación con el autor de la carta de Judas, a la que en parte copia y corrige. Pero lo que nos interesa es su contenido, inspirado como parte que es de la Sagrada Escritura.

La carta se centra sobre todo en la conducta de los cristianos. Que basa la tesis de la centralidad de Jesucristo y de su divinidad. Y lo primero que manda a sus lectores que crezca en ellos la gracia y la paz por el conocimiento de Dios y Salvador Jesucristo; o sea es necesario saber de Jesucristo, familiarizarnos con su Evangelio; ese es origen de la gracia -ayuda- de Dios y de la paz.

Primera reflexión que hemos de hacernos: ¿estamos familiarizados con los textos evangélicos? ¿En momentos de debilidad, de conflicto interno, acudimos al Evangelio buscando ayuda y paz?

En un segundo punto del texto lo que el autor pide a los destinatarios de la carta se entiende bien: honradez para forjar el criterio de nuestra conducta, para que no se impongan, como criterios, nuestros intereses o caprichos; que sintamos a los demás, y seamos capaces de manifestar ante ellos “amor y cariño fraterno”. A pesar de las tendencias interiores a no salirnos de uno mismo, y colocarnos como único centro de nuestro sentir y actuar, hemos de ser constantes en esa centralidad de Jesucristo y del hermano.

Para ello necesitamos la gracia, al ayuda de Dios, tantas veces prometida por el mismo Jesús. Por ello hemos de proclamar con el salmo 90 “Dios mío, confío en ti”.

"La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular"

Para entender bien este texto evangélico es necesario fijarse en que Jesús se dirige a “los sumos sacerdotes, a los letrados y a los senadores”. Público tan relevante para los judíos, como hostil a Jesús.

Aunque utilizando una parábola, Jesús no puede hablar más claro. ¡Y bien que lo entendieron las autoridades judías! Se sienten tan interpelados, tan molestos, que si no es por miedo a la gente. dice el texto, le “hubieran echado mano”. Esta vez se fueron, pero acabarían “echándole mano” y lo entregarían a la autoridad política para que fuera ejecutado.

Recordando lo que hemos considerado en el comentario de la primera lectura, el criterio de esa selecta representación de la religión judía, su criterio eran sus intereses, su relevancia religiosa y social. Tan fuerte era ese criterio que los llevó a eliminar a quien podría rebajar esa relevancia.

Necesitamos la honradez a la que aludía la primera lectura para analizar cuál es el criterio que rige nuestras opciones vitales. Es fácil engañarnos, no ser honrados con nosotros mismos. Es necesario la gracia de Dios para conseguir esa honradez. Una gracia de Dios -su ayuda-, que, como he indicado, nos viene al acudir a Jesús, tal como nos los presentan los evangelios.

Podíamos platearnos cada uno: ¿somos honrados con nosotros míos a la hora de ver qué criterio determina nuestra conducta?

SANTOS DEL DÍA

 


Santoral

Justino, Santo
Memoria Litúrgica, 1 de junio ...