domingo, 21 de junio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13

Dijo Jeremías:
Oía la acusación de la gente:
«“Pavor-en-torno”,
delatadlo, vamos a delatarlo».
Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si, engañado, lo sometemos
y podemos vengarnos de él».
Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes.
Acabarán avergonzados de su fracaso,
con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor del universo, que examinas al honrado
y sondeas las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos,
pues te he encomendado mi causa!
Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libera la vida del pobre
de las manos de gente perversa.

Salmo

Salmo 68 R/. Señor, que me escuche tu gran bondad.

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre.
Porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/.

Pero mi oración se dirige a ti,
Señor, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R/.

Miradlo, los humildes, y alegraos;
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15

Hermanos:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron.
Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.
Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.

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Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 26-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».


«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse»

     No tienes «aquí domicilio permanente» (Hb 13,14). Dondequiera que estuvieres, serás extraño y peregrino, y no tendrás nunca reposo, si no estuvieres íntimamente unido con Cristo. ¿Qué miras aquí no siendo éste el lugar de tu descanso? En los cielos debe de ser tu morada, y como de paso has de mirar todo lo terrestre. Todas las cosas pasan, y tú también con ellas. Guárdate de pegarte a ellas, porque no seas preso y perezcas. En el altísimo pon tu pensamiento, y tu oración sin cesar sea dirigida a Cristo. Si no sabes contemplar las cosas altas y celestiales, descansa en la pasión de Cristo y habita gustosamente en sus sagradas llagas. Porque si te acoges devotamente a las llagas y preciosas heridas de Jesús, gran consuelo sentirás en la tribulación, y no harás mucho caso de los desprecios de los hombres, y fácilmente sufrirás las palabras de los maldicientes. Cristo fue también en el mundo despreciado de los hombres, y entre grandes afrentas y desamparo de amigos y conocidos, y en suma necesidad. Cristo quiso padecer y ser despreciado, y ¿tú te atreves a quejarte de alguna cosa?.... Sufre con Cristo y por Cristo, si quieres reinar con Cristo. Si una vez entrases perfectamente en lo secreto de Jesús, y gustases un poco de su encendido amor, entonces no tendrías cuidado de tu propio provecho o daño; antes te holgarías más de la injurias que te hiciesen; porque el amor de Jesús hace al hombre despreciarse a sí mismo. El amante de Jesús y de la verdad, y el hombre verdaderamente interior y libre de las aficiones desordenadas, se puede volver fácilmente a Dios, y levantarse sobre sí mismo en el espíritu, y descansar gozosamente. Aquel a quien gustan todas las cosas como son, no como se dicen o estiman, es verdaderamente sabio y enseñado más de Dios que de los hombres.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Luis Gonzaga, Santo
Memoria Litúrgica, 21 de junio ...

viernes, 19 de junio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del segundo libro de las Crónicas 24, 17-25

Después de la muerte de Joadá, los jefes de Judá fueron a rendir homenaje al rey, que les hizo caso. Abandonaron el templo del Señor, Dios de sus padres, y sirvieron a los cipos y a los ídolos. Por este pecado la cólera estalló contra Judá y Jerusalén. Les envió profetas para convertirlos al Señor, pero no hicieron caso de sus amonestaciones.

Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías, hijo del sacerdote Joadá, que, erguido ante el pueblo, les dijo:
«Así dice Dios: “¿Por qué quebrantáis los mandamientos del Señor? ¡No tendréis éxito! Por haber abandonado al Señor, él os abandonará”».

Pero conspiraron contra él y, por mandato del rey, lo apedrearon en el atrio del templo del Señor. El rey Joás, olvidándose del amor que le profesaba Joadá, mató al hijo de este, que murió diciendo:
«Que lo vea el Señor y lo demande!».

Al cabo de un año, un ejército de Siria se dirigió contra Joás, invadió Judá y Jerusalén, mató a todos los jefes del pueblo y envió todo el botín al rey de Damasco. El ejército de Siria contaba con poca gente, el Señor le entregó un ejército enorme, por haber abandonado al Señor, Dios de sus padres. Así se hizo justicia con Joás.

Al marcharse los sirios, dejándolo con múltiples dolencias, sus servidores conspiraron contra él para vengar al hijo del sacerdote Joadá.

Hirieron a Joás en la cama y murió.

Fue sepultado en la Ciudad de David, pero no en el panteón real.

Salmo de hoy

Salmo 88, 4-5. 29-30. 31-32. 33-34 R/. Le mantendré eternamente mi favor.

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades. R/.

Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable.
Le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el cielo. R/.

Si sus hijos abandonan mi ley
y no siguen mis mandamientos,
si profanan mis preceptos
y no guardan mis mandatos. R/.

Castigaré con la vara sus pecados
y a latigazos sus culpas.
Pero no les retiraré mi favor
ni desmentiré mi fidelidad. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,24-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?

¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?

¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso.

Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia».

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

"Mirad los lirios del campo y las aves del cielo"

No podéis servir a Dios y al dinero. Son palabras claras y contundentes de Jesús que, quizás en una sociedad como la de su tiempo, afectaran especialmente al grupo de los poderosos. Pero esas mismas palabras pronunciadas en una sociedad consumista y eminentemente materialista, nos tienen que hacer reflexionar.

En el contexto bíblico no podemos decir que existiera el ateísmo, como hoy lo entendemos, sino la idolatría. Poner en el lugar que corresponde solamente a Dios en el corazón otras realidades mundanas. Jesús no demoniza el dinero, pero nos pone en guardia para que no lo entendamos como una realidad absoluta.

Las preocupaciones por el comer, el vestir, dónde vivir… no tienen que condicionar la vida del seguidor de Jesús.

Para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, el planteamiento que nos hace Jesús es un verdadero reto. Hoy que hemos acuñado el término “sociedad del bienestar” que defendemos a capa y espada como un derecho, el modo de vida que nos propone Jesús en el Evangelio cuesta trabajo que cale de verdad en nuestro proyecto de vida.

Cada vez necesitamos más para saciar nuestra sed de felicidad y nuestra sensación de seguridad. También los que nos llamamos cristianos hemos caído en la trampa. Nos agarramos a todo lo que nos ofrece nuestra sociedad opulenta y despilfarradora, aguando la radicalidad del mensaje de Jesús.

Necesitamos releer el Evangelio y convertirnos a un estilo de vida más evangélico. Urge ir a contracorriente si queremos ser signo claro de nuestra opción por el Reino de Dios. Toca predicar más con la vida que con la palabra.

"Buscad el reino de dios y su justicia"

Tenemos que preguntarnos en qué o en quién ponemos nuestra confianza. ¿En nosotros? ¿En nuestra fortaleza personal? ¿En nuestro poder adquisitivo? Tal vez solamente cuando todo esto se quiebra es cuando nos acordamos de Dios. Por eso, muchas veces decimos que la pobreza, o la enfermedad nos evangelizan. Ellas ponen al descubierto nuestra vulnerabilidad y nos ayudan a poner nuestro corazón y nuestra vida en las manos de Dios.

Tal vez tenemos que preguntarnos qué es lo que de verdad llena nuestro corazón y se ha hecho centro de nuestra vida. Tan dañino como el dinero puede ser nuestro propio ego, que impide que entre en nuestro corazón el amor de Dios y el amor a los demás.

Apartarnos de Dios, como el pueblo de Israel hizo tantas veces a lo largo de su historia, dejando de escuchar e incluso matando a los profetas, sea el origen de todos nuestros males. Nos lo recuerda la primera lectura del segundo libro de las Crónicas. Hoy no podemos silenciar la voz de aquellos que, como nuevos profetas, nos llaman a aprender un modo nuevo y diferente de ser y de vivir, que nos puede hacer descubrir la verdadera felicidad.

SANTOS DEL DÍA

 




Santoral

Silverio, Santo
LVIII Papa, 20 de junio ...

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes 11, 1-4.9-18. 20

En aquellos días, cuando la madre del rey Ocozías, Atalía, vio que su hijo había muerto, se dispuso a eliminar a toda la estirpe real. Pero Josebá, hija del rey Jorán y hermana de Ocozías, tomó a Joás, hijo de Ocozías, de entre los hijos del rey que estaban siendo asesinados, lo escondió y lo instaló, a él y a su nodriza, en su dormitorio, manteniéndolo oculto a la vista de Atalía y así no lo mataron. Estuvo seis años con ella, escondido en el templo del Señor, mientras Atalía reinaba en el país.

El séptimo año, el sacerdote Yehoyadá mandó buscar a los centuriones de los carios y de los guardias y los condujo junto a sí al templo del Señor para establecer un pacto con ellos y hacerles prestar juramento. Luego les presentó al hijo del rey.

Los centuriones cumplieron cuanto Yehoyadá les ordenó. Cada uno tomó sus hombres, los que entraban y los que salían de servicio el sábado, y se presentaron ante el sacerdote. Yehoyadá entregó a los centuriones las lanzas y escudos del rey David que había depositados en el templo del Señor.

Los guardias se apostaron, arma en mano, desde el extremo sur hasta el extremo norte del templo, ante el altar y el templo, en torno al rey, por un lado y por otro.

El sacerdote hizo salir al hijo del monarca y le impuso la diadema y las insignias reales. Luego lo proclamaron rey y lo ungieron. Aplaudieron y gritaron:
«¡Viva el rey!».

Cuando Atalía oyó el griterío de los guardias y del pueblo, se fue hacia la muchedumbre que se hallaba en el templo del Señor. Miró y vio al rey de pie junto a la columna, según la costumbre: los jefes con sus trompetas con él, y a todo el pueblo de la tierra en júbilo, tocando sus instrumentos.

Atalía rasgó entonces sus vestiduras y gritó:
«¡Traición!, ¡traición!».

Entonces el sacerdote Yehoyadá dio orden a los jefes de las tropas:
«Hacedla salir de entre las filas. Quien la siga será pasado a espada» (pues el sacerdote pensaba: «No debe ser ejecutada en el templo del Señor»).

Le abrieron paso y, cuando entró en el palacio real por la puerta de los Caballos, fue ejecutada.

Luego Yehoyadá hizo una alianza entre el Señor, el rey y el pueblo, por la que el pueblo se convertía en pueblo del Señor; hizo también una alianza entre el rey y el pueblo.

Y todo el pueblo de la tierra acudió al templo de Baal para derribarlo. Hicieron pedazos sus altares e imágenes, y ejecutaron a Matán, sacerdote de Baal, frente a los altares.

El sacerdote puso entonces centinelas en el templo del Señor. Todo el pueblo de la tierra exultaba de júbilo y la ciudad quedó tranquila: Atalía ya había muerto a espada en palacio.

Salmo de hoy

Salmo 131, 11. 12. 13-14. 17-18 R/. El Señor ha elegido Sión, para vivir en ella.

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono». R/.

«Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono». R/.

«Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema». R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 19-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón.

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!».

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

"Si tus hijos guardan mi alianza, se sentarán sobre tu trono"

Los dos libros de los Reyes presentan la prolongación cada vez más oscura de una historia iniciada en el entusiasmo y la esperanza. Los reyes y el pueblo se olvidan de la alianza y se vuelven a los ídolos. Es en este tiempo en que van a surgir los profetas. Durante unos cuatro siglos la fe de Isrrael se fue debilitando al fijarse sólo en su prosperidad y poderío. Pero fueron en estos siglos en que la fe de Israel, enfrentando tentaciones, persecuciones y dificultades de toda clase, maduró en los grandes profetas.

“El verdadero tesoro”

En este capítulo 6 de Mateo, nos va guiando a la práctica de las buenas obras: la limosna, la oración, el ayuno, el verdadero tesoro, la luz y tinieblas, Dios y el dinero y al final la confianza.

Con estas recomendaciones, Jesús desenmascara la maldad de la codicia en su raíz más profunda: la idolatría. “Mamón”, dios del dinero, es el rival irreconocible del Dios de las bienaventuranzas, cuya santidad se manifiesta en el esplendor de su generosidad.

El afán y la ilusión de los discípulos de Jesús deben estar centrados en el reino, ese es su tesoro. “Cuanta oscuridad” la que entra en el corazón del hombre o la mujer a través del ojo cegado por la avaricia.

Ante la manifestación de Dios, todo generosidad, en la persona de Jesús de Nazaret, ¿cómo situarnos hoy ante tanta acumulación de dinero y poder, en una sociedad que vive la mayor parte de ella en la más profunda escasez?

El Papa León XIV se ha situado al lado de las personas que sufren cualquier situación de violencia. ¿Quién mejor, que él en estos momentos de la historia para iluminarnos y de qué manera llevar a la practica el mensaje de evangelio de hoy? Él, al escribir su primer documento importante de su pontificado denunció la “dictadura” del poder y la desigualdad económica. La acumulación de la riqueza en manos de unos pocos. Aún resuena en nuestros oídos y en nuestro corazón el grito ”¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero!" La idolatría ciega, el Dios vivo ilumina. “Un Reino en el que no hay espadas, ni lucro injusto, sino solo dignidad, comprensión y perdón”.

En las bienaventuranzas encontramos la luz, la sabiduría, el TESORO que da vida y felicidad.

La felicidad de los pobres -esto es, el que dejen de serlo- supone resarcirlos de la inhumanidad sufrida.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Romualdo, Santo
Memoria Facultativa, 19 de junio ...

miércoles, 17 de junio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 48, 1-14

Surgió el profeta Elías como un fuego,
su palabra quemaba como antorcha.

Él hizo venir sobre ellos el hambre,
y con su celo los diezmó.

Por la palabra del Señor cerró los cielos
y también hizo caer fuego tres veces.

¡Qué glorioso fuiste, Elías, con tus portentos!
¿Quién puede gloriarse de ser como tú?

Tú despertaste a un cadáver de la muerte
y del abismo, por la palabra del Altísimo;
tú precipitaste reyes a la ruina
y arrebataste del lecho a hombres insignes;
en el Sinaí escuchaste palabras de reproche
y en el Horeb sentencias de castigo;
tú ungiste reyes vengadores
y profetas para que te sucedieran;
fuiste arrebatado en un torbellino ardiente,
en un carro de caballos de fuego;
tú fuiste designado para reprochar los tiempos futuros,
para aplacar la ira antes de que estallara,
para reconciliar a los padres con los hijos
y restablecer las tribus de Jacob.

Dichosos los que te vieron
y se durmieron en el amor,
porque también nosotros viviremos.

Cuando Elías fue arrebatado en el torbellino,
Eliseo se llenó de su espíritu.

Durante su vida ningún príncipe lo hizo temblar,
nadie pudo dominarlo.

Nada era imposible para él,
incluso muerto, su cuerpo profetizó.

Durante su vida realizó prodigios,
y después de muerto fueron admirables sus obras.

Salmo de hoy

Salmo 96 R/. Alegraos, justos, con el Señor.

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Delante de él avanza el fuego,
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece. R/.

Los montes se derriten como cera ante el Señor,
ante el Señor de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos.
Adoradlo todos sus ángeles. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis.

Vosotros orad así:
“Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo,
danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal”.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».

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Reflexión del Evangelio de hoy

Elías y Eliseo, hombres llenos del Espíritu

El libro del Eclesiástico nos presenta hoy a Elías como un profeta de fuego: “surgió el profeta Elías como un fuego, su palabra quemaba como antorcha”. No se trata solo de admirar sus milagros, sino de comprender de dónde nacía su autoridad: de una profunda intimidad con Dios. Elías no actuaba desde su fuerza personal, sino desde la conciencia de la Presencia divina que actúa a través de él. Esa es una clave fundamental de toda vida espiritual auténtica: el poder no nace del esfuerzo humano, sino de la unión con Dios. Todo lo podemos en Dios que es el Todopoderoso.

Esta es una de las enseñanzas de la lectura: antes de hacer, hay que ser; antes de obrar milagros, está sabernos hijos de Dios. Elías sabía quién era delante del Señor. No buscaba aprobación humana ni vivía desde el reconocimiento humano, sino desde la obediencia a Dios. Por eso, ningún rey lo dominó y ninguna amenaza lo hizo retroceder. El fuego exterior de sus milagros nacía del fuego interior de su comunión con Dios.

También Eliseo aparece como continuidad de esta herencia espiritual: “cuando Elías fue arrebatado en el torbellino, Eliseo se llenó de su espíritu”. Esto revela que el Espíritu Santo no se conquista, se recibe. Hay una transmisión espiritual que pasa por la docilidad, la humildad y la disponibilidad interior. Eliseo no imita externamente a Elías; recibe interiormente el mismo espíritu.

Segunda enseñanza importante: Dios no busca personajes para una obra de teatro, sino discípulos disponibles. Muchas veces queremos los frutos sin aceptar el proceso de transformación interior. Pero el Señor trabaja desde la raíz. Primero sana el corazón, renueva la mente y fortalece la identidad; después confía la misión.

El verdadero profeta siempre conduce a la comunión con Dios, nunca al protagonismo personal. El profeta auténtico devuelve los corazones al Padre.

Hoy el Señor sigue buscando almas así: personas encendidas por dentro con el fuego del Espíritu Santo; discípulos que escuchen la voz de Dios antes de hablar; hijos que vivan desde la intimidad y no desde el miedo.

 

¿Desde dónde estoy viviendo mi fe: desde la intimidad con Dios y la conciencia de ser hijo suyo, o desde el esfuerzo, ¿el miedo o la necesidad de reconocimiento? ¿Estoy dispuesto a dejar que el Espíritu Santo transforme mi corazón —sanando, corrigiendo y renovando— antes de buscar resultados o frutos visibles en mi vida?

Orar como hijos, vivir en libertad

Jesús hoy no solo enseña una oración; revela una forma de vivir la relación con Dios. Dice primero: “No uséis muchas palabras”. Esto corrige una tentación frecuente: pensar que la oración depende de nuestra capacidad de convencer a Dios. Jesús rompe esa lógica y nos lleva a la confianza filial: “vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis”.

Aquí está el corazón de la espiritualidad cristiana: no oramos para informar a Dios, sino para vivir como hijos. Nuestra identidad no comienza en lo que hacemos para Dios, sino en sabernos hijos amados del Padre. La oración auténtica nace desde esa identidad.

Cada petición del Padre Nuestro es una escuela de transformación interior.

Jesús no dice “Señor lejano”, sino “Padre nuestro”. Esta sola palabra sana muchas heridas interiores. Muchos viven espiritualmente como si tuvieran que ganarse el amor de Dios, como si la vida cristiana fuera una prueba constante de conquista. Pero Jesús nos enseña abandono, confianza y pertenencia. El Espíritu Santo nos hace clamar: “Abbá, Papá”. Dice San André Bessette: "Cuando dices el Padre Nuestro, el oído de Dios está al lado de tus labios".

“Santificado sea tu nombre”: no se trata de que Dios sea más santo, sino de permitir que su santidad gobierne nuestra vida. En su diario, Teresita pide a Dios: “Siento mi impotencia y te pido, Dios mío, que Tú mismo seas mi santidad”.

“Venga tu reino”: significa renunciar al control y permitir que Dios reine en nuestras decisiones, heridas y deseos. San Francisco rezaba así: “Venga a nosotros tu Reino, para que reines en nosotros por tu gracia y nos hagas entrar en tu reino”.

“Hágase tu voluntad”: aquí se rompe el ego y nace la verdadera libertad. No es resignación, sino confianza. Como decía Santa Teresa de Jesús: “Hágase tu voluntad y no la mía, Señor; que se cumpla tu querer y no mis caprichos”.

“Perdona nuestras ofensas” es reconocer con humildad que necesitamos la misericordia de Dios porque somos pecadores. Al mismo tiempo, nos dispone a recibir ese perdón viviendo en coherencia: abiertos a perdonar a los demás. Escribía Santa Gema Galgani en su oración personal: “Jesús mío, pongo todos mis pecados ante ti... Ya que quisiste morir por mis pecados, concédeme el perdón de todos ellos”.

“Como también nosotros perdonamos”: aquí Jesús toca una raíz profunda. No puede haber sanación interior sin perdón. Muchas veces pedimos paz mientras seguimos abrazando resentimientos. El perdón no justifica el mal, pero rompe la cadena que nos mantiene atados. Decía Santa Faustina Kowalska: “Tan a menudo como miro la cruz, otras tantas veces perdonaré de todo corazón”. Donde no hay perdón, el corazón permanece dividido.

Finalmente: “líbranos del mal”. No negamos el combate espiritual, pero tampoco vivimos con miedo al enemigo. Oramos desde la victoria de Cristo. Nada mejor que invocar muchas veces a San Miguel: “San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestra protección contra el mal y las trampas del diablo... líbranos de todo mal”.

El Padre Nuestro no es una fórmula para repetir rápido; es una oración que modela nuestro corazón. Es una escuela de filiación, libertad y sanación.

Jesús no nos enseña solo a rezar mejor, sino a vivir como verdaderos hijos del Padre.


¿Rezo como hijo amado o como alguien que intenta ganarse el amor de Dios? ¿A quién necesito perdonar para que el Padre sane más profundamente mi corazón?