jueves, 9 de julio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la profecía de Oseas 14, 2-10

Esto dice el Señor:
«Vuelve, Israel, el Señor tu Dios, porque tropezaste por tu falta.

Tomad vuestras promesas con vosotros y volved al Señor.

Decidle: «Tú quitas toda falta, acepta el pacto. Pagaremos con nuestra confesión: Asiria no nos salvará, no volveremos a montar a caballo, y no llamaremos ya “nuestro Dios” a la obra de nuestras manos. En ti el huérfano encuentra compasión».

«Curaré su deslealtad, los amaré generosamente, porque mi ira se apartó de ellos. Seré para Israel como el rocío, florecerá como el lirio, echará sus raíces como los cedros del Líbano.

Brotarán sus retoños y será su esplendor como el olivo y su perfume como el del Líbano.

Regresarán los que habitaban a su sombra, revivirán como el trigo, florecerán como la viña, será su renombre como el del vino del Líbano.

Efraín, ¿qué tengo que ver con los ídolos? Yo soy quien le responde y lo vigila. Yo voy como un abeto siempre verde, de mí procede tu fruto».

¿Quién será sabio para comprender estas cosas, inteligente, para conocerlas?

Porque los caminos del Señor son rectos: los justos los transitan, pero los traidores tropiezan en ellos.

Salmo de hoy

Salmo 50, 3-4. 8-9. 12-13. 14 y 17 R/. Mi boca proclamará tu alabanza

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve. R/.

Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 16-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas.

Pero ¡cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.

Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán.

Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra.

En verdad os digo que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Florecerán como la viña”

El profeta Oseas a lo largo de su obra condena con gran fuerza la idolatría del pueblo en dos ámbitos: cultual y política. La idolatría cultual consiste en la adoración de Baal (4,12b-13; 7,14b; 9,1), y en la adoración de los becerros de oro, instalados por Jeroboán I en el año 931 a.C. en el momento de la división del Reino. La vertiente política de la idolatría se traduce en que los israelitas, cuando está en juego la subsistencia del país, buscan la salvación fuera de Dios, en las alianzas con las grandes potencias militares del momento, Egipto y Asiría.

Al final del libro, el profeta invita a la conversión no con sacrificios, como era la costumbre, sino con palabras sinceras “Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tu falta te ha hecho caer...” (vv. 2-4). El verbo clave es sûb que significa en primer lugar volverse a Dios, poner en Él su mirada, y en segundo lugar y como consecuencia de ello, cambiar de conducta, regresar al hogar de Dios. Para ello, el Señor no pide sacrificios ritualistas, sino "palabras" sinceras que expresen la renuncia a los falsos apoyos: Asiria que representa la confianza en las alianzas políticas y el poder militar, los caballos que simbolizan la autosuficiencia del ejército o la obra de nuestras manos con los que se refiere a los ídolos religiosos (Baal).

A partir del versículo 5, la voz cambia. Ya no habla el profeta, sino Dios directamente. La respuesta divina es de una generosidad desbordante, una salvación- sanación que se expresa con las bellas metáforas del florecimiento de la naturaleza. La iniciativa es de Dios. Su amor misericordioso (hésed) es gratuito y sana esa inclinación del ser humano a ser infiel. “Curaré su infidelidad, los amaré generosamente” (v.5). Dios es la fuente de vida: “Seré como el rocío para Israel; florecerá como el lirio” (v.6).

A continuación, encontramos un monólogo de Dios mirando a los ídolos. El Señor afirma categóricamente que los ídolos son mudos e impotentes, mientras Él es quien escucha ("respondo") y cuida ("miro"). Utiliza la metáfora del “ciprés siempre verde”: Dios es la fuente perenne de refugio y vitalidad: Ningún esfuerzo humano da fruto espiritual si no está injertado en la gracia divina. "De mí procede tu fruto"(v.9).

Termina este bello texto profético con una conclusión sapiencial “¿Quién es sabio para entender estas cosas?...” (v. 10a). El mensaje de Oseas (y de toda la Escritura) requiere sabiduría y discernimiento para encarnarlo en el presente. “Porque los caminos del Señor son rectos:  los justos los transitan, pero los traidores tropiezan en ellos” (v.10b). Frente a la Palabra del Señor tenemos dos opciones, acogerla y vivirla, o lo que es lo mismo, transitar por sus caminos que nos conducen a la vida, o rechazarla e itinerar por nuestros propios caminos que nos conducen a la muerte. 

El texto de Oseas nos muestra que la última palabra de Dios es siempre la misericordia. Él, a pesar de la infidelidad de su pueblo, está siempre dispuesto a sanarlo, restaurarlo y hacerlo florecer. Hoy, a la luz de las palabras del profeta, podemos preguntarnos: ¿recorremos los caminos del Señor comprendiendo y reconociendo su misericordia en nuestra vida diaria, o en cambio, transitamos por caminos que nos alejan de su compasión?

Sagaces como serpientes y sencillos como palomas

El texto del evangelio de hoy forma parte del llamado “discurso misionero” de Mateo (Mt 10). Tras elegir a los Doce y darles las primeras instrucciones para la predicación (10,1-5) Jesús hace una advertencia realista y cruda sobre las persecuciones a las que se enfrentarán por causa de su nombre.

En primer lugar, el evangelista presenta la realidad de la misión, en la que a veces nos podemos sentir vulnerables “ovejas en medio de lobos”. Jesús no esconde el peligro y la hostilidad del mundo hacia el Evangelio, y por tanto hacia su predicador. El discípulo no ha de imponer su mensaje, sino proclamarlo desde la mansedumbre, por eso el Maestro pide equilibrio entre dos virtudes: astucia, inteligencia, discernimiento, saber leer los tiempos y evitar el peligro innecesario; y sencillez, bondad sin doblez, integridad moral. La astucia sin sencillez se vuelve cinismo; la sencillez sin astucia se vuelve ingenuidad (v. 16).

Seguidamente, Jesús detalla dos frentes de persecución institucional: el religioso (sinagogas) y el político (gobernadores y reyes). La persecución forma parte de la misión, pero a pesar del sufrimiento que genera, es también una oportunidad. Al ser llevados ante las autoridades, los discípulos tienen la oportunidad de dar testimonio, momento para el cual, Jesús invita a la confianza absoluta en el Espíritu que hablará en ellos (vv. 17-20).

Junto a esto hay que tener en cuenta que en la misión no basta el entusiasmo inicial, sino la resistencia fiel en medio del sufrimiento o de un fracaso prolongado "El que persevere hasta el fin, este se salvará" (v.22). Sin embargo, el seguidor de Jesús no busca el sufrimiento por el sufrimiento. Si una puerta se cierra con violencia, la misión se mueve a otro lugar. La persecución se convierte en el motor geográfico de la evangelización, como ocurrirá más tarde en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 11,19).

El evangelio de hoy nos da claves para ir a la misión, sabiendo que esta no es fácil pero que en medio de las dificultades contamos con la fuerza del Espíritu Santo. Nos interrogamos: ¿Con qué actitudes me dispongo para ir a la misión? ¿Dónde pongo mis fuerzas cuando la predicación no tiene aparentemente éxito o me veo ridiculizado y perseguido por ella?

SANTOS DEL DÍA

 


Santoral

Victoria y Anatolia, Santas
Mártires, 10 de julio ...

miércoles, 8 de julio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la profecía de Oseas 11, 1-4. 8c-9

Esto dice el Señor:
«Cuando Israel era joven lo amé
y de Egipto llamé a mi hijo.
Cuanto más los llamaba,
más se alejaban de mí:
sacrificaban a los baales,
ofrecían incienso a los ídolos.
Pero era yo quien había criado a Efraín,
tomándolo en mis brazos;
y no reconocieron que yo los cuidaba.
Con lazos humanos los atraje,
con vínculos de amor.
Fui para ellos como quien alza
un niño hasta sus mejillas.
Me incliné hacia él
para darle de comer.
Mi corazón está perturbado,
se conmueven mis entrañas.
No actuaré en el ardor de mi cólera,
no volveré a destruir a Efraín,
porque yo soy Dios,
y no hombre;
santo en medio de vosotros,
y no me dejo llevar por la ira».

Salmo de hoy

Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16 R/. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve

Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece,
despierta tu poder y ven a salvarnos. R/.

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña.
Cuida la cepa que tu diestra plantó
y al hijo del hombre que tú has fortalecido. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios.
Gratis habéis recibido, dad gratis.
No os procuréis en la faja oro, plata ni cobre; ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en una ciudad o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa, saludadla con la paz; si la casa se lo merece, vuestra paz vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros.
Si alguno no os recibe o no escucha vuestras palabras, al salir de su casa o de la ciudad, sacudid el polvo de los pies.
En verdad os digo que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra, que a aquella ciudad».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Llamé a mi hijo. Lo amé y lo llevé en mis brazos”

En muchas ocasiones he escuchado que el Dios del Antiguo Testamento es terrible, justiciero, sanguinario… Este texto del profeta Oseas que la Liturgia nos propone hoy, desmantela esa errónea imagen del Dios del Antiguo Testamento para revelarnos, una vez más, al Dios-Amor, al Dios-Abba de Jesús.

En los capítulos anteriores, el profeta Oseas nos compara el amor de Dios como un amor conyugal, ahora lo describe como un padre-madre tierno, que lleva a su hijo en brazos, al que acaricia y besa, al que le da de comer y le enseña a andar, al que atrae "con lazos de amor". Pero ese hijo le es infiel. Continuamente rompemos la alianza que prometimos en nuestro bautismo: "cuando le llamaba, él se alejaba". Él nos sigue sacando de los diferentes Egiptos que son las distintas esclavitudes en que nos enredamos y que nos hacen alejarnos y olvidar a Dios.    

¿Y cuál es la reacción de Dios a nuestra infidelidad?: "Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas: no cederé al ardor de mi cólera". Y la razón es todavía más impresionante: "porque yo soy Dios, y no hombre; santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta".

¿Hay una “buena noticia” mejor que ésta? Este texto del libro de Oseas es uno de los mejores del Antiguo Testamento, comparable con el relato de la parábola del hijo pródigo. Nuestro Dios es un Dios que salva, que perdona siempre, que restaura y nos devuelve la dignidad de hijos amados.

Sí, somos sus hijos amados, salidos de sus entrañas a su imagen y semejanza, por eso, también nosotros debemos ser misericordiosos, capaces de amar a cada una de las personas que nos rodean, a nuestra Iglesia, a nuestra comunidad, a nuestra familia, aunque tengan defectos y nos traten mal, aunque nos cueste, debemos amar como Dios continuamente nos ama.  

“Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”

Si creemos que el Reino es el Señor y nos convertimos, viviendo como Él quiere, seremos signos de su presencia y haremos sus mismas obras: realizar curaciones, volver a dar la vida, tomar posición contra Satanás y sus estrategias del mal.

No por nuestros méritos sino porque, sin merecerlo, nos ha capacitado para que sigamos haciéndolo presente entre nosotros. Esta riqueza, absolutamente gratuita, es la que estoy llamada a entregar.

Ser discípulo también me exige vivir la “pobreza evangélica”, que no se apoya en los medios materiales (oro, plata, vestidos, alforja, seguridad), sino en la ayuda de Dios y en la fuerza de su palabra. Asumiendo el fracaso; si en un lugar no nos escuchan, vamos a otro donde podamos anunciar la Buena Noticia. Dispuestos a todo, a ser recibidos o a ser rechazados. Sin olvidar que, en definitiva, lo que anunciamos es el sentido que tiene nuestra vida y la vida de todos nuestros hermanos, a los ojos de Dios: esto es el Reino de Dios.

 

 

Oración para hacer junto al Padrenuestro

Hijo mío

que estás en la tierra

y me llamas por mi nombre

todo mi Reino eres tú

y mi voluntad quererte.

Toma mi cuerpo cuando tengas hambre

y mi sangre para saciar tu sed.

No olvides que aquí estoy para levantarte.

Te quiere, tu Padre

 

(Carlos Schlatter, Sacerdote)

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Agustín Zhao y compañeros, Santos
Memoria Litúrgica, 9 de julio...

martes, 7 de julio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la profecía de Oseas 10, 1-3. 7-8. 12

Una viña arrasada es Israel, el fruto es como ella.

Por la abundancia de sus frutos, multiplicó sus altares.

Cuanto más rica era su tierra, más adornaban sus estelas.

Su corazón es inconstante, así pues pagarán.

Él mismo hará pedazos sus altares, demolerá sus estelas.

Entonces dirán: «no tenemos rey, porque no tuvimos temor del Señor..., y el rey ¿qué haría por nosotros?».

Ha desaparecido el rey de Samaria, como una rama de la superficie del agua.

Serán destruidos los altozanos de los Iniquidad, ¡pecado de Israel!

Espino y maleza crecerán sobre sus altares.

Dirán a las montañas: «Cubridnos», y a las colinas: «Caed sobre nosotros».

Sembrad con justicia, recoged con amor.

Poned al trabajo un terreno virgen. Es tiempo de consultar al Señor, hasta que venga y haga llover sobre vosotros la justicia.

Salmo de hoy

Salmo 104, 2-3. 4-5. 6-7 R/. Buscad continuamente el rostro del Señor.

Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas,
gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor. R/.

Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 1-7

En aquel tiempo, Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.

Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.

Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Cuantos más eran sus frutos, más aumentó sus altares”

La primera lectura de hoy es un fragmento del profeta Oseas, quien hace de su drama personal: un amor abandonado que más tarde recupera, un signo profético de la relación entre Yahvé e Israel. La historia de Israel es una larga cadena de infidelidades al Dios que le da constantes puebas de su amor y que permanece siempre dispuesto a la reconciliación.

En estos versículos, se muestra el corazón dividido del pueblo. Está viviendo una época de prosperidad, recogiendo los frutos abundantes de una viña frondosa, pero, olvidándose del Dios de quien vienen esos dones, multiplica altares y monumentos idolátricos.

No podemos demonizar el desarrollo económico pues sirve para la promoción del bien común. El problema está en la ambigüedad del corazón humano y el riesgo de su división entre proyectos solidarios o proyectos acumulativos. El drama aparece cuando el  bienestar de las minorías satisfechas anestesia la sensibilibilidad hacia las carencias de las mayorías empobrecidas. El corazón dividido  ignora al hermano. Así, los humanos somos con frecuencia víctimas de una economía que mata, como han denunciado los últimos pontífices, y hacemos de nuestro bienestar un incienso para los dioses del consumo y del mercado.  

Pero Yahvé no se olvida de su pueblo, le reencontrará y le bendecirá de nuevo para que Israel pueda sembrar justicia y recolectar misericordia.

“Les dio autoridad para curar toda enfermedad y dolencia”

El texto de Mateo narra la institución de los Doce, un grupo reducido de los discípulos, a quienes consideramos apóstoles.

Jesús no es un profeta ni un predicador solitario, quiere tener junto a sí a otros a los que llama para que vivan cercanos a él y para que compartan su causa.

No se trata sólo de constituir un equipo de trabajo. La espiritualidad de Jesús hunde sus raíces en la tradición de Israel. El número doce tiene resonancias veterotestamentaria: las tribus que componían el pueblo. Al elegir doce apóstoles, Jesús expresa su convencimiento de que con él y sus seguidores se se constituye el nuevo pueblo, un pueblo que, redimido, será enviado para anunciar a todos los pueblos, a todos los hombres y mujeres, que el Reino ya está aquí y que la historia va a cambiar.

Los Doce forman un grupo heterogéneo, constituido por gente sencilla que vive de su trabajo, y que se convierte desde entonces en un grupo itinerante que sigue a Jesús.  Esto es significativo también. Jesús no se rodea de la flor y nata de aquella sociedad. Tampoco de gente económicamente potente o con un  notable patrimonio cultural. Entre ellos no hay sacerdotes ni escribas. Ni todos son tan virtuosos que la convivencia entre ellos sea una balsa de aceite: algunos deseaban la preminencia y el poder.

Poco a poco, a lo largo de tres años, el Señor va educándoles con paciencia. Presencian sus signos, escuchan sus palabras, les explica en privado algunas parábolas. Corrige sus expectativas sobre su persona y su misión: es un Mesías siervo. Aprenden el valor de la compasión hacia los débiles. Les va familiarizando con el drama de su pasión y les anuncia la resurrección. En suma, les está preparando para que se conviertan en los testigos de su vida, de su misterio y de su ministerio.

Hay dos precisiones en el relato que conviene destacar. En primer lugar les da “autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia”. Jesús comparte con ellos su poder para sanar. La salvación que anuncia con su palabra se realiza con sus milagros, aunque estos no son tanto manifestación de poder cuanto  signos  de compasión. Y muestras de que la salvación cristiana es de la persona entera, simbolizada en el cuerpo, y no sólo en un alma separada.

En según lugar, las instrucciones finales de no ir a tierra de paganos, sino de centrarse “en las ovejas descarriadas de Israel” extrañan porque con Jesús caen las viejas fronteras y se inicia una religión universalista. Posiblemente, el Señor está invitando a ordenar la propia casa antes que limpiar la calle.  Es verdad que nadie da lo que no tiene. Sólo las personas integradas son una promesa y no una amenaza para la comunidad. Sólo las comunidades que encarnan los valores del Evangelio, pueden anunciarlos y ofertarlos creíblemente a otros. Sólo quienes evangelizan su propio corazón pueden evangelizar a otros. Porque la evangelización no es el resultado de discursos brillantes, sino de transformación de corazones. 

 

¿A qué dios consagramos nuestro corazón: al Dios Padre que nos cuida y nos pide cuidar a los hermanos, o a los dioses del consumo y el mercado? ¿Pretendemos seguir a Jesús de forma individualista o desde y con nuestra comunidad? ¿Somos conscientes de que podremos evangelizar a otros si previamente nos evangelicemos algo más a nosotros mismos?

SANTOS DEL DÍA

 




Santoral

Adriano III, Santo
CIX Papa, 8 de julio ...

FUNERAL POR OBDULIA

 



El Señor llamó a su seno a :


Dª OBDULIA ÁLVAREZ PÉREZ


a los 84 años de edad


D.E.P


Los funerales por su eterno descanso tendrán lugar Mañana día 8 de Julio a las 11 de la Mañana