miércoles, 22 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 8, 1b-8

Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaria.

Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él.

Saulo, por su parte, se ensañaba con la Iglesia; penetrando en las casas y arrastrando a la cárcel a hombres y mujeres.

Los que habían sido dispersados iban de un lugar a otra anunciando la Buena Nueva de la Palabra. Felipe bajó a la ciudad de Samaria y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Salmo de hoy

Salmo 65, 1-3a. 4-5. 6-7a R/. Aclamad al Señor, tierra entera

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué terribles son tus obras!» R/.

Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R/.

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con él,
que con su poder gobierna enteramente. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 35-40

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.

Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.

Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

Reciba el Evangelio con el comentario de cada día en su WhatsApp

Haga click en "Suscribirme" desde su móvil y luego pulse el botón "Seguir" en su WhatsApp.

Active el icono de la campana para que su teléfono le avise de las novedades.


Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe”

Dice el Señor: "Yo soy el pan de vida”. La Vida que el Señor nos ofrece es una  Vida autentica y plena.

Es autentica porque nace de las mismas entrañas de nuestro Dios, de lo más profundo de la intimidad de nuestro Dios. Es una vida autentica que brota en nuestro interior cuando nos alimentamos con el verdadero pan de vida.

En un mundo como el nuestro, muchos se presentan como fuente de vida y garantía de esperanza, pero ni esta ni aquella son auténticas, porque hunden sus raíces en ideologías malsanas instaladas en la comodidad del bienestar aparente.

La vida autentica que nos ofrece el Señor crea en nosotros sentimientos de solidaridad y de cercanía, es una vida que se vierte en los demás, como agua limpia, riega los surcos resecos que agrietan el corazón de los hombres. Vivir esta auténtica vida no siempre es fácil, esta solidaridad, esta cercanía no siempre son bien recibidas por situaciones personales y sociales manifiestamente injustas y egoístas.

“El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás”

Además, la vida que el Señor nos ofrece y que brota de la más profunda intimidad del Padre, es una vida plena, eterna. Es una vida que sacia la sed más profunda del ser humano: la sed de paz.

Una paz que crea lazos de humanidad, donde la fuerza de la luz de Pascua ilumina un futuro abierto a la esperanza; donde el ser humano se siente verdadera y plenamente humano, sin disfraces, sin máscaras, solo saciado por el pan de vida.

No se trata de destruir nada sino de potencias todo lo humano que hay en nosotros, la paz autentica nos lleva la Humanidad verdadera. Ser humano es ir al encuentro con Jesús porque solo Él puede sostener plenamente nuestra vida y con la seguridad de que nunca nos echara fuera.

Vivamos la vida auténtica y plena, es un mandato del señor.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Agapito I, Santo
LVII Papa, 22 de abril...

martes, 21 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 7, 51 — 8, 1a

En aquellos días, dijo Esteban al pueblo y a los ancianos y escribas:
«¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la ley por mediación de ángeles y no la habéis observado».

Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo:
«Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».

Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:
«Señor Jesús, recibe mi espíritu».

Luego, cayendo de rodillas y clamando con voz potente, dijo:
«Señor, no les tengas en cuenta este pecado».

Y, con estas palabras, murió.

Saulo aprobaba su ejecución.

Salmo de hoy

Salmo 30. 3cd-4. 6 y 7b y 8a. 17 y 21ab R/. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame. R/.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Yo confío en el Señor.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. R/.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 30-35

En aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús:
«¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».

Jesús les replicó:
«En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».

Entonces le dijeron:
«Señor, danos siempre de este pan».

Jesús les contestó:
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

Reciba el Evangelio con el comentario de cada día en su WhatsApp

Haga click en "Suscribirme" desde su móvil y luego pulse el botón "Seguir" en su WhatsApp.

Active el icono de la campana para que su teléfono le avise de las novedades.


Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Bienaventurados los perseguidos por mi nombre”

En este pasaje de los Hechos de los Apóstoles asistimos a la entusiasta predicación de San Esteban. El joven cristiano da público testimonio de Jesús en los primeros tiempos de la Iglesia. Aún está muy reciente la muerte y resurrección de Cristo y es de suponer que las autoridades judías estaban muy nerviosas por lo que veían y escuchaban de los discípulos. A san Esteban siempre se le ha llamado el protomártir, porque fue el primero en entregar su vida por Jesús, fue valiente y estaba lleno del Espíritu Santo, no tuvo miedo a proclamar la Verdad, aun sabiendo las consecuencias que le podían traer sus palabras. Ante el Sanedrín acusa a sus miembros de no haber escuchado a los profetas y de haberles dado muerte como a Cristo. La cólera contra él llega al máximo y deciden lapidarle. Esteban derramará su sangre por no esconderse, por predicar la Buena Nueva y en ese momento proclama que ve los cielos abiertos y la gloria de Dios.

Y hay un testigo silencioso, un personaje que aprueba la condena en silencio, alguien que más tarde será uno de los pilares de la Iglesia: Saulo, Pablo de Tarso, el que perseguirá a los primeros cristianos. El que caerá del caballo camino de Damasco y verá la Luz de Dios. Ese hombre que presenció la muerte injusta del primer mártir y que al final de sus días también será víctima del odio por seguir a Jesús y predicar su Palabra. Nunca sabemos lo que Dios nos tiene preparado, lo que sí sabemos es que el encuentro con Jesús nos abre las puertas del cielo.

“Señor, danos siempre de ese pan”

Una vez más las gentes le piden a Jesús que haga un signo para creer en Él. Apelan a la memoria de Moisés y al maná que dio a comer al pueblo. Pero Él les corrige: el maná no se lo dio Moisés, el maná bajó del Padre. Y les explica que el nuevo maná, el pan que ha bajado del cielo, es Él mismo: “Yo soy el Pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre”

Hace apenas tres semanas asistimos a la institución de la Eucaristía en el Jueves Santo, a ese momento en el que Cristo nos da su Cuerpo y su Sangre para que vivamos para siempre. Jesús se hace sacramento para permanecer con nosotros hasta el fin de los tiempos. Él es verdadera carne y verdadera sangre para nuestra salvación.

Que importante es asistir y participar de la Eucaristía, Jesús se nos da gratis, nos está esperando en el sagrario para escucharnos; nos espera en el sacrificio del altar para entregarse a nosotros. Siempre está, siempre permanece, jamás nos abandona. Es el nuevo maná que nos envía el Padre. Debemos ser conscientes del tesoro que tenemos a nuestro alcance.

Cristo ha resucitado y nos espera cada día hecho pan y vino. Acudamos a su llamada, estemos junto a Él en oración, comamos este Pan del Cielo que sacia nuestra hambre y colma nuestra alma. Estemos alegres en esta Pascua y unámonos en Comunión a toda la Iglesia a través de los Sacramentos: desde San Pedro de Roma a la más humilde de las ermitas, Jesús nos aguarda, espera nuestra visita porque como Él mismo dijo: “El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed”.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Anselmo, Santo
Memoria Litúrgica, 21 de abril...

lunes, 20 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 6, 8-15

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.

Entonces indujeron a unos que asegurasen:
«Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios».

Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y, viniendo de improviso, lo agarraron y lo condujeron al Sanedrín, presentando testigos falsos que decían:
«Este individuo no para de hablar contra el Lugar Santo y la Ley, pues le hemos oído decir que ese Jesús el Nazareno destruirá este lugar y cambiará las tradiciones que nos dio Moisés».

Todos los que estaban sentados en el Sanedrín fijaron su mirada en él y su rostro les pareció el de un ángel.

Salmo de hoy

Salmo 118, 23-24. 26-27. 29-30 R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor

Aunque los nobles se sienten a murmurar de mí,
tu siervo medita tus decretos;
tus preceptos son mi delicia,
tus enseñanzas son mis consejeros. R/.

Te expliqué mi camino, y me escuchaste:
enséñame tus mandamientos;
instrúyeme en el camino de tus mandatos,
y meditaré tus maravillas. R/.

Apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu ley;
escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 22-29

Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar.

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».

Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».

Ellos le preguntaron:
«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».

Respondió Jesús:
«La obra de Dios es esta: que creáis en el que Él ha enviado».

Reciba el Evangelio con el comentario de cada día en su WhatsApp

Haga click en "Suscribirme" desde su móvil y luego pulse el botón "Seguir" en su WhatsApp.

Active el icono de la campana para que su teléfono le avise de las novedades.


Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

Aprender a comer

Uno de los mensajes de salud más repetidos -y con razón- es la necesidad que tenemos de aprender a comer bien. Las desastrosas consecuencias para la salud de ingerir “comida basura” (en Paraguay: “comida chatarra”), nos advierten que lo fácil, gustoso, atractivo y rápido a la hora de consumir, no es lo sano, necesario y nutritivo.

Este principio vale también para la vida espiritual. En el evangelio de hoy, vemos cómo Jesús lanza una pregunta indiscreta e interpelante y descubre un propósito errado en los que tienen interés por él.

Después de la multiplicación de los panes, ante la ausencia de Jesús y sus discípulos, la gente se lanza en su busca, incluso atravesando el lago de Tiberiades. Tienen, pues, un gran deseo de ver a Jesús y se toman el esfuerzo.

Pero Jesús les discierne ese deseo y esa búsqueda: “Os aseguro que me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, el que os dará el Hijo del Hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre Dios”.

Este es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que Él ha enviado

Retados los oyentes a plantearse su intención y deseo de Jesús a un nivel más profundo, le preguntan: “¿Cómo podemos ocuparnos en los trabajos que Dios quiere?” Quizás pensaban en duras mortificaciones, o en otro tipo de austeridad o fidelidad legalista a la Ley de Moisés, pero Jesús es taxativo: “Este es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que Él ha enviado”.

Por supuesto, que creer en Jesús, va a suponer también vivir en su seguimiento, porque fe sin obras es una fe vacía y falsa, está muerta (Sant 2, 14-26). Pero la raíz del seguimiento mismo es esa amistad confiada con la persona de Jesús, que hace de la vida de cada uno un convivir con él, y que nos lleva a ir asumiendo, por la acción del Espíritu Santo, sus maneras de pensar, sus maneras de sentir, sus maneras de relacionarse y sus maneras de actuar.

En la primera lectura, se nos ofrece un ejemplo de lo que es un verdadero discípulo; de alguien “que ha trabajado por el alimento que perdura” porque ha creído y seguido a Cristo: Esteban, el primer mártir de la Iglesia. No olvidemos, que “mártir” significa testigo: alguien que con su vida, sus palabras, su acción e, incluso, su muerte, atestigua, testifica, hacer ver claro que Jesús es el pan nutriente de la vida que no tiene fin.

Por eso, y como eco de la palabra de Dios, hagamos nuestra la oración del salmo responsorial:

“Apártame del camino falso,

y dame la gracia de tu voluntad

Escogí el camino verdadero,

y deseé tus mandamientos.”

 

¿Busco a Jesús? ¿Por qué lo busco? ¿Cómo lo encuentro? ¿Trabajo por encontrarlo y hacerlo mi centro y guía?

SANTOS DEL DÍA

 



domingo, 19 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33

El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró:
«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras.

A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él:

“Veía siempre al Señor delante de mí,
pues está a mi derecha para que no vacile.
Por eso se me alegró el corazón,
exultó mi lengua,
y hasta mi carne descansará esperanzada.

Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos,
ni dejarás que tu Santo experimente corrupción.
Me has enseñado senderos de vida,
me saciarás de gozo con tu rostro”.

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

Salmo

Salmo 15, 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11 R/. Señor, me enseñarás el sendero de la vida

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R/.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos,
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 17-21

Queridos hermanos:

Puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras de cada uno, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación, pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios.

Reciba el Evangelio con el comentario de cada día en su WhatsApp

Haga click en "Suscribirme" desde su móvil y luego pulse el botón "Seguir" en su WhatsApp.

Active el icono de la campana para que su teléfono le avise de las novedades.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».

Él les dijo:
«¿Qué?».

Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.

Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.


“Quédate con nosotros”

Los dos discípulos se dirigían a Emaús. Su porte era normal, como el de tantas otras personas que pasaban por aquellos parajes. Y es allí, con naturalidad, que Jesús se les aparece y camina con ellos, comenzando una conversación que les hace olvidar su fatiga… Jesús en el camino. ¡Señor, tú siempre eres grande! Pero me conmueves cuando condesciendes a seguirnos, a buscarnos en nuestro ir y venir cotidiano. Señor, concédenos la simplicidad de espíritu; danos una mirada pura, una inteligencia clara para poder comprenderte cuando vienes a nosotros sin ningún signo exterior de tu gloria. Al llegar al pueblo, el trayecto se acaba y a los dos discípulos que, sin darse cuenta, han sido tocados en lo más profundo de su corazón por la palabra y el amor de Dios hecho hombre, les duele que se marche. Porque Jesús, se despide de ellos “aparentando que iba más lejos”. Nuestro Señor no se impone jamás. Una vez percibida la pureza del amor que ha puesto en nuestra alma, quiere que le llamemos libremente. Hemos de retenerle a la fuerza y rogarle: “Quédate con nosotros porque atardece y se acaba el día, empieza ya la noche”. Nosotros somos así: nos falta audacia, quizás por falta de sinceridad, o por pudor. En el fondo pensamos: Quédate con nosotros, porque las tinieblas envuelven nuestra alma, y solo tú eres la luz, solo tú puedes calmar esta sed que nos consume… Y Jesús se queda con nosotros. Se abren nuestros ojos, como los de Cleofás y su compañero, cuando Cristo parte el pan; y aunque él desaparezca de nuevo de nuestra vista, seremos capaces de ponernos de nuevo en camino - empieza ya la noche- para hablar de él a los demás, porque tanto gozo no puede quedar guardado en un solo corazón. Camino de Emaús. Nuestro Dios ha llenado de dulzura este nombre, y Emaús es el mundo entero porque el Señor ha abierto los caminos divinos de la tierra.