miércoles, 4 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 18, 18-20

Ellos dijeron:

«Venga, tramemos un plan contra Jeremías porque no faltará la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta. Venga, vamos a hablar mal de él y no hagamos caso de sus oráculos».

Hazme caso, Señor, escucha lo que dicen mis oponentes. ¿Se paga el bien con el mal?, ¡pues me han cavado una fosa!

Recuerda que estuve ante ti, pidiendo clemencia por ellos, para apartar tu cólera.

Salmo de hoy

Salmo 30, 5-6. 14. 15-16 R/. Sálvame, Señor, por tu misericordia

Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás. R/.

Oigo el cuchicheo de la gente,
y todo me da miedo;
se conjuran contra mí
y traman quitarme la vida. R/.

Pero yo confío en ti, Señor;
te digo: «Tú eres mi Dios».
En tu mano están mis azares:
líbrame de los enemigos que me persiguen. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 17-28

En aquel tiempo, subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino:

«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.

Él le preguntó:
«¿Qué deseas?».

Ella contestó:
«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».

Pero Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».

Contestaron:
«Podemos».

Él les dijo:
«Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo:

«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.

Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

¿Se paga el bien con el mal?

Hemos iniciado la celebración con una súplica: que nos guarde en el camino del bien, que él nos ha señalado, y hemos expuesto ante el Señor una necesidad: haz que, protegida por tu mano, en sus necesidades temporales, tienda con mayor libertad hacia los bienes eternos.

En el camino cuaresmal se nos presenta el misterio de Cristo para su contemplación, y en él se nos revela el necesario camino del bien. En el Hijo de Dios, que se ha hecho verdaderamente hombre, queda trazada para nosotros la línea de conducta que debemos seguir. Y sin perder de vista quien es este que camina a nuestro lado, capaz de llevarnos a experimentar la auténtica libertad de espíritu. Tenemos así expuesta en las dos primeras semanas, la tarea cuaresmal.

Y el profeta se pregunta ¿Se paga el bien con el mal? Habiendo escuchado lo que traman sus enemigos, sintiendo su impotencia, se vuelve a Dios suplicando y exponiendo su sorpresa. Ha pasado ante ellos haciendo el bien, intercediendo en su favor, pero, lejos de atenderlo, arremeten contra él.

Sin embargo, el profeta no mudará su actitud: “Recuerda que estuve ante ti, pidiendo clemencia por ellos, para apartar tu cólera”. Con el bien se termina venciendo al mal. Nosotros llegamos también con nuestra impotencia a dirigirnos a Dios, convencidos de que sólo cuando atendemos a su palabra, comenzamos a ver cómo se disipan las tinieblas. Por eso clamamos con el salmista:

Sálvame, Señor, por tu misericordia

Se oye y se ve cómo se planifica y lleva a cabo toda suerte de actuaciones, contra la dignidad y derechos de las personas. Parece inútil todo esfuerzo por cambiar esa situación. Para no desfallecer, cediendo al desaliento, no hay otra solución que volverse al Señor, como el salmista, como el profeta: Pero yo confío en tí, Señor; te digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis azares…”.

En Jesús aparece con el máximo de radicalidad lo que en el salmo contemplamos. Este salmo es recitado por Jesús estando en la cruz y los mártires lo utilizan en el momento de entregar la vida. En medio de las situaciones que toca afrontar, reconocer que solamente Dios nos salva y ello en razón de su infinita misericordia.

Estamos subiendo a Jerusalén

La cuaresma es camino hacia la Pascua. La vida del cristiano es una peregrinación pascual, hacia la Pascua eterna. De ello no debemos huir. Van camino de Jerusalén. No es un viaje más; este es el viaje definitivo, así lo entiende el Señor y así se lo hace ver a los Doce: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».

Este anuncio es clave para entender el discipulado. Profundizar en él, durante la cuaresma debe tener prioridad, para comprender mejor lo que ella significa. Para ir más allá del sentido penitencial que la marca. No en vano en estas dos primeras semanas se coloca delante el misterio de Cristo y se nos invita a vivirlo en plenitud. La conversión tiene que estar fundamentada en ese conocimiento, por lo que revela para el presente y futuro de cada ser humano.

Hay que prestar atención a ello, para superar la tentación que aparece en el relato evangélico. La figura de la madre de los Zebedeos no está aislada, es compartida por los miembros del grupo. Han discutido muchas veces sobre quién es el más importante. Los primeros puestos son apetecidos por el ser humano. Especialmente los beneficios que se pueden obtener y los honores que llevan anexos. La indignación de los otros diez revela que se sienten discriminados, que pierden oportunidades. ¡Es tan humano eso! Tan común y frecuente, entonces y ahora, que se ha de prestar el máximo de atención al planteamiento de Jesús.

La respuesta del Maestro es situarlos ante la determinación de entregar la vida. Beber el cáliz. A esto respondieron que estaban dispuestos. Jesús va más allá: “Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre”. Los sitúa ante la entrega total y gratuitamente. ¿Qué es lo que no tienen que hacer? Sabéis, les dirá “que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo”. La razón de todo eso es que él no ha venido a ser servido, sino a servir y dar la vida en rescate por todos.

 

¿Qué busco, por qué y para qué? ¿Cómo entiendo y vivo la gratuidad?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Casimiro de Polonia, Santo
Memoria Litúrgica, 4 de marzo ...

domingo, 1 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la profecía de Daniel 9, 4b-10

¡Ay, mi Señor, Dios grande y terrible, que guarda la alianza y es leal con los que lo aman y cumplen sus mandamientos!

Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.

Tú, mi Señor, tienes razón y a nosotros nos abruma la vergüenza, tal como sucede hoy a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los de cerca y a los de lejos, en todos los países por donde los dispersaste a causa de los delitos que cometieron contra ti.

Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti.

Pero, mi Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona, aunque nos hemos rebelado contra él. No obedecimos la voz del Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por medio de sus siervos, los profetas.

Salmo de hoy

Salmo 78, 8. 9. 11. 13 R/. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados

No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados. R/.

Socórrenos, Dios, Salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu nombre. R/.

Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:
con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte. R/.

Nosotros, pueblo, ovejas de tu rebaño,
te daremos gracias siempre,
cantaremos tus alabanzas de generación en generación. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 36-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

Dios guarda su alianza y perdona al transgresor arrepentido

El libro que contiene la profecía de Daniel pude datarse en dos siglos antes del nacimiento de Cristo, aunque los acontecimientos históricos a los que se refiere se refieren a siglos anteriores (Dan 9, 4-10). Sin embargo, el mensaje espiritual que contiene cuadra perfectamente con todas las épocas, también con la nuestra.

En primer lugar, se ofrece una visión del misterio de Dios por lo que se deduce de su relación con los seres humanos. Es fiel a la alianza que tiene pactada a través del pueblo de Israel, su poder es infinito, hay que pensarlo como la santidad personificada, cercano a los cumplidores de sus mandatos, que proceden de su amor sin medida y hace capaces a los humanos de corresponderle de la misma manera.

Lo más opuesto a Dios es el pecado del hombre, pero este tiene posibilidad de arrepentimiento, de sentir vergüenza por sus crímenes y delitos, infidelidades, desobediencias, rebeldías, dureza de corazón. Su contrición y dolor por los pecados se manifiesta en la reconciliación con el Señor, que es la fuente de toda sabiduría y amor misericordioso. Tiene compasión, perdona las rebeldías reconocidas con pesar por haberlas cometido.

Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso

La naturaleza divina, el ser de Dios se confunde con el amor (Mt 6, 36-38). Su manifestación que nos entra por los ojos es el regalo de la Creación, en general, y del hombre que es su centro. Se hace visible, de manera más significativa, en el amor fontal en su Hijo, que asume la naturaleza humana para redimirla. Su predilección se exterioriza en la misericordia y perdón de los pecados, en la ayuda misteriosa del Espíritu Santo, que se manifiesta en sus representantes, a nivel humano, y en el orden espiritual. El Espíritu de Dios alienta a las familias, ministros sagrados y a los educadores y educandos. Por parte de Dios, todo lo tenemos asegurado de manera perfecta.

Por nuestra parte, el Evangelio de Dios nos alumbra en el camino que no es otro que el de Cristo.  Hemos de avanzar por la senda del amor a Dios y del amor a Dios, dejando a un lado los juicios temerarios, murmuraciones y personales condenas. Se nos pide de manera particular, la misericordia, el perdón, la generosidad, la comprensión.

El fruto de obrar en conformidad con el consejo de Jesús es: la misericordia de Dios para con nosotros, abstenernos de juzgar y condenar a nadie, perdonar sin establecer una medida, solidaridad. La recompensa hay que dejarla en manos del Señor, que multiplicará la remuneración, en este mundo y en el venidero.

SANTOS DEL DÍA

 



LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 12, 1-4a

En aquellos días, el Señor dijo a Abrán:
«Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré.

Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre y serás una bendición.

Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra».

Abrán marchó, como le había dicho el Señor.

Salmo

Salmo 32, 4-5. 18-19. 20 y 22 R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R/.

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 8b-10

Querido hermano:

Toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.

Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo Jesús desde antes de los siglos, la cual se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.

Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».


La revelación de la Gloria

Todos los ojos se cierren para no ser encandilados por tan grande, viva y brillante luz. Todos los labios se callen, para no opacar una belleza tan perfecta, al querer descubrirla. Todo espíritu se despoje y adore, para no ser oprimido por el peso inmenso de la gloria de la divina Sabiduría, al querer sondarla. Para adecuarse a nuestra debilidad, el Espíritu Santo nos ofrece esta idea en el Libro de la Sabiduría, compuesto para nosotros. La Sabiduría eterna “es exhalación del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Todopoderoso: por eso, nada manchado puede alcanzarla. Ella es el resplandor de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios y una imagen de su bondad” (Sb 7,25-26). (…) El Padre ha puesto su predilección, en la eternidad y en el tiempo, en esa belleza soberana de la Sabiduría. Así lo aseguró expresamente el día de su bautismo y transfiguración “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección” (Mt 3,17; 17,5). La Sabiduría eterna, para aproximarse más a los hombres y testimoniarles más sensiblemente su amor, llegó a hacerse hombre, devenir niño, devenir pobre, morir por ellos en la cruz.

SANTOS DEL DÍA

 


Santoral

Albino de Angers, Santo
Obispo, 1 de marzo ...

viernes, 27 de febrero de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 26, 16-19

Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Hoy el Señor, tu Dios, te manda que cumplas estos mandatos y decretos. Acátalos y cúmplelos con todo tu corazón y con toda tu alma.

Hoy has elegido al Señor para que él sea tu Dios y tú vayas por sus caminos, observes sus mandatos, preceptos y decretos, y escuches su voz. Y el Señor te ha elegido para que seas su propio pueblo, como te prometió, y observes todos sus preceptos.

Él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y serás el pueblo santo del Señor, tu Dios, como prometió».

Salmo de hoy

Salmo 118, 1-2. 4-5. 7-8 R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor

Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la ley del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón. R/.

Tú promulgas tus mandatos
para que se observen exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus decretos. R/.

Te alabaré con sincero corazón
cuando aprenda tus justos mandamientos.
Quiero guardar tus decretos exactamente,
tú no me abandones. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”.

Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

"Guarda y cumple los preceptos del Señor con todo el corazón y con toda el alma"

Dios, que siempre toma la iniciativa en la relación con su pueblo, le recuerda por boca de Moisés que se ha comprometido con ellos a ser su Dios y a que ellos sean su pueblo. Pero Israel ha de escuchar a Dios y cumplir todo lo que les manda.

Dios es siempre fiel a su pueblo y tiene infinita paciencia con ellos cuando se obstinan en no escuchar su voz y endurecen su corazón siendo infieles en su modo de actuar.

También nosotros podemos vernos reflejados en la historia del Pueblo de Dios. Nuestra historia es también historia de salvación cuando aceptamos el amor incondicional de Dios.

"Habéis oído: amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo, pero yo en cambio os digo"

Yo os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y os calumnian.

El listón está bien alto. Tenemos que parecernos a Dios. Si amáis a los que os aman ¿qué hacéis de extraordinario?

Los mandamientos que el pueblo de Israel ha recibido, por medio de Moisés, marcan unos mínimos en referencia a los que tiene que vivir cada uno para agradar a Dios.

Cuando Jesús, el nuevo Moisés sube al monte de la Bienaventuranzas, se sienta para  proclamar la nueva ley que ha de marcar la vida de los que forman el pueblo de la Nueva Alianza.

El modelo es el mismo Dios y su forma de actuar con nosotros, malos y buenos. Jesús está haciendo entender las actitudes concretas que se derivan del mandamiento nuevo de amor. Estamos llamados a hacer de lo que nos parece  extraordinario, lo ordinario que marque nuestra vida y nuestras relaciones con los demás. Seguir a Jesús, ser de los suyos, significa querer vivir en una comunidad abierta a todos y comprometida con una mayor exigencia.

La Eucaristía que celebramos nos recuerda que somos el pueblo de Dios de la Nueva Alianza sellada en la sangre de Jesucristo.

Hemos entrado de lleno en la Cuaresma y siguen resonando las palabras que se nos decían al imponer sobre nuestras cabezas la ceniza: “conviértete y cree en el Evangelio”.

La conversión no es simplemente el propósito de intentar ser mejores en nuestro comportamiento diario, sino un cambio de mente y corazón.

No se trata ya de cumplir con los mandamientos, código moral siempre válido, sino de experimentar el amor de Dios como el mismo Jesús  del Evangelio. Ese Dios que ama a todos: buenos y malos, porque es Padre de todos.

A él estamos llamados a parecernos. Cambiar de mente y de corazón supone aprender de la misericordia divina, para ser realmente misericordiosos. Si Dios nos ama a todos como Padre bueno, nosotros hemos de amarle a Él y amarnos y perdonarnos como verdaderos hermanos unos a otros.

El termómetro del amor es nuestra capacidad de perdonar a nuestro  prójimo, setenta veces siete, que significa siempre. Así seremos verdaderamente dichosos y caminaremos en la voluntad del Señor.