viernes, 10 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4, 1-12

En aquellos días, mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, después de que el paralítico fuese sanado, se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los saduceos, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran en Jesús la resurrección de los muertos. Los apresaron y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues ya era tarde. Muchos de los que habían oído el discurso creyeron; eran unos cinco mil hombres.

Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, junto con el sumo sacerdote Anás, y con Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes, Hicieron comparecer en medio de ellos a Pedro y a Juan y se pusieron a interrogarlos:
«¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso vosotros?».

Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo:
«Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta este sano ante vosotros. Él es “la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular”; no hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos».

Salmo de hoy

Salmo 117, 1-2 y 4. 22-24. 25-27a R/. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.

Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 1-14

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:

Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.

Simón Pedro les dice:
«Me voy a pescar».

Ellos contestan:
«Vamos también nosotros contigo».

Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice:
«Muchachos, ¿tenéis pescado?».

Ellos contestaron:
«No».

Él les dice:
«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».

La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:
«Es el Señor».

Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.
Jesús les dice:
«Traed de los peces que acabáis de coger».

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice:
«Vamos, almorzad».

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

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Reflexión del Evangelio de hoy

«Aquella noche no cogieron nada»

Jesús se hace presente a sus discípulos en el trabajo, en la vida corriente de todos los días. Ellos no lo reconocen, como nosotras tantas veces.

Cuando Jesús les pregunta por la pesca, reconocen claramente que no tienen nada, reconocen el fracaso de aquella noche de pesca.

Creo que son dos ideas muy importantes para nosotros: reconocerle en las acciones concretas de cada día y aceptar nuestras carencias y limitaciones.

Jesús no echa la red, encomienda esa tarea a sus seguidores y seguidoras, con alguna indicación. Quiere que sean sus discípulos los que echen una red grande. El hace eficaz el trabajo, con nuestra colaboración.

Pero no siempre nuestra forma de trabajar, nuestra actitud, nuestro interés, se orientan por la palabra de Jesús. Con frecuencia hacemos como Pedro: decidir el solo que se van a pescar.

El fruto de nuestro trabajo depende de nuestra escucha de la palabra de Jesús y de la puesta en práctica de eso que nos dice.

"Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis"

El evangelio termina con una comida compartida. Jesús Resucitado prepara la mesa compartiendo con la comunidad el pan y los peces.

Jesús Resucitado sigue actuando hoy también. Siempre nos prepara una mesa, siempre estamos todos invitados, sin distinción de ningún tipo, para recobrar fuerzas después del trabajo, donde podamos compartir alegrías, y la esperanza de construir un mundo más humano.

Ojalá sepamos invitar a comer, sin excluir a nadie de nuestra mesa y tengamos siempre “pan y peces asados” para regalar y compartir.  Como Jesús.

Creo que el Evangelio nos ha hablado hoy de la vida de la comunidad. Y presenta una alternancia entre “dentro y fuera”; entre vida en común y actividad misionera. La presencia de Jesús es imprescindible tanto en la una como en la otra. La misión sin Él está destinada al fracaso.

SANTOS DEL DÍA

 




Santoral

Macario de Antioquía, Santo
Peregrino, 10 de abril ...

jueves, 9 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 3, 11-26

En aquellos días, mientras el paralítico curado seguía aún con Pedro y Juan, todo el pueblo, asombrado, acudió corriendo al pórtico llamado de Salomón, donde estaban ellos.

Al verlo, Pedro dirigió la palabra a la gente:
«Israelitas, ¿por qué os admiráis de esto? ¿Por qué nos miráis como si hubiéramos hecho andar a este con nuestro propio poder o virtud? El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y de quien renegasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo.

Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello.

Por la fe en su nombre, este, que veis aquí y que conocéis, ha recobrado el vigor por medio de su nombre; la fe que viene por medio de él le ha restituido completamente la salud, a la vista de todos vosotros.

Ahora bien, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia, al igual que vuestras autoridades; pero Dios cumplió de esta manera lo que había predicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer.

Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados; para que vengan tiempos de consuelo de parte de Dios, y envíe a Jesús, el Mesías que os estaba destinado, al que debe recibir el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de la que Dios habló desde antiguo por boca de sus santos profetas.

Moisés dijo: “El Señor Dios vuestro hará surgir de entre vuestros hermanos un profeta como yo: escuchadle todo lo que os diga; y quien no escuche a ese profeta será excluido del pueblo”. Y, desde Samuel en adelante, todos los profetas que hablaron anunciaron también estos días.

Vosotros sois los hijos de los profetas, los hijos de la alianza que hizo Dios con vuestros padres, cuando le dijo a Abrahán: “En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra”. Dios resucitó a su Siervo y os lo envía en primer lugar a vosotros para que os traiga la bendición, apartándoos a cada uno de vuestras maldades».

Salmo de hoy

Salmo 8, 2a y 5. 6-7. 8-9 R/. ¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Señor, Dios nuestro,
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él,
el ser humano, para mirar por él? R/.

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos.
Todo lo sometiste bajo sus pies. R/.

Rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 35-48

En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice:
«Paz a vosotros».

Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.

Y él les dijo:
«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:
«¿Tenéis ahí algo de comer?».

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.

Y les dijo:
«Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí».

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.

Y les dijo:
«Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

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Reflexión del Evangelio de hoy

"Por la fe en su Nombre, este, que veis aquí y que conocéis, ha recobrado el vigor"

Durante el Tiempo Pascual leemos de corrido el libro de los Hechos de los Apóstoles y, como en las grandes series, donde estamos pendientes del día y la hora en que se estrenará un nuevo capítulo, sería precioso reservarle unos minutos al día a esta “gran serie” que narra de forma preciosa los inicios de la Iglesia. Esta está basada en hechos reales.

Si te perdiste el “capítulo anterior” – la lectura de ayer – léelo y alucina, porque un paralítico volvió a caminar: sin tratamientos, sin operaciones, sin rehabilitación; sólo por la fuerza de la fe en el Nombre de Jesús.

Las obras que Dios realiza en la vida de uno redundan en beneficio de todos los que son testigos de este gran milagro. Sí, todos los que rodeaban a este hombre que fue paralítico, los que quizá unos minutos antes le echaron alguna moneda, reciben hoy la Buena Noticia, la gran fuente de la salud.

Aunque ellos tenían unas piernas capaces de andar, tenían el corazón paralizado, en mayor o menor medida (todos tenemos alguna parálisis cardiaca, en el sentido espiritual) y este anuncio de Pedro, por más que lo denuncia, les da una gran esperanza.

Ese Dios, al que mataron, no les manda desgracias ni les guarda rencor; sino que está esperándolos, porque, así como la fe en el Nombre de Jesús, muerto y resucitado por nosotros, hizo andar a un paralítico, puede volver a dar movimiento a tu corazón, a tu familia, a tu vida.

"Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona"

Las apariciones de Cristo Resucitado aparecen en los Evangelios de la Eucaristía de estos días como una onda expansiva que abarcan no solo la Octava de Pascua, sino el HOY de la Iglesia, el HOY de todas las Comunidades Cristianas, el HOY de tu vida.

Cada una de ellas viene a iluminar diferentes aspectos de nuestra fe que, ante un acontecimiento tan increíble, necesita ayuda para vivir este misterio que nos sobrepasa.

El relato de hoy insiste en la realidad física del Cuerpo de Cristo Resucitado. Así como oyes, la resurrección de Cristo no fue simplemente una “aparición espiritual en el corazón conturbado y culpabilizado de los discípulos, ni un consuelo espiritual o una visión fruto del gran trauma que supuso la muerte del Maestro.

NO, CRISTO RESUCITÓ, su cuerpo no experimentó la corrupción, RESUCITÓ y se apareció real y físicamente a los discípulos que estaban “aterrorizados y muertos de miedo” al verlo.

Esto es muy importante ya que, nos reafirma la veracidad de las promesas de Dios, Él cumple su Palabra: “El Mesías padecerá y resucitará entre los muertos al tercer día” y, apoyados en esta promesa confiamos en que también a nosotros nos resucitará, que nuestra muerte, y la de los que amamos, es el comienzo a la Vida Eterna.

Además, esta verdad nos ayuda a comprender que somos total y absolutamente templos de Dios, que nuestra realidad corporal no es ajena al plan del Señor y, por tanto, deberíamos considerarla como tal.

Tenemos pues, un cuerpo y un alma pensados, amados y creados por Dios, y experimentar en nuestro cuerpo las huellas de la pasión y que ellas no nos aplasten, se transforma en un signo de que la fuerza que hemos recibido en el Bautismo con la efusión copiosa del Espíritu Santo es sobrenatural.

Pues bien, te podría ocurrir que todavía estas “con las puertas cerradas” por las heridas del pasado, o sigues discutiendo sobre si la resurrección fue solo una experiencia de sublimación psicológica, o que, como es un tema tan complicado, mejor pasar de él; pero Cristo Resucitado, Jesucristo el Señor, quiere manifestarse hoy en tu vida.

Se presentará con sus llagas benditas, porque en esas heridas, las tuyas serán sanadas; por esas heridas, tus pecados son perdonados; con esas heridas, llegaremos un día al cielo con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y todos los que nos han precedido en la fe.

En este HOY, deja entrar a Cristo y oye su Palabra: “PAZ A VOSOTROS. PAZ A TI. CREE. SÉ MI TESTIGO”.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Hugo de Rouen, Santo
Obispo y Abad, 9 de abril...

miércoles, 8 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 3, 1-10

En aquellos días, Pedro y Juan subían al tempo, a la oración de la hora nona, cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada «Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban. Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, se quedó mirándolo y le dijo:
«Míranos».

Clavó los ojos en ellos, esperando que le darían algo. Pero Pedro le dijo:
«No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda».

Y agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. Todo el pueblo lo vio andando y alabando a Dios, y, al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado en la puerta Hermosa del templo, quedaron estupefactos y desconcertados ante lo que le había sucedido.

Salmo de hoy

Salmo 104, 1-2. 3-4. 6-7. 8-9 R/. Que se alegren los que buscan al Señor

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas todos los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas. R/.

Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos setenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado estos días?».

Él les dijo:
«¿Qué?».

Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

Y, comenzado por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

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Reflexión del Evangelio de hoy

“En nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda”

Celebrando, como estamos, el día de la Resurrección del Señor, un domingo prolongado como único en su octava, la alegría de la Pascua llena a la Iglesia, por consiguiente, debiera llenar de inmensa alegría a cada bautizado. Es lo que destaca la oración colecta con la que se inicia y centra esta celebración. La vida del cristiano es una existencia centrada en la Pascua, por la misma participación pascual vivida en el bautismo.

El episodio del discapacitado de la puerta Hermosa, revela la consecuencia de la Pascua en los discípulos. Así como Jesús, junto a la piscina de Betesda, cura al paralítico al que pregunta si quiere ser curado, de la misma manera, Pedro y Juan, actúan con aquel lisiado. Escuchan cómo les pide limosna. Miran y escuchan. Atienden y entienden a aquel hombre. Él espera una limosna, que es lo habitual. Pero va a vivir una experiencia nueva, transformadora.

Pedro le dice: “Míranos”. Él mira, esperando como siempre ser socorrido. La respuesta de Pedro le coloca ante algo nuevo. No tiene ni plata ni oro, pero le da lo que tiene: “En nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda”. Junto a la palabra tiene su mano y lo levanta.

Detenernos en esos detalles es oportuno. Tenemos que darnos cuenta de lo que ocurre ante nosotros y en nuestro entorno. Discernir lo que realmente es necesario y qué podemos y debemos compartir. Las monedas no hubieran cambiado la vida de aquel hombre, ponerlo en relación con Jesucristo, marcó la diferencia. Palabra y gesto convocaron al seguimiento. Jesús transformó a aquella persona. Alegría y alabanza a Dios se desbordan en esa persona y el pueblo queda sorprendido y desconcertado.

Que se alegren los que buscan al Señor

La alegría de la búsqueda la produce el encuentro con el Señor. El sale al paso de los que ansían estar con él. Y la consecuencia de este encuentro es el anuncio gozoso, la proclamación convencida y la existencia transformada, cuentan las maravillas del Señor.  Porque no se trata de una bonita narración, sino de una manifestación de lo que él ha llevado a cabo.

Jesús lo dirá de otra manera: que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo. Esas buenas obras dejan ver lo que ha realizado el Señor.  Es la mejor manera de encaminar a otros al encuentro con el Señor de la Vida. Se resalta así la fidelidad de Dios con el ser humano. Él siempre cumple su promesa y mantiene la mano tendida y la puerta abierta para acoger y levantar a todos los que le buscan y desean permanecer siempre con él.

“¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?”

Todos somos discípulos de Emaús. Todos sentimos la necesidad de ser acompañados en la desolación y en las crudas experiencias que tenemos que afrontar. Por eso, este pasaje del evangelio de San Lucas, extremadamente elocuente, conviene saborearlo con calma, a solas o en común, pero siempre muy metidos en él.

Aquel día de Pascua, la desilusión y la frustración carcomían a los dos que determinaron retomar su vida y quehacer ordinario. Y la conversación entre ambos, engañosamente parece sostenerlos en su decisión. Nada esperaban ya. Pero siempre Dios sorprende y ellos fueron sorprendidos por la pregunta de un desconocido: “¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?”. Así comienza su sanación interior. La pregunta de Jesús busca que saquen fuera de ellos sus frustraciones y lo hacen contándole a este desconocido sus sufrimientos. El escucha pacientemente y cuando todo queda manifiesto, comienza su labor regeneradora.

Lo hace mientras van caminando. Jesús actúa en la historia concreta de cada uno, iluminando, explicando, abriendo el entendimiento a la comprensión de la verdad. Es la realidad personal de cada uno la que se convierte en lugar de su actuación. Tiende su mano al abatido y desesperanzado, llevándolo a recuperar el sentido de su vida, descubriendo la novedad a la que es llevado.

Y acontece sentados a la mesa, con un signo que revela la identidad de aquel desconocido. Lo reconocen al partir el pan. Y la sanación ha acontecido y la reconocen ellos también: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” Ha cambiado su situación, la desolación ha desaparecido y la frustración ha sido superada por la verdad: Ha resucitado el Señor.

El encuentro los motiva y hace sentir la necesidad de contarlo a los demás. Esto no se puede producir sino a partir del encuentro con el Resucitado. Toda conversión acontece por el reconocimiento del Señor que vive y hace vivir. Hay que contarlo a los demás para inducirlos a llegarse a él. El que vino a nosotros se convierte en camino para llegar a la plenitud que ofrece a todos.

 

¿Cómo vivo en mi existencia la Pascua?

¿Cómo llevar a este mundo la verdadera alegría que sólo en él se puede encontrar?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Dionisio de Corinto, Santo
Obispo, 8 de abril ...

martes, 7 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 36-41

El día de Pentecostés, decía Pedro a los judíos:
«Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».

Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:
«¿Qué tenemos que hacer, hermanos?».

Pedro les contestó:
«Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro».

Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo:
«Salvaos de esta generación perversa».

Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.

Salmo de hoy

Salmo 32, 4-5. 18-19. 20 y 22 R/. La misericordia del Señor llena la tierra

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esteran su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 11-18

En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan:
«Mujer, ¿por qué lloras?».

Ella contesta:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice:
«Mujer, ¿por qué lloras?».

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».

Jesús le dice:
«¡María!».

Ella se vuelve y le dice.
«¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».

Jesús le dice:
«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, ande, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».

María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:
«He visto al Señor y ha dicho esto».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Jesús centro de nuestras vidas”

La lectura de hoy sitúa a Pedro predicando en Jerusalén que, tras ser escuchado por sus conciudadanos, y porque la transmisión de su experiencia de fe les ha conmovido profundamente, es preguntado sobre qué deben hacer ellos en el seguimiento de Jesús. Y la respuesta que les ofrece Pedro, también nos puede servir hoy para reflexionar sobre qué significa hoy que Jesús sea el centro de nuestra vida.

Por tanto, lo primero que nos encontramos es a personas que han sido tocados por Dios, que son conscientes que Dios ha entrado en sus vidas, y que quieren discernir qué significa ser hijo/a de Dios; y es con esto con lo que nos quedamos hoy para aprovechar la reflexión.

Pedro propone bautizarse, es decir, incorporarse a la Iglesia y hacer pública la fe. Y esto es así porque cuando realmente Dios entra en nuestras vidas, no hay mucha más opción que vivir con alegría y predicar la gracia. Para quienes nos situamos en un contexto social y cultural favorecedor, es difícil comprender lo complicado que resultaba entonces hacer una manifestación pública de la fe; pero para esos primeros cristianos, como para los que ahora son perseguidos, es un gesto público que implica incluso poner en riesgo la integridad física.

No podemos evitar recordar en nuestra reflexión, a tantas personas perseguidas aún hoy por su fe, y queremos dejar la ocasión para poner en valor la valentía que ello conlleva. No debe ser fácil hacer pública una manifestación de fe cuando la seguridad y la vida está en riesgo, por lo que, aunque sólo sea por esas personas, quienes lo tenemos más fácil, debemos manifestar nuestra alegría de vivir con Dios en el centro.

Discernamos pues, qué significa que Dios sea el centro de nuestras vidas, y como Pedro, hagamos pública y prediquemos la gracia que sabernos hijos e hijas de Dios supone.

“Testigos de la resurrección”

En un contexto cultural en el que el testimonio femenino carecía de valor jurídico, el Evangelio de hoy nos presenta a María Magdalena como la primera testigo de la Resurrección, y a un Dios que una vez más, sitúa en el centro a quien, socialmente hablando, está en los márgenes.

El relato nos muestra a una María Magdalena desolada en pleno duelo por la pérdida de quién era el centro de su vida, pero que, tras el encuentro con Jesús resucitado, pasa de la oscuridad del llanto a la alegría de la misión. Ese es el itinerario pascual de la persona creyente. Aprendemos de María Magdalena que ser testigo de la Resurrección no significa solo afirmar que Cristo vive, sino que implica pasar del miedo (oscuridad) a la esperanza (luz), y reconocer que la muerte no tiene la última palabra en nuestras vidas.

Además, aprendemos de María Magdalena, que la resurrección hay que compartirla, anunciarla, predicarla, gozarla; porque tras el encuentro con Jesús resucitado, la vida de María se transforma para salir en misión.

Si realmente hemos tenido una experiencia de Dios, no hay mucha opción, salir a anunciar la resurrección, es a lo que estamos llamados los hijos e hijas de Dios.

 


¿En qué momentos concretos de mi vida he experimentado que Dios me llama personalmente?

¿Qué situaciones de dolor o fracaso podrían convertirse, a la luz de la Pascua, en lugar de envío y testimonio?

¿Mi fe se traduce en un anuncio visible y coherente en mi entorno?