martes, 26 de mayo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 18-25

Queridos hermanos:

Ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios.

Ya que habéis purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad hasta amaros unos a otros como hermanos, amaos de corazón unos a otros con una entrega total, pues habéis sido regenerados, pero no a partir de una semilla corruptible sino de algo incorruptible, mediante la palabra de Dios viva y permanente, porque
«Toda carne es como hierba
y todo su esplendor como flor de hierba:
se agosta la hierba y la flor se cae,
pero la palabra del Señor permanece para siempre».

Pues esa es la palabra del Evangelio que se os anunció.

Salmo de hoy

Salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20 R/. Glorifica al Señor, Jerusalén.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sion.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R/.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 32-45

En aquel tiempo, los discípulos estaban subiendo por el camino hacia Jerusalén y Jesús iba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que lo seguían tenían miedo. Él tomó aparte otra vez a los Doce y empezó a decirles lo que le iba a suceder:
«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará».

Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron:
«Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir».

Les preguntó:
«¿Qué queréis que haga por vosotros?».

Contestaron:
«Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda».

Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?».

Contestaron:
«Podemos».

Jesús les dijo:
«El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado».

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.

Jesús, llamándolos, les dijo:
«Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».

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Reflexión del Evangelio de hoy

"¿Qué queréis que haga por vosotros?"

Santiago y Juan aspiran a ocupar los primeros puestos junto a Jesús. Esta petición es muy humana, profundamente humana. El querer sobresalir por encima de los demás está profundamente marcado en el interior del ser humano. Esta aspiración es uno de los “restos” de aquel primer pecado que dio origen a todos los demás pecados.

Al mismo tiempo, por un lado, esta aspiración revela como los discípulos de Jesús aún no han entendido del todo la  misión de su Maestro. Ellos esperaban un mesianismo demasiado terreno, demasiado pegado a las expectativas terrenas; y por otro lado, esta petición dio origen a una disputa con los otros diez discípulos, que se irritan con los dos hermanos.

La respuesta de Jesús pone la luz necesaria para comprender lo que está pasando. Jesús no reprende a los dos hermanos, aprovecha la ocasión para manifestar cual es el sentido de la verdadera autoridad en aquel grupo de hombres y mujeres que habían decido poner su destino en sus manos.

"El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir"

Jesús cuestiona la autoridad como poder opresor, como dominio sobre los otros, y es que cuando unos  pretenden ser superiores a otros, se destruya la fraternidad.

En la comunidad de Jesús, la autoridad (y hasta el poder) se vive como servicio. De esta manera, se rompen los lazos opresores y se realza la ayuda de un hermano hacia los otros hermanos. La autoridad crea fraternidad.

El mejor antídoto ante los abusos de una autoridad mal entendida es la fraternidad. Una fraternidad que rompe los límites del color de la piel, del idioma que se hable, del lugar donde se vive… o cualquier otra limitación puesta por el ser humano. Es la fraternidad nacida del Padre nuestro, del Padre de todos y para todos.

Este es el sueño de Jesús: mantener la autoridad sin romper la fraternidad. No podemos romper el sueño del  Señor con nuestra ambición personal, ni con nuestros pecados contra la justicia, ni con nuestras faltas de fraternidad.

El sueño del Señor nos compromete con una justicia más auténtica y una reconciliación fraterna más verdadera.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Agustín de Canterbury , Santo
Memoria Litúrgica, 27 de mayo ...

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 10-16

Queridos hermanos:

Sobre la salvación de las almas estuvieron explorando e indagando los profetas que profetizaron sobre la gracia destinada a vosotros tratando de averiguar a quién y a qué momento apuntaba el Espíritu de Cristo que había en ellos cuando atestiguaba por anticipado la pasión del Mesías y su consiguiente glorificación.

Y se les reveló que no era en beneficio propio, sino en el vuestro por lo que administraban estas cosas que ahora os anuncian quienes os proclaman el Evangelio con la fuerza del Espíritu Santo enviado desde el cielo.

Son cosas que los mismos ángeles desean contemplar.

Por eso, ceñidos los lomos de vuestra mente y, manteniéndoos sobrios, confiad plenamente en la gracia que se os dará en la revelación de Jesucristo.

Como hijos obedientes, no os amoldéis a las aspiraciones que teníais antes, en los días de vuestra ignorancia.

Al contrario, lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta, porque está escrito: «Seréis santos, porque yo soy santo».

Salmo de hoy

Salmo 97, 1. 2-3ab. 3c-4 R/. El Señor da a conocer su salvación.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 28-31

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».

Jesús dijo:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Seréis santos porque yo soy santo”

Esto viene de antiguo. Pedro sigue palabras proféticas muy anteriores a Cristo, pero actualizadas al momento en que el apóstol vive y, adaptadas también, al que ahora vivimos nosotros: Si quien nos ha llamado a la fe es santo, parece obvio que nosotros debemos ser también santos para seguir a su lado.

Puede que nos resulte difícil confiar plenamente en el mensaje y las enseñanzas de Cristo. Nuestras mentes están más hechas a confiar en lo que podemos probar y comprobar. Las pruebas, más bien la búsqueda de pruebas, es un poco la guía que queremos y buscamos seguir. Nos falta empuje para encontrarnos ciegos, saltar de la piedra al lado del camino donde, sentados, extendemos la mano pidiendo. Saltar a ciegas al paso de Cristo y pedirle que nos ayude a ver.

Y ahí encontraremos a Cristo: en el encuentro de la oscuridad de nuestros ojos, con la deslumbrante luz de la fe. Olvidemos, pues, nuestros miedos y saltemos sin dudar al camino. Cristo que está siempre pasando, abrirá nuestros ojos y quitará las piedras del camino en las que podríamos tropezar. Solo es necesario que saltemos fuertemente agarrados a una fe viva y poderosa que nos llena, nos completa y nos salva.

“Lo hemos dejado todo y te hemos seguido”

Ese es nuestro sentido: creemos haberlo dejado todo por Cristo, pero, con frecuencia, olvidamos ese rincón de nuestra mente en el que tenemos guardado algo de nuestra ambición que no queremos perder, incluso que no queremos recordar. Parece que Pedro va también por ese camino: no parece pedir nada, pero le recuerda a Jesús su generosidad, buscando, tal vez, una confirmación, de manos del Maestro, de la recompensa que buscan tener.

Y, como siempre, el Maestro no defrauda: sigue prometiendo el ciento por uno de lo abandonado por su causa, y seguro que lo ha cumplido, aunque nuestros ojos de carne no sean capaces de descubrirlo.

Puede que venga a cuento un chascarrillo que escuché de niño: Un hombre preguntó a Dios: ¿Qué son para ti mil años?, “Un momento”, fue su respuesta. Insistió el hombre: ¿Podrías darme cien millones? Y Dios respondió: “¡Claro!, espera un momento”.

No olvidemos que nosotros no vemos lo mismo que Dios ve. No pensemos que la recompensa está al otro lado de la puerta de la eternidad. ¡No!; está aquí en nosotros y ahora… Que no lo veamos es producto de la ceguera de nuestros sentidos humanos.

Tuve un amigo muy íntimo al que diagnosticaron una miastenia gravis muy avanzada a los cuarenta y tres años y le pronosticaron, como mucho, cinco de vida y de ellos varios en precario, dependiente absoluto, casi seguro en silla de ruedas. Hoy, a punto de celebrar su ochenta cumpleaños, recuerda aquella sentencia médica y da gracias a Dios porque le ha regalado más del ciento por uno de lo que él dedico a Dios.

A veces cuando abrimos los ojos por la mañana, nos olvidamos del inmenso regalo de la vida, que Dios nos está dando a cada momento. Si buscamos bien, encontraremos que recibimos más del cien por cien de lo que hayamos entregado a Dios. Busquemos y encontraremos porque “El Señor da a conocer su salvación” (Sal 97) en todos y cada uno de los momentos de nuestra existencia.

 

¿Podremos dudar que Dios nos acompaña en cada momento de nuestra vida?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Felipe Neri, Santo
Memoria Litúrgica, 26 de mayo...

domingo, 24 de mayo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 




Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 3, 9-15. 20

El Señor Dios llamó a Adán y le dijo: «¿Dónde estás?».

Él contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».

El Señor Dios le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?».

Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».

El Señor Dios dijo a la mujer: «¿Qué has hecho?».

La mujer respondió: «La serpiente me sedujo y comí».

El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza, cuando tú la hieras en el talón».

Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

Salmo de hoy

Salmo 86, 1-2.3 y 5. 6-7 R/. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios! R/.

Se dirá de Sión: «Uno por uno,
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado». R/.

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí». R/.

Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti». R/.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-34

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».

Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre».

Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed».

Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca.

Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

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Reflexión del Evangelio de hoy

El título de “Madre de la Iglesia” fue proclamado por San Pablo Vi durante el Concilio Vaticano II. Con él, quería subrayar el papel irreemplazable de María dentro de la Iglesia. El Papa Francisco, en 2018 instituyó esta fiesta en el lunes después de Pentecostés. Si la Iglesia nace en Pentecostés, tiene un gran significado que, en el primer día siguiente, el lunes, en la puesta en marcha de su camino en medio del mundo, se destaque la persona y la misión de la Virgen en ella.

"La serpiente me sedujo y comí"

Las tres lecturas que se proclaman en la liturgia de hoy son ricas en simbolismos y en estímulo para nuestra fe y nuestra devoción a la Madre del Señor. En el Genesis, tras el pecado y sus consecuencias, Adán pone nombre a su mujer: “Eva”, por ser la “madre de todos los vivientes". En el evangelio se nos narra la escena en que Jesús, clavado en la cruz, nos da a María por Madre. En el salmo, hablando de la ciudad de Sión, como un lugar donde todos, cercanos y lejanos, se encuentran en su hogar, símbolo del Reino de Dios, abierto, como decía Francisco “a todos, todos, todos”, se dice: “es la madre, porque todos han nacido en ella”.

En el relato de Génesis, aparecen tres personajes: Adán, Eva y un árbol. En el evangelio, Jesús, María y la cruz. Hay un paralelismo: un hombre, una mujer y un árbol.

Los primeros son símbolos de lo que se da siempre, en todo tiempo y lugar: el pecado es la desconfianza en Dios. Frente a la bondad de Dios que les ha dado la vida, que les ha llamado a la felicidad, al amor, a la fecundidad, prefieren hacer caso de la tentación, representada en la serpiente, que les invita a desconfiar de esa bondad: “No es cierto que morirán. Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de él, se les abrirán los ojos y entonces serán como dioses” (Ge. 3, 5). En lugar de querer ser hijos de Dios, prefieren considerar a Dios como competidor peligroso del que defenderse. Todo pecado comienza por una desconfianza en el amor de Dios por nosotros.

Jesús es el nuevo Adán. En su entrega total que se manifiesta en la cruz, pone en claro, por una parte, cuanto nos ama y nos valora Dios: “Tanto amó Dios al mundo que les dio a su propio Hijo…Dios no lo envió para condenarnos, sino para que el mundo se salve gracias a él” (J. 3, 16-17). Por otra parte, Jesús crucificado manifiesta un modelo para toda la humanidad de amor al Padre y disposición total a su misión en bien de sus hermanos.

"Junto a la cruz de Jesús estaba su madre"

La cruz se ha convertido en el verdadero árbol de la ciencia del bien y del mal. Nos habla del Amor infinito y de la maldad y sus consecuencias.

Junto a la cruz, María. Ya había dicho sí a Dios y a su proyecto de salvación en la Anunciación. Ahora, ya no jovencita, sino anciana, recibe una nueva anunciación: no ser solo la madre de la Cabeza sino también del cuerpo de la Iglesia: No solo madre de Dios, sino madre de todos los hijos de Dios, representados en Juan. No tuvo ella necesidad de decir sí con palabras: era la mujer cercana a Dios y totalmente disponible y colaborara con él.

En pentecostés la vemos como esa nueva Sión de la que nos habla el salmo, congregando a los discípulos y discípulas de su Hijo y pidiendo y esperando al Espíritu (Hechos 2, 14).

Después de su asunción, sigue con su tarea maternal. Sigue pendiente y atenta de cada uno de nosotros y diciéndole a Jesús lo mismo que le dijo en Caná: “No tienen vino”; y a nosotros: “haced lo que Él os diga” (Jn 3, 4-5).

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

María, Madre de la Iglesia
La Iglesia celebra por primera vez la memoria de la Santísima Virgen María Madre de la Iglesia....

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 1-11

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se dividían, posándose encima de cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse.

Residían entonces en Jerusalén judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo el cielo. Al oírse este ruido, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Estaban todos estupefactos y admirados, diciendo:
«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos, elamitas y habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y de la zona de Libia que limita con Cirene; hay ciudadanos romanos forasteros, tanto judíos como prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua».

Salmo

Salmo 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 R/. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. R/.

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R/.

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13

Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es Señor», sino por el Espíritu Santo.

Y hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.

Pues, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».


Serán bautizados en el Espíritu Santo (Hech 1,5)

El Espíritu descendió sobre los apóstoles para revestirlos de su poder y bautizarlos. Dice el Señor: «Ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días» (Hech 1,5). No es que la gracia sea parcial, ya que es una fuerza íntegra y de poder absoluto. Así como el que es bautizado por inmersión queda rodeado de agua por todas partes, así los apóstoles, bautizados en el Espíritu se encontraron totalmente inmersos en él. Además, el agua se derrama de modo externo al cuerpo, pero el Espíritu penetra y bautiza al alma escondida en lo íntimo, sin que nada se excluya. ¿De qué te asombras? Toma un ejemplo de la materia (…). El fuego, al penetrar en el interior del hierro, todo lo convierte en fuego y hace que hierva el metal frío, comenzando así a brillar lo que era negro y oscuro. Si el fuego, una realidad material, al introducirse en el interior del hierro, actúa ahí sin encontrar obstáculos, ¿por qué te asombra que el Espíritu Santo penetre en el interior del alma? (…) Y «llenó toda la casa en la que se encontraban» (Hech 2,2). Aquella casa se convirtió en el receptáculo de una onda mística. Los discípulos estaban sentados en el interior y se llenó toda la casa. Fueron bautizados, «sumergidos» totalmente según la promesa (cf. Hech 1,5). Se revistieron en el alma y en el cuerpo de una vestidura divina salvífica. «Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo» (Hech 2,3). (…) Recibieron un fuego que no abrasaba, sino que era salvífico y destruyendo las espinas de los pecados, devolvió al alma su brillo y su esplendor. Él pronto habrá de venir sobre ustedes. Mientras suprime sus pecados, que son como espinas, hará resplandecer sus almas y les hará el don de la gracia, como entonces a los apóstoles. Se posó sobre ellos bajo la forma de lenguas de fuego, ciñendo sus cabezas con diademas espirituales en forma de lenguas de fuego. Antes, una espada de fuego impedía la entrada al paraíso (Gen 3,24). Ahora, una lengua de fuego de salvación devolvió la gracia.