lunes, 16 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 65, 17-21

Esto dice el Señor:
«Mirad: voy a crear un nuevo cielo y una nueva tierra: de las cosas pasadas ni habrá recuerdo ni vendrá pensamiento.

Regocijaos, alegraos por siempre por lo que voy a crear: yo creo a Jerusalén “alegría”, y a su pueblo, “júbilo”.

Me alegraré por Jerusalén y me regocijaré con mi pueblo, ya no se oirá en ella ni llanto ni gemido; ya no habrá allí niño que dure pocos días, ni adulto que no colme sus años, pues será joven quien muera a los cien años, y quien no los alcance se tendrá por maldito.

Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán los frutos».

Salmo de hoy

Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b R/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R/.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
celebrad el recuerdo de su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R/.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 4, 43-54

En aquel tiempo, salió Jesús de Samaría para Galilea. Jesús mismo había atestiguado:
«Un profeta no es estimado en su propia patria».

Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.

Fue Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.

Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verlo, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.

Jesús le dijo:
«Si no veis signos y prodigios, no creéis».

El funcionario insiste:
«Señor, baja antes de que se muera mi niño».

Jesús le contesta:
«Anda, tu hijo vive».

El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo vivía. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron:
«Ayer a la hora séptima lo dejó la fiebre».

El padre cayó en la cuenta de que esa era la hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive». Y creyó él con toda su familia. Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Cambiaste mi luto en danzas”

El evangelio de hoy nos da la clave de qué es la Cuaresma: no es un tiempo de “penitencias”, de acumular prácticas difíciles o dolorosas, que “compensen” o “paguen” nuestros desmanes en el resto del año.

Por el contrario, el proceso cuaresmal en mucho más rico, profundo y optimista. Se trata de “celebrar”, es decir, “recordar” (volver a pasar por el corazón) la muerte de Jesús, consecuencia de su vida, sus opciones y su mensaje sobre el Reino de Dios; su resurrección en que posee ya, incluso en su ser hombre, la Vida plena de Hijo de Dios que puede transmitir a todos por el Espíritu Santo, dado en Pentecostés. Y todo ello, como muestra y garantía del amor infinito, sabio y eficaz del Padre por nosotros.

“Celebrar” indica, también, hacer nuestra esa salvación, aceptándola por la fe y el seguimiento de Jesús en la comunidad de la Iglesia. Una Iglesia misionera y samaritana: en salida compasiva a todos. Eso es nuestro bautismo que genera un estilo nuevo de vida para todo el año y no solo la cuaresma.

La espiritualidad cuaresmal, por tanto, es incorporarse vitalmente a la persona y proyecto de Jesús, y, entonces sí, ser capaces de rechazar todo lo que se opone a ello y entrenarse en todo lo que lleva a este fin. Esto, a veces, exige sacrificios dolorosos, pero se trata de una educación en la fe, la esperanza y el amor.

En esta perspectiva, la primera lectura nos muestra a un Dios que se goza, se alegra, se regocija del bien y la felicidad de sus hijos. Un Dios que perdona el pasado, hace florecer el presente y garantiza los frutos del futuro.

“Tu hijo vive”

La lectura del evangelio de Juan, nos señala un itinerario de fe que ha de ser el nuestro. Aparecen en él dos actitudes ante Cristo: la de sus paisanos galileos, que lo reciben bien pero por interés, porque les ha llegado la noticia de los milagros que había realizado por en Jerusalén. Lo buscan, pero solo para obtener beneficios. Tienen su corazón y su vida bien guardados y seguros en otro sitio. No están dispuestos a cambiar.

Está también la figura del funcionario real que tiene a un hijo enfermo. También viene a pedir favores, pero es retado por Jesús a hacer un camino: el de fiarse de Él y de su palabra, hacer una travesía de fe, confianza y audacia y “creer”: no quedarse opinar que Cristo es un profeta milagrero, sino en convertirse en discípulo, amigo y seguidor, colaborador del Reino.

Juan juega con las palabras. El que era designado como “un funcionario”, después, al oír el mandato de Jesús de fiarse de él, es nombrado como “el hombre”, que tiene que hacer un camino sin seguridades (“ ¿de verdad podrá curar a mi hijo en la distancia?”. “¿No habrá sido un truco para quitarme de su vista y desinteresarse de mi problema?” “¡Y si no pasa nada! ¡Menudo ridículo he hecho!, ¡Se burlarán de mí la familia y conocidos por ser tan crédulo e ingenuo!”).

Cuando llega a casa y sus criados le dicen que su hijo fue curado a la hora que dijo Jesús, es nombrado de otra manera: “el padre”. Tal cambio de denominación señala el proceso de fe que tenemos que hacer todos: del papel social a ser humanos y de ahí a las relaciones de filiación con Dios, de hermandad con otras personas, de “paternidad” suscitando y creando vida a nuestro alrededor.

Ante este maravilloso cambio que significa tener fe, es lógico que surjan en nosotros los sentimientos del salmo responsorial: “Cambiaste mi luto en danzas, Señor Dios mío; te daré gracias por siempre”.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Heriberto de Colonia, Santo
Obispo, 16 de marzo...

domingo, 15 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del primer libro de Samuel 16, 1b. 6-7. 10-13a

En aquellos días, el Señor dijo a Samuel:
«Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí».

Cuando llegó, vio a Eliab y se dijo:
«Seguro que está su ungido ante el Señor».

Pero el Señor dijo a Samuel:
«No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, más el Señor mira el corazón».

Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé:
«El Señor no ha elegido a estos».

Entonces Samuel preguntó a Jesé:
«¿No hay más muchachos?».

Y le respondió:
«Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño».

Samuel le dijo:
«Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa mientras no venga».

Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel:
«Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este».

Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.

Salmo

Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 R/. El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mi,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por los años sin término. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5, 8-14

Hermanos:
Antes erais tinieblas, pero ahora, sois luz por el Señor.

Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas.

Pues da vergüenza decir las cosas que ellos hacen a ocultas. Pero, al denunciarlas, la luz las pone al descubierto, descubierto es luz.

Por eso dice:
«Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará».

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento.

Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:
«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)».

Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
«¿No es ese el que se sentaba a pedir?».

Unos decían:
«El mismo».

Otros decían:
«No es él, pero se le parece».

El respondía:
«Soy yo».

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.

Él les contestó:
«Me puso barro en los ojos, me lavé y veo».

Algunos de Los fariseos comentaban:
«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado».

Otros replicaban:
«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?».

Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?».

Él contestó:
«Que es un profeta».

Le replicaron:
«Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?».

Y lo expulsaron.

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
«¿Crees tú en el Hijo del hombre?».

Él contestó:
«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».

Jesús le dijo:
«Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».

Él dijo:
«Creo, Señor».

Y se postró ante él.


“He venido para que vean los que no ven” (Jn 9,39)

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros” (1 Jn 1,8). Para las grandes almas, las almas santas, esta afirmación es luminosa. Aproximándose más de Dios, Sol de justicia y santidad inmaculada, ellas perciben mejor las propias manchas. La magnificencia de la luminosidad divina en la que ellas se mueven, hace aparecer las fallas mínimas con un fuerte relieve. Su mirada interior, purificada por la fe y el amor, penetra más profundamente en las perfecciones divinas. Ellas ven más claramente su nada, miden bien el abismo que las separa del infinito. (…) En las almas santas existe una actitud habitual de arrepentimiento y detestación del pecado, una prueba constante de delicadeza sobrenatural que agrada mucho a Dios e inclina hacia ella la infinita misericordia del Señor. Además, este estado del alma que señalamos, no es para nada, como se podría creer, incompatible con la confianza y alegría espiritual, las efusiones de amor y agrado de Dios. ¡Al contrario! (…) La actitud habitual de arrepentimiento que lleva a la compunción, lejos de ser un obstáculo para el amor y la alegría, constituye una sólida base de la que parte un impulso como desde un trampolín. 

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Luisa de Marillac, Santa
Patrona de la Asistencia Social, 15 de marzo ...

viernes, 13 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la profecía de Oseas 14, 2-10

Esto dice el Señor:

«Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tropezaste por tu falta.

Tomad vuestras promesas con vosotros, y volved al Señor.

Decidle: “Tú quitas toda falta, acepta el pacto.

Pagaremos con nuestra confesión:
Asiria no nos salvará, no volveremos a montar a caballo, y no llamaremos ya ‘nuestro Dios’ a la obra de nuestras manos.

En ti el huérfano encuentra compasión”.

“Curaré su deslealtad, los amaré generosamente, porque mi ira se apartó de ellos.

Seré para Israel como rocío, florecerá como lirio, echará sus raíces como los cedros del Líbano.

Brotarán sus retoños y será su esplendor como el olivo y su perfume corno el Líbano.

Regresarán los que habitaban a su sombra, revivirán como el trigo, florecerán como la viña, será su renombre como la del vino del Líbano.

Efraín, ¿qué tengo que ver con los ídolos?

Yo soy quien le respondo y lo vigila. Yo soy como un abeto siempre verde, de mí procede tu fruto.

¿Quién será sabio, para comprender estas cosas, inteligente, para conocerlas?

Porque los caminos del Señor son rectos: los justos los transitan, pero los traidores tropiezan en ellos».

Salmo de hoy

Salmo 80, 6c-8a. 8bc-9. 10-11ab. 14 y 17 R/. Yo soy el Señor, Dios tuyo; escucha mi voz

Oigo un lenguaje desconocido:
«Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta.
Clamaste en la aflicción, y te libré. R/.

Te respondí oculto entre los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.
Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me escuchases, Israel! R/.

No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor, Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto. R/.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!
Los alimentaría con flor de harina,
los saciaría con miel silvestre». R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».

Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».

El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

Yo soy como un abeto siempre verde, de mí procede tu fruto

El profeta Oseas, con una expresión llena de respeto compasivo refiere al Señor la necesidad de que el pueblo de Israel se convierta a Él. Sus tropiezos de dar culto a otros dioses, de fabricar sus propios ídolos mostraban deslealtad y traición al pacto de alianza con el único Dios. Sin embargo, puesto que los caminos del Señor son rectos y justos, su reacción siempre será de paciente misericordia. No cambiará de versión ni esconderá la verdad en sus repliegues, no exigirá deudas ni guardará rencor. Con estas acciones tan bellas el Señor Dios mostrará su amor por Israel conjugando estos verbos: volver, curar, amar generosamente, florecer, echar raíces, revivir…

Este libro profético de Oseas que introduciría el lenguaje matrimonial aplicado a la relación de Dios con su pueblo nos ayuda a comprender con más profundidad el dinamismo de la alianza de Dios. La historia de alianza con nosotros, aun siendo asimétrica porque su amor es incondicional y gratuito, libre y comprometido en su fidelidad, se abraza a un amor de nuestra parte, inconstante, condicional, vulnerable como nuestra propia naturaleza.

La expresión “Yo soy como un abeto siempre verde, de mí procede tu fruto” nos inspira bellamente gratitud, confianza, presencia, para quien se compromete, a pesar de nuestra finitud. Así, las palabras del salmo 80 “Yo soy el Señor, Dios tuyo” declaran su iniciativa y su promesa, y atraen nuestra respuesta y acogida; de Él procede la semilla y los frutos, nosotros aportamos la tierra y sus nutrientes, es decir, nuestra persona con todas sus posibilidades. Fidelidad en acción, dinamismo de conversión, amor constantemente creativo que rehúye del servilismo y el dominio, de la ambigüedad y la cerrazón.

"No hay mandamiento mayor que éstos"

El evangelio de hoy recibe la luz del texto de Oseas recogiendo el diálogo que se hace encuentro entre Jesús y un maestro de la Ley.

Es comprensible su necesidad de confrontar con quien se estaba revelando con una autoridad nueva, con un mensaje inédito que respeta la Ley antigua, la cumple y la eleva a la plenitud.

Mientras que el escriba le interroga por el orden y la jerarquía de los mandamientos, Jesús le responde estimando más bien su valor. Se puede entender el planteamiento del escriba para saber jerarquizar más de seiscientas leyes necesarias para salvarse. Donde el escriba cuantifica la ley, Jesús la cualifica, pues se trata de experimentar, de ser y de vivir una propuesta nueva: amar al único Señor y amar al prójimo como único. Amar a Dios con toda la potencialidad humana, y al ser humano con la dignidad otorgada por el mismo Dios.

La novedad de Jesús es promover el amor al prójimo y a sí mismo, con la intensidad y visibilidad con la que se ama a Dios, compromiso que no tiene parangón con la ofrenda de holocaustos y sacrificios de animales y objetos. De este modo, pretende renovar el culto desde la interioridad reemplazando al culto hecho desde la exterioridad.

El encuentro de Jesús y el escriba está atravesado de respeto, de validación, de libertad y lealtad de quien ha entendido la realidad original que sostiene y da origen a todas las demás: el amor como respuesta a Dios que toma la iniciativa y capacita para mantener la fidelidad, y que parafraseando, “nos ama con todo su corazón, con toda su alma, con todas sus fuerzas, con todo su ser”.

Jesús nos invita a hacer efectiva y afectiva nuestra capacidad de amar exclusivamente a Dios, para amar particularmente a cada ser humano. Una opción sostiene la otra y las dos conciernen a la única capacidad de amar por la que existimos: amar a nuestro Creador y en Él, por Él y con Él a todo lo creado, reservando a cada hermano y hermana un amor de generosidad y bondad.

Porque en el amor al prójimo amamos la humanidad de Cristo y en ésta encontramos el sentido, la fuerza y la esperanza para amar a nuestro prójimo. Cristo nos ha amado abrazando nuestra humanidad, bendiciéndola y devolviendo incesantemente su dignidad. Por eso, a ejemplo del escriba, Jesús acoge, escucha y admira a quien se cuestiona por construir su fe sobre la verdad.

 

Hoy, podemos con sinceridad plantearnos esta pregunta: ¿amo tanto a Dios que no veo, como al prójimo a quien veo? ¿qué sucedáneos busco para no amar al prójimo como lo ama Cristo?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Rodrigo de Córdoba, Santo
Sacerdote y Mártir, 13 de marzo ...

jueves, 12 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 7,23-28:

Esto dice el Señor:

«Esta fue la orden que di a mi pueblo:
“Escuchad mi voz, Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo. Seguid el camino que os señalo, y todo os irá bien”.

Pero no escucharon ni hicieron caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según la maldad de su obstinado corazón. Me dieron la espalda y no la cara.

Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy, os envié a mis siervos, los profetas, un día tras otro; pero no me escucharon ni me hicieron caso. Al contrario, endurecieron la cerviz y fueron peores que sus padres.

Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás:
“Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca”».

Salmo de hoy

Salmo 94,1-2.6-7.8-9 R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R/.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,14-23

En aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo.

Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron:
«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo:
«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.

El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios”

A través de las palabras del profeta Jeremías podemos adivinar la amargura del corazón de Dios hacia el pueblo de Israel que, una vez más, había sido infiel a la alianza, volviéndose a los ídolos. Dios, por boca del profeta, recuerda el mandato que les dio y cómo cuidó de su pueblo enviando profetas que se lo recordaran. Pero el pueblo continuamente rechazó a sus profetas. Y Dios conoce de antemano el fracaso de sus palabras porque Israel es “el que no escuchó la voz del Señor”, que además no muestra ningún signo de arrepentimiento por su conducta.

El profeta Jeremía sin embargo es fiel a su misión, desvelando esta situación y compartiendo con Dios el sufrimiento de ser rechazado, incluso siendo tachado de impostor por los que prefieren la mentira a la verdad.

En mitad de la Cuaresma esta visión real y cruda de la infidelidad de Israel puede ser un reactivo para nuestras infidelidades reiteradas y profundas. Uno de los mayores peligros de nuestra conversión puede ser minimizar nuestros pecados y nuestras responsabilidades. Corremos el peligro de dejar resbalar sobre nosotros estas duras palabras y no darlas importancia, pensando que no se dirigen a nosotros.

Ante estas palabras tan serias debemos examinar las posibles infidelidades de nuestro corazón, las incongruencias que se mezclan en nuestra vida. Por eso, el peligro está en oír estas palabras del profeta Jeremías como dichas a un pueblo que no es el nuestro, a unas personas que no somos nosotros, con lo cual, las escucharemos con indiferencia, con esa misa indiferencia con que Israel escuchaba a los profetas.

En el salmo 94 comenzamos alabando al Señor, porque es la Roca que nos salva y el Pastor que nos guía, para continuar con una denuncia profética que trata de impedir que se repitan los errores de los antepasados, como en Masá y Meribá, donde el pueblo cayó en la rebeldía, la misma que denunciaba Jeremías. Por eso repetimos “Ojalá escuchéis la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»”

“El que no está conmigo está contra mí”

El Evangelio de hoy nos muestra a Jesús expulsando un demonio y respondiendo a quienes lo acusan de blasfemia y de aliarse con Satanás; acusación que muestra la incomprensión radical de sus milagros y también el rechazo directo y consciente de su persona.

La realidad está ahí: una persona ha sido sanada; pero el prejuicio impide reconocer la bondad de este hecho. Los prejuicios contra las personas nos ciegan tanto que no nos permiten ver, o incluso hace que veamos las cosas al revés. Todo nos parece bueno o hecho con buena intención cuando se trata de un amigo, pero si es un enemigo, cualquier cosa que haga lo consideraremos malo. Aunque haga milagros, sus enemigos estarán ciegos a su acción misericordiosa, todo lo atribuyen a mala intención, a pura maldad: “por Belzebú, el príncipe de los demonios, echa a los demonios”. Los prejuicios ciegan. Cuántas veces nos dejamos llevar por nuestras ideas preconcebidas sin atender a la realidad de los hechos.

A Jesús lo acusan de que expulsa el mal con el poder del mal. Pero les corrige, echa el mal con el poder de Dios (“con el dedo de Dios”), porque el mal no lucha contra él mismo: “un reino dividido no puede subsistir”. Con esto muestra la incoherencia de atribuir a Satanás la obra de Dios. Si el mal fuera autor de la expulsión, estaría trabajando contra sí mismo. Solo Dios puede luchar contra el mal y vencerlo, únicamente Dios es más fuerte. Por eso Jesús puede decir que, si su poder echa los demonios, “ha llegado a vosotros el reino de Dios”: al mal solo lo expulsa el poder del bien.

Pero a esos que se creían limpios, les advierte que a veces uno descuida su propia casa y termina vencido por el poder del mal. Jesús nos invita a invocar el poder de Dios para preservarnos de los males que pueden dominarnos: el rencor, la tristeza, el temor, la envidia, el egoísmo. Al mismo tiempo nos llama a la vigilancia. Si nos mantenemos atentos y dejamos que el Señor nos fortalezca con su poder, nuestra casa estará segura.

"El que no está conmigo, está contra mí" es un llamado a la decisión moral y eclesial. La pasividad y la tibieza ante el pecado equivalen a colaborar con el Mal; la fe exige compromiso.