domingo, 13 de septiembre de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Números 21, 4b-9

En aquellos días, el pueblo ese cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés:
«¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin sustancia».

El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel.

Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».

Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió:
«Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».

Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.

Salmo de hoy

Salmo 77, 1-2. 34-35. 36-37. 38 R/. No olvidéis las acciones del Señor

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza,
inclina el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado. R/.

Cuando los hacía morir, lo buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que Dios era su roca,
el Dios altísimo su redentor. R/.

Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él,
ni eran fieles a su alianza. R/.

Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 13-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios».

Reciba el Evangelio con el comentario de cada día en su WhatsApp

Haga click en "Suscribirme" desde su móvil y luego pulse el botón "Seguir" en su WhatsApp.

Active el icono de la campana para que su teléfono le avise de las novedades.


Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“La exaltación de la Santa Cruz”

Antes de iniciar el comentario a las lecturas de la misa de hoy, una reflexión sobre “La exaltación de la Santa Cruz”, como nombramos a la fiesta que hoy celebra la Iglesia;  o sobre “la adoración a la cruz, que se realiza litúrgicamente el Viernes santo

Pensemos en alguien ajeno a nuestra fe e incluso a nuestra cultura occidental, ¿cómo le sonará, exaltar un instrumento horrible de ejecución de seres humanos como la cruz; y que sea la cruz el emblema de los cristianos? ¿Nos imaginamos a alguien que exalte la silla eléctrica o la horca o el garrote vil…?

Es imprescindible señalar que se ha producido una metonimia: se ha tomado el continente, la cruz, por el contenido, el crucificado; o una sinécdoque, una parte, la cruz por el todo, el crucificado.

San Pablo presumió de estar unido a Cristo, precisando “crucificado”, pero sin exaltar la cruz

Se ha impuesto la leyenda que señala a Constantino antes de la batalla del Puente Milvio ver en el cielo una cruz y oír “In hoc signo vinces”, “con este signo vencerás”. Esta fiesta recuerda la invención por su esposa Elena de la que se creyó cruz en la que Jesús fue crucificado.

Por supuesto que los cristianos no adoramos ni exaltamos una cruz vacía, sino al crucificado. Pero hay que explicarlo, ya que hemos rodeado de cruces, desde nuestro cuello hasta puntos significados de nuestra geografía, nuestras tumbas, pues, como decía el catecismo de Astete, la cruz es el símbolo de los cristianos. No exaltamos la cruz en la fiesta de hoy, sino al crucificado. Tampoco la doramos el viernes santo…

“Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte”

Como leemos en texto evangélico de esta fiesta, fue el mismo Jesús quien acude a este episodio para anunciar su muerte en la cruz.

Mirar a la serpiente es curarse de la mordedura de las serpientes reales que habían invadido el campamente judío en su éxodo de Egipto, camino a la “tierra prometida”.

 Jesús quiere que le miremos en la cruz, simbolizado por esa serpiente de bronce, para que se realice en nosotros su acción salvífica. Mirarle es tenerle como referencia en nuestro vivir, para librarnos de quien puede envenenarnos, es decir: de los que acaban con la razón de nuestro vivir, de tener una vida real, humana, evangélica, con sentido de trascendencia. ¿Dedicamos tiempo a mirar al crucificado?

“Que al nombre de Jesús toda rodilla se doble”

Es uno de los textos más explícitos de la honda fe de San Pablo. Es un himno al Cristo real, al crucificado, a pesar de “su condición divina”: un himno a Cristo que se rebaja a ser esclavo y, lo que es más significativo para nosotros, a “pasar por uno de tantos”. Asumir el anonimato, viviendo como un hombre cualquiera, y “rebajarse hasta someterse a una muerte y una muerte de cruz”.

¿Cómo nos vemos nosotros, con nuestros deseos de ser alguien, de vernos superiores, de hacernos notar: nada de anonimato; de huir de lo que endurezca nuestro existir placentero, de ser bien considerados socialmente…?  Fue en esa humillación donde Jesús de Nazaret mereció ser, dice el texto, que “fuera levantado sobre todo”, ante quien todos doblen la rodilla, o sea, le adoren. (Por supuesto a él, no a la cruz).

“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito”

El texto es ante todo una declaración amorosa de Dios al mundo. Lo expone Jesús a ese maestro de la ley, Nicodemo. Amor hasta entregarle lo que más ama, a su Hijo único. Y es que -gran afirmación- “Dios no mandó a su hijo al mundo para condenarlo, sino para que el mundo se salve por él”. Dios no manda ángeles exterminadores, que acaben con los seres humanos. Ello por una razón, porque los ama, “tanto amó Dios al mundo”.

El amor es el protagonista. Y lo es en la cruz, en el crucificado. Jesús asume la cruz por amor. Por el mayor amor que ha existido en la historia humana, pues pertenece al “hombre perfecto” y al “perfecto hombre”, que dice el Vaticano II.

No nos salva ni nos redime la sangre derramada hasta la muerte; no nos salva la cruz, sino el amor del crucificado. En la cruz donde está crucificado Jesús de Nazaret tiene lugar el momento más elevado de la historia humana, el momento del mayor amor, que es el sentimiento humano por excelencia; por tanto el momento más elevando de la condición humana. Y ese amor es lo que nos salva y redime.

El protagonista será siempre Jesús de Nazaret, su amor; la cruz es solo el lugar donde tiene lugar el episodio más elevado de la historia humana. Por eso se la reconoce como símbolo de los seguidores del crucificado. Exaltarla a ella es exaltar a Jesús de Nazaret, en ella crucificado.

Pero no pasemos por alto la condición que Jesús señala en su diálogo con Nicodemo, hay que “creer en él” para que sea eficaz la salvación, para “no perecer, sino tener vida eterna”.

Esto nos urge a reflexionar sobre cómo es nuestra fe en el crucificado, cómo aceptamos a veces humillaciones, anonimatos, cruces, como el aceptó, “a pesar de su condición divina”.

SANTOS DEL DIA

 



Santoral

Exaltación de la Santa Cruz
Fiesta, 14 de septiembre ...

sábado, 12 de septiembre de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 27, 30 – 28, 7

Rencor e ira también son detestables,
el pecador los posee.
El vengativo sufrirá la venganza del Señor,
que llevará cuenta exacta de sus pecados.
Perdona la ofensa a tu prójimo
y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados.
Si un ser humano alimenta la ira contra otro,
¿cómo puede esperar la curación del Señor?
Si no se compadece de su semejante,
¿cómo pide perdón por sus propios pecados?
Si él, simple mortal, guarda rencor,
¿quién perdonará sus pecados?
Piensa en tu final y deja de odiar,
acuérdate de la corrupción y de la muerte
y sé fiel a los mandamientos.
Acuérdate de los mandamientos
y no guardes rencor a tu prójimo;
acuérdate de la alianza del Altísimo
y pasa por alto la ofensa.

Salmo

Salmo 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12 R/. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura. R/.

No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpa. R/.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre los que lo temen;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14, 7-9

Hermanos:
Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo.

Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que, ya vivamos ya muramos, somos del Señor.

Pues para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos.

Reciba el Evangelio con el comentario de cada día en su WhatsApp

Haga click en "Suscribirme" desde su móvil y luego pulse el botón "Seguir" en su WhatsApp.

Active el icono de la campana para que su teléfono le avise de las novedades.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.

Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.

Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste ¿no debías tener tú también compasión de un compañero, como yo tuve compasión de ti?”.

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».


«Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a os que nos han ofendido»

     El Señor nos obliga a perdonar las ofensas de los que nos han ofendido, tal como nosotros pedimos que nos perdone las nuestras (Mt 6,12). Hemos de saber que no podemos obtener lo que pedimos en lo referente a nuestros pecados, si no hacemos lo mismo con los que han pecado contra nosotros. Por esto Cristo dice en otra parte: «La medida que usaréis la usarán también con vosotros» (Mt 7,2). Y el siervo que, después de haber sido perdonado de toda su deuda, no ha querido hacer él lo mismo con el compañero de servicio que le debía, es metido en la cárcel. Porque no quiso tener compasión con su compañero, perdió lo que su amo le había concedido gratuitamente. Y esto, Cristo lo establece aún con más fuerza en sus preceptos, cuando decreta...: «Cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas. Pero si no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en el cielo os perdonará vuestras culpas» (Mc 11,25-26)... Cuando Abel y Caín, ofrecieron los primeros sus sacrificios, no fueron su ofrendas lo que Dios miró, sino su corazón (Gn 4,3s). Aquel cuya ofrenda le agradó, es aquel cuyo corazón le agradaba. Abel, pacífico y justo, ofreciendo en su inocencia un sacrificio a Dios, enseñaba a los demás a acercarse con el temor de Dios a ofrecer su ofrenda sobre el altar, con un corazón sencillo, el sentido de la justicia, y mereció llegar a ser él mismo una preciosa ofrenda y dar el primer testimonio de martirio. Prefiguró, por la gloria de su sangre, la Pasión del Señor, porque poseía la justicia y la paz del Señor. Los hombres semejantes a él son los que se ven coronados por el Señor, y que, en el día del juicio, obtendrán la justicia.

SANTOS DEL DIA

 



Santoral

Juan Crisóstomo, Santo
Memoria Litúrgtica, 13 de septiembre ...

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 14-22

Queridos hermanos, huid de la idolatría. Os hablo como a personas sensatas; juzgad vosotros lo que digo.
El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo?
Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan. Considerad al Israel según la carne: ¿los que comen de las víctimas no se unen al altar?
¿Qué quiero decir? ¿Que las víctimas sacrificadas a los ídolos son algo o que los ídolos son algo? No, sino que los gentiles ofrecen sus sacrificios a los demonios, no a Dios; y no quiero que os unáis a los demonios. No podéis beber del cáliz del Señor y del cáliz de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. ¿O vamos a provocar los celos del Señor? ¿Acaso somos más fuertes que él?

Salmo de hoy

Salmo 115, 12-13. 17-18 R/. Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza.

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando el nombre del Señor. R/.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando el nombre del Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 43-49

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:
«No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.
¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que digo? Todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificó una casa: cayó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba sólidamente construida.
El que escucha y no pone en práctica se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa».

Reciba el Evangelio con el comentario de cada día en su WhatsApp

Haga click en "Suscribirme" desde su móvil y luego pulse el botón "Seguir" en su WhatsApp.

Active el icono de la campana para que su teléfono le avise de las novedades.


Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Por sus frutos les conoceréis”

Dos parábolas nos regala hoy Jesús en el Evangelio. La primera es la del árbol, al que se le conoce por sus frutos. A cada persona se le conoce por los frutos que da en su vida. Quien da frutos sanos como la bondad es porque tiene sano el corazón. A la bondad y a la sencillez en nuestra forma de ser y de actuar nos invita Jesús en el Evangelio.

Nuestra forma de actuar de cada día, en las cosas pequeñas y las grandes nos está constantemente retratando. Nos define como personas nuestra forma de actuar, no nuestras palabras o discursos por maravillosamente bien que los construyamos.

En la persona verdaderamente sana, lo que rebosa del corazón lo habla la boca, dice Jesús.

Desgraciadamente hoy estamos viendo con demasiada frecuencia una total disociación entre lo que dicen las palabras y lo que muestra la vida. Jesús nos exhorta a la coherencia, entre la forma de hablar y la de actuar. Tienen que hablar más nuestros hechos y nuestros gestos que nuestras palabras.

“No todo el que me dice «señor, señor»”

El Señor llama la atención sobre una forma “piadosa” de entender la fe, que se limita a ponerse bajo su mirada misericordiosa sin más, pero sin hacer absolutamente nada por cambiar ni el corazón, ni la vida, ni el mundo en el que estamos.

El Señor nos invita no solo a escuchar con mayor o menor agrado, sino a poner en práctica lo que Él nos propone.

Tenemos que construir, que edificar. Pero nuestra construcción tiene que ser en roca firme, no en arena. Lo construido en roca es lo único que prevalece ante las lluvias y los vientos, ante las dificultades de la vida.

San Pablo nos dirá “mire cada cual cómo construye”, indicando que cada uno de nosotros tiene que hacerse a sí mismo. Nos construimos como personas. Los creyentes tenemos, como elemento de construcción valioso, la fe en Jesucristo. Pero la fe no es una hermosa teoría para saber, sino una forma de ser y de vivir. Qué pena si nosotros que escuchamos la Palabra de Dios nos olvidamos de ella a la hora de construir nuestra vida. Seremos, como en la parábola del Evangelio, la segunda que Jesús hoy nos propone, personas necias. El Señor nos propone al ejemplo del hombre prudente. Escuchar la Palabra para llevarla a la práctica en la vida de cada día.

El Señor nos pone en guardia. No podemos hacer de nuestra fe una religión meramente cultual y apartada de la vida real. Algo así no merece la pena, estaremos perdiendo el tiempo y en el fondo la vida.

Alguno podría preguntar ¿para qué sirve la fe? En un mundo como el nuestro, que valoramos mucho lo útil, lo práctico. A ti ¿de qué te sirve venir a misa los domingos, leer el Evangelio, rezar, escuchar las cosas que se dicen en la predicación?

Nos invita el Señor a huir de todo lo que significa hacer alarde de creyentes. Los judíos en tiempos de Jesús llevaban tozos de escritos de la Palabra de Dios enrollados en las muñecas o colgando del manto. Nosotros los cristianos tenemos también otras formas de ostentación pública. ¿De qué nos sirven si nuestra vida no guarda relación con estos signos o gestos? Tal vez para que los que nos ven se rían  de nosotros. ¿En qué debe notarse que somos de los que escuchamos la Palabra de Dios? En nuestra forma de vivir y de actuar. La fe que no se traduce en la vida sirve para poco. Incluso podemos cuestionarnos si es de verdad la fe de Jesucristo.

Cambiar la mente y el corazón. Vivir el mandamiento del amor con todas sus consecuencias. No parcelar nuestra vida. A veces puede ocurrir, y es bien triste, que una es la persona que viene a la Iglesia, la que escucha la Palabra de Dios, y otra muy distinta la que sale a la calle, la que actúa en su casa o en su trabajo o en la universidad, en su lugar de ocio o diversión. Aquí radica la diferencia entre construir sobre arena o construir con total solidez en la verdadera roca que es Jesús.

Estamos llamados a construir nuestra vida, como el hombre prudente de la parábola, a construir la comunidad cristiana y a construir el Reino de Dios en nuestro mundo. Es nuestra responsabilidad ineludible.

San Pablo, como en su tiempo a los Corintios, nos invita a encontrar fuerzas en la Eucaristía, que nos une entre nosotros a los que nos sentamos a la misma mesa y nos une estrechamente al Señor, que es el único que nos hace verdaderamente fuertes en la lucha de cada día. Sin Él, no lo olvidemos, no podemos hacer nada.

SANTOS DEL DIA

 



Santoral

El Dulce Nombre de María
Memoria Litúrgica, 12 de septiembre...

jueves, 10 de septiembre de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 9, 16-19. 22b-27

Hermanos:

El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo.

No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga.

Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio.

Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.

Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles.

Me he hecho todo para todos, para ganar, sea como sea, a algunos.

Y todo lo hago por causa del Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

¿No sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio? Pues corred así: para ganar.

Pero un atleta se impone toda clase de privaciones; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita.

Por eso corro yo, pero no al azar; lucho, pero no contra el aire; sino que golpeo mi cuerpo y lo someto, no sea que, habiendo predicado a otros, quede yo descalificado.

Salmo de hoy

Salmo 83, 3. 4. 5-6. 12 R/. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo!

Mí alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo. R/.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor del universo,
Rey mío y Dios mío. R/.

Dichosos los que viven en tu casa,
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
y tiene tus caminos en su corazón. R/.

Porque el Señor Dios es sol y escudo,
el Señor da la gracia y la gloria;
y no niega sus bienes
a los de conducta intachable. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 39-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola:

«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?

No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano».

Reciba el Evangelio con el comentario de cada día en su WhatsApp

Haga click en "Suscribirme" desde su móvil y luego pulse el botón "Seguir" en su WhatsApp.

Active el icono de la campana para que su teléfono le avise de las novedades.


Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“¡Ay de mi si no anuncio la Buena Noticia!”

En este cap. 9, versículos 16 a 27, el Apóstol se remonta a describir el sentido de su misión de anunciar la Buena Noticia con una de las expresiones más fascinantes que han salido de su boca: “¡Ay de ni si no anuncio la Buena Noticia!”.

Se siente como un profeta, forzado a predicar.

Sólo fuertes contrastes de palabras como estas pueden expresar la nueva realidad existencial con que fue agraciado Pablo en su encuentro con el resucitado en el camino de Damasco, que hizo de él un hombre libre y gozosamente encadenado por Jesús. Esta fuerza que le encadena desde dentro es el amor, expresión suprema de la libertad.

La memoria de este Jesús, grabada en lo más profundo de su ser, le llevará a elegir e identificarse con los más débiles y marginados en una vida de continuo riesgo. En Antioquia se puso de parte de los pagano-cristianos, cuya causa vio amenazada. Ahora en Corinto sale en defensa de los débiles judeo-cristianos. Se siente judío con los judíos, sin ley con los sin ley, débil con los débiles. En una palabra: “Me hice todo con todos para salvar al menos algunos”. ¿Qué paga espera Pablo? No otra que participar en la misma Noticia que anuncia.

Termina con una imagen deportiva de carrera, sugerida por los "juegos ítsmicos" que se celebraban en Corinto, para ilustrar el modo de ser libre que él ha escogido: entrenamiento y disciplina y renuncia para conseguir el premio. Si en el estadio uno solo consigue la medalla deportiva, en el terreno cristiano todos y todas conseguirán el premio con tal que corran y se esfuercen con perseverancia y tesón.

“Porque de la abundancia del corazón habla la boca”

¿Soy capaz de decirme la verdad de lo que vivo? Lucas en este capítulo y versículos, va poniendo en la boca de Jesús frases y sentencias que a lo largo de su vida y en diversos momentos y circunstancia fue diciendo.

La sabiduría de Jesús recuerda algo elemental: el otro es nuestro espejo. Si piensas que cuando juzgas y criticas a los demás lo único que haces es disfrutar o hacerles daño, te equivocas. Te haces daño a ti mismo, porque las palabras que salen de tu boca dejan al descubierto la maldad de tu corazón.

Luces y sombras, toda persona humana experimenta en su ser. Pero ¿qué es lo que me da autoridad para enjuiciar y dar sentencias sin antes parar, reflexionar, buscar las causas por las cuales los demás son y actúan de manera diferente?

El evangelio de hoy confronta nuestra vida y nuestra manera de vivir.

Hay conocimientos que se aprenden en los libros, en las universidades, en los laboratorios, con la inteligencia artificial (importantes y necesarios), pero, para los seguidores de Jesús es insuficiente, pues la verdadera sabiduría hay que buscarla (como dice Pagola), en lo más íntimo del ser humano, en silencio, descalzos, como aprendiz que busca en el Maestro los frutos del Espíritu: “BENIGNIDAD”, virtud que expresa un estado de ánimo que no es áspero, rudo, duro, sino afable, suave, que sostiene y conforta.

La persona que tiene estas cualidades ayuda a los demás a que su existencia sea más soportable, sobre todo cuando cargan con el peso de sus problemas y angustias. Que importante es encontrar personas que con sus palabras de aliento fortalecen, consuelan y estimulan.

Esta es la misión de los seguidores de Jesús el Resucitado.