miércoles, 10 de junio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 11, 21b-26; 13, 1-3

Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró y exhortaba a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño, porque era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una multitud considerable se adhirió al Señor. Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo; cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez los discípulos fueron llamados cristianos.

En la Iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, llamado Níger; Lucio, el de Cirene; Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo. Un día que estaban celebrando el culto al Señor y ayunaban, dijo el Espíritu Santo: «Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado». Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los enviaron.

Salmo de hoy

Salmo 97, 1-6 R/. El Señor revela a las naciones su justicia

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás”, y el que mate será reo de juicio.

Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.

Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».

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Reflexión del Evangelio de hoy

 “Era un hombre bueno, lleno de fe y de Espíritu Santo”

La primera lectura nos presenta la figura de San Bernabé, cuya fiesta celebramos hoy. Él, un levita, perteneció a la primera comunidad cristiana nacida de la predicación y actividad que los apóstoles desplegaron en la ciudad santa: aquella comunidad modelo que tenía una sola alma y un solo corazón. Fue uno de los que vendió cuanto poseía —un campo en su tierra natal, Chipre— y lo puso a los pies de los Apóstoles (Hch 4, 36-37). Fue compañero de San Pablo y, como él, apóstol de los gentiles.

Dios nos habla a través de palabras, de acontecimientos y también a través de la santidad de tantos hombres y mujeres. Hoy nos habla a través de Bernabé, el “hijo de la Consolación”, un hombre “bueno y lleno de Espíritu Santo”, alguien que “entregó su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Hch 15, 26). Le debemos tanto. ¿Qué habría sido de la historia de la Iglesia sin su bondad y fe? ¿Qué habría ocurrido si él no hubiera cumplido con tanta solicitud el papel que Dios le asignó, si no se hubiera dejado guiar por el Espíritu como lo hizo?

Él fue el único que creyó en el recién convertido Saulo cuando todos los fieles huían de él por temor. Creyó en él y lo llevó ante los apóstoles (Hch 9, 27). Lo asoció a su misión de llevar el Evangelio a los gentiles, tal como nos narra la primera lectura de hoy, pues “la noticia que llegó a los apóstoles” que se menciona, era precisamente la conversión de un gran número de gentiles en Antioquía. El texto lo especifica en los versículos anteriores. También creyó en el joven san Marcos y luchó por él cuando no parecía mostrar aptitudes para evangelizar; y, como bien sabemos, este se convirtió más tarde en el primero de los evangelistas.

El papel de Bernabé fue decisivo en el primer concilio de Jerusalén. Fue un compañero discreto, pero se mostró siempre firme y valiente a la hora de dar la cara por Dios y por los hermanos. El testimonio de su vida acercó multitudes al Señor.

Bernabé recibió a manos llenas el caudal de gracia que se derramó como un torrente en Pentecostés, fruto del misterio pascual. Se dejó transformar por esa gracia y supo transmitirla a los demás a lo largo de toda su vida. Haciendo honor a su apodo, llevó el consuelo del Evangelio a muchos. Hoy nos exhorta a permanecer unidos al Señor y, con su vida, nos invita a asociarnos a la vida y misión de los Apóstoles, como él lo hizo, porque todo bautizado es depositario de la gracia, templo del Espíritu Santo, apóstol, misionero, enviado de Cristo y portador de su consuelo.

“Vuestra justicia”

“Me enseñarás el sendero de la vida” (Salmo 16, 11). Hoy se cumple esta Escritura. Jesús, el Maestro, nos irá revelando a lo largo de estos días el sentido pleno de la ley; nos introducirá en la verdad completa. Nos guiará por senderos de madurez y de santidad verdadera.

En el Evangelio de este día, el Señor nos invita a elegir el amor siempre, por encima de todas las cosas. Más allá del impulso de nuestras pasiones, de la ira, la agresividad, los juicios, los rencores y los deseos de venganza, que se imponga nuestra libertad: somos cristianos, somos hijos de Dios, trabajamos por la paz, permanecemos en el amor y vencemos al mal a fuerza de bien. Queremos complacer a nuestro Padre, y lo que él desea ardientemente es ver a sus hijos unidos; allí manda la bendición, la vida eterna (Cf. Sal 133, 1).

El Señor nos ha colmado a cada uno de nosotros con su misericordia y ahora nos pide que demos gratis lo que hemos recibido gratis. Si no estamos dispuestos a hacer esto, a tener compasión de nuestro hermano como Dios la tuvo de nosotros, ¿cómo osaremos presentarnos ante él con ofrendas para pedirle perdón, reconciliación y comunión, pretendiendo alabarle y agradecerle como si fuéramos personas que cumplen su voluntad?

“Tienes razón, Maestro… amar al prójimo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”, le dijo un escriba a Jesús en cierta ocasión, y él le respondió: “No estás lejos del Reino de Dios” (cf. Mc 12, 32-34). Esto es lo que nos acerca a Dios, a su corazón; lo que nos introduce en la gloria.

Mientras vamos de camino en esta vida, muchos nos ponen pleito: son tantos los que reclaman nuestro amor, nuestra atención; los que mendigan una palabra de aliento, un trozo de pan, un poco de compañía, una mano amiga, una oración solidaria… Como san Bernabé, seamos dóciles al Espíritu Santo, que nos llena del amor de Dios, y sigamos el camino de Jesús, perdonando y haciendo el bien. Que brille en nosotros la justicia de los hijos de Dios y que, viéndolo, una multitud considerable se adhiera al Señor.


SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Bernabé, Santóstol, 11 de junio ...

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 18, 20-39

En aquellos días, el rey Ajab dio una orden entre todos los hijos de Israel y reunió a los profetas de Baal en el monte Carmelo.

Elías se acercó a todo el pueblo y dijo:
«¿Hasta cuándo vais a estar cojeando sobre dos muletas? Si el Señor es Dios, seguidlo; silo es Baal, seguid a Baal».

El pueblo no respondió palabra. Elías continuó:
«Quedo yo solo como profeta del Señor, mientras que son cuatrocientos cincuenta los profetas de Baal. Que nos den dos novillos; que ellos elijan uno, lo descuarticen y lo coloquen sobre la leña, pero sin encender el fuego. Yo prepararé el otro novillo y lo pondré sobre la leña, también sin encender el fuego. Vosotros clamaréis invocando el nombre de vuestro dios y yo clamaré invocando el nombre del Señor. Y el dios que responda por el fuego, ese es Dios».

Todo el pueblo acató:
«¡Está bien lo que propones!».

Elías se dirigió a los profetas de Baal:
«Elegid un novillo y preparadlo vosotros primero, pues sois más numerosos. Clamad invocando el nombre de vuestro dios, pero no pongáis fuego».

Tomaron el novillo que les dieron, lo prepararon y estuvieron invocando el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo:
«¡Baal, respóndenos!».

Mas no hubo voz ni respuesta. Brincaban en torno al altar que habían hecho.

A mediodía, Elías se puso a burlarse de ellos:
«Gritad con voz más fuerte, porque él es dios, pero tendrá algún negocio, le habrá ocurrido algo, estará de camino; tal vez esté dormido y despertará!».

Entonces gritaron con voz más fuerte, haciéndose incisiones con cuchillos y lancetas hasta chorrear sangre por sus cuerpos según su costumbre.

Pasado el mediodía, entraron en trance hasta la hora de presentar las ofrendas, pero no hubo voz, no hubo quien escuchara ni quien respondiese.

Elías dijo a todo el pueblo:
«Acercaos a mí», y todo el pueblo se acercó a él. Entonces se puso a restaurar el altar del Señor, que había sido demolido. Tomó Elías doce piedras según el número de tribus de los hijos de Jacob, al que se había dirigido esta palabra del Señor:
«Tu nombre será Israel».

Erigió con las piedras un altar al nombre del Señor e hizo alrededor una zanja de una capacidad de un par de arrobas de semilla. Luego dispuso leña, descuartizó el novillo y lo colocó encima.
«Llenad de agua cuatro tinajas y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña», ordenó y así lo hicieron.

Pidió:
«Hacedlo por segunda vez»; y por segunda vez lo hicieron.
«Hacedlo por tercera vez» y una tercera vez lo hicieron.

Corrió el agua alrededor del altar, e incluso la zanja se llenó a rebosar.

A la hora de la ofrenda, el profeta Elías se acercó y comenzó a decir:
«Señor, Dios de Abrahán, de Isaac y de Israel, que se reconozca hoy que tú eres Dios en Israel, que yo soy tu servidor y que por orden tuya he obrado todas estas cosas. Respóndeme, Señor, respóndeme, para que este pueblo sepa que tú, Señor, eres Dios y que has convertido sus corazones».

Cayó el fuego del Señor que devoró el holocausto y la leña, lamiendo el agua de las zanjas.

Todo el pueblo lo vio y cayeron rostro en tierra, exclamando:
«¡El Señor es Dios. El Señor es Dios!».

Salmo de hoy

Salmo 15, 1b-2a. 4. 5 y 8. 11 R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios». R/.

Se multiplican las desgracias
de quienes van tras dioses extraños;
yo no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios. R/.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».

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Reflexión del Evangelio de hoy

La voz del profeta

El Libro de los Reyes nos narra hoy el episodio de la confrontación entre los profetas de baal y el profeta Elías. Que oportuno es hacer memoria de los tiempos pasados para que nos ayuden a afrontar los desafíos del tiempo actual en que vivimos. Más allá de los elementos anecdótico y espectaculares que nos brinda el relato sería oportuno  preguntarnos ¿qué está en juego en este hecho que se nos recuerda?¿Qué dice a la realidad en que vivimos?

Creo que un elemento que deberíamos tener en cuenta es quienes son parte de esta confrontación: por un lado Elías, el profeta, su nombre “Eli-yahu, significa”: “Mi Dios es Yahvé”. Elías es la figura referente al pensar en el ideal de profeta; Él quiere presentarnos con sus palabras y acciones al verdadero Dios y no está dispuesto a permitir que se adulteren los valores esenciales de la fe y de la vida. Frente a Elías los profetas de baal, el dios cananeo, su nombre significa: “señor”. Baal es presentado siempre como un ídolo. El ídolo no tiene consistencia sino que es apariencia. Nos muestra algo ficticio que no es real. Nos ilusiona poniendo en lugar de lo trascendente realidades que no lo son. Muchas veces en nuestro hoy somos bombardeados por esta realidad idolátrica que nos deja el sabor amargo de la desilusión cuando ponemos en ella nuestras expectativas.

Tal vez sea oportuno recordar las palabras del cardenal Carlo María Martini: «Nosotros somos creyentes, pero estamos siempre tentados de caer en la idolatría; la figura de Elías nos ayuda a desenmascararlos ídolos que nos tientan tanto más cuanto nuestro esfuerzo por adorar al Dios verdadero intenta hacerse mis sutil, puro; quisiera ser más auténtico. Idolatría no es simplemente la adoración del becerro de oro, en el que reconocemos una forma antigua ya superada, sino toda forma de culto hacia realidades que no son Dios y que intentan, solapadamente, colocarse en su sitio. Realidades, incluso camufladas de divinas, de espirituales, de religiosas».     

 

¿Cuáles son hoy nuestros ídolos? ¿Qué propuestas sociales y culturales pretenden ocupar el lugar de “dios” de nuestra existencia? Que necesaria es la voz del profeta que nos ayude a no confundir las opciones y nos permita discernir los caminos que nos lleven a los valores del Dios revelado por Jesús.

He venido a dar plenitud

Por medio de las bienaventuranzas el Señor, como buen maestro, quiere ayudarnos a dar plenitud en nosotros el sueño de Dios para esta realidad.

Jesús busca que podamos ser fieles al proyecto de Dios desde la perspectiva del Reino. Por eso nos impulsa a crecer y madurar en la fe. A no quedarnos en un mero cumplimiento sino a vivir en plenitud lo que creemos. A encarnar en nuestra humilde realidad cotidiana el amor de Dios.

Estamos llamados a ser libres para desarrollar nuestras potencialidades y capacidades poniéndolas al servicio de los demás alcanzando así la felicidad. Hoy no solo cuentan nuestras ideas y acciones sino sobre todo nuestras actitudes. Como dice la Escritura: « Este precepto que yo te mando hoy no excede tus fuerzas, ni es inalcanzable... El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que lo cumplas.» (Dt 30,11.14)

Jesús nos invita a vivir una fe para la vida. «Una fe que sea capaz de iluminar al mundo dándole sentido y asegurándole que es posible que el hombre deje de ser enemigo del hombre para convertirse en hermano, en alguien en quien se puede confiar, al que se le puede llamar en los momentos de apuro y en los de alegría porque siempre lo encontraremos dispuesto a escuchar, a comprender y a compartir. Es el Evangelio de hoy un auténtico reto para los cristianos. Pero, no lo olvidemos, estamos llamados a aceptar ese reto.» (A. M. CORTES)    

SANTOS DEL DÍA

 



lunes, 8 de junio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 17, 7-16

En aquellos días, se secó el torrente donde estaba escondido Elías, pues no hubo lluvia sobre el país.
La palabra del Señor llegó entonces a Elías diciendo:
«Levántate, vete a Sarepta de Sidón y establécete, pues he ordenado a una mujer viuda de allí que te suministre alimento».
Se alzó y fue a Sarepta. Traspasaba la puerta de la ciudad en el momento en el que una mujer viuda recogía por allí leña. Elías la llamó y le dijo:
«Tráeme un poco de agua en el jarro, por favor, y beberé».
Cuando ella fue a traérsela, él volvió a gritarle:
«Tráeme, por favor, en tu mano un trozo de pan».
Ella respondió:
«Vive el Señor, tu Dios, que no me queda pan cocido; solo un puñado de harina en la orza y un poco de aceite en Ja alcuza. Estoy recogiendo un par de palos, entraré y prepararé el pan para mí y mi hijo, lo comeremos y luego moriremos».
Pero Elías le dijo:
«No temas. Entra y haz como has dicho, pero antes prepárame con la harina una pequeña torta y tráemela. Para ti y tu hijo la harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel:
“La orza de harina no se vaciará
la alcuza de aceite no se agotará
hasta el día en que el Señor conceda
lluvias sobre la tierra”».
Ella se fue y obró según la palabra de Elías, y comieron él, ella y su familia.
Por mucho tiempo la orza de harina no se vació ni la alcuza de aceite se agotó, según la palabra que había pronunciado el Señor por boca de Elías.

Salmo de hoy

Salmo 4, 2-3. 4-5. 7-8 R/. Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro.

Escúchame cuando te invoco, Dios de mi justicia;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mi y escucha mi oración.
Y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la falsedad y buscaréis el engaño? R/.

Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.
Temblad y no pequéis,
reflexionad en el silencio de vuestro lecho. R/.

Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?»
Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en su trigo y en su vino. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará hasta el día en que el Señor conceda lluvias sobre la tierra”

El texto del libro de los Reyes, más allá de la historia de Elías y la viuda extranjera de Sarepta, nos presenta a un Dios que se hace presente en las circunstancias más adversas de la vida de los hombres. La viuda, pagana, lo reconoce en el profeta extranjero y se pone a su servicio. En ella contemplamos la triste realidad de la penuria más extrema y el valor supremo del Amor como Donación de Sí misma a quien lo necesita.

En el texto el propio Dios, en la persona del profeta, peregrina fuera de su Casa, del Pueblo por Él elegido y nos descubre que, más allá de creencias aprendidas, de instituciones sagradas, se hace visible, comprensible: su Palabra es Palabra de Vida, de Consuelo, de un Amor que conmueve y dinamiza, un Amor que pone en evidencia que lo imposible puede suceder si hay Fe.

La historia del profeta y la viuda es la de cada uno de nosotros cuando descubrimos que el Dios en que creemos no espera muchas veces a que vayamos a su encuentro en los lugares “sagrados” de referencia, sino que sale a nuestro encuentro en las fronteras de la vida y de la fe y con su Amor nos dinamiza, nos consuela y no deja que se consuma nuestro pan.

“Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín”

La sal, la luz en el candelero, la ciudad en lo alto del monte son signos con lo que el Señor nos quiere explicar que la Fe necesariamente es testimonio de vida para que sea auténtica, que no basta aceptar unas verdades, cumplir unos mandamientos o asistir a unos cultos. La Fe es un Sí a un Dios que da sentido, alegría y esperanza, a un Dios que por Amor se hace hombre y es capaz de dar la Vida por nosotros…

Aceptar esta Fe en mi vida es lo que me impulsa a “ser sal”, es decir, a no conformarme con la mediocridad de una sociedad donde cada uno va a lo suyo, aunque en el fondo siempre están insatisfechos: son sosos por inercia.

Vivir esta Fe es lo que me anima a “ser luz” y que no me importe si con ello me ponen en un celemín o incluso se me vea en lo alto de un monte. Los primeros cristianos, según la carta a Diogneto, eran testimonios de amor y verdad entre los paganos, que se asombraban de sus actitudes y comportamientos. Como explica fray Bernardo Sastre: "Iluminar no es lo mismo que brillar. El cristiano luce, no se luce"

Ciertamente nada de esto es fácil y menos aún en la sociedad donde vivimos, pero al menos debe quedar en nosotros la humilde aspiración a intentarlo en la esperanza de que el Señor, como a la viuda de Sarepta, no va a dejar que se nos acabe el pan y el aceite.

PARA LA MEDITACIÓN

«Jesús nos urge a que seamos luz para la sociedad. El mismo que dijo: «Yo soy la luz», nos dice ahora «vosotros sois la luz del mundo». La luz de Cristo es la luz de la fe, la luz de la vida que nace con más fuerza justo en el momento de la muerte; la luz del amor que se hace pleno cuando es capaz de la renuncia total; la luz de la confianza, de la esperanza que se mantiene siempre viva; la luz de la bienaventuranza descubierta en la pobreza o en la persecución; la luz de Cristo y este crucificado. Pero una luz que se esconde no sirve para nada. El siguiente ejemplo que pone el Señor nos ayuda a entender cuál es nuestra misión: ser como una ciudad edificada sobre un monte, que siempre se ve, que es como punto de referencia y sirve de orientación para los que se encuentran medio perdidos en el camino. Eso mismo debemos ser los cristianos en medio de este mundo complicado y oscuro, deberíamos ser faros, casa acogedora para todos los que andan perdidos en busca de luz, de verdad, de amor.»

(José Manuel Lorca Planes, obispo de Cartagena)

SANTOS DEL DÍA

 




Santoral

Efrén, Santo
Memoria Litúrgica, 9 de junio ...

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Lectura del primer libro de los Reyes 17, 1-6

En aquellos días, Elías, el tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab:
«Vive el Señor, Dios de Israel, ante quien sirvo, que no habrá en estos años rocío ni lluvia si no es por la palabra de mi boca».

La palabra del Señor llegó a Elías diciendo:
«Sal de aquí, dirígete hacia oriente y escóndete en el torrente de Querit, frente al Jordán. Habrás de beber sus aguas y he ordenado a los cuervos que allí te suministren alimento».

Fue a establecerse en el torrente de Querit, frente al Jordán, procediendo según la palabra del Señor.

Los cuervos le llevaban pan y carne por la mañana y lo mismo al atardecer; y bebía del torrente.

Salmo de hoy

Salmo 120, 1bc-2. 3-4. 5-6. 7-8 R/. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor.
que hizo el cielo y la tierra. R/.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel. R/.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche. R/.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».

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Reflexión del Evangelio de hoy

"Sal de aquí, dirígete hacia oriente y escóndete en el torrente de Querit"

El profeta Elías aparece en este texto como una voz incomoda que rompe el silencio de la resignación. No llega con palabras de consuelo fácil, sino con una llamada urgente a la conversión. Israel había olvidado al Dios vivo y había puesto su confianza en los ídolos, en los poderes del mundo y en falsas seguridades. Por eso la sequía que anuncia Elías no es solo un fenómeno natural: es el signo visible de un corazón que se ha alejado de la fuente de la vida.

Sin embargo, esta lectura no habla únicamente del juicio de Dios, sino también de su providencia. Cuando el profeta obedece y se retira junto al torrente de Querit, Dios cuida de él de una manera sorprendente. Los cuervos le llevan alimento y el agua del torrente sostiene su vida. Así se revela un Dios que nunca abandona a quienes confían en Él.

También nosotros vivimos en un mundo tentado por muchos ídolos: el bienestar, la imagen, el dinero, el poder o la autosuficiencia. Cuando ponemos en ellos nuestra esperanza, el alma se reseca. Pero cuando escuchamos la voz de Dios y caminamos sus caminos, descubrimos que Él sigue alimentando nuestra vida incluso en medio de la escasez y la incertidumbre.

Podemos, entonces, hacernos la pregunta: ¿cuáles son los ídolos que están secando hoy nuestra vida y nuestro corazón y de qué manera me está invitando Dios a confiar más profundamente en su providencia?

"Abriendo su boca, les enseñaba diciendo"

Las Bienaventuranzas son el retrato del corazón de Jesucristo y, al mismo tiempo, el programa de vida de todo discípulo. En un mundo que llama felices a los ricos, a los poderosos, a los que triunfan y se imponen a los demás, Jesús sube al monte y proclama una felicidad que desconcierta: dichosos los pobres, los mansos, los misericordiosos, los que trabajan por la paz y los que sufren por casa de la justicia.

No se trata de elogiar el sufrimiento ni la pobreza en sí mismos. Jesús esta revelando dónde se encuentra la verdadera bendición: en una vida abierta a Dios, libre de la esclavitud del egoísmo capaz de amar incluso en medio de las dificultades. Las Bienaventuranzas son una denuncia profética de los valores que dominan tantas veces nuestra sociedad y también nuestra propia vida. Nos recuerdan que el Reino de Dios crece silenciosamente allí donde hay compasión, perdón, humildad y búsqueda sincera de justicia y de paz.

Cada Bienaventuranza es una invitación a parecerse más a Cristo. Son semillas de un mundo nuevo, de una humanidad reconciliada donde la fuerza no está en dominar, sino en servir; no en acumular, sino en compartir; no en vengarse, sino en amar.

Y delante de todo esto, podemos preguntarnos: Al contemplar las Bienaventuranzas, ¿en qué valores estamos construyendo nuestra felicidad y cuánto se parecen realmente a los valores que Jesús proclama desde el monte?