martes, 10 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la profecía de Daniel 3, 25. 34-43

En aquellos días, Azarías, puesto en pie, oró de esta forma; alzó la voz en medio del fuego y dijo:

«Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia.

Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas.

Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados.

En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia.

Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados.

Que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados.

Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor; trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia.

Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor».

Salmo de hoy

Salmo 24, 4-5a. 6 y 7cd. 8-9 R/. Recuerda, Señor, tu ternura

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.

Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Seamos humildes en nuestra oración”

Azarías implora al Señor en momentos de dificultad para su pueblo. Realiza una oración profunda y sincera de la que se deduce una petición de perdón. Y lo hace apoyándose en la intercesión de Abraham, Isaac y Jacob, hombres buenos y fieles a Dios. En sus palabras vemos su confianza, humildad, entrega y amor por Dios. Pide ayuda y perdón de corazón y hay una frase que, para mí, es clave: “Te respetamos y queremos encontrarte”. Busca al Señor desde el respeto, desde lo hondo del corazón, con una sinceridad que desnuda su alma ¿No es así como un hijo habla a su padre?

Nunca debemos tener miedo a ser humildes, a pedir perdón si hemos hecho algo mal. Dios es misericordia, pero también justicia, siempre nos dará lo que nos convenga si se lo pedimos con sinceridad, y si nosotros somos capaces de actuar igual con nuestros semejantes. Y quedémonos con estas palabras de Azarías: “los que en ti confían no quedan defraudados”.

“…Como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”

¡Cuántas veces hemos leído y escuchado este pasaje! ¡Y cuantas veces rezamos el Padre Nuestro! Y yo me pregunto ¿Somos conscientes de lo que significa perdonar o pedir perdón? ¿Cuántas veces hemos oído, o hemos dicho eso de “perdono, pero no olvido”? Si el perdón nace del amor por el otro, por Dios, por nosotros mismos ¿Como debe ser nuestro perdón?

San Pedro le hace una pregunta al Maestro con toda su buena fe y la respuesta que recibe le debió dejar perplejo “Hasta 70 veces 7”, o sea: hasta el infinito. El perdón no sabe de números ni de límites y se da generosamente, sin esperar nada a cambio, es como el abrazo que le da el padre al hijo pródigo cuando regresa a casa reconociendo sus errores. Y Jesús pronuncia una parábola para explicarlo, parábola que nos muestra cual es el verdadero perdón frente al interesado o circunstancial. Y también nos dice que nosotros no podemos implorarlo si no hacemos lo mismo con el prójimo, no podemos pretender un buen trato si no lo damos a los demás.

El verdadero perdón sale del corazón y nace del amor. Del amor por el amigo, el jefe, el hijo, el que nos ofende, el que nos ignora... Fíjate que el propio Cristo en el peor momento de su pasión, colgado de la Cruz, lo que le pide al Padre es que perdone a sus verdugos por su ignorancia de lo que están haciendo, le está pidiendo perdón por ti y por mí, por las veces que le volvemos a crucificar cada día con nuestros comportamientos y negaciones. Solo se puede implorar ese perdón si se ama de verdad. ¿Y nosotros somos capaces de poner condiciones a nuestro perdón al que nos lo pide? Poco amamos si es así.

“Perdona nuestras ofensas COMO NOSOTROS PERDONAMOS AL QUE NOS OFENDE”. El mismo Jesús nos dejó dicho como debemos actuar para alcanzar la gracia del Padre. Mas claro no se puede decir y ejemplos sobran en el Evangelio: el perdón a la mujer adúltera, el perdón a las negaciones de San Pedro, el perdón a sus verdugos…

En esta Cuaresma sería un buen ejercicio, y un propósito, el revisar cómo perdonamos y cómo pedimos perdón. Sí. El perdón viene del amor y por el amor se da y se recibe, sin condiciones ni reservas. Pongámonos al pie de la Cruz con María y miremos a los ojos de Jesús cuando nos perdona con los brazos abiertos mientras entrega hasta su última gota de sangre por ti y por mí. Y luego podremos perdonar y ser perdonados.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Macario de Jerusalén, Santo
Obispo, 10 de marzo ...

lunes, 9 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del segundo libro de los Reyes 5, 1-15a

En aquellos días, Naamán, jefe del ejército del rey de Siria, era hombre notable y muy estimado por su señor, pues por su medio el Señor había concedido la victoria a Siria.

Pero, siendo un gran militar, era leproso.

Unas bandas de arameos habían hecho una incursión trayendo de la tierra de Israel a una muchacha, que pasó al servicio de la mujer de Naamán. Dijo ella a su señora:
«Ah, si mi señor pudiera presentarse ante el profeta que hay en Samaría. Él lo curaría de su lepra».

Fue (Naamán) y se lo comunicó a su señor diciendo:
«Esto y esto ha dicho la muchacha de la tierra de Israel».

Y el rey de Siria contestó:
«Vete, que yo enviaré una carta al rey de Israel».

Entonces tomó en su mano diez talentos de plata, seis mil siclos de oro, diez vestidos nuevos y una carta al rey de Israel que decía:
«Al llegarte esta carta, sabrás que te envío a mi siervo Naamán para que lo cures de su lepra».

Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras, diciendo:
«¿Soy yo Dios para repartir vida y muerte? Pues me encarga nada menos que curar a un hombre de su lepra. Daos cuenta y veréis que está buscando querella contra mí».

Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras y mandó a que le dijeran:
«Por qué has rasgado tus vestiduras? Que venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel».

Llegó Naamán con sus carros y caballos y se detuvo a la entrada de la casa de Eliseo. Envió este un mensajero a decirle:
«Ve y lávate siete veces en el Jordán. Tu carne renacerá y quedarás limpio».

Naamán se puso furioso y se marchó diciendo:
«Yo me había dicho: “Saldrá seguramente a mi encuentro, se detendrá, invocará el nombre de su Dios, frotará con su mano mi parte enferma y sanaré de la lepra”. El Abaná y el Farfar, los ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Podría bañarme en ellos y quedar limpio».

Dándose la vuelta, se marchó furioso. Sus servidores se le acercaron para decirle:
«Padre mío, si el profeta te hubiese mandado una cosa difícil, ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si te ha dicho: “Lávate y quedarás limpio”!».

Bajó, pues, y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre de Dios. Y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio.

Naamán y toda su comitiva regresaron al lugar donde se encontraba el hombre de Dios. Al llegar, se detuvo ante él exclamando:
«Ahora conozco que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel».

Salmo de hoy

Salmo 41, 2. 3; 42, 3. 4 R/. Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿cuándo veré el rostro de Dios?"

Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío. R/.

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R/.

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R/.

Me acercaré al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
y te daré gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 4, 24-30

Habiendo llegado Jesús a Nazaret, le dijo al pueblo en la sinagoga:

«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naámán, el sirio».

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

"Su carne volvió a ser como la de un niño pequeño"

La Primera Lectura de hoy nos advierte que Naamán, “siendo un gran militar, era leproso”. Con esta afirmación parece querer contraponer una realidad exterior y exitosa a otra más oculta y dolorosa.

Y es que, muchas veces, podemos funcionar muy bien hacia afuera, gestionando con éxito nuestras actividades con los demás, y al mismo tiempo, podemos no saber cómo gestionar nuestras situaciones personales. Aquellas que nos descubren vulnerables, pecadores, necesitados de compasión y comprensión.

Como guerrero, Naamán había salido muchas veces de su patria, pero siempre a la batalla, siempre para conquistar, siempre desde su armadura. Esta vez, al dirigirse a Israel, debe ir desarmado, reconociendo su necesidad o, mejor aún, debe ir dispuesto a mostrarla a los demás.

Cuando llega a la casa del profeta Eliseo y recibe la orden de bañarse siete veces en el Jordán, Naamán se enoja porque lo que le pide el profeta no coincidía con sus expectativas. Había en Siria mejores ríos que en Israel para ello.

Ciertamente, Naamán había hecho un viaje exterior, pero le faltaba hacer el viaje interior: aceptar que la solución a su enfermedad podía venir de donde no sabía, de donde no calculaba, de fuera de sus esquemas de seguridad y costumbre.

Tenía que reconocer que, solo saliendo fuera de su zona de confort, podía encontrar la salud que tanto deseaba. Es verdad que había salido de su tierra y viajado a Israel, que se había quitado la armadura y mostrado su enfermedad, ahora debía aceptar que el camino de la cura no era el esperado según sus criterios, sino que debía escuchar y obedecer a otro que le animaba a arriesgar caminos nuevos.

Naamán termina exclamando: ¡Es verdad! “no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel”. Al fin, descubre a un Dios nómada, un Dios no ligado a un lugar, sino que establece alianza con personas, con un pueblo: un Dios vivo.

 

¿Qué caminos nuevos de salud nos estará invitando Dios a recorrer, más allá de nuestras armaduras, de nuestras fronteras, de nuestros criterios auto referidos?

"Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino"

El Evangelio nos relata que, contrariamente a lo que hizo Naamán…, los paisanos de Jesús no habían salido de su tierra, pero esperaban que Jesús (Él sí había salido de su tierra) les hiciera los milagros que se decía había hecho en otros lugares. Y, cuando Jesús les recuerda los milagros que Dios hizo con los extranjeros, ellos se enojan y lo quieren matar.

El rechazo que advierte Jesús (“ningún profeta es aceptado en su pueblo”) no es responsabilidad suya como profeta, sino del pueblo que se cierra en sí mismo.

Pues, mantenerse en el propio lugar, es decir, no estar dispuesto a salir de la propia tierra, del propio mundo, no estar dispuesto a abrirse, a reconocer y a discernir la verdad que otro pueda ofrecer, representa, ciertamente, una cerrazón que impide todo milagro.

Más todavía. Cuando ese otro que viene de fuera se acerca a la mía, su novedad me invita –y me provoca– a una nueva perspectiva.

Si Jesús no puede hacer las transformaciones que desea en nuestras vidas, en nuestras comunidades, en nuestra sociedad, ¿no se deberá a que lo recibimos muy “afincados en nuestra tierra”, muy encerrados en nuestras perspectivas aprendidas y seguridades conquistadas?

Nuestros rechazos lo pueden ahuyentar y expulsar. Hasta intentar despeñarlo. Jesús, con todo, siempre se abre paso y sigue su camino. Es libre y libertador. Vendrá una y otra vez, como una alondra que muestra lo que hay más allá de nuestros límites y nos enciende en deseo de sus Promesas.

Un deseo de plenitud que no se apaga en nosotros a pesar de nuestros miedos y cerrazones y nos hace orar como el salmista: “mi alma te busca a ti, Dios mío”. Pidamos, pues: “Señor, que tu luz y tu verdad me guíen” y me hagan salir de mí para ir hacia Ti.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Francisca Romana, Santa
Memoria Litúrgica, 9 de marzo ...

domingo, 8 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro del Éxodo 17, 3-7

En aquellos días, el pueblo, sediento, murmuró contra Moisés, diciendo:
«¿Por qué nos has sacado de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?».

Clamó Moisés al Señor y dijo:
«¿Qué puedo hacer con este pueblo? Por poco me apedrean».

Respondió el Señor a Moisés:
«Pasa al frente del pueblo y toma contigo algunos de los ancianos de Israel; empuña el bastón con el que golpeaste el Nilo y marcha. Yo estaré allí ante ti, junto a la roca de Horeb. Golpea la roca, y saldrá agua para que beba el pueblo».

Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y llamó a aquel lugar Masá y Meribá, a causa de la querella de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo:
«¿Está el Señor entre nosotros o no?».

Salmo

Salmo 94, 1-2. 6-7c. 7d-9 R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R/.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 1-2. 5-8

Hermanos:
Habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por el cual hemos obtenido además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.

En efecto, cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 4, 5-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.

Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
«Dame de beber».

Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:
«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

Jesús le contestó:
«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».

La mujer le dice:
«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».

Jesús le contestó:
«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».

La mujer le dice:
«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».

Él le dice:
«Anda, llama a tu marido y vuelve».

La mujer le contesta:
«No tengo marido».

Jesús le dice:
«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».

La mujer le dice:
«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».

Jesús le dice:
«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».

La mujer le dice:
«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».

Jesús le dice:
«Soy yo, el que habla contigo».

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».

La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:
«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».

Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían:
«Maestro, come».

Él les dijo:
«Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis».

Los discípulos comentaban entre ellos:
«¿Le habrá traído alguien de comer?».

Jesús les dice:
«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.

¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.

Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».

Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».


“El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial” (Jn 4,14)

“¡Ven conmigo del Líbano, novia mía, ven desde el Líbano! Desciende desde la cumbre del Amaná, desde las cimas del Sanir y del Hermón, desde la guarida de los leones, desde los montes de los leopardos” (Ct 4,8). ¿Qué quiere decir? La fuente de la gracia atrae a ella a los que tienen sed, como lo dice el Evangelio “El que tenga sed, venga a mí; y beba el que cree en mí” (Jn 7,37). No dio límite a la sed, ni al impulso hacia Él, no dio límite a calmar la sed. El modo ilimitado expresado en sus palabras es una permanente invitación a tener sed, a beber, a lanzarnos hacia Él. En cuanto a los que han ya bebido y que aprendieron por esta experiencia que el Señor es bueno (cf.1Pe 2,3), el hecho de haber bebido deviene un llamado a una mayor participación. El que sube, no cesa de tener un llamado que lo atrae para ir más lejos. Recordemos la forma en que el Verbo ha estimulado muchas veces a la Esposa (…): “¡Levántate, amada mía, y ven, hermosa mía! Paloma mía, que anidas en las grietas de las rocas, en lugares escarpados, muéstrame tu rostro, déjame oír tu voz; porque tu voz es suave y es hermoso tu semblante” (Ct 2,13-14). Tu vendrás, llegarás desde el inicio de la fe, “desde las cimas del Sanir y del Hermón”. Es el sacramento del nacimiento de lo Alto que es aquí evocado. Ahí nacen las fuentes del Jordán, encima de ellas se alza la montaña dividida en dos picos llamados Sanir y Hermón. El río que surge de esas fuentes es para nosotros el comienzo de nuestra transformación en Dios. Por eso el alma escucha decir “ven” al que la llama hacia él, desde el comienzo de la fe, desde las montañas dónde está la fuente del sacramento.  

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Juan de Dios, Santo
Memoria Litúrgica, 8 de marzo ...

FUNERAL POR LUISA

 



El Señor llamó a su seno a :


Dª LUISA DOBAÑO GONZÁLEZ


(VIÚDA DE  DON GUMERSINDO QUINTAS FEIJOÓ


VECINA QUE FUE DE BANDE 


a los 92 años de edad


D.E.P


Los funerales por su eterno descanso tendrán lugar Hoy Domingo día 8 de Marzo  a las 5 de la tarde