miércoles, 8 de julio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la profecía de Oseas 11, 1-4. 8c-9

Esto dice el Señor:
«Cuando Israel era joven lo amé
y de Egipto llamé a mi hijo.
Cuanto más los llamaba,
más se alejaban de mí:
sacrificaban a los baales,
ofrecían incienso a los ídolos.
Pero era yo quien había criado a Efraín,
tomándolo en mis brazos;
y no reconocieron que yo los cuidaba.
Con lazos humanos los atraje,
con vínculos de amor.
Fui para ellos como quien alza
un niño hasta sus mejillas.
Me incliné hacia él
para darle de comer.
Mi corazón está perturbado,
se conmueven mis entrañas.
No actuaré en el ardor de mi cólera,
no volveré a destruir a Efraín,
porque yo soy Dios,
y no hombre;
santo en medio de vosotros,
y no me dejo llevar por la ira».

Salmo de hoy

Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16 R/. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve

Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece,
despierta tu poder y ven a salvarnos. R/.

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña.
Cuida la cepa que tu diestra plantó
y al hijo del hombre que tú has fortalecido. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios.
Gratis habéis recibido, dad gratis.
No os procuréis en la faja oro, plata ni cobre; ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en una ciudad o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa, saludadla con la paz; si la casa se lo merece, vuestra paz vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros.
Si alguno no os recibe o no escucha vuestras palabras, al salir de su casa o de la ciudad, sacudid el polvo de los pies.
En verdad os digo que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra, que a aquella ciudad».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Llamé a mi hijo. Lo amé y lo llevé en mis brazos”

En muchas ocasiones he escuchado que el Dios del Antiguo Testamento es terrible, justiciero, sanguinario… Este texto del profeta Oseas que la Liturgia nos propone hoy, desmantela esa errónea imagen del Dios del Antiguo Testamento para revelarnos, una vez más, al Dios-Amor, al Dios-Abba de Jesús.

En los capítulos anteriores, el profeta Oseas nos compara el amor de Dios como un amor conyugal, ahora lo describe como un padre-madre tierno, que lleva a su hijo en brazos, al que acaricia y besa, al que le da de comer y le enseña a andar, al que atrae "con lazos de amor". Pero ese hijo le es infiel. Continuamente rompemos la alianza que prometimos en nuestro bautismo: "cuando le llamaba, él se alejaba". Él nos sigue sacando de los diferentes Egiptos que son las distintas esclavitudes en que nos enredamos y que nos hacen alejarnos y olvidar a Dios.    

¿Y cuál es la reacción de Dios a nuestra infidelidad?: "Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas: no cederé al ardor de mi cólera". Y la razón es todavía más impresionante: "porque yo soy Dios, y no hombre; santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta".

¿Hay una “buena noticia” mejor que ésta? Este texto del libro de Oseas es uno de los mejores del Antiguo Testamento, comparable con el relato de la parábola del hijo pródigo. Nuestro Dios es un Dios que salva, que perdona siempre, que restaura y nos devuelve la dignidad de hijos amados.

Sí, somos sus hijos amados, salidos de sus entrañas a su imagen y semejanza, por eso, también nosotros debemos ser misericordiosos, capaces de amar a cada una de las personas que nos rodean, a nuestra Iglesia, a nuestra comunidad, a nuestra familia, aunque tengan defectos y nos traten mal, aunque nos cueste, debemos amar como Dios continuamente nos ama.  

“Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”

Si creemos que el Reino es el Señor y nos convertimos, viviendo como Él quiere, seremos signos de su presencia y haremos sus mismas obras: realizar curaciones, volver a dar la vida, tomar posición contra Satanás y sus estrategias del mal.

No por nuestros méritos sino porque, sin merecerlo, nos ha capacitado para que sigamos haciéndolo presente entre nosotros. Esta riqueza, absolutamente gratuita, es la que estoy llamada a entregar.

Ser discípulo también me exige vivir la “pobreza evangélica”, que no se apoya en los medios materiales (oro, plata, vestidos, alforja, seguridad), sino en la ayuda de Dios y en la fuerza de su palabra. Asumiendo el fracaso; si en un lugar no nos escuchan, vamos a otro donde podamos anunciar la Buena Noticia. Dispuestos a todo, a ser recibidos o a ser rechazados. Sin olvidar que, en definitiva, lo que anunciamos es el sentido que tiene nuestra vida y la vida de todos nuestros hermanos, a los ojos de Dios: esto es el Reino de Dios.

 

 

Oración para hacer junto al Padrenuestro

Hijo mío

que estás en la tierra

y me llamas por mi nombre

todo mi Reino eres tú

y mi voluntad quererte.

Toma mi cuerpo cuando tengas hambre

y mi sangre para saciar tu sed.

No olvides que aquí estoy para levantarte.

Te quiere, tu Padre

 

(Carlos Schlatter, Sacerdote)

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Agustín Zhao y compañeros, Santos
Memoria Litúrgica, 9 de julio...

martes, 7 de julio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la profecía de Oseas 10, 1-3. 7-8. 12

Una viña arrasada es Israel, el fruto es como ella.

Por la abundancia de sus frutos, multiplicó sus altares.

Cuanto más rica era su tierra, más adornaban sus estelas.

Su corazón es inconstante, así pues pagarán.

Él mismo hará pedazos sus altares, demolerá sus estelas.

Entonces dirán: «no tenemos rey, porque no tuvimos temor del Señor..., y el rey ¿qué haría por nosotros?».

Ha desaparecido el rey de Samaria, como una rama de la superficie del agua.

Serán destruidos los altozanos de los Iniquidad, ¡pecado de Israel!

Espino y maleza crecerán sobre sus altares.

Dirán a las montañas: «Cubridnos», y a las colinas: «Caed sobre nosotros».

Sembrad con justicia, recoged con amor.

Poned al trabajo un terreno virgen. Es tiempo de consultar al Señor, hasta que venga y haga llover sobre vosotros la justicia.

Salmo de hoy

Salmo 104, 2-3. 4-5. 6-7 R/. Buscad continuamente el rostro del Señor.

Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas,
gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor. R/.

Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 1-7

En aquel tiempo, Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.

Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.

Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Cuantos más eran sus frutos, más aumentó sus altares”

La primera lectura de hoy es un fragmento del profeta Oseas, quien hace de su drama personal: un amor abandonado que más tarde recupera, un signo profético de la relación entre Yahvé e Israel. La historia de Israel es una larga cadena de infidelidades al Dios que le da constantes puebas de su amor y que permanece siempre dispuesto a la reconciliación.

En estos versículos, se muestra el corazón dividido del pueblo. Está viviendo una época de prosperidad, recogiendo los frutos abundantes de una viña frondosa, pero, olvidándose del Dios de quien vienen esos dones, multiplica altares y monumentos idolátricos.

No podemos demonizar el desarrollo económico pues sirve para la promoción del bien común. El problema está en la ambigüedad del corazón humano y el riesgo de su división entre proyectos solidarios o proyectos acumulativos. El drama aparece cuando el  bienestar de las minorías satisfechas anestesia la sensibilibilidad hacia las carencias de las mayorías empobrecidas. El corazón dividido  ignora al hermano. Así, los humanos somos con frecuencia víctimas de una economía que mata, como han denunciado los últimos pontífices, y hacemos de nuestro bienestar un incienso para los dioses del consumo y del mercado.  

Pero Yahvé no se olvida de su pueblo, le reencontrará y le bendecirá de nuevo para que Israel pueda sembrar justicia y recolectar misericordia.

“Les dio autoridad para curar toda enfermedad y dolencia”

El texto de Mateo narra la institución de los Doce, un grupo reducido de los discípulos, a quienes consideramos apóstoles.

Jesús no es un profeta ni un predicador solitario, quiere tener junto a sí a otros a los que llama para que vivan cercanos a él y para que compartan su causa.

No se trata sólo de constituir un equipo de trabajo. La espiritualidad de Jesús hunde sus raíces en la tradición de Israel. El número doce tiene resonancias veterotestamentaria: las tribus que componían el pueblo. Al elegir doce apóstoles, Jesús expresa su convencimiento de que con él y sus seguidores se se constituye el nuevo pueblo, un pueblo que, redimido, será enviado para anunciar a todos los pueblos, a todos los hombres y mujeres, que el Reino ya está aquí y que la historia va a cambiar.

Los Doce forman un grupo heterogéneo, constituido por gente sencilla que vive de su trabajo, y que se convierte desde entonces en un grupo itinerante que sigue a Jesús.  Esto es significativo también. Jesús no se rodea de la flor y nata de aquella sociedad. Tampoco de gente económicamente potente o con un  notable patrimonio cultural. Entre ellos no hay sacerdotes ni escribas. Ni todos son tan virtuosos que la convivencia entre ellos sea una balsa de aceite: algunos deseaban la preminencia y el poder.

Poco a poco, a lo largo de tres años, el Señor va educándoles con paciencia. Presencian sus signos, escuchan sus palabras, les explica en privado algunas parábolas. Corrige sus expectativas sobre su persona y su misión: es un Mesías siervo. Aprenden el valor de la compasión hacia los débiles. Les va familiarizando con el drama de su pasión y les anuncia la resurrección. En suma, les está preparando para que se conviertan en los testigos de su vida, de su misterio y de su ministerio.

Hay dos precisiones en el relato que conviene destacar. En primer lugar les da “autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia”. Jesús comparte con ellos su poder para sanar. La salvación que anuncia con su palabra se realiza con sus milagros, aunque estos no son tanto manifestación de poder cuanto  signos  de compasión. Y muestras de que la salvación cristiana es de la persona entera, simbolizada en el cuerpo, y no sólo en un alma separada.

En según lugar, las instrucciones finales de no ir a tierra de paganos, sino de centrarse “en las ovejas descarriadas de Israel” extrañan porque con Jesús caen las viejas fronteras y se inicia una religión universalista. Posiblemente, el Señor está invitando a ordenar la propia casa antes que limpiar la calle.  Es verdad que nadie da lo que no tiene. Sólo las personas integradas son una promesa y no una amenaza para la comunidad. Sólo las comunidades que encarnan los valores del Evangelio, pueden anunciarlos y ofertarlos creíblemente a otros. Sólo quienes evangelizan su propio corazón pueden evangelizar a otros. Porque la evangelización no es el resultado de discursos brillantes, sino de transformación de corazones. 

 

¿A qué dios consagramos nuestro corazón: al Dios Padre que nos cuida y nos pide cuidar a los hermanos, o a los dioses del consumo y el mercado? ¿Pretendemos seguir a Jesús de forma individualista o desde y con nuestra comunidad? ¿Somos conscientes de que podremos evangelizar a otros si previamente nos evangelicemos algo más a nosotros mismos?

SANTOS DEL DÍA

 




Santoral

Adriano III, Santo
CIX Papa, 8 de julio ...

FUNERAL POR OBDULIA

 



El Señor llamó a su seno a :


Dª OBDULIA ÁLVAREZ PÉREZ


a los 84 años de edad


D.E.P


Los funerales por su eterno descanso tendrán lugar Mañana día 8 de Julio a las 11 de la Mañana

lunes, 6 de julio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la profecía de Oseas 8, 4-7. 11. 13

Esto dice el Señor:
«Han constituido reyes en Israel, sin contar conmigo, autoridades, y yo no sabía nada

Con su plata y con su oro se hicieron ídolos para establecer pactos.

¡Tu becerro te ha rechazado, Samaria!

Mi ira se inflamó contra ellos.

¿Hasta cuándo serán culpables de la suerte de Israel?

¡Un artesano lo ha hecho, pero no es un Dios!

Sí, terminará hecho pedazos, el becerro de Samaría.

Puesto que siembran viento, cosecharán tempestades; “espiga sin brote no produce harina”.

Tal vez la produzca, pero la devorarán extranjeros.

Efraín multiplicó los altares de pecado, y fueron para él altares de pecado.

Para él escribo todos mis preceptos, son considerados cosa de otros.

¡Sacrificios de carne asada!

Sacrificaron la carne y se la comieron.

El Señor no los acepta.

Tiene presente su perversión y castiga sus pecados: Deberán retornar a Egipto».

Salmo de hoy

Salmo 113 B, 3-4. 5-6. 7ab-8. 9-10 R/. Israel confía en el Señor

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas. R/.

Tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen. R/.

Tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan.
Que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos. R/.

Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 32-38

En aquel tiempo, le llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Y después de echar al demonio, el mudo habló. La gente decía admirada:
«Nunca se ha visto en Israel cosa igual».

En cambio, los fariseos decían:
«Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios».

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.

Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».

Entonces dice a sus discípulos:
«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“¡Tu becerro te ha rechazado!”

¡Cuánta es la dureza que Oseas nos comunica en el fragmento que hoy leemos en la primera lectura! Dios no está contento. El pueblo contraviene los deseos del Señor, se construyen ídolos, se nombran reyes y autoridades, todo menos seguir los mandatos del Señor. Los reproches del Señor a su pueblo son muy duros, claramente condenatorios, pero vienen seguidos, unos capítulos más adelante (11 y ss), Dios vuelve a mostrar su cara misericordiosa y promete la salvación del pueblo.

La vida de Oseas es bastante truculenta. Oseas, por indicación del Señor, contrae un segundo matrimonio con una prostituta, con la que tiene tres hijos, para volver de nuevo, por mandato divino, a su primera mujer, de la que se había separado por supuestas infidelidades. Esta es una imagen de la situación, de la actitud que vive Israel. El Señor ve la infidelidad de su pueblo y le rechaza por idólatra. Los dos becerros de oro, los sacrificios rituales a Baal, terminan dando con el pueblo de nuevo en “el desierto”. Pero el Señor se compadece de su pueblo, al que ama sin medida, y vuelve a otorgarle su favor, su protección inacabable. Israel volverá con el tiempo conveniente, a ser un pueblo elegido.

“¡Rogad al Señor que mande trabajadores a su mies!”

¿Cuántas veces hemos oído esta frase en las homilías que nos regalan algunos de nuestros celebrantes cada misa?, pero ¿ponemos algo de nuestra parte para solucionar el problema? ¿Conocemos alguna familia donde se anime a los hijos al sacerdocio o a las hijas al convento?

Alguna hay, pero pocas y, a todas luces, insuficientes. Y así tenemos un clero claramente envejecido en lo físico y en lo mental. Tenemos una “mercancía” excelente, de primera calidad, pero no sabemos presentarla ante nuestro pueblo fiel.

Llevo unos meses en los que observo que entre los “calvinos” y las “luteranas” que asistimos a las misas, (Entiendan ustedes calvos y viudas enlutadas), aparecen numerosos jóvenes. Es emocionante pensar que seguirán estando en el templo pasados unos meses. Muchos de ellos son parejas que parecen enamorados y eso nos dice que el sacerdocio está lejos de ellos, y qué decir de ellas. Pero al menos se ha roto la tendencia a huir del templo, para volver a él. Solo falta que nuestro clero celebrante, y los que estamos más o menos alrededor, seamos capaces de animarlos a seguir en el camino emprendido/recuperado y no los ahoguemos con tradiciones que se han vuelto obsoletas y de nada sirven.

Jesús pide al Padre que mande obreros a su mies y a nosotros nos toca mantenerlas en el campo donde son necesarios los sembradores, cuidadores y segadores. A veces nos cargamos de tradiciones absurdas y pesadas, absolutamente obsoletas, pero a las que nos agarramos con fuerza y no queremos aparcarlas y dejarlas en el tiempo pasado que es donde nacieron y donde debieran haber quedado. Y no entiendan que todas las tradiciones son nefastas; pero algunas si lo son y deberíamos desterrarlas.

Estos días, cuando escribo esto, está a punto de llegar a España el Papa León XIV y vemos moverse grandes multitudes de personas que se desplazan a los lugares donde el Papa efectuará algún movimiento, que espero sea evangélico. Hoy, siete de julio, pasado un mes de su estancia entre nosotros, ¿qué imagen nos quedará en la memoria de la visita? ¿Recordaremos sus mensajes, sin duda llenos de vida cristiana? ¿O recordaremos simplemente el boato que rodeaba todos sus actos? Escucharemos la Palabra de Dios que nos quiere transmitir, o ¿nos quedaremos prendidos de las imágenes de cientos de obispos, todos mitrados, siendo un muro infranqueable entre León y el pueblo?¿Oiremos al “servus servorum Dei” o al comandante en jefe?

¡Ojalá el Señor se sirva de su siervo León XIV, para acercarse a nosotros, el insignificante pueblo, para visitar nuestras mentes y llenarnos del Espíritu Santo que tanto necesitamos!

Nuestro Dios está en el cielo y lo que quiere, lo hace. … AMEN

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

María Goretti, Santa
Memoria Litúrgica. 6 de julio ...