jueves, 7 de mayo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 15, 7-21

En aquellos días, después de una fuerte discusión, se levantó Pedro y dijo a los apóstoles y a los presbíteros:

«Hermanos, vosotros sabéis que, desde los primeros días, Dios me escogió entre vosotros para que los gentiles oyeran de mi boca la palabra del Evangelio, y creyeran. Y Dios, que penetra los corazones, ha dado testimonio a favor de ellos dándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros. No hizo distinción entre ellos y nosotros, pues ha purificado sus corazones con la fe. ¿Por qué, pues ahora intentáis tentar a Dios, queriendo poner sobre el cuello de esos discípulos un yugo que ni nosotros ni nuestros padres hemos podido soportar? No; creemos que lo mismo ellos que nosotros nos salvamos por la gracia del Señor Jesús».

Toda la asamblea hizo silencio para escuchar a Bernabé y Pablo, que les contaron los signos y prodigios que Dios había hecho por medio de ellos entre los gentiles. Cuando terminaron, Santiago tomó la palabra y dijo:

«Escuchadme, hermanos: Simón ha contado como Dios por primer vez se ha dignado escoger para su nombre un pueblo de entre los gentiles. Con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:

"Después de esto volveré y levantaré de nuevo la choza caída de David; levantaré sus ruinas y la pondré en pie, para que los demás hombres busquen al Señor, y todos los gentiles sobre los que ha sido invocado mi nombre: lo dice el Señor, el que hace esto sea conocido desde antiguo".

Por eso, a mi parecer, no hay que molestar a los gentiles que se convierten a Dios; basta escribirles que se abstengan de la contaminación de los ídolos, de las uniones ilegítimas, de animales estrangulados y de la sangre. Porque desde tiempos antiguos Moisés tiene en cada ciudad quienes lo predican, ya que es leído cada sábado en las sinagogas».

Salmo de hoy

Salmo 95, 1-2a. 2b-3. 10 R/. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R/.

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.

Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente» R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Dios penetra los corazones”

La lectura de hoy describe con detalle y belleza cómo vivían y se relacionaban los primeros discípulos del Señor. Para los primeros cristianos, como para nosotros, no fue fácil la convivencia. Trasmiten esta larga discusión, ya que, cada uno, desde la perspectiva de su misión que tenían que cumplir, percibían la vida de Cristo de una manera distinta.  Eso sí, siempre respetaban a los presbíteros y apóstoles, y todos a San Pedro, como cabeza de la Iglesia. 

Por eso, entonces, como ahora, es esencial el diálogo fraterno, el opinar con humildad y sin imposición, para que la unidad se pueda realizar. Después, tenemos que obedecer y hacer caso, a lo que la Iglesia y el Papa nos digan, para caminar en la unidad que Jesucristo quiso. ¡Cuánto tenemos que agradecer y respetar la tradición de la Iglesia y la transmisión de la fe de generación en generación! Por ejemplo, cómo no recordar, la influencia que ha tenido para nosotros el Concilio Vaticano II, como para los primeros cristianos, este I Concilio de Jerusalén: ya que llegaron a la reflexión: de que todos nos salvamos exclusivamente por la gracia de Jesús, no solamente limitándose esta salvación, a los que vivían la Ley Mosaica. Con esta decisión potenciaron la unidad y la Catolicidad de la Iglesia; es decir: judíos y gentiles eran uno en Cristo Jesús.  

Por eso, es muy importante saber, que no somos protagonistas, sino que todos somos instrumentos en las manos del Señor y tenemos que discernir cómo anunciar a Jesucristo, su Evangelio: la Palabra de Dios, ya que es un don Suyo, que tenemos que custodiar y guardar, para darlo a conocer.

A veces, no comprendemos ni entendemos los caminos y designios de Dios, porque nos falta la visión sobrenatural, la apertura a su Gracia, ya que el Espíritu Santo, sopla donde quiere y como quiere.

“Permaneced en mi amor”

El evangelista San Juan, habla siempre del amor. 

Este texto, tiene una fuerza especial, ya que es parte del discurso que pronunció Jesús en la última cena.  Nos dice que permanezcamos en su Amor. ¡Qué importante es descansar en el amor de Dios por nosotros! 

También nos dice cómo: cumpliendo sus mandamientos. Cuando oímos la palabra mandamiento, nos causa como rechazo, porque la clasificamos en el sometimiento de unas normas. Parece, que no tiene cabida en Dios esta palabra, ya que, nos ama de una manera incondicional. El amor de Dios hacia los pecadores está fuera de toda duda, no entra en nuestros parámetros humanos.

Recordemos que Él acaba de afirmar: "Yo os he amado", como un hecho consumado. Tenemos que pensar que estos mandamientos son de Él y que realmente nos conducen al Amor verdadero, no a un amor meramente humano, sentimental, pasajero, sino al Amor de Dios, para que podamos aprender a amar a los hermanos desde Él. Estos mandamientos, fortalecerán y arraigarán este amor y además, nos harán partícipes de la alegría del Señor.  ¿Realmente creemos en la Palabra de Dios, que nos hace partícipes de su alegría y amor si vivimos sus mandamientos?

Dios es mi Padre. Amar y dejarse amar por Él, exige ser fieles a ese Amor, ser fieles a lo que nos indica, en sus mandamientos. Es imposible vivir cristianamente si no estamos unidos a Él. Sin esa unión, seremos miembros inservibles, para este proyecto de amor de Dios para con la humanidad.  El Amor cristiano tiene un manantial que lo alimenta: el Amor de Dios Padre, manifestado en su Hijo por medio del Espíritu Santo.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Rosa Venerini, Santa
Virgen y Fundadora, 7 de mayo...

martes, 5 de mayo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 15, 1-6

En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme al uso de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más de entre ellos subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia. Ellos, pues, enviados por la Iglesia provistos de lo necesario, atravesaron Fenicia y Samaría, contando cómo se convertían los gentiles, con lo que causaron gran alegría a todos los hermanos. Al llegar a Jerusalén, fueron acogidos por la Iglesia, los apóstoles y los presbíteros; ellos contaron lo que Dios había hecho con ellos.

Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron, diciendo:
«Es necesario circuncidarlos y ordenarles que guarden la ley de Moisés».

Los apóstoles y los presbíteros se reunieron a examinar el asunto.

Salmo de hoy

Salmo 121, 1bc-2. 3-4b. 4c-5 R/. Vamos alegres a la casa del Señor

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestro pies
tus umbrales, Jerusalén. R/.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor. R/.

Según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.

Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Los apóstoles y los presbíteros se reunieron a examinar el asunto”

El pasaje de los Hechos de los Apóstoles nos sitúa ante un momento decisivo que la tradición considera el primer concilio de la Iglesia: el Concilio de Jerusalén. Todo comienza cuando algunos que bajaron de Judea enseñaban que, si los gentiles no se circuncidaban conforme al uso de Moisés, no podían salvarse. La cuestión no era secundaria: estaba en juego la identidad misma del cristianismo.

Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé. Por eso se decidió que subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros. No se trata de una decisión individual, sino de un discernimiento eclesial. La Iglesia, desde sus comienzos, afronta las tensiones buscando juntos la voluntad de Dios bajo la acción del Espíritu.

En el camino, Pablo y Bernabé contaban cómo se convertían los gentiles, causando gran alegría. Ese detalle revela que Dios ya estaba actuando más allá de las fronteras de Israel. Al llegar a Jerusalén, fueron acogidos y narraron lo que Dios había hecho con ellos. Sin embargo, algunos cristianos procedentes del fariseísmo insistían en imponer la Ley de Moisés.

La asamblea se reunió a examinar el asunto. En el fondo, la pregunta era profunda: ¿era el cristianismo una reforma interna del judaísmo o una novedad destinada a toda la humanidad? La respuesta que surgirá marcará un antes y un después. No se impondrán más cargas que las indispensables. Con ello se dio un paso decisivo: la fe en Jesucristo no quedaba ligada a una identidad étnica, a un pueblo o a una tierra concreta.

Aquel concilio abrió el cristianismo a una dimensión universal. Dios no es solo el Dios de un pueblo, sino el Padre de todos. Jesucristo no murió y resucitó para unos pocos, sino para toda la humanidad. Así nace una Iglesia verdaderamente universal.

“El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante”

El evangelista Juan, el más místico y elevado de los cuatro —no en vano la tradición lo representa con el símbolo del águila, que vuela alto y penetra en las alturas del misterio— nos ofrece en este pasaje una de las claves más hondas de la espiritualidad cristiana: permanecer. No se trata solo de creer, ni solo de actuar, sino de permanecer.

“Yo soy la verdadera vid… permaneced en mí, y yo en vosotros”. La imagen es sencilla y profunda. El sarmiento no tiene vida en sí mismo; la recibe de la vid. Separado, se seca. Unido, da fruto. Permanecer no es un gesto puntual ni una emoción pasajera. Es fidelidad. Es empeñarse. Es buscar una y otra vez. Es continuar ahondando en la relación con Dios cuando todo parece rutinario o árido.

Permanecer es cuidar la oración cotidiana, aunque no siempre sea consoladora. Es acercarse con constancia a los sacramentos, especialmente a la Eucaristía y a la Reconciliación. Es ocuparse de las cosas de Dios para que Dios se ocupe de tus cosas. Es dejar que su Palabra permanezca en nosotros, moldeando criterios, decisiones y afectos.

Juan insiste: “sin mí no podéis hacer nada”. En una cultura que exalta la autosuficiencia, esta afirmación resulta provocadora. Pero permanecer en Cristo no anula la libertad, sino que la fecunda. El fruto abundante no nace del activismo, sino de la unión. El Padre, como labrador, poda lo que ya da fruto para que dé más. La poda duele, pero purifica.

Permanecer es aceptar también esa poda: las pruebas, las correcciones, los silencios de Dios. Es confiar en que la savia sigue circulando aunque no la veamos. Y entonces la promesa se cumple: “pedid lo que deseáis, y se realizará”. No porque imponemos nuestra voluntad, sino porque nuestro corazón, al permanecer, se va configurando con el suyo. Así damos fruto y glorificamos al Padre.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Lucio de Cirene, Santo
Santo del Nuevo Testamento, 6 de mayo...

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 14, 19-28

En aquellos días, llegaron unos judíos de Antioquía y de Iconio y se ganaron a la gente; apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, dejándolo ya por muerto. Entonces lo rodearon los discípulos; él se levantó y volvió a la ciudad.

Al día siguiente, salió con Bernabé para Derbe. Después de predicar el Evangelio en aquella ciudad y de ganar bastantes discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquia, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios.

En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Y después de predicar la Palabra en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquia, de donde los habían encomendado a la gracia de Dios para la misión que acababan de cumplir. Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe. Se quedaron allí bastante tiempo con los discípulos.

Salmo de hoy

Salmo 144, 10-11. 12-13ab, 21 R/. Tus amigos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R/.

Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 27-31a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo yo».

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Reflexión del Evangelio de hoy

"Contaron como Dios había abierto a los gentiles las puertas de la fe"

Pablo y Bernabé habían sido enviados por la iglesia de Antioquía a predicar la Buena Noticia de Jesús a las poblaciones más o menos cercanas. En Listra habían curado a un hombre, cojo de nacimiento, que recuperó la capacidad de andar, y la gente los tomó como dioses con figura de hombres, e incluso pretendían ofrecerles sacrificios. Ellos, a duras penas, consiguieron disuadir a la gente, pero llegaron unos judíos de Antioquía y de Iconio que soliviantaron al pueblo contra ellos, apedrearon a Pablo y lo sacaron de la ciudad pensando que estaba muerto.

Al día siguiente Pablo y Bernabé abandonaron la ciudad, dirigiéndose a otras poblaciones a predicar el Evangelio, convirtiéndose mucha gente, y ellos los animaban a persistir en la fe.

Finalizaron su periplo volviendo a Antioquía donde comunicaron a sus hermanos como, con la ayuda de Dios, habían podido cumplir con la misión que se les había encomendado.

Está claro que la cerrazón de algunos y la envidia, dificultaron la hermosa labor de anunciar el Evangelio, pero ellos se mantuvieron firmes y, con la ayuda de Dios, perseveraron en su magnífica misión.

Estamos viviendo una época en la que parece que Dios molesta, el hombre se considera autosuficiente y, poco menos, que el centro del mundo, olvidándose que en la vida todo es efímero, y que el mundo no gira alrededor nuestro.

Los creyentes, siguiendo a Pablo, no nos debemos dejar llevar por las dificultades o trabas que se nos presentan. Estamos creados a imagen de Dios, y nos mantenemos por la presencia de amor que Dios nos otorga gratuitamente, y en esa presencia debemos vivir y reflejarla en todos los que nos rodean, sean o no de nuestra condición, pues Jesús nos enseñó que debemos orar, incluso, por los que nos odian.

El salmo 144 en su antífona nos dice: “Tus amigos, Señor, anunciarán la gloria de tu reino”. Nos anima a no decaer y anuncia la Buena Noticia, tal como hizo San Vicente Ferrer, que hoy la Orden de Predicadores celebra su memoria. Fue un predicador incansable e itinerante por la Europa de su tiempo, en una época muy difícil para la Iglesia, pero llevó la luz de la Palabra de Dios a mucha gente, consiguiendo su conversión, viviendo una vida ejemplar y, hasta el último día, llevando la Buena Noticia de Jesús a todos

"Si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre"

El capítulo 14 del evangelio de Juan nos presenta a Jesús, en pleno discurso de despedida en el transcurso de la última cena. Cristo no se esconde y les anuncia, claramente, que ha llegado la hora en que va a ser glorificado por el Padre, y que su partida es inminente.

Los discípulos no acaban de entender. A Tomás le dice cuál es el camino para llegar al Padre: Él mismo, pues es el camino, la verdad y la vida; Felipe que le pide que les muestre al Padre, y le responde que viéndole a Él verán al Padre, y les intenta comunicar que es realmente bueno que vuelva al Padre, aunque para ello tenga que pasar por todas la vejaciones, envidias y crímenes que le esperan.

Les deja “La Paz”, no la paz que diariamente repetían los judíos (Shalom), sino una paz auténtica, no solo por la ausencia de conflictos, más bien la paz que Él nos infunde, la paz de la confianza plena en Dios, que lleva implícita la tranquilidad interior basada en el amor.

En un mundo totalmente falto de paz, lleno de guerras (que aparecen por todas partes como por generación espontánea), pero también de la paz interior, Jesús nos invita a ser trabajadores por la paz. Heraldos de esperanza para los demás.Portadores de la alegría del Evangelio a todos, reflejando en nuestras vidas el inmenso amor del Padre que se ha encarnado en Jesucristo, y que nosotros recibimos gratuitamente, y que a Cristo lo llevó a su entrega total como signo absoluto de amor al Padre y a los hombres.


¿Nos frenan las dificultades en nuestra misión de anunciar la Buena Noticia? ¿Llevamos la paz que Cristo nos da a todos? ¿Vemos en Dios una lacra para nuestra vida?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Hilario de Arlés, Santo
Obispo, 5 de mayo ...

lunes, 4 de mayo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 




Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 14, 5-18

En aquellos días, cuando en Iconio se produjeron conatos de violencia de parte de los gentiles y de los judíos, con sus autoridades, para maltratar a Pablo y a Bernabé y apedrearlos; al darse cuenta de la situación, huyeron a las ciudades de Licaonia, a Listra y Derbe y alrededores, donde se pusieron a predicar el Evangelio.

Había en Listra, sentado, un hombre impedido de pies; cojo desde el seno de su madre, nunca había podido andar. Estaba escuchando las palabras de Pablo, y este, fijando en él la vista y viendo que tenía una fe capaz de obtener la salud, le dijo en voz alta:
«Levántate, ponte derecho sobre tus pies».

El hombre dio un salto y echó a andar. Al ver lo que Pablo había hecho, el gentío exclamó en la lengua de Licaonia:
«Los dioses en figura de hombres han bajado a visitarnos».

A Bernabé lo llamaban Zeus, y a Pablo, Hermes, porque se encargaba de hablar. El sacerdote del templo de Zeus que estaba a la entrada de la ciudad trajo a las puertas toros y guirnaldas y, con la gente, quería ofrecerles un sacrificio.

Al oírlo los apóstoles Bernabé y Pablo, se rasgaron el manto e irrumpieron por medio del gentío, gritando y diciendo:
«Hombres, ¿qué hacéis? También nosotros somos humanos de vuestra misma condición; os anunciamos esta Buena Noticia: que dejéis los ídolos vanos y os convirtáis al Dios vivo “que hizo el cielo, la tierra y el mar y todo lo que contienen”. En las generaciones pasadas, permitió que cada pueblo anduviera su camino; aunque no ha dejado de dar testimonio de sí mismo con sus beneficios, mandándoos desde el cielo la lluvia y las cosechas a sus tiempos, dándoos comida y alegría en abundancia».

Con estas palabras, a dura penas disuadieron al gentío de que les ofrecieran un sacrificio.

Salmo de hoy

Salmo 113 B, 1-2. 3-4. 15-16 R/. No a nosotros, Señor, sino a tu nombre da la gloria

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria,
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»? R/.

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas. R/.

Benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hombres. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 21-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama será amado mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Le dijo Judas, no el Iscariote:
«Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»

Respondió Jesús y le dijo:
«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».

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Reflexión del Evangelio de hoy

El Ausente que está presente

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos está recordando, en esta cincuentena pascual, los primeros pasos de la Iglesia, tras la resurrección de Jesús. Son pasos que nos indican que el Espíritu de Jesús está presente entre sus seguidores. Pablo y Bernabé son una muestra más de esta realidad. Hoy nos ha recordado que predicando en Iconio descubren una trama contra ellos urdida por los judios y otros habitantes de aquella ciudad. Es la razón por la que abandonan Iconio y se trasladan a Listra y Derbe. Las persecuciones y tramas ocultas no les impiden llevar adelante su decisión de predicar el evangelio a los paganos. Un paso importante en el camino de esta iglesia naciente.

El asombro desbordado de unos oyentes

En el pasaje que leemos hoy hay algunas cosas sorprendentes. Primero la curación de un paralítico llevada a cabo por Pablo, en Listra. En paralelo con Pedro, también Pablo realiza curaciones milagrosas. Pero más sorprendente es la reacción de los paganos al confundir a Pablo y Bernabé con los dioses de la mitología griega, Zeus y Hermes. Pablo y Bernabé expresan su descuerdo rasgándose las vestiduras espantados ante algo que ellos no pueden admitir.

Teodicea para quienes desconocen las Escrituras

Es la ocasión que aprovecha Pablo para pronunciar un discurso  clarificador. En él sus palabras no se apoyan en las Sagradas Escrituras, ajenas a ese mundo griego, sino que invita al abandono de los ídolos para convertirse a quien ha creado todas las cosas. Desde una teodicea sencilla, sus palabras acaban por convencer a los oyentes de Listra de no ofrecerles ningún sacrificio. Parece que no fue tarea fácil, pero, finalmente, los de Listra desistieron del ofrecimiento de sacrificios de animales previsto, ante la idea de verlos como dioses que habían bajado a la tierra.

El discurso de Pablo en Listra nos habla de algo elemental en la transmisión del Evangelio. Saber ante quién se predica es fundamental para conseguir que las personas descubran a Jesucristo, a través de los medios a su alcance.

¿Qué es amar?

El evangelio de San Juan continúa acompañándonos a lo largo de esta semana. Hoy nos ofrece parte del discurso de Jesús después de la Cena. Son palabras cargadas de intimidad, porque son palabras de despedida.

El pasaje se centra hoy en la autorrevelación de Jesús, quien ante la pregunta de Judas Tadeo, “¿cuál es la razón de manifestarte solo a nosotros y no al mundo?”, vuelve a indicar el tema de la presencia de Dios en la vida de los creyentes. Esa presencia será real cuando el creyente cumpla su Palabra y esto solo se puede llevar a cabo desde el amor. La fidelidad a sus palabras será la manifestación del amor. No basta haber conocido a Jesús. Es necesario cumplir los mandamientos, expresión de que el amor ha entrado en sus creyentes.

"Haremos morada en él"

La vida de Jesús ha transcurrido no en gradezas o sensacionalismos, sino en la sencillez y la humildad al servicio de los hombres. Por eso, en medio del ambiente de tristeza que se ha expandido tras las palabras de despedida  de Jesús, ahora los reconforta desde la seguridad de su presencia permanente en aquellos que cumplen la Palabra y aman. “El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”. La obediencia de la fe es la prueba de que en esa persona hay amor. El amor siempre imprescindible para poder vivir la comunión entre Dios y el hombre.

Jesús presente en los que le siguen y cumplen

La presencia de Jesús se hará más plena porque no se reducirá a algo meramente físico. Jesús resucitado seguirá en aquellos que cumplen su palabra. Por eso recalca “el que me ama se mantendrá fiel a mis palabras. Mi Padre lo amará, y mi Padre y yo vendremos a él y haremos morada en él”. “Hacer morada” se traduce en una realidad que se prolonga en el tiempo. Junto a todo ello promete el Espíritu, el Paráclito, que enseñará todo y les irá recordando todo lo que Él les ha enseñado. Hay un tema sugerente en este pasaje. Cristo ha sido enviado por el Padre para llevar adelante su obra. El Espíritu Santo será enviado en nombre de Cristo para completar su revelación a la Iglesia.

Las palabras de Jesús son palabras alentadoras para todos cuantos creemos en Él. Su ausencia física se convierte en una presencia –morada- espiritual en todos los que, cumpliendo sus Palabras a través del amor, vivimos la seguridad de su ayuda en el camino. Y es que, cuando se ama de verdad, uno es capaz de dejar de lado el punto de vista personal para buscar cumplir la voluntad del que se ama.

 

Un día más merece la pena reflexionar a la luz de la Palabra: ¿Cuáles son los ídolos que hay en mí y que me impiden vivir de verdad el evangelio? Amar es cumplir los mandamientos. ¿Hasta qué punto es esto verdad en mi vida?