jueves, 15 de octubre de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 11-14

Hermanos:
En Cristo hemos heredado también los hijos de Israel,
los que ya estábamos destinados por decisión
del que lo hace todo según su voluntad,
para que seamos alabanza de su gloria
quienes antes esperábamos en el Mesías.
En él también vosotros,
después de haber escuchado la palabra de la verdad
—el evangelio de vuestra salvación—,
creyendo en él
habéis sido marcados con el sello del Espíritu Santo prometido.
Él es la prenda de nuestra herencia,
mientras llega la redención del pueblo de su propiedad,
para alabanza de su gloria.

Salmo de hoy

Salmo 32, 1-2. 4-5. 12-13 R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 1-7

En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos:
«Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse.
Por eso, lo que digáis en la oscuridad será oído a plena luz, y lo que digáis al oído en las recámaras se pregonará desde la azotea.
A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más.
Os voy a enseñar a quién tenéis que temer: temed al que, después de la muerte, tiene poder para arrojar a la “gehenna”. A ese tenéis que temer, os lo digo yo.
¿No se venden cinco pájaros por dos céntimos? Pues ni de uno solo de ellos se olvida Dios.
Más aún, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. No tengáis miedo: valéis más que muchos pájaros».

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Reflexión del Evangelio de hoy

Gratitud, la confianza de los hijos

El texto forma parte del gran himno con el que comienza la carta a los Efesios. Pablo contempla la historia de la salvación desde la mirada agradecida de quien descubre que todo es gracia. Los creyentes han recibido una herencia en Cristo y han sido marcados con el «sello del Espíritu Santo prometido». En la cultura de la época, el sello indicaba pertenencia, autenticidad y protección. Pablo quiere decir que nuestra vida lleva la huella de Dios y que el Espíritu es la garantía de que su promesa se cumplirá plenamente.

Hay una verdad profundamente consoladora en este texto: antes de todo lo que hacemos está lo que Dios hace por nosotros. Antes de nuestras respuestas, de nuestros proyectos y hasta de nuestras fragilidades, está su amor gratuito. Con frecuencia vivimos preocupados por demostrar nuestro valor. Buscamos reconocimiento, eficacia o resultados que justifiquen nuestra nuestro valor. Sin embargo, Pablo nos recuerda que la identidad cristiana no se conquista, se recibe. No somos hijos porque seamos buenos. Intentamos vivir como hijos e hijas porque ya hemos sido amados.

Esta convicción transforma la manera de vivir la fe. Deja de ser una carga para convertirse en una respuesta agradecida. Deja de apoyarse únicamente en nuestras fuerzas para descansar en la fidelidad de Dios. La fe madura cuando dejamos de preguntarnos continuamente qué tenemos que hacer para Dios y comenzamos a dejarnos sorprender por lo que Dios ya está haciendo en nosotros. Podemos preguntarnos: ¿desde dónde estoy sosteniendo mi vida, mi fe y mis responsabilidades? ¿desde la confianza o desde la exigencia constante?

También nuestras comunidades necesitan volver a esta verdad. Cuando olvidamos que el Espíritu es el verdadero protagonista aparecen el cansancio, el activismo y la frustración. Cuando recordamos que somos herederos de una promesa renacen la alegría, la esperanza y la libertad. Ya lo decía el Maestro Eckhart: "Si la única oración que dijiste en toda tu vida fue gracias, eso sería suficiente."

Libres para vivir en la verdad

Jesús habla a sus discípulos mientras crece la tensión con quienes rechazan su mensaje. Por eso comienza con una advertencia contundente: «Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía». La imagen de la levadura es muy expresiva. Una pequeña cantidad basta para fermentar toda la masa. Del mismo modo, la falta de verdad y de coherencia puede infiltrarse poco a poco en la vida de una persona o de una comunidad.

Después Jesús enlaza esta advertencia con una llamada insistente a no tener miedo. En realidad, ambas cosas están profundamente unidas. Muchas veces las máscaras nacen del miedo: miedo a ser juzgados, a fracasar, a perder prestigio o a mostrar nuestra fragilidad. Quizá una de las palabras que más necesitamos escuchar hoy sea precisamente esta: «No tengáis miedo». Vivimos rodeados de incertidumbres personales, sociales y eclesiales. Sin embargo, Jesús nos recuerda que nuestra vida descansa en una providencia más grande que nuestros cálculos y preocupaciones.

El centro de este evangelio no es la denuncia, sino la confianza. Jesús llama a los discípulos «amigos míos» y les recuerda que el Padre cuida hasta de los pequeños pájaros y conoce incluso el número de los cabellos de su cabeza. Nada de nuestra vida le es indiferente. La fe no elimina las dificultades ni las incertidumbres. Pero nos permite afrontarlas desde otro lugar. Quien se sabe amado no necesita vivir de las apariencias. Puede reconocer sus límites sin sentirse derrotado. Puede mostrar su verdad sin miedo a perder su dignidad.

La Palabra nos invita hoy a mirar con sinceridad nuestro corazón. ¿Qué miedos condicionan nuestras decisiones? ¿Qué imagen de nosotros mismos seguimos intentando proteger? ¿Qué espacios de nuestra vida necesitan más verdad? El Señor no responde a estas preguntas con reproches, sino con una promesa. Nos asegura que somos valiosos a sus ojos, infinitamente más de lo que nosotros alcanzamos a comprender.

Quien se sabe sellado por el Espíritu y cuidado por el Padre puede vivir con el corazón abierto. Sin máscaras o perfiles inventados. Sin miedo. Con la serenidad humilde de quien ha descubierto que toda su vida está sostenida por el amor fiel de Dios. Y será libre para amar, con sinceridad y verdadera generosidad, como Dios ama.

SANTOS DEL DIA

 



Santoral

Margarita María de Alacoque, Santa
Memoria Litúrgica, 16 de octubre...

FUNERAL POR TERESA

 



El Señor llamó a su seno a :

D° TERESA SEIJO DOMINGUEZ

Vecina que fue de Martiñán a los 80 años de edad

D.E.P

Los funerales por su eterno descanso tendrán lugar Hoy Jueves día 15 de Octubre a las 6 de la tarde

miércoles, 14 de octubre de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 15, 1-6

Así obra el que teme al Señor, el que observa la ley alcanza la sabiduría.

Ella le sale al encuentro como una madre y lo acoge como una joven esposa. Lo alimenta con pan de inteligencia y le da a beber agua de sabiduría.

Si se apoya en ella, no vacilará, si se aferra a ella, no quedará defraudado.

Ella lo ensalzará sobre sus compañeros y en medio de la asamblea le abrirá la boca.

Lo llenará del espíritu de sabiduría y de inteligencia y lo revestirá con un vestido de gloria. Encontrará gozo y corona de júbilo, y un hombre eterno recibirá en herencia.

Salmo de hoy

Salmo 88, 2-3. 6-7. 8-9. 16-17. 18-19 R/. Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos? R/.

Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean. R/.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.

Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

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Reflexión del Evangelio de hoy

Vivir de la gracia y caminar con Jesús

Santa Teresa de Jesús nos enseña que la vida cristiana no consiste, ante todo, en hacer muchas cosas por Dios, sino en dejarse encontrar por Él. Su camino fue una aventura de amistad con Cristo: aprender a estar con Él, reconocer su presencia y abandonarse a su acción incluso en medio de muchas pruebas. En ella descubrimos una verdad profundamente evangélica: todo comienza en Dios, que se da gratuitamente, y todo madura y crece cuando aprendemos a recibirlo.

La sabiduría que nace de dejarse enseñar por Dios

El libro del Eclesiástico presenta la sabiduría como una mujer que sale al encuentro del que busca a Dios. No se trata simplemente de adquirir conocimientos religiosos, sino de entrar en una relación viva con Dios que transforma la existencia.

Hay aquí una clave preciosa para nuestra vida espiritual: la sabiduría no se conquista como un mérito; se recibe. Dios sale primero a nuestro encuentro y nos ofrece su Palabra, su compañía y su gracia. Se encarna en Jesucristo para caminar a nuestro lado. Esta es la lógica de la gratuidad: antes de que nosotros hagamos algo por Dios, Dios ya ha hecho todo por nosotros; Jesús entrega su vida para que nosotros tengamos vida, y vida abundante.

San Pablo lo expresa así: «¿Qué tienes que no hayas recibido?». Todo es don. También nuestra fe, el deseo de amar y el hambre de santidad son gracia que Él despierta en nosotros.

Por eso, la primera actitud del discípulo no es el esfuerzo, sino la escucha. Esto significa volver a nuestra identidad más profunda: somos hijos amados antes de ser trabajadores del Reino. No tenemos que ganarnos el amor de Dios; podemos vivir desde el amor que ya hemos recibido por ser sus hijos.

Santa Teresa comprendió esto profundamente. En su vida fue aprendiendo a pasar del hacer al estar con Jesús, del control al abandono, de la autosuficiencia a la confianza.

Quizá hoy el Señor nos pregunta: ¿Estoy intentando demostrarle a Dios mi valor o estoy permitiendo que Él me revele quién soy para Él? Atrévete a preguntarle en este ratito de oración: «Jesús, ¿quién soy yo para ti? ¿Qué mentiras he creído de mi relación contigo? Jesús, muéstrame la verdad sobre mí mismo y sobre lo que Tú piensas de mí».

La sabiduría comienza cuando dejamos que Jesús nos revele y enseñe a vivir como hijos.

El descanso que nace de un corazón entregado

Estas palabras de Jesús revelan algo esencial del corazón de Dios: el que cree que puede con todo puede tener dificultad para reconocer que necesita a Dios; sin embargo, Dios sostiene al que está cansado y necesita recibir.

Jesús no promete una vida sin cargas. Dice algo más profundo: «Cargad con mi yugo». El cristiano aprende a llevar sus responsabilidades, luchas y sufrimientos con Cristo y desde Cristo. Su yugo no aplasta porque no lo llevamos solos.

San Agustín escribió: «Ama y haz lo que quieras». Cuando el corazón ha sido alcanzado por el amor de Dios, la obediencia deja de ser una carga exterior y se convierte en respuesta de amor.

Jesús no dice: «Venid cuando estéis fuertes, cuando hayáis cambiado, cuando seáis dignos». Dice simplemente: «Venid a mí». La iniciativa es suya. La gracia precede nuestra respuesta.

Si queremos que nuestra vida cristiana dé fruto, primero se tiene que dar el encuentro con Jesús, después viene la transformación y, finalmente, la misión. No somos enviados a anunciar el Reino para conseguir que Dios nos ame; somos enviados porque hemos experimentado que ya somos amados. La misión nace de la intimidad.

Santa Teresa sabía que la oración era, ante todo, amistad: permanecer muchas veces a solas con quien sabemos que nos ama. Desde ahí podemos entregar a Jesús nuestros cansancios, heridas, exigencias y miedos.

Cuando en la vida te veas cansado y agobiado y vengan recuerdos dolorosos, pregúntale a Jesús: «Jesús, ¿dónde estabas Tú en ese momento doloroso de mi vida?». Y pide el don de poder perdonar de corazón a quien te hirió, porque eso te liberará de un peso tremendo.

Tal vez hoy necesitamos dejar de intentar sostener nuestra vida con nuestras propias fuerzas y escuchar nuevamente su invitación: «Venid a mí». No se trata de escapar de la cruz, sino de descubrir que Cristo está en la cruz y podemos descansar en Él.

 

Oración

Santa Teresa de Jesús, intercede por nosotros para que aprendamos a acudir a Jesús con todo lo que somos, sin máscaras ni pretensiones. Pídele que sane nuestras heridas, libere nuestro corazón de aquello que nos pesa y nos enseñe el santo abandono. Que el Espíritu Santo nos haga experimentar profundamente que somos hijos amados y que, descansando en Cristo, podamos entregar gratuitamente nuestra vida al servicio de su Reino. Amén.

SANTOS DEL DIA

 



Santoral

Teresa de Jesús (de Ávila), Santa
Fiesta Litúrgica, 15 de octubre...