El Señor llamó a su seno a :
Dª OBDULIA ÁLVAREZ PÉREZ
a los 84 años de edad
D.E.P
Los funerales por su eterno descanso tendrán lugar Mañana día 8 de Julio a las 11 de la Mañana
Parroquia de San Pedro de Bande (Bande-Ourense) Tlfno:679216612 email:parroquiadebande@hotmail.com
El Señor llamó a su seno a :
Dª OBDULIA ÁLVAREZ PÉREZ
a los 84 años de edad
D.E.P
Los funerales por su eterno descanso tendrán lugar Mañana día 8 de Julio a las 11 de la Mañana
Esto dice el Señor:
«Han constituido reyes en Israel, sin contar conmigo, autoridades, y yo no sabía nada
Con su plata y con su oro se hicieron ídolos para establecer pactos.
¡Tu becerro te ha rechazado, Samaria!
Mi ira se inflamó contra ellos.
¿Hasta cuándo serán culpables de la suerte de Israel?
¡Un artesano lo ha hecho, pero no es un Dios!
Sí, terminará hecho pedazos, el becerro de Samaría.
Puesto que siembran viento, cosecharán tempestades; “espiga sin brote no produce harina”.
Tal vez la produzca, pero la devorarán extranjeros.
Efraín multiplicó los altares de pecado, y fueron para él altares de pecado.
Para él escribo todos mis preceptos, son considerados cosa de otros.
¡Sacrificios de carne asada!
Sacrificaron la carne y se la comieron.
El Señor no los acepta.
Tiene presente su perversión y castiga sus pecados: Deberán retornar a Egipto».
Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas. R/.
Tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen. R/.
Tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan.
Que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos. R/.
Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo. R/.
En aquel tiempo, le llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Y después de echar al demonio, el mudo habló. La gente decía admirada:
«Nunca se ha visto en Israel cosa igual».
En cambio, los fariseos decían:
«Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios».
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.
Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
Entonces dice a sus discípulos:
«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
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¡Cuánta es la dureza que Oseas nos comunica en el fragmento que hoy leemos en la primera lectura! Dios no está contento. El pueblo contraviene los deseos del Señor, se construyen ídolos, se nombran reyes y autoridades, todo menos seguir los mandatos del Señor. Los reproches del Señor a su pueblo son muy duros, claramente condenatorios, pero vienen seguidos, unos capítulos más adelante (11 y ss), Dios vuelve a mostrar su cara misericordiosa y promete la salvación del pueblo.
La vida de Oseas es bastante truculenta. Oseas, por indicación del Señor, contrae un segundo matrimonio con una prostituta, con la que tiene tres hijos, para volver de nuevo, por mandato divino, a su primera mujer, de la que se había separado por supuestas infidelidades. Esta es una imagen de la situación, de la actitud que vive Israel. El Señor ve la infidelidad de su pueblo y le rechaza por idólatra. Los dos becerros de oro, los sacrificios rituales a Baal, terminan dando con el pueblo de nuevo en “el desierto”. Pero el Señor se compadece de su pueblo, al que ama sin medida, y vuelve a otorgarle su favor, su protección inacabable. Israel volverá con el tiempo conveniente, a ser un pueblo elegido.
¿Cuántas veces hemos oído esta frase en las homilías que nos regalan algunos de nuestros celebrantes cada misa?, pero ¿ponemos algo de nuestra parte para solucionar el problema? ¿Conocemos alguna familia donde se anime a los hijos al sacerdocio o a las hijas al convento?
Alguna hay, pero pocas y, a todas luces, insuficientes. Y así tenemos un clero claramente envejecido en lo físico y en lo mental. Tenemos una “mercancía” excelente, de primera calidad, pero no sabemos presentarla ante nuestro pueblo fiel.
Llevo unos meses en los que observo que entre los “calvinos” y las “luteranas” que asistimos a las misas, (Entiendan ustedes calvos y viudas enlutadas), aparecen numerosos jóvenes. Es emocionante pensar que seguirán estando en el templo pasados unos meses. Muchos de ellos son parejas que parecen enamorados y eso nos dice que el sacerdocio está lejos de ellos, y qué decir de ellas. Pero al menos se ha roto la tendencia a huir del templo, para volver a él. Solo falta que nuestro clero celebrante, y los que estamos más o menos alrededor, seamos capaces de animarlos a seguir en el camino emprendido/recuperado y no los ahoguemos con tradiciones que se han vuelto obsoletas y de nada sirven.
Jesús pide al Padre que mande obreros a su mies y a nosotros nos toca mantenerlas en el campo donde son necesarios los sembradores, cuidadores y segadores. A veces nos cargamos de tradiciones absurdas y pesadas, absolutamente obsoletas, pero a las que nos agarramos con fuerza y no queremos aparcarlas y dejarlas en el tiempo pasado que es donde nacieron y donde debieran haber quedado. Y no entiendan que todas las tradiciones son nefastas; pero algunas si lo son y deberíamos desterrarlas.
Estos días, cuando escribo esto, está a punto de llegar a España el Papa León XIV y vemos moverse grandes multitudes de personas que se desplazan a los lugares donde el Papa efectuará algún movimiento, que espero sea evangélico. Hoy, siete de julio, pasado un mes de su estancia entre nosotros, ¿qué imagen nos quedará en la memoria de la visita? ¿Recordaremos sus mensajes, sin duda llenos de vida cristiana? ¿O recordaremos simplemente el boato que rodeaba todos sus actos? Escucharemos la Palabra de Dios que nos quiere transmitir, o ¿nos quedaremos prendidos de las imágenes de cientos de obispos, todos mitrados, siendo un muro infranqueable entre León y el pueblo?¿Oiremos al “servus servorum Dei” o al comandante en jefe?
¡Ojalá el Señor se sirva de su siervo León XIV, para acercarse a nosotros, el insignificante pueblo, para visitar nuestras mentes y llenarnos del Espíritu Santo que tanto necesitamos!
Nuestro Dios está en el cielo y lo que quiere, lo hace. … AMEN
Santoral
Memoria Litúrgica. 6 de julio ... | |||||||||||||
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Esto dice el Señor:
«Yo la persuado, la llevo al desierto, le hablo al corazón.
Allí responderá como en los días de su juventud, como el día de su salida de Egipto.
Aquel día - oráculo del Señor -, me llamarás “esposo mío”, y ya no me llamarás “mi amo”.
Me desposaré contigo para siempre, me desposaré contigo en justicia y en derecho, en misericordia y en ternura, me desposaré contigo en fidelidad y conocerás al Señor».
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza. R/.
Una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas. R/.
Encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias. R/.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo:
«Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá».
Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.
Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría.
Jesús se volvió y al verla le dijo:
«¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado».
Y en aquel momento quedó curada la mujer.
Jesús Llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo:
«¡Retiraos! La niña no está muerta, está dormida».
Se reían de él.
Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano y ella se levantó.
La noticia se divulgó por toda aquella comarca.
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Hoy se nos ofrece en la primera lectura un conocido y precioso texto del profeta Oseas. Una declaración de amor a su pueblo.
La imagen que ofrece es la de la prostituta, con la que ordena a Oseas que se case. Con ella tiene dos hijos, uno alude al pueblo de Israel, el otro al de Judá. La prostituta comete adulterios, sigue en su mala vida.
Hasta que nos encontramos con el texto de la lectura, en el que Dios toma la iniciativa para que enderece su vida. Lo hace llegando a su mente en tiempo de reflexión en el desierto y sobre todo, a su corazón, “le hablaré al corazón”. La cortejará.
Ella se convierte a Dios, será para ella “esposo mío”. Esposo como contrario a “ídolo mío”. Se unirá a ella en matrimonio. Así manifiesta que será unión estable.
Sera un matrimonio que se funda en “la misericordia y la compasión” de Dios. Será de acuerdo al derecho y a la justicia. Un matrimonio, que implicará llenarse de Dios.
Todo ello es una parábola, una bella manera de decir que Dios ama a su pueblo. Y que el pueblo tiene que arrimarse a Dios, no a los ídolos. Unirse con la exigencia de la “fidelidad” propia del amor al esposo, a Dios.
Ese es el estribillo que se repetirá en la lectura del salmo 144. En el salmo se resalta la grandeza y el poder de Dios. Grandeza y poder que tienen su máxima expresión en la compasión y la clemencia, porque “el Señor es clemente y misericordioso”. Como indica el salmo hemos de “invocarlo”; pero también de “escucharlo”. En especial en “la tribulación”.
“Un personaje”, en otras traducciones “un jefe de los judíos”, es quien se atreve a interrumpir el discurso de Jesús, para que se fije en su dolor, por la muerte de su hija. Un dolor como la pérdida de una hija no encuentra fronteras cuando cree que alguien pueda devolver la vida. Le lleva incluso a “arrodillarse” ante Jesús. Lo que solo se hace ante Dios.
En el camino hacia su casa, tiene lugar el episodio que recogen los tres sinópticos. La enferma, “hemorroisa”, toma la iniciativa desde su honda confianza en tocar la vestidura de Jesús. Su curación la percibe solo Jesús. Se la comunica a la enferma. Una curación que Jesús atribuye, no a su poder taumatúrgico, sino a la fe la enferma. ¡La enferma se ha curado a sí misma! Su fe, su confianza en Jesús la han curado.
Jesús se acerca a la niña muerta, diciendo que de muerte, nada: está dormida. Lo que produce la burla de quienes lo oyen. Cuando llega hasta ella, Jesús no hizo más que tomarla de la mano y ella se puso en pie.
Jesús no da una orden, como en el caso de la resurrección de Lázaro, solo un gesto cariñoso, tomarle de la mano, como si efectivamente no estuviera muerta, sino dormida.
En ambos casos se oculta el poder de hacer milagros de Jesús. En el primer caso es la fe de la enferma la que cura; en el segundo la niña sale del sueño, no de la muerte.
¿Cómo vemos nuestra fe, nuestra confianza en Jesús, ante el episodio de la curación de la hemorroisa? ¿Qué lograríamos conseguir de acuerdo con la sinceridad y hondura de nuestra fe?
Puede que esa esté bastante “dormida”, no sea factor que tengamos en cuenta en nuestra vida. ¿Quién nos tomará de la mano para despertarla; y esté fuerte y vigorosa, como recurso que conduce nuestra vida, referencia de ella?
Santoral
Memoria Litúrgica. 6 de julio ... | ||||||||||||
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Esto dice el Señor:
«¡Salta de gozo, Sion; alégrate, Jerusalén!
Mira que viene tu rey,
justo y triunfador,
pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna.
Suprimirá los carros de Efraín
y los caballos de Jerusalén;
romperá el arco guerrero
y proclamará la paz a los pueblos. Su dominio irá de mar a mar,
desde el Río hasta los extremos del país».
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R/.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R/.
Hermanos:
Vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así pues, hermanos, somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne. Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
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EN aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
“¡Oh profundidad e inmensidad de la Sabiduría de Dios!”, exclama san Pablo (cf. Rom 11,33). ¿Quién será el ángel tan iluminado y el hombre tan temerario para empezar a explicarnos correctamente el origen de la Sabiduría? (…) La idea sustancial y eterna de la divina belleza fue mostrada a Juan evangelista, en el admirable éxtasis que le llegó en la isla de Patmos, cuando exclamó: “Al comienzo era el Verbo y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios” (Jn 1,1). El Hijo de Dios, Sabiduría eterna. (…) Esta belleza eterna y soberanamente amable tiene tanto deseo de la amistad de los hombres, que ha hecho un libro con el fin de ganarla, descubriéndole sus excelencias y el deseo que tiene de ella. Este libro es como la carta de una amante a su amante, para ganar su afecto. El deseo que ella testimonia del corazón del hombre es tan profundo, la búsqueda de su amistad tan tierna, su llamado y deseo tan pleno de amor… Al escucharla hablar se diría que no es la Soberana del cielo y de la tierra, que necesita al hombre para ser feliz. (…) ¿Cuántas veces, mientras vivía en la tierra, ella exclamó: “¡Vengan a mí vengan todos a mí, soy yo, no teman! ¿Por qué temen? ¿Porque son pecadores? ¡Es a ellos que yo busco! ¿Es porque ustedes se han alejado del rebaño por su falta? ¡Yo soy el Buen Pastor! ¿Es porque está cargados de pecados, cubiertos de desechos, acabados de tristeza? ¡Es justamente por eso que deben venir a mí, yo los aliviaré y los consolaré!
Santoral
Memoria Litúrgica, 5 de julio ... | ||||||
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