miércoles, 12 de agosto de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 




Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel 9, 1-7; 10, 18-22

Oí al Señor que exclamaba con voz potente:
«¡Ha llegado el juicio de la ciudad! Que cada uno empuñe su arma destructora».

Entonces aparecieron seis hombres por el camino de la puerta de arriba, la que da al norte. Cada uno empuñaba una maza. En medio de ellos estaba un hombre vestido de lino, con los avíos de escribano a la cintura. Al llegar se detuvieron junto al altar de bronce.

La Gloria del Dios de Israel se había levantado del querubín en que se apoyaba, dirigiéndose al umbral del templo.

Llamó al hombre vestido de lino, que tenía los avíos de escribano a la cintura.

El Señor le dijo:
«Recorre la ciudad, atraviesa Jerusalén, y marca en la frente a los que gimen y se lamentan por las acciones detestables que en ella se cometen».

A los otros le dijo en mi presencia:
«Recorred la ciudad detrás de él, golpeando sin compasión y sin piedad. A viejos, jóvenes y doncellas, a niños y mujeres, matadlos, acabad con ellos; pero no es acerquéis a ninguno de los que tiene la señal. Comenzaréis por mi santuario».

Y comenzaron por los ancianos que estaban frente al templo.

Luego les dijo:
«Profanad el templo, llenando sus atrios de cadáveres, y salid a matar por la ciudad».

La Gloria del Señor salió levantándose del umbral del templo y se colocó sobre los querubines. Los querubines desplegaron sus alas y se elevaron sobre la tierra ante mis ojos. Junto con ellos partieron también las ruedas y se detuvieron a la entrada de la puerta oriental del templo del Señor. La Gloria del Dios de Israel estaba por encima de ellos.

Eran los mismos seres que había visto bajo el Dios de Israel junto al río Quebar, y comprendí que eran querubines.

Cada uno tenía cuatro rostros y cuatro alas, y bajo las alas una especie de mano humana. El aspecto de sus rostros era el de los rostros que había visto junto al río Quebar. Todos ellos iban de frente.

Salmo de hoy

Salmo 112, 1-2. 3-4. 5-6 R/. La gloria del Señor se eleva sobre los cielos.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R/.

De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos. R/.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que habita en las alturas
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra? R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.

En verdad os dijo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.

Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

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Reflexión del Evangelio de hoy

"Marca en la frente a los que gimen afligidos"

La primera lectura de hoy es un texto del profeta Ezequiel que sorprende al lector u oyente cristiano: el Señor da órdenes de exterminar “sin compasión ni piedad” a viejos, mozos y muchachas, a niños y mujeres de Jerusalén. En realidad, de qué ciudad sean es lo de menos: lo incomprensible es que Dios se deje llevar por esa ira desenfrenada. Necesitamos situar el texto en su contexto, tanto histórico como religioso, para comprenderlo sin escándalo.

Ezequiel vive el destierro de Babilonia. Es sacerdote y profeta. Como sacerdote, interpreta los dramáticos acontecimientos del asedio y el destierro como consecuencia de las profanaciones del templo, hasta el extremo de que el propio Dios lo haya abandonado. No obstante, en cuanto profeta, anuncia una renovación, un nuevo templo (40-48), y un corazón y un espíritu nuevos (36,26). Mientras tanto, un “resto” permanece fiel: son quienes han sido marcados porque siguen reconociendo a Yhavéh como su único Señor.

En Ezequiel, como en los demás profetas, Dios se presenta como un ser celoso. Esto no es un recurso simbólico, ni una proyección antropopática. El Dios del Antiguo Testamento no es pura idea, tiene sentimientos. Sus celos son un rasgo inseparable de su amor a sus criaturas. Un rasgo que está también presente en la radical correspondencia amorosa que Dios espera de los humanos, tal como lo recoge el primer precepto del Decálogo: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (DT 6,5; Mt 22,37). Los celos de Dios desencadenan su ira ante la idolatría, la indiferencia y el desamor humano. 

En el Dios del Antiguo Testamento se entrelazan dos sentimientos: la ira y la misericordia (X. Léon-Dufour). Si bien los celos y la ira no son rasgos esenciales de Dios: Él no guarda rencor para siempre (Jr 3,12). Por eso, no se comprende bien y del todo a Dios cuando se enfatiza, se predica y se teme su ira, olvidando su amorosa protección del “resto”.

Jesús tiene presente esa ambivalencia de sentimientos divinos. Él mismo se indigna y se irrita ante determinados comportamientos que increpa y reprende, pero su imagen de un Dios es la de un Padre benévolo “que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” (Mt 5, 45). Él mismo se considera enviado al mundo no para condenarlo sino para salvarlo (Jn 3,17).

Pablo dirá más tarde que la ira divina siempre es atemperada por su misericordia, porque “Dios no nos ha destinado para (sufrir su) cólera, sino para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo” ( 1 Ts 5,9).

“Si te hace caso, habrás salvado a tu hermano”

El evangelio de hoy pertenece al llamado “discurso eclesiástico” de Mateo: refleja parte de la organización de la Iglesia primitiva. A pesar de ello, no debiéramos leerlo desde un punto de vista pragmático, legal, sino como también es, como una muestra de cómo la comunidad cristiana afronta el pecado de sus miembros, la corrección fraterna, el perdón y la reconciliación.

La condición humana, de la que no nos hemos despojado por ser creyentes, es limitada y ambigua: de una parte, somos atraídos por el bien; de otra, somos seducidos por el mal. Nuestra conciencia es testigo y juez de nuestra conducta. De ordinario, basta con escuchar su voz para cambiar la orientación de nuestra vida.

Hay situaciones, sin embargo, en que nos habituamos de tal manera a lo incorrecto, que nuestra conciencia no nos dice nada, o si nos lo dice no la escuchamos.

Entonces surge la corrección fraterna. Los dos términos tienen su importancia. Corrección, porque nos llama la atención para que cambiemos algo en nuestra vida. Fraterna, porque no nos corrige de cualquier manera, sino desde el amor, hecho cercanía y solicitud por el bien del hermano. Sin altivez, sin juicios puritanos, sin humillar innecesariamente, dando nuevas oportunidades. La fraternidad implica también esta ayuda al otro para que sea mejor y más fiel.

Termina el texto con unas palabras de Jesús que repetimos con frecuencia. El Señor, al marchar, no nos dejó solos. Comprometió su presencia junto a nosotros, todos los días, hasta el fin del mundo.

Es una presencia de tú a tú, pero es ante todo una presencia en la comunidad. Debemos orar a solas, pero no podemos creer solos. En el cristianismo la comunidad no es un puro agregado de individuos, sino un sacramento que hace presente a Jesús. Si nos reunimos no por mera costumbre o por cumplir, sino en su nombre. Es decir, acogiendo su Palabra, asimilando sus valores, haciendo nuestra su causa, que es la salvación de todos.

 

Cuando corriges el comportamiento de otro ¿lo haces fraternalmente, sin sentirte mejor que él? ¿Tienes experiencia de la presencia de Jesús cuando te reúnes con otros en su nombre?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Juana Francisca de Chantal, Santa
Memoria Litúrgica, 12 de agosto...

lunes, 10 de agosto de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel 2, 8 – 3, 4

Esto dice el Señor:
«Ahora, hijo de hombre, escucha lo que te digo: ¡No seas rebelde, como este pueblo rebelde! Abre la boca y come lo que te doy».

Vi entonces una mano extendida hacia mí, con un documento enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito en el anverso y en el reverso; tenía escritas elegías, lamentos y ayes.

Entonces me dijo:
«Hijo de hombre, come lo que tienes ahí; cómete este volumen y vete a hablar a la casa de Israel».

Abrí la boca y me dio a comer el volumen, diciéndome:
«Hijo de hombre, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este volumen que te doy».

Lo comí y me supo en la boca dulce como la miel.

Me dijo:
«Hijo de hombre, anda, vete a la casa de Israel y diles mis palabras».

Salmo de hoy

Salmo 118, 14. 24. 72. 103. 111. 131 R/. ¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

Mi alegría es el camino de tus preceptos,
más que todas las riquezas. R/.

Tus preceptos son mi delicia,
tus enseñanzas son mis consejeros. R/.

Más estimo yo los preceptos de tu boca
que miles de monedas de oro y plata. R/.

¡Qué dulce al paladar tu promesa:
más que miel en la boca! R/.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón. R/.

Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
«¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?».

Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo:
«En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial.

¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.

Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“El disfrute de la Palabra de Dios”

Nos situamos ante la profecía de Ezequiel, entendiendo que Dios invita al profeta a comer el rollo de su Palabra, porque nadie puede anunciar lo que antes no ha disfrutado. En este caso, Ezequiel acoge, en contemplación, la Palabra de Dios para que esta se convierta en disfrute “dulce como la miel”, en presencia viva.

La lectura nos recuerda que estamos llamados a contemplar la Palabra y alimentarnos de ella, como hacemos aquí y ahora en esta web diaria de la Orden de Predicadores. Y cuando contemplemos la Palabra, la gustamos, la saboreamos y la disfrutamos, ésta transforma nuestra mirada y despierta el deseo de compartir lo recibido, de predicarlo, de anunciarlo con la alegría de quien disfruta de Dios, porque quien ha gustado la dulzura de Dios no puede guardarla sólo para sí, siente necesidad de compartirla.

Y es que, el Reino no se edifica sólo con proyectos, discursos o esfuerzos humanos, sino con vidas transformadas por la Palabra. Por eso necesitamos generar espacios reales de silencio, escucha y contemplación. Espacios donde disfrutemos de Dios, compartamos la Palabra y misionemos a partir de la Palabra disfrutada en comunidad.

Cuando la persona creyente se alimenta de la Palabra, aprende a mirar la realidad con los ojos de Dios, para reconocer a Dios en todo y para que todo vuelva a encontrar su centro en Dios. De ese disfrute nace el anuncio, el servicio y la construcción del Reino de Dios.

Así el profeta Ezequiel hoy, nos anima a comer la Palabra de Dios y disfrutarla. Comamos de esta con la alegría de compartida en comunidad. 

“La dignidad de la pequeñez”

El Evangelio de hoy nos recuerda que Jesús invierte nuestros criterios de grandeza: no pone en el centro a la persona fuerte, influyente o al autosuficiente, como querían los fariseos, sino a un menor de edad, que es un ser débil, necesitado y dependiente. Una gran revolución en los tiempos de Jesús, y también en nuestro tiempo actual, donde los derechos humanos de los más pequeños siguen siendo vulnerados. Y es que, la pequeñez es el lugar donde Dios revela su forma de reinar. 

Los pequeños son, ciertamente, los niños y las niñas, pero también toda persona vulnerable: quien sufre pobreza, soledad, enfermedad, exclusión social, migración forzada o cualquier otra forma de fragilidad. Hacia ellos, Dios nos invita a dirigir una mirada nueva llena de amor.

León XIV lo expresó con claridad en la visita apostólica que realizó a España en junio de este año al hacerse presente en aquellos lugares donde se recibe a personas migrantes, al centro penitenciario de Brians o a residencias de personas en situación de sin hogar. Con ello nos recordó que la comunidad cristiana está llamada a acercarse a las heridas y necesidades de los más pequeños y vulnerables con discreción, delicadeza y perseverancia. Esta es una clave profundamente evangélica: no basta con admirar la pequeñez hay que defenderla, acompañarla, luchar por su dignidad y por sus derechos, por eso el Santo Padre quiso poner en el centro de su visita a España a las personas más vulnerables, porque quiso visibilizar la pequeñez para denunciar que también al vulnerable hay que dotarle de dignidad y derechos.

La oveja perdida de la parábola nos revela el corazón del Padre: ninguna vida es descartable, ninguna persona vale menos por estar herida, perdida o apartada. Dios busca a quien el mundo olvida. Y si la persona creyente quiere vivir centrada en Dios, debe aprender a poner en el centro de su vida a aquellos a quienes Dios mira con especial predilección.

Por eso, sólo seremos fieles a Dios y al Evangelio si olemos a oveja, si vivimos poniendo en el centro a la pequeñez y luchamos para dotar a todo ser humano de derechos y de dignidad. Allí donde una persona migrada es acogida, una persona vulnerable es acompañada, una persona que cumple pena de privación de libertad es visitada, una herida es cuidada y una vida perdida es buscada, es donde el Reino de Dios empieza a hacerse visible.


¿A qué personas vulnerables acompaño desde el reconocimiento de su dignidad y sus derechos?
¿Las miro como titulares de derechos o sólo como destinatarias de ayuda? ¿Qué “ovejas perdidas” quedan fuera de los circuitos normales de protección?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Clara de Asís, Santa
Memoria Litúrgica, 11 de agosto ...

domingo, 9 de agosto de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 9, 6-10

Hermanos:
El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará.

Cada uno dé como le dicte su corazón: no a disgusto ni a la fuerza, pues Dios ama “al que da con alegría”.

Y Dios tiene poder para colmaros de toda clase de dones, de modo que, teniendo lo suficiente siempre y en todo, os sobre para toda clase de obras buenas.

Como está escrito:
«Repartió abundantemente a los pobres, su justicia permanece eternamente».

El que proporciona “semilla al que siembra y pan para comer” proporcionará y multiplicará vuestra semilla y aumentará los frutos de vuestra justicia.

Salmo de hoy

Salmo 111, 1-2. 5-6. 7-8. 9 R/. Dichoso el que se apiada y presta

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra
la descendencia del justo será bendita. R/.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos,
porque jamás vacilará.
El recuerdo del justo será perpetuo. R/.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos. R/.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad dura por siempre
y alzará la frente con dignidad. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 12, 24-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.

El que ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiere servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará».

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Reflexión del Evangelio de hoy

"Dios ama al que da con alegría"

Este texto de san Pablo, en la fiesta de san Lorenzo, no habla de persecución ni martirio, como en otros textos del Apóstol, habla de generosidad. El martirio, es triunfo del mártir y una derrota de la condición humana a la que pertenece el verdugo. En realidad no se es mártir solo por ser asesinado por su fe; mártir es el testigo con su vida y su palabra de, en nuestro caso, la fe en Cristo. Y por eso es asesinado.

San Lorenzo fue mártir por profesar, testificar y vivir su fe. En su caso como diácono se dedicó a atender a los necesitados. Ese fue el servicio de su vida. Servicio realizado desde la generosidad.

No olvidemos que Jesús manifiesta en el episodio de la mujer pobre que deja su limosna en el templo, que la generosidad no se mide por lo que se da, sino por lo que uno reserva para sí.

La generosidad, dice san Pablo, produce frutos en quien es generoso. Y lo es en la medida de esa generosidad. La generosidad beneficia, pues, tanto al que recibe la ayuda, como al que la ofrece. La generosidad es desprenderse de la semilla para recibir el premio de la cosecha, que multiplica el valor de la semilla.

La generosidad es una exigencia de la condición humana, del sentido social, comunitario de toda persona humana. Puede entenderse que es algo esencial del genus humano, de lo propio de nuestro género. No ser generoso es ser inhumano.

Preguntarnos, por tanto por el nivel de nuestra generosidad, es preguntarse por el nivel de nuestra condición humana. Hemos de formularnos esa pregunta al celebrar a quien no dejó nada para sí, ni el vivir, para tener todo, a Dios.

"Dichoso el que se apiada y presta"

El estribillo del salmo repite y alude al premio de ser generoso, que no es más que la dicha, la felicidad. Algo totalmente contrario a la felicidad del avaro, que consiste en verse rodeado de riquezas, en medio de los pobres: no es felicidad humana, es felicidad inhumana, demoníaca.

El generoso, dice el salmo, “alzará la frente con dignidad”. Porque sí, se trata de la dignidad de la condición humana; de esa “Magnifica humanitas” de la que nos habla León XIV.

"A quien me sirva, el Padre lo honrará"

El texto evangélico está en la línea de lo que indican las lecturas anteriores. La generosidad de san Lorenzo llega a enterrarse, a superar el amor a sí mismo, o mejor a entender que el amor a sí mismo, irrenunciable para toda persona, consiste en perderse él bajo tierra, en lo oculto, para ser fecundo, provechoso para lo demás. Por eso aceptó el martirio.

 No sería inútil su martirio: sería semilla de cristianos. El último servicio que hacía. Él, que como diácono, fue instituido como tal para servir a la comunidad. La sirvió con su generosidad, que llegó hasta ofrecer su vida.

Cuando celebramos uno o varios mártires, no debemos olvidar que s. Pablo VI, en la homilía de canonización de los mártires de Uganda, pedía que por la intercesión de ellos se regenerara la vida civil en el país para que todos fueran libres para profesar su religión. Y es que donde hay mártires, hay verdugos. Y no podemos desear que existan verdugos.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Lorenzo, Santo
Memoria Litúrgica, 10 de agosto...