martes, 24 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Números 21, 4-9

En aquellos días, desde el monte Hor se encaminaron los hebreos hacia el mar Rojo, rodeando el territorio de Edón.

El pueblo se cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés:
«¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náuseas ese pan sin sustancia».

El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel.

Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
«Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».

Moisés rezó al Señor por el pueblo y el Señor le respondió:
«Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».

Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.

Salmo de hoy

Salmo 101, 2-3. 16-18. 19-21 R/. Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti

Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti;
no me escondas tu rostro
el día de la desgracia.
Inclina tu oído hacia mí;
cuando te invoco,
escúchame enseguida. R/.

Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión
y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones. R/.

Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 8, 21-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros».

Y los judíos comentaban:
«¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?».

Y él les dijo:
«Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que Yo soy, moriréis en vuestros pecados».

Ellos le decían:
«¿Quién eres tú?».

Jesús les contestó:
«Lo que os estoy diciendo desde el principio. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él».

Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre.

Y entonces dijo Jesús:
«Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».

Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Los mordidos de serpiente quedarán salvos al mirarla”

El libro de los Números nos presenta el episodio en el que el pueblo de Israel, cansado de caminar por el desierto, se rebela hablando mal contra Dios y contra Moisés, y cómo el Señor envió contra el pueblo serpientes “abrasadoras” por lo que los que eran mordidos por ellas, morían. El pueblo se dirigió a Moisés pidiéndole que orara al Señor para verse libres de esta tortura; y Dios le mandó a Moisés que hiciera un estandarte con una serpiente de bronce, y aquellos mordidos si alzaban la vista y miraban a la serpiente, curaban.

Parece ser que este relato se trataba de un intento para explicar el origen de una serpiente de bronce que existía en el Templo de Jerusalén, y que recibía “culto” como signo de fertilidad. El rey Ezequías mandó destruirla al considerarla un elemento idolátrico. Según la Misná, la serpiente curaba, no por sí misma, sino porque hacía levantar la mirada hacia lo alto, es decir, hacia Dios.

La verdad es que en la antigüedad, las serpientes eran signo de un Dios sanador de enfermedades. Juan recoge este relato (Jn 3, 13 ss) y lo refleja como la “salvación viene de Cristo «elevado» en la cruz”, y lo repite también en el Evangelio que contemplamos hoy, nos invita a levantar la mirada y contemplar cómo la presencia de amor que Dios nos otorga gratuitamente, se encarna en Jesús de Nazaret, y Él se despoja de cualquier condicionante humano y entrega su vida por cada uno de nosotros y nos anima para que, como nos refleja el salmista, nos dirijamos al Señor implorándole que “escuche nuestra oración, y que nuestros gritos lleguen a Él”.

“Hablo como el Padre me ha enseñado”

El capítulo 8 del Evangelio de Juan nos presenta cómo los judíos no entendían, o no querían entender, que Jesús realmente era el enviado de Dios, y mucho menos su faceta divina.

Él pretende demostrarles que es un reflejo del Padre, pero ellos se resistían a creerlo, a pesar de que les anuncia que lo buscarán para matarlo, y que ese será el pecado por el que morirán.

Les presenta la antítesis de arriba y abajo, del mundo o fuera del mundo, pero no lo entienden.

Les echa en cara que no entienden el “Yo soy” como signo del Dios Redentor, tal como se nos refiere en el libro del Éxodo en el episodio de Moisés ante la zarza incandescente. Les repite una y otra vez que es el Padre quien lo envía y da testimonio de Él, que todo lo que hace y dice lo ha aprendido de aquel que lo envía.

Jesús sabía que incluso sus propios discípulos no llegaban a entenderlo, y mucho menos aquellos que se aferraban a sus tradiciones y les costaba mucho comprender que el Reino de Dios estaba ya entre ellos.

Al decirles “cuando levantéis en alto” va incluida la cruz en la que Jesús va a ser glorificado y revelado como Hijo de Dios, y por lo tanto el “Yo soy” se cumple en Él.

Para comenzar a preguntarnos nosotros quién es Jesús, tendremos primero que indagar y descubrir lo que somos cada uno de nosotros, buscar en nuestro propio ser y preguntarnos ¿de dónde vengo?, ¿qué busco?, ¿a dónde pretendo llegar? Y con eso descubriremos primero la faceta humana de Jesús y al mismo tiempo su identidad divina.

Alcemos la mirada a la Cruz Redentora y descubramos a quien, por nosotros, se entregó hasta la muerte y con su Resurrección nos invita a seguirle incondicionalmente.

 

¿Nos esforzamos en buscar en Jesús de Nazaret su auténtica Divinidad? ¿O simplemente vemos la imagen de un hombre extraordinario un auténtico líder?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Catalina de Suecia, Santa
Virgen, 24 de marzo...

lunes, 23 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la profecía de Daniel 13, 1-9. 15-17. 19-30. 33-62

En aquellos días, vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín, casado con Susana, hija de Jelcías, mujer muy bella y temerosa del Señor.

Sus padres eran justos y habían educado a su hija según la ley de Moisés. Joaquín era muy rico y tenía un jardín junto a su casa; y como era el más respetado de todos, los judíos solían reunirse allí.

Aquel año fueron designados jueces dos ancianos del pueblo, de esos que el Señor denuncia diciendo:
«En Babilonia la maldad ha brotado de los viejos jueces, que pasan por guías del pueblo».

Solían ir a casa de Joaquín, y los que tenían pleitos que resolver acudían a ellos.

A mediodía, cuando la gente se marchaba, Susana salía a pasear por el jardín de su marido. Los dos ancianos la veían a diario, cuando salía a pasear, y sintieron deseos de ella.

Pervirtieron sus pensamientos y desviaron los ojos para no mirar al cielo, ni acordarse de sus justas leyes.

Sucedió que, mientras aguardaban ellos el día conveniente, salió ella como los tres días anteriores sola con dos criadas, y tuvo ganas de bañarse en el jardín, porque hacía mucho calor. No había allí nadie, excepto los dos ancianos escondidos y acechándola.

Susana dijo a las criadas:
«Traedme el perfume y las cremas y cerrad la puerta del jardín mientras me baño».

Apenas salieron las criadas, se levantaron los dos ancianos, corrieron hacia ella y le dijeron:
«Las puertas del jardín están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos deseos de ti; así que consiente y acuéstate con nosotros. Si no, daremos testimonio contra ti diciendo que un joven estaba contigo y que por eso habías despachado a las criadas».

Susana lanzó un gemido y dijo:
«No tengo salida: si hago eso, mereceré la muerte; si no lo hago, no escaparé de vuestras manos. Pero prefiero no hacerlo y caer en vuestras manos antes que pecar delante del Señor».

Susana se puso a gritar, y los dos ancianos, por su parte, se pusieron también a gritar contra ella. Uno de ellos fue corriendo y abrió la puerta del jardín.

Al oír los gritos en el jardín, la servidumbre vino corriendo por la puerta lateral a ver qué le había pasado. Cuando los ancianos contaron su historia, los criados quedaron abochornados, porque Susana nunca había dado que hablar.

Al día siguiente, cuando la gente vino a casa de Joaquín, su marido, vinieron también los dos ancianos con el propósito criminal de hacer morir a Susana. En presencia del pueblo ordenaron:
«Id a buscar a Susana, hija de Jelcías, mujer de Joaquín».

Fueron a buscarla, y vino ella con sus padres, hijos y parientes.

Toda su familia y cuantos la veían lloraban.

Entonces los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y pusieron las manos sobre la cabeza de Susana.

Ella, llorando, levantó la vista al cielo, porque su corazón confiaba en el Señor.

Los ancianos declararon:
«Mientras paseábamos nosotros solos por el jardín, salió esta con dos criadas, cerró la puerta del jardín y despidió a las criadas. Entonces se le acercó un joven que estaba escondido y se acostó con ella.

Nosotros estábamos en un rincón del jardín y, al ver aquella maldad, corrimos hacia ellos. Los vimos abrazados, pero no pudimos sujetar al joven, porque era más fuerte que nosotros, y, abriendo la puerta, salió corriendo.

En cambio, a esta le echamos mano y le preguntamos quién era el joven, pero no quiso decírnoslo. Damos testimonio de ello».

Como eran ancianos del pueblo y jueces, la asamblea los creyó y la condenó a muerte.

Susana dijo gritando:
«Dios eterno, que ves lo escondido, que lo sabes todo antes de que suceda, tú sabes que han dado falso testimonio contra mí, y ahora tengo que morir, siendo inocente de lo que su maldad ha inventado contra mí».

Y el Señor escuchó su voz.

Mientras la llevaban para ejecutarla, Dios suscitó el espíritu santo en un muchacho llamado Daniel; y este dio una gran voz:
«Yo soy inocente de la sangre de esta».

Toda la gente se volvió a mirarlo, y le preguntaron:
«Qué es lo que estás diciendo?».

Él, plantado en medio de ellos, les contestó:
«Pero ¿estáis locos, hijos de Israel? ¿Conque, sin discutir la causa ni conocer la verdad condenáis a una hija de Israel? Volved al tribunal, porque esos han dado falso testimonio contra ella».

La gente volvió a toda prisa, y los ancianos le dijeron:
«Ven, siéntate con nosotros e infórmanos, porque Dios mismo te ha dado la ancianidad».

Daniel les dijo:
«Separadlos lejos uno del otro, que los voy a interrogar».

Cuando estuvieron separados el uno del otro, él llamó a uno de ellos y le dijo:
«¡Envejecido en días y en crímenes! Ahora vuelven tus pecados pasados, cuando dabas sentencias injustas condenando inocentes y absolviendo culpables, contra el mandato del Señor: “No matarás al inocente ni al justo”. Ahora, puesto que tú la viste, dime debajo de qué árbol los viste abrazados».

Él contestó:
«Debajo de una acacia».

Respondió Daniel:
«Tu calumnia se vuelve contra ti. Un ángel de Dios ha recibido ya la sentencia divina y te va a partir por medio».

Lo apartó, mandó traer al otro y le dijo:
«Hijo de Canaán, y no de Judá! La belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. Lo mismo hacíais con las mujeres israelitas, y ellas por miedo se acostaban con vosotros; pero una mujer judía no ha tolerado vuestra maldad. Ahora dime: ¿bajo qué árbol los sorprendiste abrazados?».

Él contestó:
«Debajo de una encina».

Replicó Daniel:
«Tu calumnia también se vuelve contra ti. el ángel de Dios aguarda con la espada para dividirte por medio. Y así acabará con vosotros».

Entonces toda la asamblea se puso a gritar bendiciendo a Dios, que salva a los que esperan en él. Se alzaron contra los dos ancianos, a quienes Daniel había dejado convictos de falso testimonio por su propia confesión, e hicieron con ellos lo mismo que ellos habían tramado contra el prójimo. Les aplicaron la ley de Moisés y los ajusticiaron.

Aquel día se salvó una vida inocente.

Salmo de hoy

Salmo 22, 1b-3a. 3bc-4. 5. 6 R/. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mí copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 8, 1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron:
«Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».

Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.

Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».

E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.

Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.

Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante.

Jesús se incorporó y le preguntó:
«Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?».

Ella contestó:
«Ninguno, Señor».

Jesús dijo:
«Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».

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Reflexión del Evangelio de hoy

Pongamos la inteligencia al servicio de la inocencia

Esta primera lectura ofrece el conocido episodio que se suele llamar de “La casta Susana”. Se puede leer en la misa en su amplitud o bien resumido.

Nos muestra el triunfo de la inocencia y el fracaso de la maledicencia que lleva a buscar la condena a lapidación de la inocente, para ocultar el propio delito y la honra de quienes eran jueces del pueblo, quienes tenían que impartir justicia.

Agravado todo por tener una edad, cuya dignidad no corresponde a las lascivas pretensiones de los viejos jueces.

Es un texto que exalta el triunfo de la inocencia, gracias a la inteligencia de un niño, Daniel. Esta vez la inteligencia se unió al ansia de justicia, para señalar en quién estaba el delito. ¿Cuánto necesitamos que la erudición, el saber, la inteligencia disciernan dónde está el delito y dónde la inocencia?

¡Cuánto inocente frágil ha sido eliminado para ocultarla perversa condición del poderoso que los ha condenado!

"Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo"

Es una proclamación de cómo Dios se ocupa con cariño de nosotros. Como un pastor de las ovejas. A Dios acudió Susana cuando se vio calumniada por los viejos jueces ante el pueblo, y al borde la muerte. Y Dios la oyó a través de la inteligencia y la decisión del “chiquillo” Daniel.

“Anda y no peques más”

Este precioso texto se centra como la primera lectura en el adulterio. En este caso no se niega el adulterio, pero los letrados y fariseos, le exigen a Jesús que se pronuncie sobre el castigo que, dicen, establece la ley a la adúltera. (La ley precisaba si el acto se hace cuando la mujer no puede defenderse o al menos gritar, como Susana o sí puede defenderse de alguna manera. Y, ¡no se olvida del adúltero!).

La conocida respuesta de Jesús: “el que esté sin pecado, que tire la primera piedra”, desarma a los letrados y fariseos. Que, como apunta el texto, no pretendían el castigo, sino comprometer a Jesús, para ver hasta dónde era fiel cumplidor de la ley “hasta en una tilde”, como él mismo Jesús decía; ello suponía enfrentarse a la apuesta clara de Jesús por la misericordia y la acogida del pecador. Que en definitiva es lo que hace con la mujer: “mujer ¿ninguno te ha condenado?”…; “tampoco yo te condeno. Anda y en adelante no peques más”.

El texto es además una invitación a que nos preguntemos: ¿Quién soy yo, pecador, para condenar al hermano?

También nos invita a que seamos conscientes de que el pecado se perdona, pero es mal que ataca nuestra condición humana, según la entiende el mensaje de Jesús, nuestra fe. Por eso hemos de prestar atención a lo que dice Jesús a la adúltera: “anda y no peques más”.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Toribio de Mogrovejo, Santo
Obispo, 23 de marzo...

domingo, 22 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 12-14

Esto dice el Señor Dios:
«Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os sacaré de ellos, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel.

Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de ellos, pueblo mío, comprenderéis que soy el Señor.

Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis; os estableceré en vuestra tierra y comprenderéis que yo, el Señor, lo digo y lo hago -oráculo del Señor-».

Salmo

Salmo 129, 1-2. 3-4ab. 4c-6. 7-8 R/. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz,
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R/.

Si llevas cuentas de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto. R/.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora. R/.

Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 8-11

Hermanos:

Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.

Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 3-7. 17. 20-27. 33-45

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo:
«Señor, el que tú amas está enfermo».

Jesús, al oírlo, dijo:
«Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba.

Solo entonces dijo a sus discípulos:
«Vamos otra vez a Judea».

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa.

Y dijo Marta a Jesús:
«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».

Jesús le dijo:
«Tu hermano resucitará».

Marta respondió:
«Sé que resucitará en la resurrección en el último día».

Jesús le dijo:
«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».

Ella le contestó:
«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

Jesús se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó:
«¿Dónde lo habéis enterrado?».

Le contestaron:
«Señor, ven a verlo».

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:
«¡Cómo lo quería!».

Pero algunos dijeron:
«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».

Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús:
«Quitad la losa».

Marta, la hermana del muerto, le dijo:
«Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días».

Jesús le replicó:
«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»

Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».

Y dicho esto, gritó con voz potente:
«Lázaro, sal afuera».

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:
«Desatadlo y dejadlo andar».

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.


¡Escuchemos y resucitemos!

Muchos de los judíos habían venido hasta Marta y María para consolarlas por su hermano. Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a su encuentro. María, en cambio, estaba sentada en casa. Dijo entonces Marta a Jesús “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero aun ahora sé que Dios te acordará todo lo que le pidas” (Jn 11,21-22). (…) Le dice Jesús “Tu hermano resucitará”. Esto parecía poco claro, porque no asevera “Ahora mismo resucito a tu hermano”, sino “Resucitará tu hermano”. Le dice Marta “Sé que resucitará en la resurrección, en el último día. De esa resurrección estoy segura, de una resurrección inmediata, no sé nada”. Le dice Jesús “Yo soy la Resurrección”. Dices “Mi hermano resucitará en el último día”. Es verdad, pero el que lo resucitará entonces, puede resucitarlo ahora, ya que afirma “Yo soy la Resurrección y la Vida”. Escuchen, mis hermanos, escuchen qué dice el Señor. La espera de los Judíos reunidos era ciertamente que reviviese Lázaro, muerto desde cuatro días. Escuchemos y resucitemos también nosotros. ¡Cuántos hay entre este pueblo a los que oprime el peso de malos hábitos! Quizá me oyen algunos a quienes se podría decir: “No se embriaguen con vino, donde nace la intemperancia”. Responden “No podemos”. Quizá entre quienes me escuchan hay personas impuras, manchadas por desenfrenos y torpezas. A ellas les digo “No hagan esto, no sea que perezcan”. Ellas responden “No podemos salir de nuestro hábito». ¡Dios, resucítalos! “Yo soy la Resurrección y la Vida”, afirma el Señor. Es la Resurrección precisamente por ser la Vida. “El que cree en mí, aunque muera, vivirá y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás” (Jn 11,25-26)

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Lea, Santa
Viuda, 22 de marzo...

sábado, 21 de marzo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 11, 18-20

El Señor me instruyó, y comprendí, me explicó todas sus intrigas.

Yo, como manso cordero, era llevado al matadero; desconocía los planes que estaban urdiendo contra mí:
«Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra de los vivos, que jamás se pronuncie su nombre».

Señor del universo, que juzgas rectamente, que examinas las entrañas y el corazón, deja que yo pueda ver cómo te vengas de ellos, pues a ti he confiado mi causa.

Salmo de hoy

Salmo 7, 2-3. 9bc-10. 11-12 R/. Señor, Dios mío, a ti me acojo

Señor, Dios mío, a ti me acojo,
líbrame de mis perseguidores y sálvame;
que no me atrapen como leones
y me desgarren sin remedio. R/.

Júzgame, Señor, según mi justicia,
según la inocencia que hay en mí.
Cese la maldad de los culpables,
y apoya tú al inocente,
tú que sondeas el corazón y las entrañas,
tú, el Dios justo. R/.

Mi escudo es Dios,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es un juez justo,
Dios amenaza cada día. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 7, 40-53

En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían:
«Este es de verdad el profeta».

Otros decían:
«Este es el Mesías».

Pero otros decían:
«¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?».

Y así surgió entre la gente una discordia por su causa.

Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima.

Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron:
«¿Por qué no lo habéis traído?».

Los guardias respondieron:
«Jamás ha hablado nadie como ese hombre».

Los fariseos les replicaron:
«También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la ley son unos malditos».

Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo:
«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?».

Ellos le replicaron:
«¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas».

Y se volvieron cada uno a su casa.

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“El Señor me instruyó, y comprendí”

Desde una situación complicada que tiene el profeta Jeremías, eleva una oración en la presencia del Señor. Descarga su corazón mostrando los interrogantes, dudas, la amargura existencial que provoca el ser enviado y discípulo. Mantenerse fiel y coherente en medio de la sociedad no es nada fácil. Por ello, esta súplica salida del corazón del profeta tiene tintes que nos recuerdan el «Cántico del Siervo de Yahvé»: cordero manso llevado al matadero y el leño verde, árbol que es talado sin piedad, para acabar con él.

Lo que no termina de comprender, el cristiano de hoy día, que se entrega a la causa del Reino de Dios son dos aspectos importantes que recoge el profeta Jeremías.

Por un lado, la persecución sin piedad que hacen de su persona las personas más cercanas: familiares, amigos, paisanos. El profeta lo único que está haciendo es transmitir la voz de Dios al pueblo.

La segunda, también llama la atención. A los malvados parece que la vida se encarga de sonreírles constantemente en todo lo que llevan a cabo. Sin embargo, a los que tienen fe, les toca en suerte lidiar con las contrariedades más salvajes de la vida y experimentar la cara más amarga.

Esa oración hecha desde lo más íntimo del corazón, desde la sinceridad, lleva al profeta Jeremías a comprender la trama que hay contra él. Pero, sobre todo, esa oración, es sabiduría que instruye al discípulo para comprender los designios del Señor.  

“Jamás ha hablado nadie como ese hombre”

Jesús no pasa desapercibido ante la humanidad. Eso es precisamente lo que muestra la riqueza del texto. Son varios los grupos que van diciendo algo de Jesús.

Quizás los fariseos y sacerdotes por tener un cargo en el Templo y una formación en la Ley son los que de alguna manera sienten envidia ante Jesús, y quieren que persiguiéndolo y hablando mal de Él, la masa deje de poner su mirada en el mensaje de salvación que propone. Mostrar una actitud de silencio ante la predicación de Jesús. Tratar de hablar mal de su misión, para que se acabe, para que no se muestre su: «Misericordia quiero y no sacrificio» (Mt 9,13), sino el vano cumplimiento del precepto ante el cual se aferran ellos. De ahí, que lleven su discurso hasta el extremo de la hipercrítica a ver si acabamos con Él.

Otro grupo, da otras claves: de verdad es un profeta, es el Mesías, nadie ha hablado como él o simplemente escuchadlo. Son los posicionamientos a los que lleva la figura de Jesús.

Tú ¿Cómo te posicionas ante Él? Todo el dilema que aparece en el evangelio de Juan nos lleva a una profunda reflexión sobre la figura de Jesús.

Jesús es el Verbo, la Palabra y la Vida de los hombres. Viene enviado por Dios para que la humanidad se salve y que aquellos que andan en tinieblas de muerte puedan tener la Luz de la salvación y la vida, gracias a la libertad de acoger al Mesías de Dios.

Estamos ante una solemnidad importante para los judíos, como lo es la fiesta de las Tiendas. Es un día grande, y Jesús se presenta en el Templo para dar la respuesta total a la función que tiene desde el inicio de la creación para el ser humano: "quien tenga sed que beba de mí que soy agua que calmo la lucha interna del ser humano".

La gente al escuchar esto se cuestiona profundamente. Están experimentando en sus vidas una religión vacía: cumplimiento de leyes, preceptos, normas, que llegan a asfixiar y no dan respuestas al deseo de infinito.

Por eso, reconocen en Jesús al verdadero «Maestro en la ley». Saben sus conocidos que no ha participado en ninguna de las grandes escuelas rabínicas. Que no ha hecho un programa de formación como los que lo están acusando. Sin embargo, reconocen en Él la compasión que hay en las relaciones que se dan en Dios y que se vuelcan a la humanidad: la compasión que llega a humanizar, que sana, que libera, y que da sentido pleno a tu existencia. Mensaje de salvación y Buena Noticia para los que andan en sombras de muerte o sedientos de plenitud.

De este modo, Juan, ha planteado todo este escenario en el que de alguna manera cada personaje se posiciona y trata de decir algo de Jesús. Nicodemo que lo busca en la «noche» de su existencia humana expresa la necesidad de escucharlo. Los guardias que son personas al margen de la religión manifiestan que sus palabras son cabales, reales, que tocan el corazón. Nadie ha hablado como Jesús. Aunque se jueguen el puesto de trabajo ante los sacerdotes y fariseos que siguen cegados en una religión del cumplimiento.