lunes, 28 de septiembre de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la profecía de Daniel 7,9-10.13-14

Miré y vi que colocaban unos tronos. Un anciano se sentó.

Su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas; un río impetuoso de fuego brotaba y corría ante él. Miles y miles lo servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros.

Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo.

Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia.

A él se le dio poder, honor y reino.

Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron.

Su poder es un poder eterno, no cesará.

Su reino no acabará.

Salmo de hoy

Salmo 137,1-2a.2b-3.4-5.7c-8 R/. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti;
me postraré hacia tu santuario. R/.

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 1,47-51

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».

Natanael le contesta:
«¿De qué me conoces?».

Jesús le responde:
«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».

Natanael respondió:
«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».

Jesús le contestó:
«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores».

Y le añadió:
«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Su poder es un poder eterno, no cesará”

Parece que Daniel, deportado en Babilonia en tiempo de Nabucodonosor, nos está presentando un apocalipsis similar al que San Juan nos va a narrar algunos siglos después, casi llegando al final del primer siglo cristiano. Es la eternidad de Dios pasado a mensajes sucesivos.

Dios nos está hablando desde la eternidad, el problema es el poco caso que le prestamos. Creo firmemente que Dios nos lo ha dicho todo, nos lo ha dado todo, pero nos viene bien olvidar sus palabras y hacernos los despistados. Podríamos fijarnos en algunos ejemplos: En la llamada “Oración de los fieles”, que raramente es “de los fieles”, podemos escuchar algunas peticiones que rayan lo pintoresco: “pidamos por los que tienen hambre, para que Dios les de pan” y respondemos, cargados de razón, “te lo pedimos, Señor o algo parecido. Obviamente olvidamos todas las veces que Jesús nos ha dicho: ¡Dadles vosotros de comer!

Y descargamos nuestra conciencia pidiéndole a Dios que solucione el problema. Claro: Dios bien puede arreglar el hambre, la falta de un techo donde guarecerse y cualquier otra necesidad, y nos quedamos tan conformes, tan satisfechos que olvidamos que Dios ya nos ha dado los medios, pero nosotros no queremos implicarnos en la solución.

 ¡Qué lo arregle el Todopoderoso! Y no hablamos de los “enchufes”; protestamos por las corruptelas entre los políticos y/o poderosos, pero no tenemos empacho en pedir a los santos del cielo que intervengan en nuestro favor, aunque vayan en contra de otros-, y nos den aquello que creemos merecer, o necesitar, sin pensar en ningún momento que “miles y miles le servían y millones estaban a sus órdenes”. Nosotros pretendemos servirnos de Él, no servirle.

“¿De qué me conoces?”

Es la pregunta de un Natanael sorprendido porque Jesús lo conozca. Siempre nos sorprende Dios abriéndonos los ojos y llamándonos por nuestro nombre. Él nos conoce sin duda alguna; conoce cuando dormimos y cuando despertamos, sabe cuándo vamos y cuando venimos; nuestros pensamientos más ocultos, son para Él más luminosos que el propio día.

Natanael, posiblemente conocido con Bartolomé después, está debajo de la higuera, posiblemente era su lugar de oración, de retiro discreto donde entregarse a un diálogo vivo e intenso con Dios. Es posiblemente un seguimiento, antes de conocerlo, de aquel consejo que Jesús nos ha dado: “Cuando ores, retírate a lo discreto, a la sombra, y allí establece el diálogo con el Padre, que ve todo lo oculto y escucha el silencio”.

No pocas veces creemos orar, cuando lo que hacemos es rezar oraciones “de otro”, que no salen de nuestro corazón. Orar se deriva del griego “oraoo” que no significa recitar palabras, sino ver, mirar, contemplar, comprender y, también dialogar con la mente y el corazón abiertos a la escucha del mensaje que Dios, sin duda, nos va a dar. De nosotros depende oír, escuchar, lo que Dios nos quiere decir. Eso es orar, no enterrar a Dios con palabras, puede que muy bellas, pero que si no salen del alma no significan nada.

Seamos como Natanael: personas orantes a la sombra de la higuera, prestos a escuchar el mensaje que nos vendrá de Dios, tal vez en forma de silencio, pero siempre límpido y provechoso, de forma que podamos desnudar nuestro corazón y decir también nosotros: “Rabí, tu eres el hijo de Dios”, y escuchar que Jesús nos dice, -enlazando con el apocalipsis de Daniel-, que veremos el cielo abierto y miríadas de ángeles subiendo y bajando sobre el Hijo de Hombre. Y siempre podremos decir, como el Salmo 137:

Canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande.

SANTOS DEL DIA

 



Santoral

Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, Santos
Fiesta Litúrgica, 29 de septiembre ...

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Job 1, 6-22

Un día los hijos de Dios se presentaron ante el Señor; entre ellos apareció también Satán.

El Señor preguntó a Satán:
«¿De dónde vienes?».

Satán respondió al Señor:
«De dar vueltas por la tierra; de andar por ella».

El Señor añadió:
«¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él: es un hombre justo y honrado, que teme a Dios y vive apartado del mal».

Satán contestó al Señor:
«¿Y crees que Job teme a Dios de balde? ¿No has levantado tú mismo una valla en torno a él, su hogar y todo lo suyo? Has bendecido sus trabajos, y sus rebaños se extienden por el país. Extiende tu mano y daña sus bienes y ¡ya verás cómo te maldice en la cara!».

El Señor respondió a Satán:
«Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él ni lo toques».

Satán abandonó la presencia del Señor.

Un día que sus hijos e hijas comían y bebían en casa del hermano mayor, llegó un mensajero a casa de Job con esta noticia:
«Estaban los bueyes arando y las burras pastando a su lado, cuando cayeron sobre ellos unos sabeos, apuñalaron a los mozos y se llevaron el ganado. Solo yo pude escapar para contártelo».

No había acabado este de hablar, cuando llegó otro con esta noticia:
«Ha caído un rayo del cielo que ha quemado y consumido a las ovejas y a los pastores. Solo yo pude escapar para contártelo».

No había acabado este de hablar, cuando llegó otro con esta noticia:
«Una banda de caldeos, divididos en tres grupos, se ha echado sobre los camellos y se los ha llevado, después de apuñalar a los mozos. Solo yo pude escapar para contártelo».

No había acabado este de hablar, cuando llegó otro con esta noticia:
«Estaban tus hijos y tus hijas comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor, cuando un huracán cruzó el desierto y embistió por los cuatro costados la casa, que se derrumbó sobre los jóvenes y los mató. Solo yo pude escapar para contártelo».

Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra y dijo:
«Desnudo salí de! vientre de mi madre y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor».

A pesar de todo esto, Job no pecó ni protestó contra Dios.

Salmo de hoy

Salmo 16, 1. 2-3. 6-7 R/. Inclina el oído y escucha mis palabras

Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño. R/.

Emane de ti la sentencia,
miren tus ojos la rectitud.
Aunque sondees mi corazón, visitándolo de noche;
aunque me pruebes al fuego,
no encontrarás malicia en mí. R/.

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 46-50

En aquel tiempo, se suscitó entre los discípulos una discusión sobre quién sería el más importante.

Entonces Jesús, conociendo los pensamientos de sus corazones, tomó de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo:
«El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. Pues el más pequeño de vosotros es el más importante».

Entonces Juan tomó la palabra y dijo:
«Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no anda con nosotros».

Jesús le respondió:
«No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro».

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor”

El libro de Job intenta esclarecer una cuestión fundamental de la vida. No es otra que la de convencernos, desde la fe, que la providencia de Dios se ocupa siempre de las realidades humanas. Dios gobierna lo creado y su providencia va rigiendo nuestro peregrinar, sin que falte a nadie y, desde luego, respetando la libertad de cada uno. La existencia de la providencia divina descarta del horizonte de los creyentes la casualidad, el destino, o el azar.

En estos versículos del comienzo se encuentra al personaje Job, feliz por los cuatro costados. Tiene buena salud, es dichoso por la familia de la que disfruta, buen servicio, posesiones, comercio, camellos, diversidad de ganado. Además, no puede dudarse de que era un hombre justo porque, de tal extremo, se encargó el propio Dios de certificarlo ante sus hijos, entre los que se hallaba Satán, el jefe de los ángeles rebeldes caídos en desgracia.

Sin embargo, Satán puso en duda que Job fuera verdaderamente santo. Lo era porque todo lo tenía a pedir de boca. No necesitaba aspirar a mayor dicha. Dios permitió que fuera puesto a prueba por los envidiosos de la condición de los humanos abiertos y ajustados a la voluntad de Dios, como lo era el protagonista del libro.

En un abrir y cerrar de ojos Job fue despojado de todo y hasta su mujer y amigos trataron de echarlo abajo, pero él desde el principio se mantiene firme y pronunció las palabras que encabezan este párrafo: El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor. Aunque en los siguientes días se irá caminando hacia el desenlace del drama, puede avanzarse que la tesis se mantiene firme: las cosas humanas se rigen por la providencia divina que siempre muestra y ayuda a mantenerse en el camino del bien abierto a la trascendencia.

Jesús conoce los pensamientos de los corazones

Los discípulos de Jesús en los comienzos de la vida pública del Señor, con sus preguntas, actitudes y aspiraciones abrieron siempre una senda que servirá a los creyentes en su aprendizaje, tanto si acertaban en la asimilación de la doctrina del Maestro, como si erraban y merecieran una rectificación. Esto último es lo que nos sirve hoy.

Pensaban que en el reino de Dios tenía que haber unos destinados a servir y otros beneficiarios de la servidumbre de los demás. Lo que les cabía en la cabeza era que hubiera una escala de poder, de importancia, de prestigio para acaparar la sumisión de los empleados. Pero la respuesta de Jesús frente a los que discutían sobre quién era el más importante entre ellos se plasmó en una escena bien gráfica: la de un niño que colocó y quiso resaltar en él su pequeñez, menudencia, y todavía insignificancia en la sociedad.

En el reino de los cielos hay cabida para los servidores, aunque sirvan al que tenga el menor relieve. Ahora bien, la asistencia que reclama a la totalidad de las personas ha de ser consciente de que en el otro se acoge al mismo Cristo y en Cristo al que le ha enviado, es decir, a Dios.

En otras palabras, el más importante en el reino de los cielos será el que con mayor grado de caridad haya amado en la tierra a Dios y a sus semejantes, aunque sean «tan pequeños» como los niños.

SANTOS DEL DIA

 



Santoral

Venceslao (Wenceslao) de Bohemia, Santo
Patrono de la República Checa, 28 de septiembre ...