lunes, 20 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 6, 8-15

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.

Entonces indujeron a unos que asegurasen:
«Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios».

Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y, viniendo de improviso, lo agarraron y lo condujeron al Sanedrín, presentando testigos falsos que decían:
«Este individuo no para de hablar contra el Lugar Santo y la Ley, pues le hemos oído decir que ese Jesús el Nazareno destruirá este lugar y cambiará las tradiciones que nos dio Moisés».

Todos los que estaban sentados en el Sanedrín fijaron su mirada en él y su rostro les pareció el de un ángel.

Salmo de hoy

Salmo 118, 23-24. 26-27. 29-30 R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor

Aunque los nobles se sienten a murmurar de mí,
tu siervo medita tus decretos;
tus preceptos son mi delicia,
tus enseñanzas son mis consejeros. R/.

Te expliqué mi camino, y me escuchaste:
enséñame tus mandamientos;
instrúyeme en el camino de tus mandatos,
y meditaré tus maravillas. R/.

Apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu ley;
escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 22-29

Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar.

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».

Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».

Ellos le preguntaron:
«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».

Respondió Jesús:
«La obra de Dios es esta: que creáis en el que Él ha enviado».

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

Aprender a comer

Uno de los mensajes de salud más repetidos -y con razón- es la necesidad que tenemos de aprender a comer bien. Las desastrosas consecuencias para la salud de ingerir “comida basura” (en Paraguay: “comida chatarra”), nos advierten que lo fácil, gustoso, atractivo y rápido a la hora de consumir, no es lo sano, necesario y nutritivo.

Este principio vale también para la vida espiritual. En el evangelio de hoy, vemos cómo Jesús lanza una pregunta indiscreta e interpelante y descubre un propósito errado en los que tienen interés por él.

Después de la multiplicación de los panes, ante la ausencia de Jesús y sus discípulos, la gente se lanza en su busca, incluso atravesando el lago de Tiberiades. Tienen, pues, un gran deseo de ver a Jesús y se toman el esfuerzo.

Pero Jesús les discierne ese deseo y esa búsqueda: “Os aseguro que me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, el que os dará el Hijo del Hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre Dios”.

Este es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que Él ha enviado

Retados los oyentes a plantearse su intención y deseo de Jesús a un nivel más profundo, le preguntan: “¿Cómo podemos ocuparnos en los trabajos que Dios quiere?” Quizás pensaban en duras mortificaciones, o en otro tipo de austeridad o fidelidad legalista a la Ley de Moisés, pero Jesús es taxativo: “Este es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que Él ha enviado”.

Por supuesto, que creer en Jesús, va a suponer también vivir en su seguimiento, porque fe sin obras es una fe vacía y falsa, está muerta (Sant 2, 14-26). Pero la raíz del seguimiento mismo es esa amistad confiada con la persona de Jesús, que hace de la vida de cada uno un convivir con él, y que nos lleva a ir asumiendo, por la acción del Espíritu Santo, sus maneras de pensar, sus maneras de sentir, sus maneras de relacionarse y sus maneras de actuar.

En la primera lectura, se nos ofrece un ejemplo de lo que es un verdadero discípulo; de alguien “que ha trabajado por el alimento que perdura” porque ha creído y seguido a Cristo: Esteban, el primer mártir de la Iglesia. No olvidemos, que “mártir” significa testigo: alguien que con su vida, sus palabras, su acción e, incluso, su muerte, atestigua, testifica, hacer ver claro que Jesús es el pan nutriente de la vida que no tiene fin.

Por eso, y como eco de la palabra de Dios, hagamos nuestra la oración del salmo responsorial:

“Apártame del camino falso,

y dame la gracia de tu voluntad

Escogí el camino verdadero,

y deseé tus mandamientos.”

 

¿Busco a Jesús? ¿Por qué lo busco? ¿Cómo lo encuentro? ¿Trabajo por encontrarlo y hacerlo mi centro y guía?

SANTOS DEL DÍA

 



domingo, 19 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33

El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró:
«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras.

A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él:

“Veía siempre al Señor delante de mí,
pues está a mi derecha para que no vacile.
Por eso se me alegró el corazón,
exultó mi lengua,
y hasta mi carne descansará esperanzada.

Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos,
ni dejarás que tu Santo experimente corrupción.
Me has enseñado senderos de vida,
me saciarás de gozo con tu rostro”.

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

Salmo

Salmo 15, 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11 R/. Señor, me enseñarás el sendero de la vida

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R/.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos,
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 17-21

Queridos hermanos:

Puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras de cada uno, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación, pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios.

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».

Él les dijo:
«¿Qué?».

Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.

Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.


“Quédate con nosotros”

Los dos discípulos se dirigían a Emaús. Su porte era normal, como el de tantas otras personas que pasaban por aquellos parajes. Y es allí, con naturalidad, que Jesús se les aparece y camina con ellos, comenzando una conversación que les hace olvidar su fatiga… Jesús en el camino. ¡Señor, tú siempre eres grande! Pero me conmueves cuando condesciendes a seguirnos, a buscarnos en nuestro ir y venir cotidiano. Señor, concédenos la simplicidad de espíritu; danos una mirada pura, una inteligencia clara para poder comprenderte cuando vienes a nosotros sin ningún signo exterior de tu gloria. Al llegar al pueblo, el trayecto se acaba y a los dos discípulos que, sin darse cuenta, han sido tocados en lo más profundo de su corazón por la palabra y el amor de Dios hecho hombre, les duele que se marche. Porque Jesús, se despide de ellos “aparentando que iba más lejos”. Nuestro Señor no se impone jamás. Una vez percibida la pureza del amor que ha puesto en nuestra alma, quiere que le llamemos libremente. Hemos de retenerle a la fuerza y rogarle: “Quédate con nosotros porque atardece y se acaba el día, empieza ya la noche”. Nosotros somos así: nos falta audacia, quizás por falta de sinceridad, o por pudor. En el fondo pensamos: Quédate con nosotros, porque las tinieblas envuelven nuestra alma, y solo tú eres la luz, solo tú puedes calmar esta sed que nos consume… Y Jesús se queda con nosotros. Se abren nuestros ojos, como los de Cleofás y su compañero, cuando Cristo parte el pan; y aunque él desaparezca de nuevo de nuestra vista, seremos capaces de ponernos de nuevo en camino - empieza ya la noche- para hablar de él a los demás, porque tanto gozo no puede quedar guardado en un solo corazón. Camino de Emaús. Nuestro Dios ha llenado de dulzura este nombre, y Emaús es el mundo entero porque el Señor ha abierto los caminos divinos de la tierra.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Elfego de Winchester, Santo
Obispo y Mártir, 19 de abril...

sábado, 18 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 6, 1-7

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de
lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas.

Los Doce convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron:
«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto,
hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra».

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía, Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.

La palabra de Dios iba creciendo, y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

Salmo de hoy

Salmo 32, 1-2. 4-5. 18-19 R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 16-21

Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando.

Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron.

Pero él les dijo:
«Soy yo, no temáis».

Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.

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Reflexión del Evangelio de hoy

Los discípulos en situación de dificultad

Las dos lecturas de hoy nos presentan a los discípulos en situación de dificultad. En la primera lectura se presenta uno de los primeros peligros que hubo en la “barca” de la iglesia primitiva: un conflicto de convivencia entre los cristianos provenientes del judaísmo y los provenientes de los gentiles; estos últimos protestan porque las personas más vulnerables de su comunidad, representadas por la viudas, corren el peligro de ser olvidadas. La solución está guiada por el Espíritu en comunidad y bendecida por los apóstoles en oración: se crea el servicio a la comunidad, siete personas llenas de espíritu y sabiduría, entre los que destaca san Esteban (hombre lleno de fe y del Espíritu Santo). Comienza así una doble misión de la iglesia: extender la Palabra sin dejar de atender al necesitado. Y fue entonces cuando “incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe”.

"Yo soy; no tengáis miedo"

Los discípulos venían del monte donde acababan de presenciar, allá en lo alto, el milagro del pan compartido en la multiplicación de los panes y los peces. Y ahora deciden, siendo ya casi de noche y sin la compañía del maestro, descender al mar y cruzar. Bajan a un mar de dudas, a la noche y al peligro cierto de morir.

Cuando nos alejamos de Jesús nuestras vidas se vuelven oscuras. De noche, en el relato, el tranquilo lago de Tiberiades se convierte en un mar amenazante. Allí en Galilea, de vez en cuando los vientos enfilan por los valles que se abren al lago, y la brisa se convierte en un viento enfurecido que levanta olas de varios metros. El mar es entonces lugar de peligros, símbolo de las fuerzas del mal, incontrolable por el hombre, y la barca se vuelve un juguete a merced de las olas. Cuando no llevamos a Jesús en la barca de nuestras vidas navegamos a oscuras, desorientados, surgen grandes olas que nos llevan donde quieren. Y nos entra el miedo, agotados de remar pero sin avanzar nada.

Estas tormentas de nuestra vida son una prueba, un desafío a nuestra fe. Y por eso son también una oportunidad de crecimiento. En esas olas, empujadas por el viento del Espíritu, desaparece nuestra zona de confort. Nos reconocemos frágiles y vulnerables, necesitados de una ayuda superior.

El relato tiene un sentido pascual. Esa ayuda que necesitamos, solo puede venir de Cristo resucitado, el único que nos quita los miedos, nos salva de la esclavitud del pecado, nos devuelve a la vida, y nos hace libres. El Señor siempre va a nuestro encuentro. En el momento de mayor peligro se acerca a la barca; se nos acerca. El lago de Galilea mide de ancho unos 10 kms, y ellos habían remado 5; estaban lejos de todo, de noche, en medio del caos de las olas. Pero él viene a rescatarnos. El salmo de hoy hace referencia a este cuidado que tiene Dios de nosotros: Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte.

Y  ¡cómo cambia todo cuando el Señor se acerca! Se presenta ante nosotros, desaparecen las olas, y llega la calma y la serenidad. Y de repente estamos en tierra firme (“en seguida”, dice el texto). El mar deja de ser un mar, y vuelve a  ser un  amable y dulce lago. Tenemos aún miedo de dejarle entrar en nuestros corazones, pero Él nos tranquiliza. Sus palabras, solo dos frases, están llenas de vida. Nos dice lo mismo que dice Dios innumerables veces en las escrituras: no temáis. Y se presenta con el mismo nombre que Dios se da a sí mismo en el antiguo testamento: Soy yo. Con el poder de Dios, Jesús domina y calma las aguas. Camina por encima de ellas como un rey sobre una alfombra, como Señor de la creación.

Y la barca llega al “sitio a donde iban”. A pesar de las dificultades los proyectos de los discípulos fieles a Jesús siempre acaban bien.

La barca es símbolo eclesial. En la barca va la semilla de la futura iglesia, nuestra iglesia de hoy, que también es amenazada con frecuencia por la oscuridad del mal y la zozobra de las tormentas de este mundo.

De esta forma podemos cantar la alegría del salmo: Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Perfecto de Córdoba, Santo
Presbítero y Mártir, 18 de abril...

viernes, 17 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 5, 34-42

En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, mandó que sacaran fuera un momento a los apóstoles y dijo:
«Israelitas, pensad bien lo que vais a hacer con esos hombres. Hace algún tiempo se levantó Teudas, dándoselas de hombre importante, y se le juntaron unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, se dispersaron todos sus secuaces y todo acabó en nada.

Más tarde, en los días del censo, surgió Judas el Galileo, arrastrando detrás de sí gente del pueblo; también pereció, y se disgregaron todos sus secuaces.

En el caso presente, os digo: no os metáis con esos hombres; soltadlos. Si su idea y su actividad son cosa de hombres, se disolverá; pero, si es cosa de Dios, no lograréis destruirlos, y os expondríais a luchar contra Dios».

Le dieron la razón y, habiendo llamado a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús, y los soltaron. Ellos, pues, salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando la buena noticia acerca del Mesías Jesús.

Salmo de hoy

Salmo 26, 1. 4. 13-14 R/. Una cosa pido al Señor: habitar en su casa

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.

Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:
«¿Con qué compraremos panes para que coman estos?».

Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.

Felipe le contestó:
«Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».

Jesús dijo:
«Decid a la gente que se siente en el suelo».

Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil.

Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.

Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:
«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».

Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
«Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».

Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Si es cosa de Dios, no lograréis destruirlos”

El texto de la primera lectura pertenece a la llamada sección del “nombre” (Hch 3-5) en la que los apóstoles dan testimonio y hacen signos, como la curación del tullido en el templo (3,1-10), en el nombre de Jesús. Con esta expresión “el nombre”, un semita se refiere a la realidad de la persona, por lo que podríamos decir que los doce dan testimonio y hacen signos, como si los hiciera el mismo Jesús. Todo esto los lleva a un conflicto con las autoridades que les hará comparecer ante el Sanedrín (5,17-42).

En este contexto toma la palabra, Gamaliel, doctor de la ley y fariseo, nieto de Hillel y el que fuera maestro de Pablo (cf. Hch 22,3), hombre respetado por el pueblo. Gamaliel recuerda dos movimientos mesiánicos fallidos: el de Teudas y el de Judas el Galileo. Ambos reunieron seguidores, pero cuando murieron sus movimientos desaparecieron. A la luz de ambos, hace una conclusión que implicará prudencia con el nuevo movimiento religioso nacido en torno a Jesús de Nazaret: “En el caso presente, os digo: no os metáis con esos hombres; soltadlos. Si su idea y su actividad son cosa de hombres, se disolverá; pero, si es cosa de Dios, no lograréis destruirlos, y os expondríais a luchar contra Dios” (Hch 5,38-39).

Esta expresión tan contundente hará que el resto de los miembros del Sanedrín le den la razón. Aunque, antes de soltar a los apóstoles, estos no se librarán de los azotes, y son advertidos de no hablar más en nombre de Jesús. El autor nos relata que salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre y que siguieron enseñando en el templo y en las casas, anunciando la buena noticia acerca del Mesías Jesús, ya que eran muy conscientes que “había que obedecer a Dios antes que a los hombres” (5,29). En el libro de los Hechos se repite la idea de que nadie puede detener el plan de Dios.

"Aquí hay cinco panes de cebada y dos peces"

Este episodio abre el capítulo 6, que conduce al gran discurso del Pan de Vida (Jn 6,22-59), sirviendo el signo de los panes como punto de partida para revelar la identidad de Jesús. Este milagro es el único que aparece en los cuatro evangelios (Mt 14,13-21; Mc 6,30-44; Lc 9,10-17; Jn 6,1-15) lo que indica la importancia de la tradición del signo.

Jesús pasa a la otra orilla del Mar de Galilea, también llamado mar de Tiberíades. y junto al dato espacial, Juan señala también un detalle temporal propio del evangelista que fragua su evangelio teniendo como telón de fondo las fiestas judías: “estaba cerca la Pascua judía”. Este dato nos sitúa en el contexto de un nuevo éxodo en el que aparece un nuevo maná en el desierto (Éx 16), alimento providencial de Dios para su pueblo. Jesús aparece, así como el nuevo mediador de la providencia divina, superior a Moisés.

Pero Jesús no quiere hacer un signo sin contar con sus discípulos y pregunta a Felipe: “¿Dónde compraremos pan para que coman estos?”. Felipe tras hacer sus cálculos responde al Maestro. Sin embargo, Jesús acogerá la propuesta hecha por Andrés que tiene en cuenta lo que posee un muchacho: cinco panes de cebada y dos peces.

El Maestro, partiendo de esa pobre realidad, realiza el signo dando gracias y repartiendo, verbos que recuerdan claramente la Eucaristía. De lo que va apareciendo en lo cestos, no sólo comen todos, sino que sobra y se recoge en doce canastos, número simbólico en la Biblia, que evoca las doce tribus de Israel o la plenitud del pueblo de Dios. El signo muestra que el don de Jesús parte de lo insignificante, como son cinco panes de cebada y dos peces, para multiplicarlo hasta transformarlo en don que se derrocha, generando sobreabundancia. Jesús es el que da el verdadero “pan del cielo” que viene alimentar a todos aquellos que quieren acercarse a comerlo.

La gente dice reconocer a Jesús “es verdaderamente el profeta que debía venir al mundo” haciéndose eco del libro del Deuteronomio (Dt 18,15). Pero la multitud malinterpreta el signo: quieren hacerlo rey. Jesús se retira al monte rechazando un mesianismo político.

A la luz del texto, podemos preguntarnos: ¿Ofrecemos a Jesús nuestros dones para que en el servicio del Reino, Él los multiplique? ¿Cómo vivimos la Eucaristía, la prolongamos en nuestra vida partiéndonos y repartiéndonos al servicio de los hermanos?