miércoles, 15 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 5, 17-26

En aquellos días, el sumo sacerdote y todos los suyos, que integran la secta de los saduceos, en un arrebato de celo, prendieron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública. Pero, por la noche, el ángel del Señor les abrió las puertas de la cárcel y los sacó fuera, diciéndoles:
«Marchaos y, cuando lleguéis al templo, explicad al pueblo todas estas palabras de vida».

Entonces ellos, al oírlo, entraron en el templo al amanecer y se pusieron a enseñar. Llegó entre tanto el sumo sacerdote con todos los suyos, convocaron el Sanedrín y el pleno de los ancianos de los hijos de Israel, y mandaron a la prisión para que los trajesen. Fueron los guardias, no los encontraron en la cárcel, y volvieron a informar, diciendo:
«Hemos encontrado la prisión cerrada con toda seguridad, y a los centinelas en pie a las puertas; pero, al abrir, no encontramos a nadie dentro».

Al oír estas palabras, ni el jefe de la guardia del templo ni los sumos sacerdotes atinaban a explicarse qué había pasado. Uno se presentó, avisando:
«Mirad, los hombres que metisteis en la cárcel están en el templo, enseñando al pueblo».

Entonces el jefe salió con los guardias y se los trajo, sin emplear la fuerza, por miedo a que el pueblo los apedrease.

Salmo de hoy

Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 R/. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R/.

El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles
y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 16-21

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.

En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Los hombres que metisteis en la cárcel están en el templo, enseñando al pueblo”

La pasión se produce cuando sirves. Las pruebas pueden producir la mayor pasión. A través de Juan y Pedro, Dios hacía muchos milagros con el pueblo. Esta realidad de un eco que trascendía a ciudades vecinas llenaron de celos a los saduceos. Celosos no por el honor de Dios o por el avance de su Reino, sino por retener su propia influencia y poder. Por esta razón decidieron tratar de parar el mover de Dios.

Los apóstoles al ver que el mensaje de Cristo era respaldado por Dios a través de milagros, se produjo en ellos aún más pasión en difíciles circunstancias. El mensaje que proclamamos es verdadero y Dios los respalda, pero nos tenemos que hacer participantes y servir. Con mayor pasión empezaron a testificar en el templo.

Cuando vengan las pruebas tenemos la opción de desanimarnos o descubrir que en ellas también Dios está obrando. Ser testigo de Cristo no es fácil, pero debemos estar convencidos que el Resucitado siempre nos respalda. No pararon. Se consideraron afortunados de sufrir deshonor por el nombre de Jesús. Parece que a los cristianos les toma mucho tiempo enfrentarse a la simple declaración de las Escrituras de que, cuando fueron llamados a ser cristianos, fueron llamados a sufrir.

El sufrir es una parte integral de la experiencia cristiana. No pienses que es extraño o sólo para unos pocos. Los primeros discípulos aprendieron en la escuela de la incomprensión, de las calumnias, de las persecuciones constantes, de las envidias a ser fuertes en la fe, todo por el simple hecho de seguir a Jesús resucitado. En un mundo que es manejado por ilusiones, gobernado por engaños, y es víctima de mentiras ¿qué más podemos esperar si estamos a favor de la verdad?

“La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla”

Nos sostienen cuatro palabras que el Evangelista subraya como raíz de toda la historia de la Salvación: Dios amó al mundo. Dios ama la humanidad de tal modo que llegó a entregar a su hijo único.

Quien acepta que Dios llega hasta nosotros en Jesús, éste ya pasó por la muerte y ya tiene vida eterna. La imagen de Dios que aflora de estos versículos es la de un padre lleno de ternura y no la de un juez severo.

Quien cree en Jesús y lo acoge y lo acepta como revelación de Dios no es juzgado, pues ya ha sido aceptado por Dios. Y quien no cree en Jesús, ya ha sido juzgado. Se excluye a sí mismo. Y repite lo que ya ha dicho en el prólogo: muchos no quieren aceptar a Jesús, porque la luz revela la maldad que en ellas existe.

En su libertad el hombre decide entre tiniebla o luz, entre muerte o resurrección. Los hijos de la luz son siempre incómodos porque denuncian a los hijos de la oscuridad sus obras de injusticia.

Ayer como hoy, como lo será siempre, los seguidores del Resucitado nadaran contracorriente porque vivir en la luz nunca está de moda, resplandecer con destellos divinos es inaceptable a los focos humanos. Esa será la historia de quienes asumiendo su condición de cristianos quieren vivir con intensidad su esencia de gente resucitada.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Damián de Molokai, Santo
Sacerdote, 15 de abril ...

lunes, 13 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4, 23-31

En aquellos días, Pedro y Juan, puestos en libertad, volvieron a los suyos y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos.

Al oírlo, todos invocaron a una a Dios en voz alta, diciendo:
«Señor, tú que hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos; tú que por el Espíritu Santo dijiste, por boca de nuestro padre David, tu siervo:
“¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos planean proyectos vanos? Se presentaron los reyes de la tierra, los príncipes conspiraron contra el Señor y contra su Mesías”.

Pues en verdad se aliaron en esta ciudad Herodes y Poncio Pilato con los gentiles y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste, para realizar cuanto tu mano y tu voluntad habían determinado que debía suceder. Ahora, Señor, fíjate en sus amenazas y concede a tus siervos predicar tu palabra con toda valentía; extiende tu mano para que realicen curaciones, signos y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús».

Al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos; los llenó a todos el Espíritu Santo, y predicaban con valentía la palabra de Dios.

Salmo de hoy

Salmo 2, 1-3. 4-6. 7-9 R/. Dichosos los que se refugian en ti, Señor

¿Por qué se amotinan las naciones
y los pueblos planean un fracaso?
Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
«Rompamos sus coyundas,
sacudamos su yugo». R/.

El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
«Yo mismo he establecido a mi Rey
en Sion, mi monte santo». R/.

Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres mi hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemolo:
te daré en herencia las naciones;
en posesión, los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás con jarro de loza». R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 1-8

Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo:
«Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».

Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».

Nicodemo le pregunta:
«¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?».

Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabemos de dónde viene ni adónde va. Así es todo lo que ha nacido del Espíritu».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Predicaban con valentía la palabra de Dios”

La imagen que los evangelios ofrecen de los discípulos de Jesús no es para nada idealista. Son presentados como hombres comunes, con oficios comunes, con emociones, actitudes y comportamientos humanos comunes. Junto a los positivos (deseo de bien, generosidad, perseverancia…), encontramos muchos otros negativos: miedo, luchas de poder, murmuraciones, competencias, protestas, desconfianzas, abandono, mezquindad, cerrazón, desesperanza…

¿Cómo es posible que de estas mismas personas –tal cual fueron descritas en los evangelios…– los Hechos de los Apóstoles relaten situaciones heroicas y audaces como las que leemos en la primera lectura de hoy? ¿Qué aconteció entre aquellos hombres y estos, que los transformó en testigos tan convencidos, tan dispuestos a la gracia del martirio?

Aconteció la Resurrección. Más allá de la tumba vacía, una “prueba” de la veracidad de la Resurrección es la transformación operada en estas personas. Solo una experiencia de tal impacto interior, como es la acción del Espíritu Santo, Don del Padre y del Hijo Resucitado, explica tal cambio. Quienes se encerraban en una habitación por miedo, ahora entran y salen de las cárceles y circulan resueltamente por la ciudad predicando con valentía la Palabra de Dios.

El Espíritu Santo les ha otorgado la sabiduría: la gracia de poder ver el mundo, ver las situaciones, las ocasiones, los problemas, todo, con los ojos de Dios. Como refleja la lectura de hoy, en la que relacionan lo que están viviendo con lo que enseñaba el Salmo 2, al reconocer en la persecución que están sufriendo una previsión divina , y por lo tanto, una oportunidad para crecimiento del Reino de Dios.

El Espíritu Santo les ha otorgado la valentía. Tiembla el lugar donde oran como un nuevo Pentecostés y se les renueva la fortaleza: quedaron atrás la tibieza, las incertidumbres y los temores que antes frenaban la enseñanza del Maestro. Ahora por el contrario, la semilla de la Palabra da fruto en ellos de manera auténtica, alegre y valiente.

¿En qué consiste esa transformación tan radical? El evangelio nos da una pista para ello…

“El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios”

Con el diálogo de Jesús y Nicodemo, la liturgia invita a profundizar en la novedad pascual del Bautismo cristiano. Y la figura de Nicodemo (presentado tres veces en el evangelio de Juan, como recorriendo un camino discipular: Jn 3,1-12; 7,45-52; 19,38-42) actúa de testimonio pedagógico.

Él, un fariseo, maestro de Israel, parece representar a algunos de su grupo que, lejos de sentirse amenazados con la predicación de Jesús, se sienten llamados y atraídos. Así pues, al peregrinar en la noche hasta encontrar a Jesús, Nicodemo refleja, por una parte, una insatisfacción con su modo de vivir la relación con Dios y lo religioso y, por otra ,una sed, una búsqueda de novedad y hasta una intuición de que en Jesús puede residir esa respuesta anhelada: «los signos que tú realizas…» solo pueden venir de Dios…

Como al joven rico invitado al seguimiento, Jesús invita a Nicodemo a un nuevo nacimiento. Como diciéndole que no se trata solo de “saber sobre Él” sino de “vivir de Él”, se trata de otro modo de vivir, por eso es necesario otro nacimiento.

Cuando Nicodemo pide más explicaciones, Jesús le nombra al Espíritu… confirmando que este nuevo nacimiento no es algo que el interesado realice por sí mismo sino que es algo que se realiza en él. En realidad, nacer es un verbo que esconde su pasividad, pues, propiamente, “somos nacidos”: debemos nuestro nacimiento a nuestra madre, que realiza el trabajo del parto y nos hace nacer.

Y este nuevo nacimiento se lo debemos al Espíritu Santo, que nos va disponiendo a otro modo de vida, un modo de vivir en la libertad que Dios soñó originalmente para nosotros.

¿Cómo nos podremos disponer para que el Espíritu Santo “nos nazca” de lo alto, siempre de nuevo, siempre más?

La figura de Nicodemo nos puede orientar mediante las siguientes interrogantes: ¿cómo reconocer las insatisfacciones, las búsquedas, las intuiciones que nos ponen en camino, aunque sea un poco a tientas? ¿Qué signos reconocemos a nuestro alrededor que indican que Dios está allí, aunque se encuentren en ámbitos novedosos? ¿Qué pasos dar, aún en la noche, para encontrarnos con ese Jesús que nos desafía siempre a un nuevo nacimiento?

Sin duda que los discípulos, al encontrarse con el Resucitado, nacieron de nuevo…por eso fueron transformados y comenzaron a transformar el mundo en Reino de Dios… ¿Nos animamos a seguir su ejemplo?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Martín l, Santo
Papa y Mártir, 13 de abril...

domingo, 12 de abril de 2026

FUNERAL POR FRANCISCO

 



El Señor llamó a su seno a :


Dº FRANCISCO DOMINGUEZ CASTRO


Vecino que fue de Seoane a los 90 años de edad


D.E.P


Los funerales por su eterno descanso tendrán lugar Hoy Domingo día 12 de Abril a las 6:30 de la tarde

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 42-47

Los hermanos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.

Todo el mundo estaba impresionado, y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos. Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.

Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando.

Salmo

Salmo 117, 2-4. 13-15. 22-24 R/. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R/.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 3-9

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva; para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, reservada en el cielo a vosotros, que, mediante la fe, estáis protegidos con la fuerza de Dios; para una salvación dispuesta a revelarse en el momento final.

Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un Poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas.

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».

Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:
«Señor mío y Dios mío!».

Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.


Un refugio donde el alma encuentra las bondades del Hombre-Dios

Querido padre en Cristo, manso Jesús, yo, Catalina, sierva y esclava de los servidores de Jesucristo, le escribo en su preciosa sangre, con el deseo de verlo inmerso en la sangre de Jesús crucificado y escondido en las heridas de su costado. En la sangre encontrará el fuego, porque lo ha difundido por amor y en el costado encontrará el amor del corazón, porque todo lo que Cristo hizo por nosotros lo ha hecho por amor. Entonces su alma se inflamará con el fuego de un santo deseo y ese deseo es efecto del amor, que no envejecerá jamás y que rejuvenecerá siempre el alma que ha revestido. La renueva en la virtud, fortifica, ilumina y une con su Creador. Porque en Jesús crucificado encuentra al Padre, participa de su poder. Encuentra la sabiduría del Hijo Único de Dios que aclara su inteligencia. Gusta y ve la bondad del Espíritu Santo, encontrando el tierno amor que Cristo nos ha mostrado en los hechos de su Pasión, cuando con su sangre lavó nuestras iniquidades y de su costado hizo una morada, un refugio en el que el alma reposa y gusta las bondades del Hombre-Dios. Quisiera que hiciéramos siempre así, mi querido padre. Que el ojo de nuestra inteligencia no se cierre nunca y vea y contemple cuanto nos ama Dios, como lo prueba su Hijo. Que la voluntad ame siempre, que no cese jamás de amar. Que el amor al Creador no se enlentezca ni por el placer ni por la pena ni por nada dicho o hecho. Aunque todas las otras obras cesaran (…), el amor no debería nunca apagarse. No le digo más. Permanezca en la santa y bondadosa dilección de Dios. Manso Jesús, Jesús amor.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Domingo de la Divina Misericordia
La Fiesta de la Divina Misericordia se celebra el primer Domingo después del Domingo de Pascua ...