miércoles, 3 de junio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la segunda carta de san Pablo a Timoteo 2, 8-15

Querido hermano:

Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David, según mi evangelio, por el que padezco hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada.

Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación y la gloria eterna en Cristo Jesús.

Es palabra digna de crédito:
Pues si morimos con él, también viviremos con él;
si perseveramos, también reinaremos con él;
si lo negamos, también él nos negará.
Si somos infieles, él permanece fiel,
porque no puede negarse a sí mismo.

Esto es lo que has de recordar, advirtiéndoles seriamente delante de Dios que no discutan sobre palabras; no sirve para nada y es funesto para los oyentes.

Procura con toda diligencia presentarte ante Dios como digno de aprobación, como un obrero que no tiene de qué avergonzarse, que imparte con rectitud la palabra de la verdad.

Salmo de hoy

Salmo 24 R/. Señor, enséñame tus caminos.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

Las sendas del Señor son misericordia
y lealtad para los que guardan su alianza y sus mandatos.
El Señor se confía a los que lo temen,
y les da a conocer su alianza. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».

Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».

El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Si morimos con Cristo, viviremos con Él”                 

Se aprecia un camino sencillo y verdadero de la Fe firme en Tito, que ha de ser educada y fortalecida por su maestro. Le avisa, le explica, le protege, le enseña, etc. cómo ha de estar y colaborar en la comunidad, conociendo la realidad, para mantener la pureza y limpieza del tesoro que tiene y conserva.

En estos versículos, Pablo le enseña la clave, la esencia, lo que fortalece y produce la perseverancia: es Cristo, su realidad redentora directamente dirigida y aplicada a cada uno, que nos salva y fortalece para reconocer y anunciar la verdad que ha de difundir a todos “si morimos con Él, también viviremos con Él”.

Se percibe una orientación práctica para fortalecer y un lanzamiento a la misión del discípulo.

El texto nos muestra que, sobre un primer don de ser cristiano, de sentirse salvado, se necesita pedir y aportar el impulso desde nuestra iniciación por la fuerza de Cristo.

“Señor, muéstrame tus caminos”

Se suelta la tensión de la lectura y se avanza con paz en la certeza de la confianza en el Señor. Se trasvasa la propia realidad y el cierto "esfuerzo" que supone al cristiano ser consecuente, a la certera actitud experimentada en el salmo: “instrúyeme en tus sendas que son misericordia y lealtad”. El Señor nos conforta y recoge, tras la lucha y el esfuerzo, en su descanso.

Impresiona encontrar en los salmos cada estado o situación de nuestro ser, de nuestra vida, cómo descubres que, en el Corazón y los planes de Dios, todo estaba previsto para seguir y culminar el Evangelio; que Él nos conoce, acompaña y auxilia en cada momento y circunstancia, porque el Señor “se confía a los que lo temen y les da a conocer su alianza” porque Él es “Camino, la Verdad y la Vida”.

Hacia la plenitud

Las cosas son de otra manera, Él es Dios de vivos, no de muertos y nuestra naturaleza mortal no alcanza a comprender “las cosas de allá arriba”, lo que forma parte de los vivientes del Cielo.

¡Cuántas veces nos pasa! Y no entendemos ni podemos entender, ni está a nuestro alcance… es que realizar las obras de salvación requiere la fuerza del Resucitado, del Espíritu que nos regaló, “los vivos son quienes te alaban”. Y en verdad que nos desborda, porque pretendemos juntar dos realidades: lo que somos y tenemos como pobres mortales y lo que es fruto y regalo de la Resurrección, del Espíritu que nos ilumina y hace capaces y nos va conduciendo a lo único y más importante, lo que ya comienza y dura siempre, lo que nos admira y comienza a hacerse realidad en nosotros: el “mandamiento primero : amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser” y tratándose del Amor, que es difusivo, consecuentemente, “amarás al prójimo”. Parece inalcanzable, muy superior a nuestras fuerzas y capacidad, pero precisamente así constatamos que es un Don de Dios añadido a nuestra naturaleza.

En este Evangelio se concreta la esencia del cristianismo, el intercambio y diálogo con el Señor que pone gradualmente en el corazón el camino a seguir desde la “escucha” o apertura a Él para “que ya no sea yo, sino Cristo en mi” hasta el acercamiento a la plenitud de la ley en y por el Amor. Es un proceso, un camino que se va realizando en nosotros con el tiempo, fidelidad y paciencia porque es la obra del Espíritu que es Quien nos santifica en realidad.

 

Queda añadir que hoy en la Orden de Predicadores celebramos a san Pedro de Verona, el protomártir, el que fue muerto por predicar la verdad y que escribió con su propia sangre en el suelo: CREO.  Que él nos acompañe y asista en esta andadura.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Jueves de Corpus Christi
Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, de la presencia de Jesucristo en la Eucaristía. ...

martes, 2 de junio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 




Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 1-3. 6-12

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios para anunciar la promesa de vida que hay en Cristo Jesús, a Timoteo, hijo querido: gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.

Doy gracias a Dios, a quien sirvo, como mis antepasados, con conciencia limpia, porque te tengo siempre presente en mis oraciones noche y día.

Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos, pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza.

Así pues, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.

El nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo Jesús desde antes de los siglos, la cual se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.

De este Evangelio fui constituido heraldo, apóstol y maestro. Esta es la razón por la que padezco tales cosas, pero no me avergüenzo, porque sé de quién me he fiado, y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para velar por mi depósito hasta aquel día.

Salmo de hoy

Salmo 122, 1b-2b. 2cdefg R/. A ti, Señor, levanto mis ojos.

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores. R/.

Como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 18-27

En aquel tiempo, se acercan a Jesús unos saduceos, los cuales dicen que no hay resurrección, y le preguntan:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, que se case con la viuda y de descendencia a su hermano”.

Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer.

Cuando llegue la resurrección y resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella».

Jesús les respondió:
«¿No estáis equivocados, por no entender la Escritura ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten, ni los hombres se casarán ni las mujeres serán dadas en matrimonio, serán como ángeles del cielo.

Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: “Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio”

Comenzamos hoy a leer esta segunda carta de Pablo a Timoteo. Es importante recordar que es el último escrito de San Pablo, ya desde la prisión, cuando todo indica que “el tiempo de mi partida se acerca” (4,6). El texto es una magnífica síntesis de las creencias cristianas, entrecruzándose en él lo autobiográfico, su misión, y algunas instrucciones doctrinales y pastorales, sostenido todo ello en una fuerte confesión de su fe en Jesús y en el Evangelio porque “sé a quién me he confiado” (1,12).

Por otra parte, Timoteo es un joven de Listra, formado desde su infancia en la devoción judía por su madre Eunice y su abuela Loida (1,5), a quien Pablo incorpora a su tarea evangelizadora. A Pablo y Timoteo les une un vínculo profundo de amistad y confianza: “sin cesar hago memoria de ti en mis oraciones noche y dia, deseoso de verte, acordándome de tus lágrimas para llenarme de gozo con la memoria de tu sincera fe, que fue también la de tu abuela Loida y la de tu madre, Eunice” (1, 3-5).

Timoteo es también testigo de la vida de Pablo puesto que “has seguido de cerca mis enseñanzas, mi conducta, mis planes, mi fe, mi longanimidad, mi paciencia, mis persecuciones y aflicciones” (3,10-11).

En este fragmento de hoy, Pablo deja a Timoteo, y a nosotros, varias consideraciones, de las que puede destacarse la llamada a implicarnos en las tareas de la evangelización. Dicho así puede entenderse como algo distanciado del quehacer de cada uno, no obstante, es algo que está a nuestro alcance, poniendo el punto de vista de Dios, los valores evangélicos, en nuestras relaciones y en nuestras palabras.

No es fácil, es cierto. El cristianismo está impugnado en buena parte de nuestras sociedades: quedan aún científicos que consideran nuestra fe como un conjunto de prejuicios; otras muchas personas, sin detenerse en debates científicos o humanísticos, se instalan en la indiferencia y la secularidad; incluso muchos cristianos que siguen considerándose tales han vaciado su fe de creencias y compromisos existenciales y eclesiales. Son tres muestras, estadísticamente muy elocuentes, del decaimiento sociológico del cristianismo.

Ante ello, muchos creyentes reaccionan con repliegues hacia el interior de comunidades blindadas ante un ambiente hostil. El testimonio y los compromisos son sustituidos por espiritualidades intimistas y poco receptivas a los desafíos de nuestro tiempo. ¿Cristianos agazapados en el calor de los templos o de algunos movimientos? Y, al contrario, también arranques de fundamentalismo que afirman lo propio despreciando lo ajeno: incluso con agresividades, que felizmente quedan con frecuencia sólo en expresiones verbales, ante todo lo que contraría las viejas formulaciones y seguridades.

El espíritu cristiano tiene poco o nada que ver con el repliegue timorato y el fundamentalismo. Dios no nos ha dado ese espíritu asustadizo, sino un espíritu con el que testimoniar a Jesús y los valores de su Evangelio con serena energía, desinteresado amor, y con lúcidos criterios para discernir sus signos en nuestra historia.

“Estáis muy equivocados”

El evangelio de hoy termina con un reproche de Jesús a los saduceos que le habían consultado sobre la ley deuteronómica (25, 5-10) del levirato. Con ella se pretendía asegurar la continuidad de un linaje y la herencia de sus bienes, y a la vez garantizar la protección de la viuda que había quedado sin hijos.

Los saduceos, que no creían en la resurrección, tratan de meter a Jesús en la casuística jurídico y cultural de la vida matrimonial cuando los cónyuges afectados “vuelvan a la vida”.

Pero Jesús no se deja atrapar:  su respuesta pone en valor una convicción fundamental suya y del Nuevo Testamento: la resurrección de los muertos.

La equivocación de los saduceos consistía en una reducción antropológica al aquí y el ahora de la aventura humana, porque su lectura del Antiguo Testamento era parcial, y porque prescindían del poder de Dios sobre la vida de los hombres y mujeres.

También hoy muchos de nuestros contemporáneos se equivocan porque interpretan la resurrección como el estricto progreso dentro de los límites de la historia, o porque entienden la trascendencia como pura alegoría de un futuro alcanzable por las solas fuerzas humanas, o se conforman con un acercamiento filosófico que confunda la resurrección con la inmortalidad del alma.

Se ha dicho que la Escritura no contiene sólo lo que el hombre dice de Dios, sino lo que Dios dice del hombre. Y lo que dice es que no hemos sido creados para morir, sino para vivir para siempre.  Renovando nuestra fe “en la resurrección de la carne” agradecemos al Padre la resurrección de Jesús, que adelanta la nuestra.

 

¿Qué sentimientos humanos y qué actitudes religiosas desarrolla en nosotros la fe en la resurrección? ¿Te ayuda el recuerdo de la vida de Jesús para esperar con confianza la resurrección y, al mismo tiempo amar este mundo que Dios nos regala cada día?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Carlos Lwanga y 12 compañeros, Santos
Memoria Litúrgica, 3 de junio ...

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro 3, 12-15a. 17-18

Queridos hermanos:

¡Esperáis y apresuráis la llegada del Día de Dios! Ese día los cielos se disolverán incendiados y los elementos se derretirán abrasados.

Pero nosotros, según su promesa, esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia, por eso, queridos míos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, intachables e irreprochables, y considerad que la paciencia de nuestro Señor es nuestra salvación.

Así pues, queridos míos, ya que estáis prevenidos, estad en guardia para que no os arrastre el error de esa gente sin principios ni decaiga vuestra firmeza. Por el contrario, creced en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él la gloria ahora y hasta el día eterno. Amén.

Salmo de hoy

Salmo 89, 2. 3-4. 10. 14 y 16 R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios. R/.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer que pasó;
una vela nocturna. R/.

Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan. R/.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Que tus siervos vean tu acción
y sus hijos tu gloria. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 13-17

En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos de los fariseos y de los herodianos, para cazarlo con una pregunta.

Se acercaron y le dijeron:
«Maestro, sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?».

Adivinando su hipocresía, les replicó:
«¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea».

Se lo trajeron. Y él les preguntó:
«¿De quién es esta imagen y esta inscripción?».

Le contestaron:
«Del César».

Jesús les replicó:
«Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Y se quedaron admirados.

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Al Señor le conocemos por su Palabra”

Muchas veces nos preguntamos ¿Unas cosas dichas hace 2.000 años sirven algo en el mundo actual? En este pasaje San Pedro nos aconseja como debemos afrontar la espera de la venida del Señor ¡Y claro que son palabras actuales! Literalmente nos dice que... “no os arrastre el error de esa gente sin principios” ¿A caso hoy no estamos bombardeados por mensajes sin ningún tipo de principios y valores? Poder, riqueza, violencia contra el otro, fama, “éxito social” ...Mensajes atrayentes que nos apartan de lo verdaderamente importante: Dios.

Mientras esperamos al Señor debemos estar en paz con Él, nos dice el Apóstol, porque si estamos en paz con Dios lo estaremos con los que nos rodean. Y en esa espera nos recomienda crecer en el conocimiento de Nuestro Señor Jesucristo, y aquí traigo algo de lo que hemos hablado muchas veces: la necesidad de acudir a la Palabra, a las Sagradas Escrituras, para conocer a Jesús. La lectura habitual del Evangelio es la mejor manera de acercarnos a Cristo, de conocerle y amarle. Y ese conocimiento alimentará nuestras almas en la espera.

Definitivamente las palabras contenidas en las Sagradas Escrituras están de plena actualidad, y seguirlas es la mejor manera de conseguir un mundo mejor. Todos tenemos la oportunidad de ayudar a que el Reino de Dios se conozca en el mundo, y lo haremos a través de nuestras obras y de nuestra actitud como ciudadanos en medio de la sociedad en que vivimos.

“Con Dios, siempre con Él”

San Marcos nos pinta una escena que debió producirse en muchas ocasiones: los fariseos van a la caza de Jesús mediante trampas basadas en la ley, en la ortodoxia judía. Se acercan aduladores para lanzar su dardo ¿Dios o el César? Pero la respuesta que reciben los deja sin palabras: a cada uno lo suyo.

En la vida no todo es negro o blanco, hay una inmensa gama de grises y para todos hay lugar. Dios debe ser el centro de nuestra vida, nuestro pilar, pero vivimos en distintas sociedades en las que debemos cumplir nuestras obligaciones como ciudadanos, pero siempre dejando claro que nuestra conciencia deberá estar por encima de las injusticias de los hombres.

Y ahora me gustaría lanzar una pregunta ¿Cuantas veces hemos sido como los fariseos y hemos intentado “pillar a Jesús”? ¿En cuantas ocasiones, para justificar nuestros actos, hemos utilizado la moneda del César?: “Si hago esto es por obligación, si no hago aquello es porque me obliga el Estado, si he obrado así es porque todos los hacen…” Y mirando al cielo hemos exclamado “Señor es que hay que pagar el impuesto del César” Lo único que hacemos es engañarnos a nosotros mismos. 

A Dios los que es de Dios, sin mezclar unas cosas con otras, con el Evangelio en una mano y el periódico en la otra, pero sabiendo que las cosas del alma están por encima de las del mundo. Ser buen cristiano implica ser buen ciudadano y ambas cosas no están reñidas. Aquellos fariseos que intentaron tender una trampa a Jesús se debieron retirar llenos de frustración y con la lección aprendida: toda moneda tienes dos partes, la cara que es el César y la Cruz que es Cristo.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Marcelino y Pedro, Santos
Memoria Litúrgica, 2 de junio ...

lunes, 1 de junio de 2026

FUNERAL POR NIEVES

 



El Señor llamó a su seno a :


Dª NIEVES GONZÁLEZ ALONSO


VIÚDA DE DON JUAN FEIJOÓ LÓPEZ


Vecina que fue de Bande a los 89 años de edad


D.E.P


Los funerales por su eterno descanso tendrán lugar Mañana Martes día Dos de Junio a las 7:30 de la tarde