miércoles, 12 de agosto de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel 12, 1-12

Me fue dirigida esta palabra del Señor:
«Hijo de hombre, vives en medio de un pueblo rebelde:
tienen ojos para ver, y no ven; tienen oídos para oír, y no oyen, porque son un pueblo rebelde.
Así pues, tú, hijo de hombre, prepara tu equipaje para el destierro, y emigra en pleno día, a la vista de todos; a la vista de todos emigra a otro sitio. Tal vez así comprendan que son un pueblo rebelde.
Sacarás tu equipaje de deportado en pleno día, a la vista de todos; partirás al atardecer, a la vista de todos, como quien va al destierro.
A la vista de todos abre una brecha en el muro y saca por allí tu equipaje.
Cárgalo al hombro a la vista de todos, sácalo en la oscuridad. Cúbrete la cara para no ver la tierra, porque hago de ti un signo para la casa de Israel».
Yo hice todo lo que me había ordenado. Saqué mi equipaje como quien va al destierro, en pleno día; al atardecer abrí una brecha en el muro con las manos, lo saqué en la oscuridad y me lo cargué al hombro, a la vista de todos.
A la mañana siguiente me fue dirigida esta palabra del Señor:
«Hijo de hombre, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, la casa rebelde, qué es lo que hacías?
Pues respóndeles:
“Esto dice el Señor Dios: Este oráculo toca al príncipe en
Jerusalén y a toda la casa de Israel que vive allí”.
Di: “Yo soy un signo para vosotros: como yo he hecho, así harán con ellos. Serán deportados, irán al destierro.
El príncipe que vive entre ellos se cargará al hombro el equipaje, en la oscuridad saldrá por una brecha que abrirán en el muro para sacarlo, se cubrirá la cara para no ver su tierra con sus propios ojos”».

Salmo de hoy

Salmo 77, 56-57. 58-59. 61-62 R/. ¡No olvidéis las acciones del Señor!

Ellos tentaron al Dios Altísimo y se rebelaron,
negándose a guardar sus preceptos;
desertaron y traicionaron como sus padres,
fallaron como un arco engañoso. R/.

Con sus altozanos lo irritaban,
con sus ídolos provocaban sus celos.
Dios lo oyó y se indignó,
y rechazó totalmente a Israel. R/.

Abandonó sus valientes al cautiverio,
su orgullo a las manos enemigas;
entregó su pueblo a la espada,
encolerizado contra su heredad. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21 – 19, 1

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.
El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Hago de ti una señal para la casa de Israel”

Los profetas eran transmisores de la Palabra que viaja de la boca de Dios hasta el corazón del hombre. El profeta Ezequiel en una acción simbólica emigra a la luz del día a la vista de todos, así será una señal para la casa de Israel: emigrantes deportados a Babilonia. La parábola realizada es el momento de la verdad, “algo decisivo sucediendo aquí a través de lo que se hace, pues la acción es un lenguaje en la profecía”. Sucede.

El profeta es sustituto de su Dios, sustituto de su compasión y compromiso con el pueblo, de sus intereses, de sus puntos de vista, sus valoraciones, su celo. Ser profeta es sintonizar con sus pulsiones. El verdadero profeta se sabe destinado al pueblo, es para los demás es “boca de Yahvé”. Ahora bien, el profeta no es un transmisor neutro y mecánico de la palabra de Dios. Jesús fue tenido por profeta en su pueblo. Jesús predicaba en parábolas que incluyen símbolos, signos y acciones proféticas. Las parábolas del reino son una comprensión de la vida, del hombre y de Dios en la que el oyente se ve envuelto.

Todos los bautizados tenemos talante profético. El perdón al que nos conduce la parábola del evangelio ¿no hará de nosotros una señal viva?

Perdonar es en sí mismo un acto divino

“No he venido a condenar sino a perdonar”; “Hay fiesta en el cielo por un pecador que se arrepiente”, “El que esté sin pecado que tire la primera piedra”, “He venido a llamar a los pecadores”, “Cuando os pongáis a orar, perdonad lo que tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone vuestras culpas”…

Y hoy hemos escuchado: “No te digo, Pedro, que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Pero a nosotros ¡cómo nos cuesta perdonar…! imposible si no dejamos espacio para que actúe la gracia, si no entramos dentro, si no miramos como ve Dios, si no iniciamos un proceso largo…si no descubrimos la divinidad de las personas. Desde luego, no es un sentimiento ni una emoción.  Y, sin embargo, cuanto más conscientes seamos de que somos agraciados por la misericordia sin límites de Dios, más libres seremos para perdonar a quienes pecan contra nosotros. 

La parábola del “rey perdonador” tiene como mensaje el perdón gracioso de Dios y la condición de que  quien  ha sido perdonado, perdone a su vez, para no anular la sentencia favorable que sobre él se ha dictado. Habla de la inmensidad de la donación de Dios entregándose a sí mismo a nosotros, entre otras formas en la de perdón generoso, trata de infundir alegría al hablar del amor de Dios. Pero éste exige contagio porque capacita para amar: amar al sentirse amado y una capacitación para perdonar al sentirse perdonado. Somos nosotros los que debemos descubrir ese amor y ese perdón y actuar de la misma manera.

 La belleza de nuestra fe cristiana es que sabemos que Dios no nos perdona sólo una o dos veces;  más bien, nos perdona cada vez que acudimos a Él con pureza de corazón.  Jesús va mucho más allá  de un perdón razonable para los estándares humanos y  llama a sus seguidores a perdonar no sólo siete veces, sino setenta veces siete. Jesús enseña que el perdón que recibimos de Dios conlleva una responsabilidad: extender esa misma gracia a los demás cuando nos la pidan.  En otras palabras, nuestra disposición a perdonar no debe tener límites.  “¿no es necesario que tú te compadezcas de tu compañero como yo me compadecí de ti?”

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Ponciano e Hipólito, Santos
Memoria Litúrgica, 13 de agosto ...

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 




Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel 9, 1-7; 10, 18-22

Oí al Señor que exclamaba con voz potente:
«¡Ha llegado el juicio de la ciudad! Que cada uno empuñe su arma destructora».

Entonces aparecieron seis hombres por el camino de la puerta de arriba, la que da al norte. Cada uno empuñaba una maza. En medio de ellos estaba un hombre vestido de lino, con los avíos de escribano a la cintura. Al llegar se detuvieron junto al altar de bronce.

La Gloria del Dios de Israel se había levantado del querubín en que se apoyaba, dirigiéndose al umbral del templo.

Llamó al hombre vestido de lino, que tenía los avíos de escribano a la cintura.

El Señor le dijo:
«Recorre la ciudad, atraviesa Jerusalén, y marca en la frente a los que gimen y se lamentan por las acciones detestables que en ella se cometen».

A los otros le dijo en mi presencia:
«Recorred la ciudad detrás de él, golpeando sin compasión y sin piedad. A viejos, jóvenes y doncellas, a niños y mujeres, matadlos, acabad con ellos; pero no es acerquéis a ninguno de los que tiene la señal. Comenzaréis por mi santuario».

Y comenzaron por los ancianos que estaban frente al templo.

Luego les dijo:
«Profanad el templo, llenando sus atrios de cadáveres, y salid a matar por la ciudad».

La Gloria del Señor salió levantándose del umbral del templo y se colocó sobre los querubines. Los querubines desplegaron sus alas y se elevaron sobre la tierra ante mis ojos. Junto con ellos partieron también las ruedas y se detuvieron a la entrada de la puerta oriental del templo del Señor. La Gloria del Dios de Israel estaba por encima de ellos.

Eran los mismos seres que había visto bajo el Dios de Israel junto al río Quebar, y comprendí que eran querubines.

Cada uno tenía cuatro rostros y cuatro alas, y bajo las alas una especie de mano humana. El aspecto de sus rostros era el de los rostros que había visto junto al río Quebar. Todos ellos iban de frente.

Salmo de hoy

Salmo 112, 1-2. 3-4. 5-6 R/. La gloria del Señor se eleva sobre los cielos.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R/.

De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos. R/.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que habita en las alturas
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra? R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.

En verdad os dijo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.

Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

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Reflexión del Evangelio de hoy

"Marca en la frente a los que gimen afligidos"

La primera lectura de hoy es un texto del profeta Ezequiel que sorprende al lector u oyente cristiano: el Señor da órdenes de exterminar “sin compasión ni piedad” a viejos, mozos y muchachas, a niños y mujeres de Jerusalén. En realidad, de qué ciudad sean es lo de menos: lo incomprensible es que Dios se deje llevar por esa ira desenfrenada. Necesitamos situar el texto en su contexto, tanto histórico como religioso, para comprenderlo sin escándalo.

Ezequiel vive el destierro de Babilonia. Es sacerdote y profeta. Como sacerdote, interpreta los dramáticos acontecimientos del asedio y el destierro como consecuencia de las profanaciones del templo, hasta el extremo de que el propio Dios lo haya abandonado. No obstante, en cuanto profeta, anuncia una renovación, un nuevo templo (40-48), y un corazón y un espíritu nuevos (36,26). Mientras tanto, un “resto” permanece fiel: son quienes han sido marcados porque siguen reconociendo a Yhavéh como su único Señor.

En Ezequiel, como en los demás profetas, Dios se presenta como un ser celoso. Esto no es un recurso simbólico, ni una proyección antropopática. El Dios del Antiguo Testamento no es pura idea, tiene sentimientos. Sus celos son un rasgo inseparable de su amor a sus criaturas. Un rasgo que está también presente en la radical correspondencia amorosa que Dios espera de los humanos, tal como lo recoge el primer precepto del Decálogo: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (DT 6,5; Mt 22,37). Los celos de Dios desencadenan su ira ante la idolatría, la indiferencia y el desamor humano. 

En el Dios del Antiguo Testamento se entrelazan dos sentimientos: la ira y la misericordia (X. Léon-Dufour). Si bien los celos y la ira no son rasgos esenciales de Dios: Él no guarda rencor para siempre (Jr 3,12). Por eso, no se comprende bien y del todo a Dios cuando se enfatiza, se predica y se teme su ira, olvidando su amorosa protección del “resto”.

Jesús tiene presente esa ambivalencia de sentimientos divinos. Él mismo se indigna y se irrita ante determinados comportamientos que increpa y reprende, pero su imagen de un Dios es la de un Padre benévolo “que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” (Mt 5, 45). Él mismo se considera enviado al mundo no para condenarlo sino para salvarlo (Jn 3,17).

Pablo dirá más tarde que la ira divina siempre es atemperada por su misericordia, porque “Dios no nos ha destinado para (sufrir su) cólera, sino para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo” ( 1 Ts 5,9).

“Si te hace caso, habrás salvado a tu hermano”

El evangelio de hoy pertenece al llamado “discurso eclesiástico” de Mateo: refleja parte de la organización de la Iglesia primitiva. A pesar de ello, no debiéramos leerlo desde un punto de vista pragmático, legal, sino como también es, como una muestra de cómo la comunidad cristiana afronta el pecado de sus miembros, la corrección fraterna, el perdón y la reconciliación.

La condición humana, de la que no nos hemos despojado por ser creyentes, es limitada y ambigua: de una parte, somos atraídos por el bien; de otra, somos seducidos por el mal. Nuestra conciencia es testigo y juez de nuestra conducta. De ordinario, basta con escuchar su voz para cambiar la orientación de nuestra vida.

Hay situaciones, sin embargo, en que nos habituamos de tal manera a lo incorrecto, que nuestra conciencia no nos dice nada, o si nos lo dice no la escuchamos.

Entonces surge la corrección fraterna. Los dos términos tienen su importancia. Corrección, porque nos llama la atención para que cambiemos algo en nuestra vida. Fraterna, porque no nos corrige de cualquier manera, sino desde el amor, hecho cercanía y solicitud por el bien del hermano. Sin altivez, sin juicios puritanos, sin humillar innecesariamente, dando nuevas oportunidades. La fraternidad implica también esta ayuda al otro para que sea mejor y más fiel.

Termina el texto con unas palabras de Jesús que repetimos con frecuencia. El Señor, al marchar, no nos dejó solos. Comprometió su presencia junto a nosotros, todos los días, hasta el fin del mundo.

Es una presencia de tú a tú, pero es ante todo una presencia en la comunidad. Debemos orar a solas, pero no podemos creer solos. En el cristianismo la comunidad no es un puro agregado de individuos, sino un sacramento que hace presente a Jesús. Si nos reunimos no por mera costumbre o por cumplir, sino en su nombre. Es decir, acogiendo su Palabra, asimilando sus valores, haciendo nuestra su causa, que es la salvación de todos.

 

Cuando corriges el comportamiento de otro ¿lo haces fraternalmente, sin sentirte mejor que él? ¿Tienes experiencia de la presencia de Jesús cuando te reúnes con otros en su nombre?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Juana Francisca de Chantal, Santa
Memoria Litúrgica, 12 de agosto...

lunes, 10 de agosto de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel 2, 8 – 3, 4

Esto dice el Señor:
«Ahora, hijo de hombre, escucha lo que te digo: ¡No seas rebelde, como este pueblo rebelde! Abre la boca y come lo que te doy».

Vi entonces una mano extendida hacia mí, con un documento enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito en el anverso y en el reverso; tenía escritas elegías, lamentos y ayes.

Entonces me dijo:
«Hijo de hombre, come lo que tienes ahí; cómete este volumen y vete a hablar a la casa de Israel».

Abrí la boca y me dio a comer el volumen, diciéndome:
«Hijo de hombre, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este volumen que te doy».

Lo comí y me supo en la boca dulce como la miel.

Me dijo:
«Hijo de hombre, anda, vete a la casa de Israel y diles mis palabras».

Salmo de hoy

Salmo 118, 14. 24. 72. 103. 111. 131 R/. ¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

Mi alegría es el camino de tus preceptos,
más que todas las riquezas. R/.

Tus preceptos son mi delicia,
tus enseñanzas son mis consejeros. R/.

Más estimo yo los preceptos de tu boca
que miles de monedas de oro y plata. R/.

¡Qué dulce al paladar tu promesa:
más que miel en la boca! R/.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón. R/.

Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
«¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?».

Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo:
«En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial.

¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.

Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“El disfrute de la Palabra de Dios”

Nos situamos ante la profecía de Ezequiel, entendiendo que Dios invita al profeta a comer el rollo de su Palabra, porque nadie puede anunciar lo que antes no ha disfrutado. En este caso, Ezequiel acoge, en contemplación, la Palabra de Dios para que esta se convierta en disfrute “dulce como la miel”, en presencia viva.

La lectura nos recuerda que estamos llamados a contemplar la Palabra y alimentarnos de ella, como hacemos aquí y ahora en esta web diaria de la Orden de Predicadores. Y cuando contemplemos la Palabra, la gustamos, la saboreamos y la disfrutamos, ésta transforma nuestra mirada y despierta el deseo de compartir lo recibido, de predicarlo, de anunciarlo con la alegría de quien disfruta de Dios, porque quien ha gustado la dulzura de Dios no puede guardarla sólo para sí, siente necesidad de compartirla.

Y es que, el Reino no se edifica sólo con proyectos, discursos o esfuerzos humanos, sino con vidas transformadas por la Palabra. Por eso necesitamos generar espacios reales de silencio, escucha y contemplación. Espacios donde disfrutemos de Dios, compartamos la Palabra y misionemos a partir de la Palabra disfrutada en comunidad.

Cuando la persona creyente se alimenta de la Palabra, aprende a mirar la realidad con los ojos de Dios, para reconocer a Dios en todo y para que todo vuelva a encontrar su centro en Dios. De ese disfrute nace el anuncio, el servicio y la construcción del Reino de Dios.

Así el profeta Ezequiel hoy, nos anima a comer la Palabra de Dios y disfrutarla. Comamos de esta con la alegría de compartida en comunidad. 

“La dignidad de la pequeñez”

El Evangelio de hoy nos recuerda que Jesús invierte nuestros criterios de grandeza: no pone en el centro a la persona fuerte, influyente o al autosuficiente, como querían los fariseos, sino a un menor de edad, que es un ser débil, necesitado y dependiente. Una gran revolución en los tiempos de Jesús, y también en nuestro tiempo actual, donde los derechos humanos de los más pequeños siguen siendo vulnerados. Y es que, la pequeñez es el lugar donde Dios revela su forma de reinar. 

Los pequeños son, ciertamente, los niños y las niñas, pero también toda persona vulnerable: quien sufre pobreza, soledad, enfermedad, exclusión social, migración forzada o cualquier otra forma de fragilidad. Hacia ellos, Dios nos invita a dirigir una mirada nueva llena de amor.

León XIV lo expresó con claridad en la visita apostólica que realizó a España en junio de este año al hacerse presente en aquellos lugares donde se recibe a personas migrantes, al centro penitenciario de Brians o a residencias de personas en situación de sin hogar. Con ello nos recordó que la comunidad cristiana está llamada a acercarse a las heridas y necesidades de los más pequeños y vulnerables con discreción, delicadeza y perseverancia. Esta es una clave profundamente evangélica: no basta con admirar la pequeñez hay que defenderla, acompañarla, luchar por su dignidad y por sus derechos, por eso el Santo Padre quiso poner en el centro de su visita a España a las personas más vulnerables, porque quiso visibilizar la pequeñez para denunciar que también al vulnerable hay que dotarle de dignidad y derechos.

La oveja perdida de la parábola nos revela el corazón del Padre: ninguna vida es descartable, ninguna persona vale menos por estar herida, perdida o apartada. Dios busca a quien el mundo olvida. Y si la persona creyente quiere vivir centrada en Dios, debe aprender a poner en el centro de su vida a aquellos a quienes Dios mira con especial predilección.

Por eso, sólo seremos fieles a Dios y al Evangelio si olemos a oveja, si vivimos poniendo en el centro a la pequeñez y luchamos para dotar a todo ser humano de derechos y de dignidad. Allí donde una persona migrada es acogida, una persona vulnerable es acompañada, una persona que cumple pena de privación de libertad es visitada, una herida es cuidada y una vida perdida es buscada, es donde el Reino de Dios empieza a hacerse visible.


¿A qué personas vulnerables acompaño desde el reconocimiento de su dignidad y sus derechos?
¿Las miro como titulares de derechos o sólo como destinatarias de ayuda? ¿Qué “ovejas perdidas” quedan fuera de los circuitos normales de protección?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Clara de Asís, Santa
Memoria Litúrgica, 11 de agosto ...