sábado, 2 de mayo de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13, 44-52

El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra del Señor. Al ver el gentío, los judíos se llenaron de envidia y respondían con blasfemias a las palabras de Pablo.

Entonces Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía:
«Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra”».

Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y creyeron los que estaban destinados a la vida eterna.

La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas, adoradoras de Dios, y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron de su territorio.

Estos sacudieron el polvo de los pies contra ellos y se fueron a Iconio. Los discípulos, por su parte, quedaban llenos de alegría y de Espíritu Santo.

Salmo de hoy

Salmo 97, 1bcde. 2-3ab. 3cd-4 R/. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 7-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».

Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».

Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Creyeron los que estaban destinados a la vida eterna”

La empresa de la evangelización comienza a ponerse en marcha gracias a un grupo comprometido de discípulos. El mensaje evangélico se va abriendo paso, poco a poco y con dificultades, en las pequeñas aldeas y ciudades por las que van pasando los del grupo de Jesús.

Los acompaña la fuerza del Espíritu Santo, que fortalece la misión y alumbra las oscuridades del camino. Es precisamente esta gracia la que hace que los apóstoles comprendan algo decisivo: ante el obstáculo que presenta el mundo judío para acoger el Evangelio y a Jesucristo vivo y resucitado, se abre un nuevo horizonte, el de la predicación a los gentiles.

Así, se van conjugando varios elementos necesarios. Por un lado, la fuerza del Espíritu Santo, que se derrama sobre Pablo y Bernabé, infundiéndoles valentía y coraje para romper con el esquema seguido hasta entonces. Por otro, el cumplimiento del mandato de Jesús: “vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5,14). Esa luz alcanza ahora a quienes caminaban en tinieblas y sombras de muerte, es decir, a los que hasta entonces eran considerados gentiles.

De este modo, llegamos al fundamento principal: la disponibilidad para acoger y hacer propio el mensaje de salvación. Esto sucede en quienes dejan que la Palabra anide en su corazón y la ponen en práctica.

Por eso, se rompe una manera de entender la religión como simple cumplimiento de normas y preceptos, para dar paso a una experiencia más humana de la fe. Una experiencia en la que uno se siente interpelado por el amor de Dios, convocado, destinado a la vida eterna y llamado a ser testigo coherente de su fe.

“Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe?”

El evangelista Juan, con la profundidad teológica de su lenguaje y sus contrastes, nos introduce en el discurso de despedida de Jesús a sus discípulos. Reunidos en torno a la mesa, en un ambiente de fraternidad y cercanía, Jesús va abordando los temas centrales de su proyecto del Reino.

Aparece aquí su testamento vital: el mandamiento nuevo del amor, la promesa del Espíritu Santo y el tema central del “Abba”. La enseñanza se eleva hacia el misterio de la Trinidad: Jesús como Camino, Verdad y Vida; el Espíritu Santo como comunión de amor; y el Padre, que ama tanto al mundo que envía a su Hijo.

Sin embargo, uno de los discípulos no logra comprender esta profundidad. Entonces, con sencillez, dice: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta".

Es posible imaginar a Jesús preguntándose si, después de tanto tiempo conviviendo con ellos, han llegado realmente a identificarse con Él. Porque estar con Jesús no siempre significa haber asimilado su mensaje. Aún discutían quién sería el más importante en el Reino o quién ocuparía los primeros puestos.

Por eso, la petición de Felipe —"enséñanos al Padre"— da pie a Jesús para ayudarle a comprender. Le invita a mirar, a recordar, a percibir por sí mismo, con los sentidos y la inteligencia, lo que ha sucedido ante sus ojos.

Felipe, recuerda: la mujer adúltera a la que Jesús dice “no te condeno”. El leproso que suplica: “si quieres, límpiame”, y Jesús responde: “quiero, queda limpio”. La viuda de Naím, que llora la muerte de su hijo, y cómo la compasión de Dios se lo devuelve.

Recuerda también cómo Jesús se sienta a la mesa con pecadores y publicanos, considerados impuros por quienes se creían superiores por cumplir la ley. Cómo devuelve la vista al ciego, hace andar a cojos y levanta a los paralíticos.

Felipe, ¿no te das cuenta? El amor de Dios ha tocado la tierra a través del Hijo.

Los signos, las acciones y las palabras de Jesús son sanadoras, liberadoras y dan plenitud al ser humano, porque muestran el rostro concreto de Dios Padre, un Dios compasivo que hace salir el sol sobre buenos y malos.

Y cuando percibimos la gracia de su amor, nos volvemos capaces de comprender a qué estamos llamados en la escuela de Jesús: a hacer sus mismas obras.

Porque, como dice el refrán, “acciones son amores y no buenas razones”.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Atanasio, Santo
Memoria Litúrgica, 2 de mayo...

jueves, 30 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13, 26-33

En aquellos días, cuando llegó Pablo a Antioquía de Pisidia, decía en la sinagoga:
«Hermanos, hijos del linaje de Abrahán y todos vosotros los que teméis a Dios: a nosotros se nos ha enviado esta palabra de salvación. En efecto, los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús ni entendieron las palabras de los profetas que se leen los sábados, pero las cumplieron al condenarlo. Y, aunque no encontraron nada que mereciera la muerte, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar.

Y, cuando cumplieron todo lo que estaba escrito de él, lo bajaron del madero y lo enterraron. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Durante muchos días, se apareció a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo. También nosotros os anunciamos la Buena Noticia de que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo:
“Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy”».

Salmo de hoy

Salmo 2, 6-7. 8-9. 10-11 y 12a R/. Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy

«Yo mismo he establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo».
Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres mi Hijo:
yo te he engendrado hoy. R/.

Pídemelo:
te daré en herencia las naciones,
en posesión, los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás como jarro de loza». R/.

Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad, los que regís la tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-6

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».

Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».

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Reflexión del Evangelio de hoy

Una esperanza que se hace historia

El discurso de Pablo nos sitúa en el corazón de la primera predicación cristiana: anunciar que Dios ha sido fiel a su promesa. No se trata solo de recordar el pasado, sino de descubrir el sentido profundo de la historia a la luz de Dios. Pablo se dirige a un pueblo que conoce la alianza, que vive de la esperanza, y les invita a reconocer que en Jesús esa historia alcanza su plenitud.

La clave del texto es profundamente teológica: lo que parecía un fracaso total se convierte, por la acción de Dios, en cumplimiento y vida. La resurrección no es solo un acontecimiento extraordinario, sino la revelación de quién es Dios: un Dios fiel, que no abandona, que transforma la injusticia en salvación y la muerte en vida.

Resuena con fuerza una afirmación central: “la promesa hecha a los padres, Dios la ha cumplido en nosotros”. La salvación alcanza el presente. Dios sigue actuando, sigue cumpliendo su palabra, sigue abriendo caminos donde parecía no haberlos. Esta mirada nos invita a releer también nuestra propia historia. Muchas veces no reconocemos a Dios cuando su presencia se manifiesta en lo sencillo, en lo cotidiano o incluso en lo que parece un fracaso.

La Pascua nos enseña a mirar más allá: ahí donde todo parece terminar, Dios está comenzando algo nuevo.

Una llamada a vivir desde la fe que transforma

Este pasaje se sitúa en el contexto del discurso de despedida de Jesús en el Evangelio de Juan. En la intimidad de la última cena, Jesús prepara a sus discípulos para el momento de la cruz. Ante la inquietud y el desconcierto, pronuncia una frase que resonará con fuerza a través del tiempo: “No se turbe vuestro corazón”. No es una invitación a ignorar las dificultades, sino a vivirlas desde la confianza en Dios y en el sentido profundo de la vida.

En este contexto, Jesús se revela con una afirmación central: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. No propone simplemente una enseñanza, sino que se ofrece Él mismo como referencia para orientar nuestra propia vida y la construcción de la fraternidad.

Jesús es el camino: nos muestra cómo vivir y cómo relacionarnos. Su manera de actuar nos impulsa a construir un mundo donde la dignidad de cada persona sea respetada y donde las relaciones estén marcadas por la justicia, la equidad y el reconocimiento del otro. En este día rememoramos la figura de San José Obrero, quien de forma silenciosa y fiel, con su trabajo cotidiano, sostiene la vida y cuida de aquellos que le son encomendados: María y Jesús. En él descubrimos la dignidad del trabajo sencillo, la responsabilidad vivida con amor y la grandeza de quien se gana el pan con esfuerzo y honradez.

Jesús es la verdad: una verdad que no depende de opiniones o intereses, sino que se fundamenta en el amor de Dios y en la dignidad inviolable de todo ser humano. No todo criterio vale cuando se trata de la vida de las personas. La verdad del Evangelio nos exige discernir, denunciar aquello que genera explotación o desigualdad, y defender condiciones laborales justas, donde cada persona pueda desarrollar su vida con seguridad y dignidad.

Jesús es la vida: fuente de vida plena y verdadera, que se hace visible en la fraternidad. Allí donde se promueve el respeto, la solidaridad y el cuidado mutuo, especialmente hacia quienes viven situaciones de mayor vulnerabilidad, la vida de Dios se abre paso. También en el mundo del trabajo, la vida se hace más humana cuando se crean espacios donde las personas no solo producen, sino que son reconocidas, valoradas y acompañadas.

Hoy su palabra sigue resonando con fuerza: “No se turbe vuestro corazón”. En medio de las dificultades, Jesús nos invita a confiar y a actuar. A construir, desde la fe y siguiendo el ejemplo de San José, una sociedad donde el trabajo sea digno, los derechos sean respetados y cada persona pueda vivir con la esperanza y la plenitud que Dios quiere para todos.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

José Obrero, Santo
Memoria Litúrgica, 1 de mayo...

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13, 13-25

Pablo y sus compañeros se hicieron a la mar en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia. Juan los dejó y se volvió a Jerusalén; ellos, en cambio, continuaron y desde Perge llegaron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Acabada la lectura de la Ley y de los Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a unos que les dijeran:
«Hermanos, si tenéis una palabra de exhortación para el pueblo, hablad».

Pablo se puso en pie y, haciendo seña con la mano de que se callaran, dijo:
«Israelitas y los que teméis a Dios, escuchad: El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros padres y multiplicó al pueblo cuando vivían como forasteros en Egipto. Los sacó de allí con brazo poderoso; unos cuarenta años “los cuidó en el desierto”, “aniquiló siete naciones en la tierra de Canaán y les dio en herencia” su territorio; todo ello en el espacio de unos cuatrocientos cincuenta años. Luego les dio jueces hasta el profeta Samuel. Después pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, durante cuarenta años. Lo depuso y les suscitó como rey a David, en favor del cual dio testimonio, diciendo: “Encontré a David”, hijo de Jesé, “hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos”.

Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión antes de que llegara Jesús; y, cuando Juan estaba para concluir el curso de su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis, pero, mirad, viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias de los pies”».

Salmo de hoy

Salmo 88, 2-3. 21-22. 25 y 27 R/. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijieste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso. R/.

Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,
por mi nombre crecerá su poder.
Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora». R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 16-20

Cuando Jesús terminó de lavar los pies a sus discípulos les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado”. Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy.

En verdad, en verdad os digo: el que recibe a quien yo envíe me recibe a mí; y el que me recibe a mí recibe al que me ha enviado».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Cantaré eternamente las misericordias del Señor”

Pablo, después del encuentro con Jesucristo y la gran experiencia de su amor, sigue anunciando la Resurrección de Cristo. Esta vez no lo hace entre los gentiles, sino entre los judíos. En esta ocasión, Pablo se dirige a los israelitas y también a los que temen a Dios (“temor” no en el sentido de tenerle miedo, sino temer perder el amor y la comunión con Dios), y en este grupo entran los cristianos de todos los tiempos, por tanto, hoy se dirige a ti y a mí.

El primer verbo que aparece en este discurso de Pablo es: “Escuchad”. Es muy importante saber escuchar, la fe viene por la predicación, dice el Apóstol en otro lugar, pero tenemos que saber a quién escuchamos. En el mundo hay muchas voces y hay que discernir de dónde vienen esas voces, porque o bien vienen de Dios o bien vienen del Enemigo.

Comienza Pablo haciendo historia de salvación, menciona las maravillas que ha hecho Dios con su pueblo, empezando por la liberación de los israelitas en Egipto hasta llegar al último de los profetas antes de Cristo, Juan el Bautista, es decir, Pablo cuenta la intervención de Dios en medio de su pueblo Israel, cómo los ha ido protegiendo y cuidando, hasta el punto de enviar a su hijo Jesucristo a dar la vida por ellos.

Quizás hoy también es momento de que hagas historia de salvación, de que hagas un recorrido por tu vida y veas la historia de amor tan maravillosa que Dios ha hecho  contigo, cuántas veces Dios ha estado a tu lado, sobre todo en momentos de dificultad y de sufrimiento.

En medio de la cincuentena pascual, tengamos un corazón alegre y agradecido por todo lo que Dios ha hecho con nosotros, por todos los dones recibidos de Él.

“¿Entendéis esto? Dichosos vosotros si lo ponéis en práctica”

Este evangelio muestra parte de la última cena de Jesús con sus discípulos, justo antes de la traición de Judas. Jesús, siendo Dios, se abaja ante sus discípulos y les lava los pies (algo que solían hacer los esclavos). Jesús se hace el último, el servidor de todos, incluso ante aquél que lo iba a traicionar. Las enseñanzas de Jesucristo no son teoría, sino que Él mismo las lleva a la práctica y no sólo eso, sino que también nos pide a nosotros que sigamos sus pasos, que hagamos lo que Él hace, si de verdad queremos ser felices.

“¿Habéis visto lo que he hecho con vosotros?, pues dichosos vosotros si lo ponéis en práctica” La verdadera felicidad está en servir y amar al prójimo. Dice la Escritura en otro lugar: “Hay más dicha en dar que en recibir”. Cristo nos pide que nos pongamos al servicio de los demás, que no nos consideremos más que nadie, al contrario, como dice San Pablo: “considerando superiores a los demás” y no sólo a los que nos caen bien o a los que amamos, sino también a los que nos caen mal o nos hacen daño, o incluso nos traicionan, esto fue lo que hizo Jesucristo, Él se puso al servicio de todos, incluido Judas, que seguidamente lo entregaría.

Los cristianos estamos llamados a ser los últimos, estamos llamados a imitar la santa humildad de Cristo, pero esto sólo lo podemos con la gracia de Dios, bien sabe Él que somos débiles, bien sabe Él a quién ha elegido.

Qué el Señor nos conceda estar al servicio de los demás y dar la vida cada día, como hizo a lo largo de su pontificado el Papa San Pío V, a quién hoy conmemoramos en la Santa Misa.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Pío V, Santo
Memoria Litúrgica, 30 de abril...

miércoles, 29 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 




Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 1, 5 — 2, 2

Queridos hermanos:

Este es el mensaje que hemos oído de Jesucristo y que os anunciamos: Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él y vivimos en las tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero, si caminamos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado.

Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros.

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

Salmo de hoy

Salmo 102, 1b-2. 8-9. 13-14. 17-18a R/. Bendice, alma mía, al Señor

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo. R/.

Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por los que lo temen;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro. R/.

La misericordia del Señor
dura desde siempre y por siempre,
para aquellos que lo temen;
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.

Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Os escribo esto para que no pequéis”

En este fragmento de una carta del evangelista San Juan aparece el ideal de una vida afianzada en la luz y en el amor, y que excluye, en consecuencia, la oscuridad y el desamor: el ideal de una vida sin pecado. No debiera ser de otra manera, ya que Jesús nos liberó de la esclavitud del hombre viejo y nos ha injertado en su nueva humanidad.

Sin embargo, Juan es realista y no pierde de vista el peso de nuestros límites. Es lo que hace posible el pecado, aunque éste no sea una tacha sin remedio. Somos pecadores, pero no somos pecado. Hemos pecado, pero hemos sido redimidos. Dios no nos deja abatidos por nuestra culpa. Nos ha dado como defensor a su Hijo, Jesucristo, el único justo.

Para los cristianos, reconocer el pecado en nuestras vidas es una cuestión de autenticidad. La aceptación sincera de la brecha, tantas veces presente, entre lo que debemos ser y lo que somos. Un reconocimiento que compromete también la veracidad de Dios. Fingir que ya somos perfectos no es sólo instalarnos en el engaño, sino hacer a Dios cómplice de nuestras mentiras. Nunca habremos meditado bastante la parábola del fariseo y el publicano orando en el templo (Lc 18, 9-14). Dios, en su verdad, promueve nuestra verdad.

Vivir en la verdad es tanto reiterar nuestros ideales cuanto reconocer honestamente nuestros límites. No podemos vivir serena y permanentemente en la autoinculpación ni en la disculpa. Lo primero nos lleva a la angustia, lo segundo nos instala en la superficialidad. Solo saldremos de ese dilema cuando demos sitio en nuestra vida al Dios del perdón y de la compasión.

Quizá no haya mayor pecado que no reconocernos pecadores. Dios no mira para otro lado cuando pecamos, ni está “eternamente enojado” con nosotros. Nos mira a los humanos, tal como somos, siempre paciente y misericordioso. Y acepta una y otra vez la víctima de propiciación que es la entrega de su Hijo a su proyecto de reconciliación universal.

“Te alabo, Padre, porque revelaste estas cosas a los sencillos”

Jesús fue exquisitamente discreto sobre lo que acontecía en su oración. Sin embargo, de cuando en cuando, ora en voz alta, convirtiendo así su experiencia de Dios en educación de la fe de sus oyentes. Esta de hoy es una de esas ocasiones. Y les educa, y nos educa, en dos asuntos bien importantes: la revelación a los sencillos y el descanso necesario para vivir con dignidad.  

El Dios de Jesús no se revela en los más elevados conceptos de los sabios de este mundo. Está más cerca de aquel “sólo sé que no sé nada”, atribuido a Sócrates, que a la altivez de quienes se sentaban en la cátedra de Moisés.

En la práctica de su ministerio, Jesús se encontró con la resistencia de los escribas y fariseos a recibir su mensaje. Dos grupos que, a lo largo del tiempo, han representado a quienes erigen su saber, y en ocasiones su pretenciosa ignorancia, en el criterio supremo para establecer lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo, lo procedente y lo inaceptable. ¡Hay tanta realidad que sobrepasa a la ciencia!

Pero también se encontró Jesús con personas sencillas que abrían su corazón a los destellos de verdad que les llegaban de la vida, de los otros y del mismo Dios.

Jesús alaba al Padre porque derrama su sabiduría justamente en esas personas sencillas, no pagadas de sí mismas, que saben y saborean la vida con actitudes humanas y evangélicas: “calma, mansedumbre, suavidad, humildad, sencillez, inocencia, candidez, benevolencia, disponibilidad…” (Papa Francisco).

Por otro lado, Jesús se ofrece como referencia de descanso. No es un descanso descomprometido (¿tentación de parte de la religiosidad actual?) que ignore los conflictos que vivimos como personas y sociedades, las ansiedades que agitan al desarrollo que se nos va quedando viejo, o las incertidumbres que acompañan a las grietas humanas de un saber que nos había prometido toda suerte de venturas.

Es un descanso que abraza esas heridas de nuestro tiempo, desde la mansedumbre y la humildad de corazón. Dos profundas actitudes que llevan a Jesús a compartir los agobios de sus contemporáneos. Que nos llevan a compartir hoy los agobios de nuestros contemporáneos.

El evangelio nos orienta en los meandros de la vida, nos ayuda a situarnos en las circunstancias de nuestro tiempo, nos impulsa a servir a quienes nos rodean, y a confiar en un Dios al que sabemos siempre de nuestro lado.

 

¿Cómo logras equilibrar el deseo de vivir en el amor con la experiencia del pecado? ¿Qué quiere decir en tu vida que Dios revela sus proyectos a los pequeños? ¿Tienes experiencia de que la confianza en Jesús y su evangelio, te ayudan a descansar de los agobios de la vida?

29 de abril. Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia, patrona de Europa

Europa celebra hoy a su patrona, Catalina de Siena. Laica dominica, cuya existencia transcurrió entre 1347 y 1380, cuando la peste y las hambrunas no hacían fácil vivir, cuando el Cisma de Occidente no hacía fácil creer, y cuando todo era socialmente difícil para una mujer que decidió no casarse y no hacerse religiosa. Iletrada durante buena parte de su vida, pero guiada por una sabiduría superior, desarrolló un espíritu contemplativo, cultivó el trato y el cuidado de sus seguidores, compartió el carisma dominicano y, transitando desde su “celda interior” al complicado panorama de su tiempo, se comprometió con causas políticas y religiosas de relieve, al servicio de la unidad de la Iglesia.