viernes, 17 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 5, 34-42

En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, mandó que sacaran fuera un momento a los apóstoles y dijo:
«Israelitas, pensad bien lo que vais a hacer con esos hombres. Hace algún tiempo se levantó Teudas, dándoselas de hombre importante, y se le juntaron unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, se dispersaron todos sus secuaces y todo acabó en nada.

Más tarde, en los días del censo, surgió Judas el Galileo, arrastrando detrás de sí gente del pueblo; también pereció, y se disgregaron todos sus secuaces.

En el caso presente, os digo: no os metáis con esos hombres; soltadlos. Si su idea y su actividad son cosa de hombres, se disolverá; pero, si es cosa de Dios, no lograréis destruirlos, y os expondríais a luchar contra Dios».

Le dieron la razón y, habiendo llamado a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús, y los soltaron. Ellos, pues, salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando la buena noticia acerca del Mesías Jesús.

Salmo de hoy

Salmo 26, 1. 4. 13-14 R/. Una cosa pido al Señor: habitar en su casa

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.

Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:
«¿Con qué compraremos panes para que coman estos?».

Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.

Felipe le contestó:
«Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».

Jesús dijo:
«Decid a la gente que se siente en el suelo».

Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil.

Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.

Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:
«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».

Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
«Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».

Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Si es cosa de Dios, no lograréis destruirlos”

El texto de la primera lectura pertenece a la llamada sección del “nombre” (Hch 3-5) en la que los apóstoles dan testimonio y hacen signos, como la curación del tullido en el templo (3,1-10), en el nombre de Jesús. Con esta expresión “el nombre”, un semita se refiere a la realidad de la persona, por lo que podríamos decir que los doce dan testimonio y hacen signos, como si los hiciera el mismo Jesús. Todo esto los lleva a un conflicto con las autoridades que les hará comparecer ante el Sanedrín (5,17-42).

En este contexto toma la palabra, Gamaliel, doctor de la ley y fariseo, nieto de Hillel y el que fuera maestro de Pablo (cf. Hch 22,3), hombre respetado por el pueblo. Gamaliel recuerda dos movimientos mesiánicos fallidos: el de Teudas y el de Judas el Galileo. Ambos reunieron seguidores, pero cuando murieron sus movimientos desaparecieron. A la luz de ambos, hace una conclusión que implicará prudencia con el nuevo movimiento religioso nacido en torno a Jesús de Nazaret: “En el caso presente, os digo: no os metáis con esos hombres; soltadlos. Si su idea y su actividad son cosa de hombres, se disolverá; pero, si es cosa de Dios, no lograréis destruirlos, y os expondríais a luchar contra Dios” (Hch 5,38-39).

Esta expresión tan contundente hará que el resto de los miembros del Sanedrín le den la razón. Aunque, antes de soltar a los apóstoles, estos no se librarán de los azotes, y son advertidos de no hablar más en nombre de Jesús. El autor nos relata que salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre y que siguieron enseñando en el templo y en las casas, anunciando la buena noticia acerca del Mesías Jesús, ya que eran muy conscientes que “había que obedecer a Dios antes que a los hombres” (5,29). En el libro de los Hechos se repite la idea de que nadie puede detener el plan de Dios.

"Aquí hay cinco panes de cebada y dos peces"

Este episodio abre el capítulo 6, que conduce al gran discurso del Pan de Vida (Jn 6,22-59), sirviendo el signo de los panes como punto de partida para revelar la identidad de Jesús. Este milagro es el único que aparece en los cuatro evangelios (Mt 14,13-21; Mc 6,30-44; Lc 9,10-17; Jn 6,1-15) lo que indica la importancia de la tradición del signo.

Jesús pasa a la otra orilla del Mar de Galilea, también llamado mar de Tiberíades. y junto al dato espacial, Juan señala también un detalle temporal propio del evangelista que fragua su evangelio teniendo como telón de fondo las fiestas judías: “estaba cerca la Pascua judía”. Este dato nos sitúa en el contexto de un nuevo éxodo en el que aparece un nuevo maná en el desierto (Éx 16), alimento providencial de Dios para su pueblo. Jesús aparece, así como el nuevo mediador de la providencia divina, superior a Moisés.

Pero Jesús no quiere hacer un signo sin contar con sus discípulos y pregunta a Felipe: “¿Dónde compraremos pan para que coman estos?”. Felipe tras hacer sus cálculos responde al Maestro. Sin embargo, Jesús acogerá la propuesta hecha por Andrés que tiene en cuenta lo que posee un muchacho: cinco panes de cebada y dos peces.

El Maestro, partiendo de esa pobre realidad, realiza el signo dando gracias y repartiendo, verbos que recuerdan claramente la Eucaristía. De lo que va apareciendo en lo cestos, no sólo comen todos, sino que sobra y se recoge en doce canastos, número simbólico en la Biblia, que evoca las doce tribus de Israel o la plenitud del pueblo de Dios. El signo muestra que el don de Jesús parte de lo insignificante, como son cinco panes de cebada y dos peces, para multiplicarlo hasta transformarlo en don que se derrocha, generando sobreabundancia. Jesús es el que da el verdadero “pan del cielo” que viene alimentar a todos aquellos que quieren acercarse a comerlo.

La gente dice reconocer a Jesús “es verdaderamente el profeta que debía venir al mundo” haciéndose eco del libro del Deuteronomio (Dt 18,15). Pero la multitud malinterpreta el signo: quieren hacerlo rey. Jesús se retira al monte rechazando un mesianismo político.

A la luz del texto, podemos preguntarnos: ¿Ofrecemos a Jesús nuestros dones para que en el servicio del Reino, Él los multiplique? ¿Cómo vivimos la Eucaristía, la prolongamos en nuestra vida partiéndonos y repartiéndonos al servicio de los hermanos?

SANTOS DEL DÍA

 



jueves, 16 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 5, 27-33

En aquellos días, los apóstoles fueron conducidos a comparecer ante el Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó, diciendo:
«¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre».

Pedro y los apóstoles replicaron:
«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que lo obedecen».

Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.

Salmo de hoy

Salmo 33, 2 y 9. 17-18. 19-20 R/. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.

El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R/.

El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 31-36

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.

El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que lo obedecen”

El Espíritu Santo es el gran protagonista de la Iglesia naciente. Más de dos mil años después sigue urgiéndonos interiormente a ser testigos del Resucitado en nuestros contextos, a llenar Jerusalén, nuestras casas y ciudades, del anuncio de su Evangelio.

La experiencia de la Pascua nos obliga. No es una obediencia a un mandato exterior e impuesto, sino que, tras el encuentro con Jesús muerto y resucitado, la alianza ha sido inscrita en nuestros corazones. Por eso dicen, con razón, los apóstoles, que «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres». No se trata de una rebeldía antisistema, sino de una transformación interior tan real y concreta que cambia nuestras prioridades y nuestra lógica mundana.

Cuando hemos visto a Jesús resucitado en nuestras vidas y nos hemos encontrado con su mirada misericordiosa que nos anima: ¡No tengáis miedo!, ser testigos no es una imposición, sino una obediencia que urge desde nuestro propio interior. No es un pulso entre la fidelidad a los poderes de este mundo o a Dios, sino que la fuerza del Espíritu Santo se hace tan real que sus mandatos son insoslayables haciendo que los criterios humanos pasen a un segundo plano.

“El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra”

Si en la primera lectura encontramos la llamada interior que nos lleva a dar testimonio, incluso cuando nos pueda acarrear persecución, el Evangelio nos ofrece el ejemplo concreto de Juan el Bautista que, como sabemos asumió la muerte por predicar la Verdad y se sometió a Dios antes que a los poderes de este mundo.

«El que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra» pero nosotros, al haber sido insertado en Cristo, hemos sido hechos criaturas nuevas, y estamos llamados a hablar con nuestra existencia del Cielo: ¡hemos resucitado con Cristo! Nuestras vidas deben hablar de Cielo.

«De lo que ha visto y oído da testimonio». No nos lo han contado, no es un discurso aprendido que debamos repetir. Nos urge dar testimonio de aquellas maravillas que hemos visto a Dios hacer en nuestras vidas. Creemos en el Hijo y, por tanto, poseemos la Vida Eterna y, al mismo tiempo, somos testimonio para el mundo.

Hemos sido enviados a hablar las palabras de Dios, somos una Palabra de Dios para nuestra generación y tampoco a nosotros nos ha dado Dios el Espíritu con medida. ¡No seamos nosotros quienes acotemos al Espíritu!

En plena celebración de la Pascua, se nos invita, una vez más, a vivir como hijos resucitados. La experiencia Pascual tiene consecuencias directas y concretas en cada uno de nosotros. No es un recuerdo de algo que en nada afecta a nuestras vidas, sino que, verdaderamente, lo cambia todo, nos cambia del todo: hemos pasado de la muerte a la vida. ¿Se nota?

SANTOS DEL DÍA

 




Santoral

Bernardita Soubirous, Santa
Virgen, 16 de abril...

miércoles, 15 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 5, 17-26

En aquellos días, el sumo sacerdote y todos los suyos, que integran la secta de los saduceos, en un arrebato de celo, prendieron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública. Pero, por la noche, el ángel del Señor les abrió las puertas de la cárcel y los sacó fuera, diciéndoles:
«Marchaos y, cuando lleguéis al templo, explicad al pueblo todas estas palabras de vida».

Entonces ellos, al oírlo, entraron en el templo al amanecer y se pusieron a enseñar. Llegó entre tanto el sumo sacerdote con todos los suyos, convocaron el Sanedrín y el pleno de los ancianos de los hijos de Israel, y mandaron a la prisión para que los trajesen. Fueron los guardias, no los encontraron en la cárcel, y volvieron a informar, diciendo:
«Hemos encontrado la prisión cerrada con toda seguridad, y a los centinelas en pie a las puertas; pero, al abrir, no encontramos a nadie dentro».

Al oír estas palabras, ni el jefe de la guardia del templo ni los sumos sacerdotes atinaban a explicarse qué había pasado. Uno se presentó, avisando:
«Mirad, los hombres que metisteis en la cárcel están en el templo, enseñando al pueblo».

Entonces el jefe salió con los guardias y se los trajo, sin emplear la fuerza, por miedo a que el pueblo los apedrease.

Salmo de hoy

Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 R/. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R/.

El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles
y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 16-21

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.

En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Los hombres que metisteis en la cárcel están en el templo, enseñando al pueblo”

La pasión se produce cuando sirves. Las pruebas pueden producir la mayor pasión. A través de Juan y Pedro, Dios hacía muchos milagros con el pueblo. Esta realidad de un eco que trascendía a ciudades vecinas llenaron de celos a los saduceos. Celosos no por el honor de Dios o por el avance de su Reino, sino por retener su propia influencia y poder. Por esta razón decidieron tratar de parar el mover de Dios.

Los apóstoles al ver que el mensaje de Cristo era respaldado por Dios a través de milagros, se produjo en ellos aún más pasión en difíciles circunstancias. El mensaje que proclamamos es verdadero y Dios los respalda, pero nos tenemos que hacer participantes y servir. Con mayor pasión empezaron a testificar en el templo.

Cuando vengan las pruebas tenemos la opción de desanimarnos o descubrir que en ellas también Dios está obrando. Ser testigo de Cristo no es fácil, pero debemos estar convencidos que el Resucitado siempre nos respalda. No pararon. Se consideraron afortunados de sufrir deshonor por el nombre de Jesús. Parece que a los cristianos les toma mucho tiempo enfrentarse a la simple declaración de las Escrituras de que, cuando fueron llamados a ser cristianos, fueron llamados a sufrir.

El sufrir es una parte integral de la experiencia cristiana. No pienses que es extraño o sólo para unos pocos. Los primeros discípulos aprendieron en la escuela de la incomprensión, de las calumnias, de las persecuciones constantes, de las envidias a ser fuertes en la fe, todo por el simple hecho de seguir a Jesús resucitado. En un mundo que es manejado por ilusiones, gobernado por engaños, y es víctima de mentiras ¿qué más podemos esperar si estamos a favor de la verdad?

“La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla”

Nos sostienen cuatro palabras que el Evangelista subraya como raíz de toda la historia de la Salvación: Dios amó al mundo. Dios ama la humanidad de tal modo que llegó a entregar a su hijo único.

Quien acepta que Dios llega hasta nosotros en Jesús, éste ya pasó por la muerte y ya tiene vida eterna. La imagen de Dios que aflora de estos versículos es la de un padre lleno de ternura y no la de un juez severo.

Quien cree en Jesús y lo acoge y lo acepta como revelación de Dios no es juzgado, pues ya ha sido aceptado por Dios. Y quien no cree en Jesús, ya ha sido juzgado. Se excluye a sí mismo. Y repite lo que ya ha dicho en el prólogo: muchos no quieren aceptar a Jesús, porque la luz revela la maldad que en ellas existe.

En su libertad el hombre decide entre tiniebla o luz, entre muerte o resurrección. Los hijos de la luz son siempre incómodos porque denuncian a los hijos de la oscuridad sus obras de injusticia.

Ayer como hoy, como lo será siempre, los seguidores del Resucitado nadaran contracorriente porque vivir en la luz nunca está de moda, resplandecer con destellos divinos es inaceptable a los focos humanos. Esa será la historia de quienes asumiendo su condición de cristianos quieren vivir con intensidad su esencia de gente resucitada.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Damián de Molokai, Santo
Sacerdote, 15 de abril ...

lunes, 13 de abril de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4, 23-31

En aquellos días, Pedro y Juan, puestos en libertad, volvieron a los suyos y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos.

Al oírlo, todos invocaron a una a Dios en voz alta, diciendo:
«Señor, tú que hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos; tú que por el Espíritu Santo dijiste, por boca de nuestro padre David, tu siervo:
“¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos planean proyectos vanos? Se presentaron los reyes de la tierra, los príncipes conspiraron contra el Señor y contra su Mesías”.

Pues en verdad se aliaron en esta ciudad Herodes y Poncio Pilato con los gentiles y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste, para realizar cuanto tu mano y tu voluntad habían determinado que debía suceder. Ahora, Señor, fíjate en sus amenazas y concede a tus siervos predicar tu palabra con toda valentía; extiende tu mano para que realicen curaciones, signos y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús».

Al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos; los llenó a todos el Espíritu Santo, y predicaban con valentía la palabra de Dios.

Salmo de hoy

Salmo 2, 1-3. 4-6. 7-9 R/. Dichosos los que se refugian en ti, Señor

¿Por qué se amotinan las naciones
y los pueblos planean un fracaso?
Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
«Rompamos sus coyundas,
sacudamos su yugo». R/.

El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
«Yo mismo he establecido a mi Rey
en Sion, mi monte santo». R/.

Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres mi hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemolo:
te daré en herencia las naciones;
en posesión, los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás con jarro de loza». R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 1-8

Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo:
«Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».

Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».

Nicodemo le pregunta:
«¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?».

Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabemos de dónde viene ni adónde va. Así es todo lo que ha nacido del Espíritu».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Predicaban con valentía la palabra de Dios”

La imagen que los evangelios ofrecen de los discípulos de Jesús no es para nada idealista. Son presentados como hombres comunes, con oficios comunes, con emociones, actitudes y comportamientos humanos comunes. Junto a los positivos (deseo de bien, generosidad, perseverancia…), encontramos muchos otros negativos: miedo, luchas de poder, murmuraciones, competencias, protestas, desconfianzas, abandono, mezquindad, cerrazón, desesperanza…

¿Cómo es posible que de estas mismas personas –tal cual fueron descritas en los evangelios…– los Hechos de los Apóstoles relaten situaciones heroicas y audaces como las que leemos en la primera lectura de hoy? ¿Qué aconteció entre aquellos hombres y estos, que los transformó en testigos tan convencidos, tan dispuestos a la gracia del martirio?

Aconteció la Resurrección. Más allá de la tumba vacía, una “prueba” de la veracidad de la Resurrección es la transformación operada en estas personas. Solo una experiencia de tal impacto interior, como es la acción del Espíritu Santo, Don del Padre y del Hijo Resucitado, explica tal cambio. Quienes se encerraban en una habitación por miedo, ahora entran y salen de las cárceles y circulan resueltamente por la ciudad predicando con valentía la Palabra de Dios.

El Espíritu Santo les ha otorgado la sabiduría: la gracia de poder ver el mundo, ver las situaciones, las ocasiones, los problemas, todo, con los ojos de Dios. Como refleja la lectura de hoy, en la que relacionan lo que están viviendo con lo que enseñaba el Salmo 2, al reconocer en la persecución que están sufriendo una previsión divina , y por lo tanto, una oportunidad para crecimiento del Reino de Dios.

El Espíritu Santo les ha otorgado la valentía. Tiembla el lugar donde oran como un nuevo Pentecostés y se les renueva la fortaleza: quedaron atrás la tibieza, las incertidumbres y los temores que antes frenaban la enseñanza del Maestro. Ahora por el contrario, la semilla de la Palabra da fruto en ellos de manera auténtica, alegre y valiente.

¿En qué consiste esa transformación tan radical? El evangelio nos da una pista para ello…

“El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios”

Con el diálogo de Jesús y Nicodemo, la liturgia invita a profundizar en la novedad pascual del Bautismo cristiano. Y la figura de Nicodemo (presentado tres veces en el evangelio de Juan, como recorriendo un camino discipular: Jn 3,1-12; 7,45-52; 19,38-42) actúa de testimonio pedagógico.

Él, un fariseo, maestro de Israel, parece representar a algunos de su grupo que, lejos de sentirse amenazados con la predicación de Jesús, se sienten llamados y atraídos. Así pues, al peregrinar en la noche hasta encontrar a Jesús, Nicodemo refleja, por una parte, una insatisfacción con su modo de vivir la relación con Dios y lo religioso y, por otra ,una sed, una búsqueda de novedad y hasta una intuición de que en Jesús puede residir esa respuesta anhelada: «los signos que tú realizas…» solo pueden venir de Dios…

Como al joven rico invitado al seguimiento, Jesús invita a Nicodemo a un nuevo nacimiento. Como diciéndole que no se trata solo de “saber sobre Él” sino de “vivir de Él”, se trata de otro modo de vivir, por eso es necesario otro nacimiento.

Cuando Nicodemo pide más explicaciones, Jesús le nombra al Espíritu… confirmando que este nuevo nacimiento no es algo que el interesado realice por sí mismo sino que es algo que se realiza en él. En realidad, nacer es un verbo que esconde su pasividad, pues, propiamente, “somos nacidos”: debemos nuestro nacimiento a nuestra madre, que realiza el trabajo del parto y nos hace nacer.

Y este nuevo nacimiento se lo debemos al Espíritu Santo, que nos va disponiendo a otro modo de vida, un modo de vivir en la libertad que Dios soñó originalmente para nosotros.

¿Cómo nos podremos disponer para que el Espíritu Santo “nos nazca” de lo alto, siempre de nuevo, siempre más?

La figura de Nicodemo nos puede orientar mediante las siguientes interrogantes: ¿cómo reconocer las insatisfacciones, las búsquedas, las intuiciones que nos ponen en camino, aunque sea un poco a tientas? ¿Qué signos reconocemos a nuestro alrededor que indican que Dios está allí, aunque se encuentren en ámbitos novedosos? ¿Qué pasos dar, aún en la noche, para encontrarnos con ese Jesús que nos desafía siempre a un nuevo nacimiento?

Sin duda que los discípulos, al encontrarse con el Resucitado, nacieron de nuevo…por eso fueron transformados y comenzaron a transformar el mundo en Reino de Dios… ¿Nos animamos a seguir su ejemplo?