lunes, 13 de julio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 7, 1-9

Cuando reinaba en Judá Ajaz, hijo de Jotán, hijo de Ozías, subieron a atacar Jerusalén Rasín, rey de Siria, y Pécaj, hijo de Romelías, rey de Israel, pero no lograron conquistarla.

Se lo comunicaron a la casa de David:
«Los arameos han acampado en Efraín», y se agitó su corazón y el corazón del pueblo como se agitan los árboles del bosque con el viento».

Entonces el Señor dijo a Isaías:
«Ve al encuentro de Ajaz, con tu hijo Sear Yasub, hacia el extremo del canal de la alberca de arriba, junto a la calzada del campo del batanero y dile: “Conserva la calma, no temas y que tu corazón no desfallezca ante esos dos restos de tizones humeantes: la ira ardiente de Rasín y Siria, y del hijo de Romelías. Porque, aunque Siria y Efraín y el hijo de Romelías tramen tu ruina, diciendo: ‘Marchemos contra Judá, aterroricémosla, entremos en ella y pongamos como rey al hijo de Tabee!’, así ha dicho el Señor:

‘Ni ocurrirá ni se cumplirá:
Damasco es capital de Siria, y a la cabeza de Damasco está Rasín. (Dentro de sesenta y cinco años, Efraín, destruido, dejará de ser un pueblo). Samaría es capital de Efraín, y a la cabeza de Samaría está el hijo de Romelías. Si no creéis no subsistiréis’”».

Salmo de hoy

Salmo 47, 2. 3-4. 5-6. 7-8 R/. Dios ha fundado su ciudad para siempre.

Grande es el Señor
y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios,
su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra. R/.

El monte Sión, confín del cielo,
ciudad del gran rey;
entre sus palacios,
Dios descuella como un alcázar. R/.

Mirad: los reyes se aliaron
para atacarla juntos;
pero, al verla, quedaron aterrados
y huyeron despavoridos. R/.

Allí los agarró un temblor
y dolores como de parto;
como un viento del desierto,
que destroza las naves de Tarsis. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 20-24

En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido:
«¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza.

Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.

Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo.

Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy.

Pues os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Confía en el Señor”

El pueblo elegido está bajo una seria amenaza y el Señor habla a Isaías para decirle que mientras confíen en Él no correrán peligro. Y eso mismo nos lo podemos aplicar nosotros cuando desesperamos ante un problema, ante una situación complicada. Tenemos la tendencia a pedir más que a confiar, a exigir a Dios soluciones inmediatas ante la desesperación, y es entendible. Pero pienso que debemos mantener la calma, poner nuestros problemas en manos del Señor, confiar ciegamente en su infinito amor y abandonarnos a su misericordia.

Dios es Padre y un padre siempre quiere lo mejor para sus hijos, no lo olvidemos. Lo que a veces olvidamos es que los tiempos del Señor no son los nuestros y la impaciencia nos puede llevar a la desesperación. Confía, ten Fe, ten paciencia, que Dios nunca te va a dejar solo, Él nunca abandona, siempre está a tu lado, aunque no te des cuenta. Igual que tranquiliza a Isaías lo hace con nosotros. Cuando estés mal, a oscuras, cuando te sientas solo, abandonado, alza la mirada y sencillamente dile a tu Padre del cielo que coja tu mano y déjate llevar por su amor. Verás como se hace la luz y el camino se allana.

“Cree, ten Fe en el Señor”

San Mateo nos presenta en este pasaje a un Jesús severo, serio. Y no es para menos. La incredulidad del que ve y no cree es una falta de confianza grave. Es como negarse al bien, como cerrar la puerta a Cristo.

Jesús está pidiendo a las ciudades en las que ha predicado y obrado milagros que crean, que se conviertan, que abran su corazón al Reino de Dios. Y ha hecho signos delante de ellos, seguramente habrá curado enfermos, y aun así no creen. Es como hoy: tenemos la oportunidad de conocer a Cristo, ahí están nuestras parroquias, ahí están los catequistas, los religiosos, los misioneros, los agentes de pastoral, pero si cerramos nuestro corazón, si volvemos la cabeza, si damos la espalda…

Unas veces por comodidad, otras por frialdad, otras porque nos dejamos llevar por modas, algunas por rebeldía, muchas por ignorancia, son muchas las razones por las que no queremos ver la presencia de Jesús, su mano en nuestras vidas y nos arriesgamos a caer en el abismo del pecado. Nuestra soberbia no nos puede llevar a nada bueno. En nuestro mundo la depresión, la soledad o la frustración son males comunes y, en mi opinión, vienen por la ausencia de Dios en nuestras vidas. Tenemos que creer, sin miedo, con confianza, con la misma confianza con la que un niño se deja caer en los brazos de su padre, de su madre.

Cree, ten fe. El Señor está ahí, en las calles, en los templos, en tu vecino, en tu compañero de trabajo. Solo tienes que verlo y dejarte llevar por Él, de su mano. Cristo vive, es el Resucitado que nos salva de la muerte y solo está esperando que alces la mirada y te encuentres con Él. “Alzad la mirada” ha sido el lema de la reciente visita del Papa León a España, hagamos de él nuestro lema de vida: alcemos la mirada y veamos en Cristo Jesús nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Camilo de Lelis, Santo
Memoria Litúrgica, 14 de julio ...

domingo, 12 de julio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 1, 10-17

Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma; escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra:

«¿Qué me importa la abundancia de vuestros sacrificios? - dice el Señor -.

Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de cebones; la sangre de toros, corderos y chivos no me agrada.

Cuando venís a visitarme, ¿quién pide algo de vuestras manos para que vengáis a pisar mis atrios?

No me traigáis más inútiles ofrendas, son para mí como incienso execrable.

Novilunios, sábados y reuniones sagradas: no soporto iniquidad y solemne asamblea.

Vuestros novilunios y solemnidades los detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más.

Cuando extendéis las manos me cubro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé.

Vuestras manos están llenas de sangre.

Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones.

Dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien.

Buscad la justicia, socorred al oprimido, proteged el derecho del huérfano, defended a la viuda».

Salmo de hoy

Salmo 49, 8-9. 16bc-17. 21 y 23 R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños. R/.

¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos? R/.

Esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios». R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 34 – 11, 1

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

«No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espada. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.

El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.

El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien”

Texto duro el que escuchamos hoy en el primer Isaías. El momento que vive el reino de Judá, donde predica el profeta, es de prosperidad económica y a ese bienestar material parece que sigue la relajación moral. No es raro que, en momentos así, el egoísmo se apodere de la vida, centrada en la materialidad de los bienes, olvidando los auténticos valores que supone la fe en Dios. Al olvido de la virtud surgen toda una serie de vicios que contradicen lo que las ofrendas a Dios deberían expresar. El culto acaba convirtiéndose así en algo aborrecible, ya que es una forma de tapar crímenes e injusticias.

El profeta pone en labios de Dios expresiones rotundas, donde queda de manifiesto el rechazo de Dios a una forma hipócrita de vida. El grito de Isaías trata de devolver a Dios sus derechos que se expresan en la lucha contra la injusticia y la desigualdad. Las ofrendas que presentan a Dios no son expresión de una vida digna de fiel cumplidor, puesto que la conducta que expresan los hechos no manifiestan amor, sino egoísmo. Entre el culto a Dios y la vida no puede haber contradicción. Resulta un oprobio ofrecer la sangre de las víctimas, con las manos manchadas con la sangre de los homicidios.

No es raro que aquellos hombres de fortuna que hacían espléndidas ofrendas fueran considerados como buenos, “bendecidos” por Dios. mientras los pobres, que no podían hacer lo mismo, fueran vistos como “maldecidos” por ese mismo Dios. Isaías profetiza en este contexto tratando de despertar al pueblo de esa injusta situación y de esa extraña manera de pensar. Para ello explicita que esa religiosidad es ajena al deseo de Dios, ya que lo que Dios desea es la defensa del necesitado y eso solo se hace desde la implantación de un derecho que tiene presente a aquellos que menos tienen y más necesitan. Por eso la petición del Señor es clara. Se trata de dejar de hacer el mal y aprender a hacer el bien.

La historia, muchas veces, es constatación de ese mismo hecho. Es fácil presentarse ante Dios con gestos más o menos teñidos de religiosidad, mientras la vida va por otros derroteros ajenos y contrarios a Dios. La auténtica religiosidad es producto de un amor sincero en la lucha por un mundo mejor. El grito del profeta sigue en pie: no basta con no ser malo. Es necesario trabajar porque el bien se haga realidad entre los hombres.

El que no toma su cruz…

El Papa Francisco destacaba el hecho frecuente en algunos países, donde ser cristiano es vivir arriesgando constantemente la vida. Por eso, decía que, hoy hay más mártires que en la iglesia primitiva. Y esto es una verdad real, aunque no aparezca en los medios de comunicaión. ¿Quién tiene interés en saber cuántos cristianos son masacrados solo por ser cristianos? Su ausencia de los medios manifiesta que el mundo camina al margen de la sangre que se derrama injustamente y que sigue clamando a Dios como la de Abel. Esos hombres y mujeres han perdido la vida por Cristo y por eso la han enconttrado, en palabras del mismo Jesús.

Creer debería conllevar riesgos, y estos pueden ser de índole variada. Exigirnos una vida auténticamente evangélica, supone afrontar y enfrentar la presencia del mal entre nosotros. Y el mal es tan sutil que se nos cuela, o dejamos que se nos cuele, porque afrontarlo puede desbancarnos de nuestra comodidad. El teólogo Torres Queiruga lo expresó muy bien: “El mal sigue siendo la presencia terrible que amenaza con denunciar como mero idealismo el futuro que promete la esperanza”.

Por todo ello Jesús nos dirige hoy palabras incómodas. No ha venido a traer paz sino guerra. ¡Qué extraño suena esto en labios de Jesús, el Príncipe de la paz! Pero son palabras suyas, dirigidas a quienes querían y queremos seguir sus pasos. Cierto que no es extraño que su seguimiento ocasione separación entre las personas, cuando la fidelidad a su mensaje encuentra oposición entre los nuestros. Cierto, también, que no es una invitación a la discordia sin más, pero sí a la fidelidad. Lo hemos oído muchas veces: ser cristiano tiene un precio. Cómo pagar ese precio es tarea para todo el que quiera ser fiel.

El seguimiento de Jesús no puede encontrar impedimento, aunque provoque sufrimiento y hasta ocasione rupturas. No es extraño que todo ello traiga consigo malentendidos, incomprensiones, rechazos. En los valores del mundo no encajan bien los del Evangelio. El discípulo no puede  llevar una vida distinta a la de su maestro y el primero que cargó con la cruz fue Él. En la escala de valores del cristiano no pueden darse razones ajenas al Evangelio. A veces el dolor pasa por nuestra vida. No es definidor de una vida, pero en él puede haber algo de verdad. Etty Hillesum dijo algo que merece la pena señalar: “El dolor no es el lugar de nuestros deseos sino el de nuestra verdad”.

Una vez más, Jesús no edulcora o suaviza las consecuencias del seguimiento. Las dificultades y problemas tienen una consecuencia inmediata: ganamos la vida real, esa que nadie puede arrebatarnos, aunque hayamos perdido esa otra que tiene una segura caducidad.

 

¿Qué sentimientos provocan en mí las palabras de este evangelio? ¿Qué consecuencias ha tenido la fe en mi vida? ¿Cuántas veces he dado la cara por Jesús afrontando el desprecio o la risa de los demás?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Enrique, Santo
Memoria Litúrgica, 13 de julio ...

sábado, 11 de julio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 




Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 55, 10-11

Esto dice el Señor:
«Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo,
y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,
de fecundarla y hacerla germinar,
para que dé semilla al sembrador
y pan al que come,
así será mi palabra que sale de mi boca:
no volverá a mí vacía,
sino que cumplirá mi deseo
y llevará a cabo mi encargo».

Salmo

Salmo 64, 10. 11. 12-13. 14 R/. La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.

Tú cuidas de la tierra, la riegas
y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales. R/.

Así preparas la tierra.
Riegas los surcos,
igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes. R/.

Coronas el año con tus bienes,
tus carriles rezuman abundancia;
rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría. R/.

Las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 18-23

Hermanos:
Considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará. Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto.
Y no solo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo.

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 1-23

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas:
«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta.
El que tenga oídos, que oiga».
Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:
«Por qué les hablas en parábolas?».
Él les contestó:
«A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no.
Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías:
“Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver;
porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos;
para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón,
ni convertirse para que yo los cure”.
Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador:
si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.
Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril.
Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».


«El sembrador siembra la Palabra»

En lo demás, hermanos, debemos procurar con el mayor cuidado que aquella Palabra que salió de la boca del Padre para nosotros por medio de la Virgen, no se vuelva vacía, sino que por mediación de Nuestra Señora devolvamos gracia por gracia. Mientras suspiramos por la presencia, fomentemos con toda nuestra atención su memoria, y así sean restituídas a su origen las corrientes de la gracia para que fluyan después más copiosamente... Así, los que hacéis memoria del Señor, no guardeis silencio, no permanezcáis mudos, aunque, a la verdad, los que tienen presente al Señor no necesitan de exhortación, y aquellas palabras del profeta: alaba, Jerusalén, al Señor, alaba a tu Dios, Sión, más bien son de congratulación que de amonestación, pero porque los que caminan aún en la fe, necesitan de amonestación para que no callen y no respondan al Señor con el silencio, porque El hace oír su voz y habla palabras de paz para su pueblo y para sus santos y para todos aquellos que se vuelven a El de corazón(Sal. 84,9)... Por esto se dice en el salmo: Con el santo serás santo, y con el varón inocente, inocente, y oirá al que le oye y hablará al que le habla. De otra suerte le habrás dado silencio, si tú callas. Pero ¿si tú callas de qué? De la alabanza. No calléis, dice, y no le deis silencio hasta que establezca y ponga a Jerusalén y hasta que haga de ella la admiración de la tierra (Is 62, 6- 7). La alabanza de Jerusalén es gustosa y hermosa alabanza, a no ser que acaso juzguemos que los ciudadanos de Jerusalén se deleitan de las alabanzas mutuas y que se engañan recíprocamente con la vanidad. Por eso aquello poco que deseas ofrecer, procura depositarlo en aquellas manos de María, graciosísimas y dignísimas de todo aprecio, a fin de que sea ofrecido al Señor, sin sufrir de El repulsa.         

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Nabor y Félix, Santos
Mártires, 12 de julio ...