domingo, 14 de junio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 21, 1-16

Por aquel tiempo, Nabot de Yezrael tenía una viña junto al palacio de Ajab, rey de Samaria.

Ajab habló a Nabot diciendo:
«Dame tu viña para que pueda tener un huerto ajardinado, pues está pegando a mi casa; yo te daré a cambio una viña mejor, o, si te parece bien, te pagaré su precio en plata».

Nabot respondió a Ajab:
«Dios me libre de cederte la herencia de mis padres».

Se fue Ajab a su casa abatido y enfadado por la respuesta que le había dado Nabot de Yezrael:
«No te cederé la heredad de mis padres».

Se postró en su lecho de cara a la pared y se negó a comer. Jezabel, su mujer, se le acercó y le dijo:
«¿Qué te pasa que estás entristecido y no comes alimento alguno?».

El le respondió:
«Hablé con Nabot de Yezrael y le propuse: “Véndeme tu viña por su valor en plata, o, si lo prefieres, te daré otra viña a cambio”; pero él me contestó: “No te cederé mi viña”».

Jezabel, su mujer, le replicó:
«¡Ya es hora de que ejerzas el poder regio en Israel! Levántate, come y se te alegrará el ánimo. Yo misma me encargo de darte la viña de Nabot de Yezrael».

Escribió cartas con el nombre de Ajab y las selló con el sello de él, enviándolas a los ancianos y notables que vivían junto a Nabot.

En las cartas escribió lo siguiente:
«Proclamad un ayuno y sentad a Nabot al frente de la asamblea. Frente a él sentad a dos hombres hijos de Belial que testifiquen en su contra diciendo: “Tú has maldecido a Dios y al rey”. Entonces lo sacaréis fuera y lo lapidaréis hasta que muera».

Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables que vivían junto a Nabot en su ciudad, hicieron tal como Jezabel les ordenó según lo escrito en las cartas remitidas a ellos. Así proclamaron un ayuno y sentaron a Nabot al frente de la asamblea.

Llegaron los dos hombres hijos de Belial, se sentaron frente a él y testificaron contra él diciendo:
«Nabot ha maldecido a Dios y al rey».

Lo sacaron fuera de la ciudad y lo lapidaron a pedradas hasta que murió.

Enviaron a decir a Jezabel:
«Nabot ha sido lapidado y está muerto».

En cuanto Jezabel oyó que Nabot había muerto lapidado, dijo a Ajab:
«Levántate y toma posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael, el que se negó a vendértela por su valor en plata, pues

Nabot ya no está vivo, ha muerto».
Apenas oyó Ajab que Nabot había muerto, se levantó y bajó a la viña de Nabot, el de Yezrael, para tomar posesión de ella

Salmo de hoy

Salmo 5 R/. Atiende a mis gemidos, Señor.

Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío. R/.

Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia. R/.

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 38-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia.

Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Dios me libre de cederte la herencia de mis padres”

En el primer libro de los Reyes puede meditarse hoy sobre el comportamiento de algunas figuras de la época veterotestamentaria (1Re 21,1-16). La más importante de todas la constituye Nabot de Yezrael, hombre recto que no entra en litigio con nadie, vive de lo suyo y no ambiciona otros planes que estén en desacuerdo con su legítimo pensar, tiene aprecio por el legado de sus antepasados.

Aparece en la escena, asimismo, el rey Ajab que plantea un acuerdo honesto, a saber, el de ensanchar sus jardines ofreciendo a Nabot que le venda su viña colindante, por supuesto que previo pago, o bien mediante permuta con un terreno mejor. Los medios para conseguir la meta de sus deseos, hasta este punto, eran intachables.

La tercera en escena es la reina Jezabel. Sintoniza plenamente con las aspiraciones de su marido, pero, para que el rey consiga su objetivo, se decide en persona a emplear los medios más perversos. Ningunea a la persona del rey y hasta le reprocha que no haga de su voluntad verdadera ley; escribe cartas y hasta las falsifica con el sello real. No se detuvo hasta concertar unos falsos testimonios que depusieran contra el propietario de la viña. Tendrían que acreditar que lo oyeron blasfemar contra Dios y contra el rey, lo que estaba castigado con pena de muerte.

Apedreado y muerto Nabot a consecuencia de un pecado tras otro, también el rey Ajab se hizo cómplice de la pésima conducta de Jezabel al posesionarse de la viña de Nabot.

El pensamiento cristiano ha puesto de relieve el mesianismo de Nabot. En otras palabras, en Nabot se anuncia a Cristo, fiel en la custodia de la herencia recibida de su Padre Dios; será injustamente tratado, acusado de blasfemar porque se confesaba «Hijo de Dios» y, por tal confesión era reo de muerte. Jesús dio libremente la vida para custodiar la herencia de Dios que es su Iglesia y preservarla santa e incólume hasta la consumación de los tiempos.

“No hagáis frente al que os agravia”

El Evangelio según san Mateo (5, 38-42) presenta el cambio de conducta que para la humanidad pide la ley de la gracia. En realidad, esclarece la demanda que es inherente a la condición de cada hombre, pero existe siempre el peligro de obcecarse y colocarse de espalda a las exigencias más nobles trazadas por Dios en cada ser humano.

Todos nacemos con la herida del pecado original, pero existe la medicina del bautismo, que entraña obediencia a Dios hasta compartir la muerte de Cristo, y confianza plena en su poder hasta entrar en el misterio de la resurrección.

Cuanto debe seguir al bautismo es como una peregrinación por la senda de Cristo, que no buscó su propio interés, sino el nuestro y el de todos los humanos. La gracia bautismal impulsa también a buscar el bien de los demás, que no se logra con revancha de ninguna clase, sino con la grandeza del perdón y la magnanimidad sin regateos.

Al que quiera pleitear para arrebatarte la túnica dale también el manto. Como predicaba a estudiantes de las universidades romanas un domingo de Pentecostés san Pablo VI: «El cristianismo no es fácil, pero es feliz», «Il cristianesimo nos è facile, ma felice», le oímos decir aquel día.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Vito de Lucania, Santo
Adolescente Mártir, 15 de junio ...

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA



Primera lectura

Lectura del libro del Éxodo 19, 2-6a

En aquellos días, llegaron los hijos de Israel al desierto del Sinaí y acamparon allí, frente a la montaña.
Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde la montaña diciendo:
«Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los hijos de Israel: “Vosotros habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mi. Ahora, pues, si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”».

Salmo

Salmo 99, 2. 3. 5 R/. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R/.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R/.

El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 6-11

Hermanos:
Cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos del castigo! Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! Y no sólo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 36 – 10, 8

En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos:
«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies». Llamó a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».


“La mies es abundante”

Todos los trabajos de los agricultores se dirigen, en último término, a la cosecha. ¿Cómo, entonces, llama Cristo cosecha a una obra que todavía estaba en sus inicios? La idolatría reinaba en toda la tierra... Por todas partes fornicación, adulterio, desenfreno, concupiscencia, robos, guerras... La tierra estaba llena de todos estos males. Ninguna simiente había sido sembrada. Los espinos, los cardos y la cizaña cubrían al tierra y no habían sido arrancados todavía. Ningún arado había surcado el terreno. ¿Cómo, pues, puede decir Jesús que la cosecha es abundante? ... Seguramente, los apóstoles quedaron desconcertados y desorientados: “¿Cómo podemos abrir la boca, nosotros, ante tanta gente? Nosotros, los once, como enseñar a todas las gentes de la tierra? ¿Sabremos, nosotros, ignorantes, abordar a los sabios, presentarnos, despojados, ante hombres armados; nosotros, subordinados, encararnos con las autoridades? No sabemos más que una lengua ¿sabremos discutir con pueblos bárbaros que hablan lenguas extranjeras? ¿Quién nos soportará sin entender nuestra lengua?” Jesús no quiere semejantes razonamientos que infunden perplejidad en sus apóstoles. Por esto llama el evangelio una cosecha. Como si dijera: “Todo está preparado, todas las disposiciones están tomadas. Os envío a cosechar el grano maduro; podréis sembrar y recoger el mismo día.” Cuando el agricultor sale de su casa para ir a la mies, desborda de alegría y resplandece de felicidad. No hace caso ni de los trabajos ni de las dificultades que podrá encontrar... “Prestadme vuestra lengua, dice Cristo, y veréis el grano maduro entrar en los graneros del rey.” Y los envía en seguida diciéndoles: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (Mt 28,20)

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Eliseo, Santo
Profeta, 14 de junio...

jueves, 11 de junio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 7, 6-11

Moisés habló al pueblo diciendo:
«Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios; el Señor, tu Dios, te eligió para que seas, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad.
Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor a vosotros y por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó el Señor de Egipto con mano fuerte y os rescató de la casa de esclavitud, del poder del faraón, rey de Egipto.
Reconoce, pues, que el Señor, tu Dios, es Dios; él es el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y observan sus preceptos, por mil generaciones.
Pero castiga en su propia persona a quien lo odia, acabando con él. No se hace esperar; a quien lo odia, lo castiga en su propia persona.
Observa, pues, el precepto, los mandatos y decretos que te mando hoy que cumplas».

Salmo de hoy

Salmo 102 R/. La misericordia del Señor dura siempre, para aquellos que lo temen

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
el rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R/.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel. R/.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4, 7-16

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios Y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.
Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.
En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros:
en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.
Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.
Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“El Señor se enamoró de vosotros y os eligió”

Las palabras de Moisés revelan la motivación profunda que habitaba en el pueblo para comprenderse como propiedad de Dios. Cuando Dios eligió a su pueblo, no lo hizo en virtud de su pasado (méritos, esfuerzo, santidad…) ni tan siquiera por su realidad presente (grandeza, fuerza, poder).

Dios quiso hacer del más pequeño de todos los pueblos, el pueblo de su elección, por puro amor, por fidelidad a la alianza. Del mismo modo, el Señor se enamora de la humanidad conociendo la ambigüedad en el cumplimiento de nuestra palabra, contando con las vacilaciones y la incoherencia de nuestra parte. Y aun así, adelantándose a nuestra ingratitud hace de nosotros un pueblo santo que reconoce a su Señor, que camina humildemente a la luz de su Palabra, intuyendo su huella de bondad en las personas y las cosas creadas, y suscitando la conversión de nuestro corazón.

En medio del individualismo que nos acecha, podemos preguntarnos: ¿somos conscientes del amor eterno que el Señor mantiene con el pueblo de su propiedad?, si somos hoy el Pueblo de Dios ¿cómo nos acogemos como personas bendecidas, amadas, acompañadas, rescatadas…?

Con las palabras del Salmo 102, nuestro corazón bendice al Señor, desde nuestro barro quebradizo y siendo conscientes de que su amor no nos trata como corresponde a nuestra fragilidad. Su misericordia nos precede y nos corona con su bondad y compasión.

“Porque Dios es Amor”

En la primera carta del apóstol san Juan se pone de relieve cómo se verifica la autenticidad de la fe y la vida cristiana. Creer en Dios implica vivir de su amor y permanecer en su Palabra. El amor que procede de Dios transforma nuestro amor interesado y condicional que busca la satisfacción personal o el debido cumplimiento.

El amor con que Jesús nos ha amado nos abre a una realidad nueva que hace que nos sintamos con los demás como en casa, compartiendo la riqueza de la bondad y la compasión en la mesa que sienta a los pobres y descartados, celebrando así, la fiesta de la dignidad humana, como hijos e hijas de Dios. Regenerados por Cristo, conocemos el amor, creemos en Dios que nos ama y por su Espíritu salimos al encuentro de los demás, alegres de compartir el don.

Es bueno cuestionarse hoy, ¿nos sigue impresionando la devaluación del amor verdadero que observamos o que vivimos? ¿cómo recuperar el corazón que, como el Hijo amado, conoce, se deja amar, guarda y custodia, respeta y acoge, perdona y sana?

Urge ser testigos de la historia de amor que Dios desde el origen y desde nuestro origen, ha ido desentrañando a través de personas, situaciones, experiencias, sufrimiento, pues quien confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, el Amor permanece en él y él en Dios.

“Mi yugo es llevadero y mi carga ligera”

En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, la liturgia nos presenta un texto evangélico que, aunque breve, nos revela la profundidad del amor de Dios manifestado en su Hijo.

La comunidad judeocristiana destinataria de este evangelio tuvo que atravesar el umbral de sus propias expectativas e intereses proyectados en un mesías opositor a un régimen y salvador de la opresión. Del mismo modo tuvo que discernir la sabiduría proveniente de los entendidos y maestros de la Ley y la de quien se revelaba sorprendentemente como el Hijo de Dios.

Jesús se presenta como el que ora sencillamente desde la gratitud por todo lo que acontece en su vida y en la de quienes lo escuchan y siguen. Admira en los pobres y más incultos su capacidad para que la Buena noticia encuentre espacio y eco en sus vidas. El Padre de todos, el Señor de nuestra historia, por puro amor y benevolencia se revela a quienes, vaciados de sí mismos, acogen con sencillez la bondad de Dios.

Recordamos que Cristo, a pesar de su condición divina, se anonadó, se hizo “pequeño” para acoger todo lo que el Padre le había confiado, y de esta manera, nos enseña el camino para crecer en la fe, entender su Palabra y descubrir su voluntad.

Jesús nos introduce en su escuela de humildad y mansedumbre que, lejos de implicar despreocupación o pasividad, nos enseña a vivir desde la sabiduría del corazón. Como Hijo amado del Padre, quienes se encuentran agobiadas por el peso de la vida, cansados de la carga que le ocasionan otros, con la inquietud que impone la incertidumbre del futuro… encuentran acogida en el Corazón de Cristo. Sin que la carga sea suprimida, con Él se hace más llevadera. Sin que el yugo desaparezca, ya no se lleva en solitario, sino que es sobrellevado por Cristo, como el buen cireneo.

Podemos dedicar hoy un tiempo para cuestionarnos: ¿experimento mi descanso en el Corazón de Cristo?  ¿Cómo lo hago anuncio y salida a quienes no tienen esta experiencia?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Sagrado Corazón de Jesús
Adoramos el Corazón de Cristo porque es el corazón del Verbo encarnado, del Hijo de Dios hecho hombre...

miércoles, 10 de junio de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA



Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 11, 21b-26; 13, 1-3

Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró y exhortaba a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño, porque era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una multitud considerable se adhirió al Señor. Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo; cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez los discípulos fueron llamados cristianos.

En la Iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, llamado Níger; Lucio, el de Cirene; Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo. Un día que estaban celebrando el culto al Señor y ayunaban, dijo el Espíritu Santo: «Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado». Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los enviaron.

Salmo de hoy

Salmo 97, 1-6 R/. El Señor revela a las naciones su justicia

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás”, y el que mate será reo de juicio.

Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.

Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».

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Reflexión del Evangelio de hoy

 “Era un hombre bueno, lleno de fe y de Espíritu Santo”

La primera lectura nos presenta la figura de San Bernabé, cuya fiesta celebramos hoy. Él, un levita, perteneció a la primera comunidad cristiana nacida de la predicación y actividad que los apóstoles desplegaron en la ciudad santa: aquella comunidad modelo que tenía una sola alma y un solo corazón. Fue uno de los que vendió cuanto poseía —un campo en su tierra natal, Chipre— y lo puso a los pies de los Apóstoles (Hch 4, 36-37). Fue compañero de San Pablo y, como él, apóstol de los gentiles.

Dios nos habla a través de palabras, de acontecimientos y también a través de la santidad de tantos hombres y mujeres. Hoy nos habla a través de Bernabé, el “hijo de la Consolación”, un hombre “bueno y lleno de Espíritu Santo”, alguien que “entregó su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Hch 15, 26). Le debemos tanto. ¿Qué habría sido de la historia de la Iglesia sin su bondad y fe? ¿Qué habría ocurrido si él no hubiera cumplido con tanta solicitud el papel que Dios le asignó, si no se hubiera dejado guiar por el Espíritu como lo hizo?

Él fue el único que creyó en el recién convertido Saulo cuando todos los fieles huían de él por temor. Creyó en él y lo llevó ante los apóstoles (Hch 9, 27). Lo asoció a su misión de llevar el Evangelio a los gentiles, tal como nos narra la primera lectura de hoy, pues “la noticia que llegó a los apóstoles” que se menciona, era precisamente la conversión de un gran número de gentiles en Antioquía. El texto lo especifica en los versículos anteriores. También creyó en el joven san Marcos y luchó por él cuando no parecía mostrar aptitudes para evangelizar; y, como bien sabemos, este se convirtió más tarde en el primero de los evangelistas.

El papel de Bernabé fue decisivo en el primer concilio de Jerusalén. Fue un compañero discreto, pero se mostró siempre firme y valiente a la hora de dar la cara por Dios y por los hermanos. El testimonio de su vida acercó multitudes al Señor.

Bernabé recibió a manos llenas el caudal de gracia que se derramó como un torrente en Pentecostés, fruto del misterio pascual. Se dejó transformar por esa gracia y supo transmitirla a los demás a lo largo de toda su vida. Haciendo honor a su apodo, llevó el consuelo del Evangelio a muchos. Hoy nos exhorta a permanecer unidos al Señor y, con su vida, nos invita a asociarnos a la vida y misión de los Apóstoles, como él lo hizo, porque todo bautizado es depositario de la gracia, templo del Espíritu Santo, apóstol, misionero, enviado de Cristo y portador de su consuelo.

“Vuestra justicia”

“Me enseñarás el sendero de la vida” (Salmo 16, 11). Hoy se cumple esta Escritura. Jesús, el Maestro, nos irá revelando a lo largo de estos días el sentido pleno de la ley; nos introducirá en la verdad completa. Nos guiará por senderos de madurez y de santidad verdadera.

En el Evangelio de este día, el Señor nos invita a elegir el amor siempre, por encima de todas las cosas. Más allá del impulso de nuestras pasiones, de la ira, la agresividad, los juicios, los rencores y los deseos de venganza, que se imponga nuestra libertad: somos cristianos, somos hijos de Dios, trabajamos por la paz, permanecemos en el amor y vencemos al mal a fuerza de bien. Queremos complacer a nuestro Padre, y lo que él desea ardientemente es ver a sus hijos unidos; allí manda la bendición, la vida eterna (Cf. Sal 133, 1).

El Señor nos ha colmado a cada uno de nosotros con su misericordia y ahora nos pide que demos gratis lo que hemos recibido gratis. Si no estamos dispuestos a hacer esto, a tener compasión de nuestro hermano como Dios la tuvo de nosotros, ¿cómo osaremos presentarnos ante él con ofrendas para pedirle perdón, reconciliación y comunión, pretendiendo alabarle y agradecerle como si fuéramos personas que cumplen su voluntad?

“Tienes razón, Maestro… amar al prójimo vale más que todos los holocaustos y sacrificios”, le dijo un escriba a Jesús en cierta ocasión, y él le respondió: “No estás lejos del Reino de Dios” (cf. Mc 12, 32-34). Esto es lo que nos acerca a Dios, a su corazón; lo que nos introduce en la gloria.

Mientras vamos de camino en esta vida, muchos nos ponen pleito: son tantos los que reclaman nuestro amor, nuestra atención; los que mendigan una palabra de aliento, un trozo de pan, un poco de compañía, una mano amiga, una oración solidaria… Como san Bernabé, seamos dóciles al Espíritu Santo, que nos llena del amor de Dios, y sigamos el camino de Jesús, perdonando y haciendo el bien. Que brille en nosotros la justicia de los hijos de Dios y que, viéndolo, una multitud considerable se adhiera al Señor.