martes, 15 de septiembre de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 31 – 13,13

Hermanos:
Ambicionad los carismas mayores. Y aún os voy a mostrar un camino más excelente.

Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tengo amor, no sería más que un metal que resuena o un címbalo que aturde.

Si tuviera el don de profecía y conociera todos los secretos y todo el saber; si tuviera fe como para mover montañas, pero no tengo amor, no sería nada.

Si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría.

El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.

Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El amor no pasa nunca.

Las profecías, por el contrario, se acabarán; las lenguas cesarán; el conocimiento se acabará.

Porque conocemos imperfectamente e imperfectamente profetizamos; mas, cuando venga lo perfecto, lo imperfecto se acabará.

Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño.

Ahora vemos como en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es ahora limitado; entonces conoceré como he sido conocido por Dios.

En una palabra, quedan estas tres: la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor.

Salmo de hoy

Salmo 32, 2-3.4-5. 12 y 22 R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando los vítores con bordones. R/.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7, 31-35

En aquel tiempo, dijo el Señor:
«¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación? ¿A quién son semejantes?

Se asemejan a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros aquello de:
“Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado”.

Porque vino Juan el Bautista, que ni come pan ni bebe vino, y decís: Tiene un demonio; vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad qué hombre más comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”.

Sin embargo, todos los hijos de la sabiduría le han dado la razón».

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“La más grande es el amor”

La primera carta de Pablo a los fieles de Corinto responde a la necesidad de orientar a aquella comunidad de resolver los problemas prácticos que se estaban planteando por el encuentro de una fe cristiana incipiente con la potente cultura griega.

El fragmento que leemos hoy responde a la pregunta de la mayor o menor importancia de los carismas en la construcción de la comunidad. Previamente, después de nombrar los diversos ministerios y carismas presentes en la comunidad cristiana (12,28) Pablo había legitimado el pluralismo de tareas y dones con que ejercerlas, y se había preguntado: “¿Acaso todos son apóstoles? O ¿todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Todos con poder de milagros? ¿Todos con carisma de curaciones? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?” (12, 29-30).

Les pide que aspiren a los carismas más sublimes y les muestra el camino más excelente: el del amor. Con este motivo redacta un himno a la caridad que está entre las páginas más bellas y conmovedoras de la Escritura.

Conviene recordar, con todo, que el amor, o la caridad, ya resonaba entre los cristianos como el principal de los signos del Reino. Jesús lo había descrito como el mayor de los mandamientos, juntamente con el amor a Dios (Mc 12, 28-34). Un amor que se manifiesta no solo en sentimientos y palabras, sino en compromisos concretos. Un amor sin límites, que alcanza incluso al enemigo. Esto está de tal modo presente en la predicación y los signos de Jesús que es el único mandato que deja a los suyos cuando se estaba despidiendo: “que os améis los unos a los otros como yo os he amado” (Jn 13,34).

Pablo presenta a los corintios una “fenomenología” del amor, que no es una declaración de principios cuanto una identificación de realizaciones concretas: el amor es comprensivo, servicial, no envidioso, no presume, no es engreído, no es mal educado, no es egoísta, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, goza con la verdad, disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. Del amor se puede decir que es la única realidad que no pasa nunca.

Se ha indicado que no se habla aquí del amor de amistad, filía, cantado por los griegos y los poetas sino del amor de ágape, la caridad. Esto no es una cuestión de palabras: el cristianismo ha resaltado siempre la caridad como comprensión de un amor que trasciende los amores que vivimos los humanos. Su modelo es el amor de Dios al mundo y su expresión más lograda el amor de Jesús que da la vida por sus amigos. Un amor, el de caridad, que es más grande que la fe y la esperanza.

“Vino Juan el Bautista… viene el hijo del hombre”

Es conocido de todos el refrán castellano que dice: “nunca llueve a gusto de todos”. Algo así les ocurre a los niños de la comparación de Jesús en este evangelio de Lucas, y así ocurrió en el pueblo de Israel que, salvo el grupo de discípulos, se sintió incómodo con el Bautista y escandalizado del actuar de Jesús.

Juan y Jesús representan dos maneras diferentes, pero no antagónicas, de anunciar la llegada del Reino de Dios. Ambos fraguan su experiencia de Dios en el desierto, es decir fuera de Jerusalén y del Templo. Pero ninguno de ellos tiene que ver con el puritanismo de los fariseos y de Qumram.  Juan acoge a quienes vienen buscando purificación en el Jordán. Jesús va a buscar a las personas allí donde viven, trabajan y esperan.

Juan es un asceta, su modo de vestir y de alimentarse (Mt 3,4) era el de los antiguos profetas. Anuncia el juicio de Dios. Con Jesús irrumpe algo nuevo. Comparte con sus discípulos y los hombres y mujeres que le escuchan la alegría de la llegada del Reino de Dios, anuncia su misericordia. Sus discípulos no ayunan. Más aún, él mismo come y bebe con los pecadores, haciendo de sus comidas una ocasión de revelación, una motivación para la conversión y un signo de salvación para los comensales.

Hoy todavía, en el seno de la espiritualidad cristiana se debaten el celo angustiado por el rigor y la alegría del evangelio. Como escribió el Papa Francisco: “ninguno de nosotros puede poner condiciones a la misericordia; ella será siempre un acto de gratuidad del Padre celeste, un amor incondicionado e inmerecido” (Misericordia et misera, 2).

Jesús invoca al final de este evangelio la Sabiduría de Dios como criterio de verdad frente a quienes se escandalizan de su misericordia. Como seguidores suyos, nos importa ser discípulos de esa Sabiduría que viene de Dios y nos permite discernir sus signos en nuestro tiempo.

 

¿Cuáles son para ti las principales dificultades para vivir lo que hemos llamado “fenomenología” del amor? ¿Distingues suficientemente el rigorismo moral de la libertad exigente del amor?

SANTOS DEL DIA

 



Santoral

Cornelio y Cipriano, Santos
Mártires, 16 de septiembre ...

lunes, 14 de septiembre de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 12-14. 27-31a

Hermanos:
Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
Pues el cuerpo no lo forma un solo miembro, sino muchos.
Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro. Pues en la Iglesia Dios puso en primer lugar a los apóstoles; en segundo lugar, a los profetas; en el tercero, a los maestros; después, los milagros; después el carisma de curaciones, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan?
Ambicionad los carismas mayores.

Salmo de hoy

Salmo 99, 2. 3. 4. 5 R/. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R/.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R/.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre. R/.

El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 19, 25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena.
Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
- "Mujer, ahí tienes a tu hijo".
Luego dijo al discípulo:
- "Ahí tienes a tu madre".
Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Ambicionad los carismas mayores”

Todos nosotros hemos recibido dones únicos y es esa rica y hermosa diversidad la que nos permite aspirar a la unidad de la que nos habla san Pablo. Decía Santa Catalina de Siena que Nuestro Señor, en su inmensa sabiduría, nos había hecho a todos distintos para necesitar unos de otros.

¡Ay! Si tuviésemos su visión nos daríamos cuenta, con toda claridad, que la excelencia solo se alcanza cuando en la familia, en la fraternidad o en la comunidad, se entretejen los dones de sus miembros, generando sinergias que van mucho más lejos de lo que alcanzaría el mejor, el más apto o el más capaz de sus miembros. Nadie es tan pobre que no tenga algo que aportar ni tan rico que se baste a sí mismo. Como decía un filósofo latino del siglo segundo: Uno a uno todos somos mortales. Juntos somos eternos (Julio Apuleyo)

Los carismas mayores -que no mejores como hemos leído muchas veces- son los reunidos por el amor que es el ceñidor de la unidad consumada (cf. Col 3,14)

“Junto a la cruz de Jesús”

Muchas veces me he preguntado el por qué casi todas las mujeres que aparecen en los evangelios cerca de Jesús tenían como nombre María, como su madre. También sucede en este breve pasaje del Evangelio de san Juan, el discípulo amado. María podemos ser cualquiera de nosotras que queremos sinceramente seguir a Jesús hasta los pies de su cruz.

Imagino la escena y me sitúo cerca del lugar que nos indican, en el Santo Sepulcro de Jerusalén, que se encontraba María con otras mujeres y el discípulo sin nombre: ese resto pobre de Israel que todo lo espera del Señor. Excepto este pequeño grupo, todos habían huido llenos de miedo, también de dolor, para no presenciar aquel escarnio: el maestro bueno, el amigo maltratado, despojado y expuesto, también a la indiferencia. Ellas seguían allí con sus ojos fijos en su rostro y atentas a sus últimas palabras.

Contemplamos la escena como si se tratase de una nueva Anunciación en la que el Hijo se convierte en mensajero de la nueva maternidad universal de María. Con el discípulo amado, que permanece a los pies de la cruz con las mujeres que tanto amaban a Jesús, nos podemos sentir acogidos maternalmente, recibiendo el amor incondicional que nos regala su generoso corazón.

SANTOS DEL DIA

 



Santoral

Nuestra Señora de los Dolores
Memoria Litúrgica, 15 de septiembre ...