viernes, 6 de febrero de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 47, 2-13

Como se separa la grasa en el sacrificio de comunión, así David fue separado de entre los hijos de Israel.
Jugó con los leones como si fueran cabritos,
y con los osos como si fueran corderos.

¿Acaso no mató de joven al gigante,
y quitó el oprobio del pueblo,
lanzando la piedra con la honda
y abatiendo la arrogancia de Goliat?
Porque invocó al Señor altísimo,
quien dio vigor a su diestra,
para aniquilar al potente guerrero
y reafirmar el poder de su pueblo.

Por eso lo glorificaron por los diez mil
y lo alabaron por las bendiciones del Señor,
ofreciéndole la diadema de gloria.

Pues él aplastó a los enemigos del contorno,
aniquiló a los filisteos, sus adversarios,
para siempre quebrantó su poder.
Por todas sus acciones daba gracias
al Altísimo, el Santo, proclamando su gloria.

Con todo su corazón entonó himnos,
demostrando el amor por su Creador.
Organizó coros de salmistas ante el altar,
y con sus voces armonizó los cantos;
y cada día tocarán su música.

Dio esplendor a las fiestas,
embelleció las solemnidades a la perfección,
haciendo que alabaran el santo nombre del Señor,
llenando de cánticos el santuario desde la aurora.

El Señor le perdonó sus pecados
y exaltó su poder para siempre:
le otorgó una alianza real
y un trono de gloria en Israel.

Salmo de hoy

Salmo 17, 31. 47 y 50. 51 R/. Bendito sea mi Dios y Salvador

Perfecto es el camino de Dios,
acendrada es la promesa del Señor;
él es escudo para los que a él se acogen. R/.

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador.
Te daré gracias entre las naciones, Señor,
y tañeré en honor de tu nombre. R/.

Tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu ungido,
de David y su linaje por siempre. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 14-29

En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey de Herodes oyó hablar de él.

Unos decían:
«Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él».

Otros decían:
«Es Elías».

Otros:
«Es un profeta como los antiguos».

Herodes, al oírlo, decía:
«Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado».

Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado.

El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano.

Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo, pero no podía, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo defendía. Al escucharlo quedaba muy perplejo, aunque lo oía con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:
«Pídeme lo que quieras, que te lo daré».

Y le juró:
«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino».

Ella salió a preguntarle a su madre:
«Qué le pido?».

La madre le contestó:
«La cabeza de Juan el Bautista».

Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:
«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».

El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.

Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

Hoy, la liturgia de la Palabra nos presenta una realidad claroscura en la cual se va entretejiendo la historia de Salvación. Es cierto que nuestro corazón sueña con historias felices y de victoria sobre el mal… Sin embargo, la vida, tal y como se nos presenta tiene más sabor de evangelio, de contrasentido y desconcierto que de éxitos y triunfos.

"Porque invocó al Señor altísimo (…) para aniquilar al potente guerrero"

La primera lectura nos presenta el éxito del rey David vinculado a su fe, a su confianza en Dios y su oración. Bien es cierto que, aunque sea de refilón, se hace mención a la fragilidad y al pecado de David cuando se afirma que “el Señor le perdonó sus pecados”.

Y es justamente en estas palabras que reside la fuerza y el testimonio de David Una historia idealizada en la cual se vinculan victorias y guerras con la voluntad de Dios.

Es curioso… hoy probablemente sentimos rechazo. ¿Por qué Dios se pondría de este lado y no del otro? ¿Por qué comprender a Dios como un guerrero y justiciero? No podemos retirar a cada pueblo de su contexto e historia.

Lo importante a realzar es la lectura de fe que realizan a partir de su propia historia. Y así como es propio del corazón humano la historia con final feliz también hace parte de ella su idealización. Eso sí, se trae a tona, de forma muy discreta, que David fue humano y también hizo cosas que no eran del agrado de Dios, por eso es tan importante el reconocimiento del propio pecado: Dios le perdonó.

"El rey Herodes, oyó hablar de él"

El autor del Evangelio nos recuerda que la vida está llena de alegrías y proyectos, y también de situaciones difíciles, complejas y absurdas. Situaciones insensatas y contradictorias se dan muchas veces por la falta de valentía y de actitud, sea cual sea el precio que haya que pagar.

Podemos afirmar que Herodes, al oír hablar de Jesús, recuerda inmediatamente a Juan el Bautista. Un recuerdo que toca su conciencia. Una memoria entre luces y sombras: una lucha interna entre la admiración que sentía por Juan el Bautista y las apariencias.

¿Será que, a pesar de su mala acción (la muerte de un justo, de una persona que no había hecho mal a nadie) Dios hizo el milagro de la resurrección de Juan el Bautista y así la historia tiene un final feliz? Probablemente este podría ser el anhelo del corazón de Herodes para “redimir” su conciencia.

Malas consejeras son la vanidad, el vino y la prepotencia. Son ellas las que llevan a Herodes a presumir de poder hacer lo que quiera y prometer cualquier cosa y a cualquier precio. Malo es el rencor y la sed de venganza que habita el corazón de Herodías. Ingenuidad en una niña que no sabe qué pedir ante la propuesta del rey y recurre a su madre, una madre herida con deseo de “justicia humana”. Y, además, están presentes los espectadores: los invitados y comensales de la fiesta, quienes expectantes van a medir y juzgar las acciones que van a ocurrir.

Este es el contexto que llevó a la muerte de Juan el Bautista, un inocente entre tantos, que no vendió su vida y permaneció fiel a Dios, ocurriese lo que ocurriese.

Herodes probablemente quiso limpiar su conciencia al desear que Dios hubiera resucitado a Juan el Bautista. Posiblemente la aspiración de su corazón no le permitió reconocer y acoger la novedad de Jesús: “el reino de Dios está entre vosotros, convertíos y creed en el evangelio”. Es muy humano desear una intervención mágica que arregle las cosas. Es de personas creyentes percibir la presencia de Dios y reconocer la propia fragilidad, el mal uso de la libertad, el absurdo de la prepotencia y pedir perdón… Sólo el perdón de Dios nos yergue como hijos e hijas de Dios, nos devuelve nuestra dignidad y nos fortalece personal y comunitariamente para vivir y realizar la misión que Dios nos confía.

La conciencia, la verdad y el testimonio

Considero que son estas tres dimensiones las que nos ayudan a encauzar la vida y a discernir lo que realmente está en juego en situaciones complejas, absurdas y de gran sufrimiento. Recordemos, David fue ensalzado, sí, pero siempre de refilón se nos recuerda el perdón que Dios le concedió. Herodes admiraba a Juan el Bautista, lo respetaba y defendía, pero la vanidad fue mayor y no hubo espacio para asumir lo que su conciencia le reclamaba, haciendo inviable la acogida del reino de Dios.

La Palabra de Dios hoy nos invita a mirar el propio corazón, los “huéspedes” que nos habitan y si hay apertura para reconocer que el reino de Dios está entre nosotros, para escuchar la llamada a la conversión y a renovar nuestra fe.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Pablo Miki y compañeros, Santos y Mártires
Memoria Litúrgica, 6 de febrero ...

jueves, 5 de febrero de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 2, 1-4. 10-12

Se acercaban los días de la muerte de David y este aconsejó a su hijo Salomón:

«Yo emprendo el camino de todos. Ten valor y sé hombre. Guarda lo que el Señor tu Dios manda guardar siguiendo sus caminos, observando sus preceptos, órdenes, instrucciones y sentencias, como está escrito en la ley de Moisés, para que tengas éxito en todo lo que hagas y adondequiera que vayas. El Señor cumplirá así la promesa que hizo diciendo:
“Si tus hijos vigilan sus pasos, caminando fielmente ante mí, con todo su corazón y toda su alma, no te faltará uno de los tuyos sobre el trono de Israel”».

David se durmió con sus padres y lo sepultaron en la Ciudad de David.

Cuarenta años reinó David sobre Israel; siete en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén.

Salomón se sentó en el trono de David su padre y el reino quedó establecido sólidamente en su mano.

Salmo de hoy

1 Crón 29, 10-12 R/. Tú eres Señor del universo

Bendito eres, Señor,
Dios de nuestro padre Israel,
por los siglos de los siglos. R/.

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,
la gloria, el esplendor, la majestad,
porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra. R/.

Tú eres rey y soberano de todo.
De ti viene la riqueza y la gloria. R/.

Tú eres Señor del universo,
en tu mano está el poder y la fuerza,
tú engrandeces y confortas a todos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 7-13

En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos.

Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. y decía:
«Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, en testimonio contra ellos».

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Guarda lo que Yahvé tu Dios manda guardar”

Podemos considerar que en esta primera lectura del Libro de los Reyes hay pocas palabras, o sea, es una lectura corta, pero contundente y que puede servirnos de aliento y descanso en nuestro camino de peregrino.

Nos presenta al rey David en sus últimos momentos de vida. Estando cerca de morir da a su hijo unos consejos. Podría haberle enfatizado la importancia de los bienes materiales y haberlos dejado, pero no. Él pone en relieve la importancia de la ley, deja a su hijo el don de la fe, es ahí donde está la vida.  Expresa un tono imperativo en sus palabras: “Ten, sé, guarda, sigue, observa, y a medida que cumplas tendrás éxito” y aún más: la consecuencia es ver cumplida la fidelidad del Señor.

Por ello, es importante resaltar: si en nuestra vida ponemos nuestro corazón en las cosas del Señor, todo lo demás sabemos que nos viene por añadidura (Mt 6,33). Jesucristo vino y nos dejó como testamento la gracia, el amor y la fe como camino que nos puede conducir a Dios nuestro Padre. Que hoy sea este el deseo de nuestro corazón: amar a Dios sobre todas las cosas.

“Llamó a los Doce”

El evangelista san Marcos nos relata la misión de los Doce. Jesús les envía, les ordena para que vayan con el Espíritu Santo confiando en la providencia divina. Han sido llamados y enviados a continuar la actividad profética del gran Maestro, Jesucristo, teniendo como signo la pobreza. Fueron llamados a abandonarse a la fe, a predicar la buena noticia con autoridad bajo el modelo de la pobreza evangélica vivido por Jesús y también a poner sus vidas en la fuerza de Dios trasmitida por él.

Hoy nosotros, los cristianos, también hemos sido llamados, y por el bautismo fuimos enviados a proclamar la buena noticia: el evangelio, que es Jesucristo.  Con el mismo Espírito Santo el Señor nos invita a confiar en su providencia, a poner nuestras vidas en sus manos y a vivir la experiencia de la misión desde él, pues sabemos que somos frágiles, miedosos, cobardes y que sin él no podemos hacer absolutamente nada (Jn 15, 5).  

Es él quién nos llama, nos envía, y frente a todas las adversidades que conlleva la misión nos infunde el Espíritu Santo y nos hace rebosar de alegría y de vida por haberle anunciado. La verdad es que hemos sido llamados a vivir como Cristo ha vivido, y él ha experimentado el dolor, el rechazo, las persecuciones por anunciar el reino de Dios, nuestro Padre.

Que las palabras de Jesús y su fuerza nos hagan salir al camino sin miedo y dispuestos a cumplir su voluntad. Pidamos al Señor el Espíritu Santo para que nos mantengamos firmes y fieles en la misión que él nos ha confiado.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Águeda o Ágata, Santa
Memoria Litúrgica, 5 de febrero...

miércoles, 4 de febrero de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del segundo libro de Samuel 24, 2. 9-17

En aquellos días, el rey David mandó a Joab, jefe del ejército, que estaba a su lado:
«Recorre todas las tribus de Israel, desde Dan a Berseba, y haz el censo del pueblo, para que sepa su número».

Joab entregó al rey el número del censo del pueblo: Israel contaba con ochocientos mil guerreros, que podían empuñar la espada y Judá con quinientos mil hombres.

Pero después, David sintió remordimiento por haber hecho el censo del pueblo. Y dijo al Señor:
«He pecado gravemente por lo que he hecho. Ahora, Señor, perdona la falta de tu siervo, que ha obrado tan neciamente».

Al levantarse David por la mañana, el profeta Gad, vidente de David, recibió esta palabra del Señor:
«Ve y di a David: así dice el Señor. “Tres cosas te propongo. Elige una de ellas y la realizare ».

Gad fue a ver a David y le notificó:
«¿Prefieres que vengan siete años de hambre en tu país, o que tengas que huir durante tres meses ante tus enemigos, los cuales te perseguirán, o que haya tres días de peste en tu país? Ahora, reflexiona y decide qué he de responder al que me ha enviado».

David respondió a Gad:
«¡Estoy en un gran apuro! Pero pongámonos en manos del Señor, cuya misericordia es enorme, y no en manos de los hombres».

Y David escogió la peste. Eran los días de la recolección del trigo. El Señor mandó la peste a Israel desde la mañana hasta el plazo fijado.

Murieron setenta Y siete mil hombres del pueblo desde Dan hasta Berseba.

El ángel del Señor extendió su mano contra Jerusalén para asolarla. Pero el Señor se arrepintió del castigo y ordenó al ángel que asolaba al pueblo:
«¡Basta! Retira ya tu mano».

El ángel del Señor se encontraba junto a la era de Arauná, el jebuseo. Al ver al ángel golpeando al pueblo, David suplicó al Señor:
«Soy yo el que ha pecado y el que ha obrado mal. Pero ellos, las ovejas, ¿qué han hecho? Por favor, carga tu mano contra mí y contra la casa de mi padre».

Salmo de hoy

Salmo 31, 1b-2. 5. 6. 7 R/. Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.
y en cuyo espíritu no hay engaño. R/.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R/.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará. R/.

Tú eres mi refugio,
me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 1-6

En aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos.

Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?».

Y se escandalizaban a cuenta de él.

Les decía:
«No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».

No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe.

Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

"David sintió remordimiento"

David es un hombre que ha subido a los lugares más altos de comunión con el Señor y al servicio a él. Lo que estamos considerando ahora es uno de los momentos más bajos de su vida.

David pecó al hacer el censo porque demuestra una falta de confianza en la promesa que Dios hiciera a Abraham y también el orgullo que tenía como rey, que lo llevó a demostrar su poderío militar.

Aunque las razones del enojo del Señor suponemos que son el descontento del pueblo contra la autoridad que Dios había colocado en la persona del rey. Parece que hay en todo el país un deterioro espiritual muy grande.

Pese a toda esta situación que se nos antoja complicada y difícil de entender desde nuestra perspectiva de nuevo testamento, David confía en la misericordia de Dios.

Se responsabiliza por lo que ha ocurrido, no se justifica. El toma toda la culpa.

Por esta razón le es perdonado su pecado, porque su arrepentimiento llega a cautivar el corazón misericordioso de Dios.

"No desprecian a un profeta más que en su tierra"

Las palabras de Jesús se han convertido hasta en un refrán que tal vez por haberlo oído muchas veces no calibramos el tremendo significado que tiene esta frase.

La tarea del profeta es muy ingrata. Los auténticos profetas suelen ser mal recibidos. A muchas personas les incomoda escuchar discursos claros, radicales, que apelan a la verdad del ser humano y que piden una respuesta, un cambio de actitud.

A menudo, son los más cercanos al profeta los primeros que lo rechazan o no saben valorar su mensaje. De ahí ese interrogante que quiere quitar méritos y desprestigiar la misión, ¿no es este el carpintero?.

Detrás de esta pregunta se trasluce incluso esa cierta envidia y celotipia que marca hoy en día la vida de quien tiene luz y verdad.

Son los tuyos los primeros en reaccionar y desacreditar el don del próximo. Quizás porque no creen que en una persona conocida y cercana, con sus limitaciones, pueda darse tal fuerza, tal entusiasmo y coherencia con su fe.

Pero el profeta que no se busca así mismo, sino que se convierte en mensajero de Dios, no se abate ante las críticas. Los ataques lo refuerzan y jamás se rinde. El amor que lo llena lo sostiene.

La Iglesia de hoy, siendo humana y cargada de defectos, sigue siendo depositaria de un tesoro inmenso. Necesita profetas que sean su voz y muestren al mundo el rostro de Dios.

A eso estamos llamados los cristianos, para ello no necesitamos mucha elocuencia: nuestras obras y nuestra forma de estar en el mundo hablarán por nosotros.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Juana de Valois, Santa
Reina de Francia, 4 de febrero...

martes, 3 de febrero de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del segundo libro de Samuel 18, 9-10. 14b. 24-25a. 31 – 19, 3

En aquellos días, Absalón se encontró frente a los hombres de David.

Montaba un mulo y, al pasar el mulo bajo el ramaje de una gran encina, la cabeza se le enganchó en la encina y quedó colgando entre el cielo y la tierra, mientras el mulo que montaba siguió adelante.

Alguien lo vio y avisó a Joab:
«He visto a Absalón colgado de una encina».

Cogiendo Joab tres venablos en la mano y los clavó en el corazón a Absalón.

David estaba sentado entre las dos puertas.

El vigía subió a la terraza del portón, sobre la muralla. Alzó los ojos y vio que un hombre venía corriendo en solitario.

El vigía gritó para anunciárselo al rey.

El rey dijo:
«Si es uno solo, trae buenas noticias en su boca».

Cuando llegó el cusita, dijo:
«Reciba una buena noticia el rey, mi señor: El Señor te ha hecho justicia hoy, librándote de la mano de todos los que se levantaron contra ti».

El rey preguntó:
«¿Se encuentra bien el muchacho Absalón?».

El cusita respondió:
«Que a los enemigos de mi señor, y a todos los que se han levantado contra ti para hacerte mal les ocurra como al muchacho»

Entonces el rey se estremeció. Subió a la habitación superior del portón y se puso a llorar. Decía al subir:
«¡Hijo mío, Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón! ¡Quién me diera haber muerto en tu lugar !¡Absalón, hijo mío, hijo mío!».

Avisaron a Joab:
«El rey llora y hace duelo por Absalón».

Así, la victoria de aquel día se convirtió en duelo para todo el pueblo, al decir que el rey estaba apenado por su hijo.

Salmo de hoy

Salmo 85, 1-2. 3-4. 5-6 R/. Inclina tu oído, Señor, escúchame

Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva, Dios mío, a tu siervo, que confía en ti. R/.

Piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti, Señor. R/.

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 5, 21-43

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar.

Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia:
«Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva».

Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando: «Con solo tocarle el manto curaré».

Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente y preguntaba:
«¿Quién me ha tocado el manto?»

Los discípulos le contestaban:
«Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"»

Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad.

Él le dice:
«Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:
«Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?»

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:
«No temas; basta que tengas fe».

No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentran el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. y después de entrar les dijo:
«¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida».

Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo:
«Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).

La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor.

Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Entonces el rey se estremeció. Subió a la habitación superior del portón y se puso a llorar”

La primera lectura nos narra la muerte de Absalón, el hijo rebelde del rey David, y como, a pesar de la traición, éste se muestra inconsolable por la pérdida y, con él, todo el pueblo. Absalón ciertamente actuó en contra de su padre, el rey ungido por voluntad de Dios, pero su corazón de padre pudo más que su posición de gobierno.

Nos recuerda de alguna manera este episodio la parábola del Hijo Pródigo donde el padre, a pesar de la actitud y el comportamiento del hijo menor, sufre por él y lo perdona de todo corazón cuando vuelve pobre, triste y fracasado.

Dios nos crea libre, pero nunca deja de querernos, aunque decidamos libremente abandonarle, traicionarle, blasfemar…Somos sus hijos queridos y su corazón se inquieta y se entristece ante el pecado… Espera, confía, perdona y olvida porque, ante todo y, sobre todo, es Padre.

“Con solo tocarle el manto curaré”

Dos milagros de Jesús se nos narran: hay uno que se presenta como el principal: la resurrección de la hija de Jairo y otro que acontece en el camino: la curación de la mujer con flujos de sangre. Para el Señor no hay milagro grande o pequeño, porque todo en Él es un signo del Amor de Dios hacia los hombres.

Nos conmueve la humildad de esta mujer que se acerca al Señor entre la multitud: no se atreve ni a hablarle, solo le toca levemente…y queda curada de una enfermedad que la atormentaba desde hacía años. Nadie salvo el Señor se dio cuenta de este encuentro, de esta comunión de amor y fe. La hija de Jairo, por otro lado, ya dormía el sueño de la muerte cuando llega Jesús y la resucita. La fe de los padres hace que Jesús obre el milagro imposible y la llame para que se levante.

El milagro, todo milagro es el signo de la presencia salvadora de Dios entre los hombres. Y hay entre nosotros muchos más milagros de los que podemos suponer porque el Señor no deja de mostrar su amor a una humanidad que sufre y a veces se desespera ante el continuo influjo del mal y la oscuridad. Tengamos la fe humilde de la mujer y nos daremos cuenta de que los milagros de amor del Señor siguen dándose.

HOMILÍA DEL PAPA LEÓN XIV DE 25 JUNIO

…Alrededor de Jesús había una muchedumbre, muchas personas lo tocaban, pero a ellos no les pasó nada. En cambio, cuando esta mujer toca a Jesús, se sana. ¿Dónde está la diferencia? Comentando este punto del texto, san Agustín dice —en nombre de Jesús—: «La multitud apretuja, la fe toca» (Sermones 243, 2, 2). Y así: cada vez que realizamos un acto de fe dirigido a Jesús, se establece un contacto con Él e inmediatamente su gracia sale de Él. A veces no nos damos cuenta, pero de una forma secreta y real la gracia nos alcanza y lentamente trasforma la vida desde dentro…

Quizás también hoy tantas personas se acercan a Jesús de manera superficial, sin creer de verdad en su potencia. ¡Caminamos la superficie de nuestra Iglesia, pero quizás el corazón está en otra parte! Esta mujer, silenciosa y anónima, derrota a sus temores, tocando el Corazón de Jesús con sus manos consideradas impuras a causa de la enfermedad. Y he aquí que inmediatamente se siente curada. Jesús le dice: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz»