jueves, 6 de agosto de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Nehemías 2, 1. 3; 3, 1-3. 6-7

He aquí sobre los montes
los pies del mensajero
que proclama la paz.
Celebra tus fiestas, Judá,
cumple tus votos,
que no pasará más por ti el perverso;
se acabó la destrucción.
Pues restaura el Señor
la dignidad de Jacob y de Israel:
los desoladores los habían asolado
habían destrozado sus sarmientos.
¡Ay de la ciudad sanguinaria,
toda ella mentira,
llena de rapiña,
insaciable de botín!
Ruido de látigo,
estrépito de ruedas,
galope de caballos,
brincos de carros,
asalto de caballería,
brillo de espadas,
fulgor de lanzas,
heridos sin cuento,
montones de muertos,
cadáveres sin fin,
tropiezan en cadáveres.
Echaré sobre ti inmundicias,
te deshonraré públicamente.
Todo el que te vea
huirá de ti diciendo:
«¡Nínive está devastada!
¿Quién se compadecerá?
¿Dónde encontraré quien te consuele?».

Salmo de hoy

Salmo : Dt 32, 35cd-36ab. 39abcd. 41 R/. Yo doy la muerte y la vida.

El día de su ruina se acerca,
y se precipita su destino.
El Señor hará justicia a su pueblo,
y tendrá piedad de sus siervos. R/.

Pero ahora mirad: soy yo, solo yo,
y no hay dios fuera de mí.
Yo doy la muerte y la vida,
yo hiero y yo curo. R/.

Cuando afile el rayo de mi espada,
y empuñe en mi mano el juicio,
tomaré venganza de mis enemigos
y daré su paga a los que me aborrecen. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 24-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre en su reino».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“He aquí los pies del mensajero que proclama la paz”

La primera lectura del profeta Nahún está marcada por un fuerte contraste. Por un lado, aparece la hermosa imagen del mensajero que corre por los montes anunciando la paz; por otro, la descripción estremecedora de Nínive, ciudad de violencia, mentira y opresión. Son dos maneras de construir la historia: desde la paz o desde el poder; desde la verdad o desde el dominio. Lo mismo que sucede hoy día, entre nosotros y en la sociedad, porque no solo se trata de mirar las guerras y violencias más o menos cercanas, sino también de mirar nuestra actitud.

El profeta contempla la caída de una ciudad que parecía invencible. Nínive representaba la fuerza de los imperios que someten a los débiles y creen que su poder durará para siempre. Sin embargo, la Palabra de Dios recuerda que ningún imperio construido sobre la injusticia es eterno. Todo aquello que se sostiene sobre la violencia acaba derrumbándose.

En medio de este panorama aparece una buena noticia: «El Señor restaura la dignidad de Jacob». Dios no permanece indiferente ante el sufrimiento de su pueblo. Ve las heridas, conoce las humillaciones y trabaja silenciosamente para devolver la esperanza. La restauración comienza cuando alguien vuelve a creer que la paz es posible.

También hoy vivimos rodeados de noticias que hablan de guerras, enfrentamientos, discursos agresivos y fracturas sociales. A veces tenemos la sensación de que la violencia tiene más fuerza que la bondad. Sin embargo, la primera lectura nos invita a mirar más lejos. Dios sigue suscitando mensajeros de paz. Personas sencillas que construyen puentes, que curan heridas, que trabajan por la reconciliación y que anuncian con su vida que otro mundo es posible.

La pregunta que deja el texto es sencilla: ¿qué noticias llevamos nosotros a los demás? ¿Somos portadores de esperanza o repetidores de desánimo?

El Evangelio siempre nos convierte en mensajeros. No porque tengamos grandes discursos, sino porque hemos experimentado que Dios sigue restaurando la vida allí donde parecía derrotada.

“El que pierda su vida por mí, la encontrará”

El evangelio nos sitúa inmediatamente después del anuncio de la pasión. Los discípulos empiezan a comprender que seguir a Jesús no significa buscar privilegios ni ocupar los primeros puestos. El camino del Maestro pasa por la entrega y el servicio.

Por eso Jesús pronuncia unas palabras que siguen resultando desconcertantes: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga». No es una invitación al sufrimiento por el sufrimiento, ni una exaltación del sacrificio vacío. Jesús habla de la capacidad de salir de uno mismo para amar más y mejor.

Vivimos en una cultura que con frecuencia identifica la felicidad con acumular, poseer, controlar o asegurar. Jesús propone una lógica distinta. Quien intenta salvar su vida encerrándose en sí mismo termina perdiéndola. Quien la entrega, quien la comparte, quien la pone al servicio de los demás descubre una plenitud inesperada.

La paradoja del Evangelio es profundamente verdadera. Las personas más felices suelen ser aquellas que han aprendido a darse, que viven trabajando la humildad. Los padres que se desgastan por sus hijos, quienes cuidan a un enfermo, quienes acompañan a los que sufren, quienes entregan tiempo y corazón sin esperar recompensa. Pierden algo de sí mismos, pero encuentran una vida más grande.

Jesús va aún más lejos cuando pregunta: «¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si pierde su alma?». Es una pregunta que atraviesa los siglos. Podemos tener éxito, reconocimiento o seguridades, pero si perdemos nuestra capacidad de amar, de confiar y de vivir en verdad, ¿qué hemos ganado realmente?

El Evangelio de hoy nos invita a revisar nuestras prioridades. La cruz que Jesús propone no es una carga añadida, sino la consecuencia de amar en serio. Quien ama siempre arriesga algo de sí mismo. Pero precisamente ahí, en esa entrega cotidiana y silenciosa, se encuentra el secreto de la verdadera vida.

 

¿Qué significa hoy para mí «perder la vida» por Cristo y por el Evangelio? ¿Qué seguridades me cuesta soltar para vivir con mayor libertad y confianza?

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Cayetano de Thiene, Santo
Memoria Litúrgica, 7 de agosto ...

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro 1, 16-19

Queridos hermanos:
No nos fundábamos en fábulas fantasiosas cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, sino en que habíamos sido testigos oculares de su grandeza.
Porque él recibió de Dios Padre honor y gloria cuando desde la sublime Gloria se le transmitió aquella voz:
«Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido».
Y esta misma voz, transmitida desde el cielo, es la que nosotros oímos estando con él en la montaña sagrada.
Así tenemos más confirmada la palabra profética y hacéis muy bien en prestarle atención como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que despunte el día y el lucero amanezca en vuestros corazones.

Salmo de hoy

Salmo 96, 1-2. 5-6. 9 R/. El Señor reina, Altísimo sobre toda la tierra

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Los montes se derriten como cera ante el Señor,
ante el Señor de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Porque tú eres, Señor,
Altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R/.

Evangelio del día

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

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Reflexión del Evangelio de hoy

Habíamos sido testigos

En pleno tiempo estival, la liturgia nos presenta esta Fiesta de la Transfiguración del Señor, una fiesta que también acompaña el tiempo de cuaresma en el segundo domingo, donde la Transfiguración del Señor alienta la esperanza en el camino hacia la Cruz.

En este día, San Pedro afirma categóricamente “no nos fundábamos en fábulas fantasiosas”. El testimonio de los apóstoles está fundamentado en que “hemos comido y bebido con Él”, lo han visto, lo han palpado, lo han escuchado. Nuestra fe no es una fábula, no es un recuerdo melancólico del pasado, es una historia de salvación que ha acontecido en momentos concretos, con acontecimientos salvíficos, como éste de la Transfiguración del Señor, cuando por un momento fulgurante, dejó ver su gloria. No fue algo que los discípulos merecieran, no fue un logro alcanzado, fue una revelación del ser divino del Señor, que se grabó a fuego en el corazón de Pedro.

 

¿Qué momentos de transfiguración has tenido en tu camino de fe? ¿Has escuchado la Palabra del Padre en tu vida?

No temáis

Para un judío era impensable ver la gloria de Dios y seguir con vida. Tan grande era la reverencia que tenían a Dios, que incluso en el templo de Jerusalén, el Sancta Santorum estaba cubierto por un velo grueso, y sólo una vez al año, el Sumo Sacerdote podía entrar en el Tabernáculo para adorar a Dios y ofrecer el sacrificio.

Cuando Pedro, Santiago y Juan contemplan la divinidad de Jesucristo, no aciertan a descubrir qué es lo que está pasando, será más tarde, “cuando el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”, cuando comprendan el abismo de generosidad que ha tenido el Padre al manifestar a su Hijo.

De momento, sólo pueden caer de bruces, llenos de espanto, al escuchar la voz del Padre. Sin embargo, Jesucristo, se acerca, les toca y les dice “no temáis”. El velo del templo se ha rasgado de arriba abajo, porque sólo Dios podía hacer una revelación así, porque Él toma siempre la iniciativa, a nosotros nos toca responder con amor al Amor generoso de Dios. Cristo ha traspasado el velo con su muerte y resurrección, y nos ha dado la capacidad de mirar al cielo, y poder contemplar el rostro de Dios, como dice también la lectura: “al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús”.

Como dice San Juan Damasceno comentando este texto: “hoy se manifiesta lo que los ojos de carne no pueden ver: un cuerpo terrestre irradiando esplendor divino, un cuerpo mortal rebosando la gloria de la divinidad. Las cosas humanas pasan a ser las de Dios y las divinas las de los hombres”.

 

¿Has sentido en tu vida que Jesús te toca para expulsar el temor? ¿Cómo respondes a los gestos de amor que Dios tiene contigo cada día?

 

También hoy es el día del tránsito al cielo de Santo Domingo de Guzmán, se cumplen 805 años de su transfiguración; es el momento en que, antes de morir, “alzando los ojos al cielo, Domingo dijo: ¡Padre Santo!, Tú sabes que he perseverado con gusto en tu voluntad, y he guardado y conservado a los que me confiaste; también ahora yo los confío a Ti. ¡Consérvalos y guárdalos!”.

Que Santo Domingo nos ayude a alzar la mirada siempre a Jesús y a perseverar en Su Voluntad.

SANTOS DEL DÍA



Santoral

Transfiguración de Jesús
Fiesta Litúrgica, 6 de agosto ...

miércoles, 5 de agosto de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 31, 1-7

En aquel tiempo - oráculo del Señor -, seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo.

Esto dice el Señor:
«Encontró mi favor en el desierto el pueblo que escapó de la espada. Israel camina a su descanso.

El Señor se le apareció de lejos.

Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia para contigo.

Te construiré, serás reconstruida, doncella capital de Israel; volverás a llevar tus adornos, bailarás entre corros de fiesta. Volverás a plantar viñas allá por los montes de Samaria; las plantarán y vendimiarán.

"Es de día", gritarán los centinelas arriba, en la montaña de Efraín: "En marcha, vayamos a Sión, donde está el Señor nuestro Dios"».

Porque esto dice el Señor:
«Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por la flor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: ¡El Señor ha salvado a su pueblo, ha salvado al resto de Israel!».

Salmo de hoy

Jer 31, 10-13 R/. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño». R/.

«Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte».
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sion,
afluirán hacia los bienes del Señor. R/.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón.

Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
«Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
«Atiéndela, que viene detrás gritando».

Él les contestó:
«Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

Ella se acercó y se postró ante él diciendo:
«Señor, ayúdame».

Él le contestó:
«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

Pero ella repuso:
«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».

Jesús le respondió:
«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».

En aquel momento quedó curada su hija.

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Señor, ayúdame”

Aquella mujer que gritaba al Señor no era del pueblo escogido, era pagana. Esta división, pueblo escogido y paganos, estaba muy presente en tiempo de Jesús y tenía mucha fuerza, sobre todo, en el pueblo escogido.

Aquella mujer, cananea, no tenía mucha conciencia de esta división, para ella solo existía una niña, su hija, maltratada por un demonio que le quitaba la paz y no la dejaba vivir, y por eso grita con fuerza ante la presencia de Jesús, ella sabe que aquel profeta venido de Israel puede hacer algo por su hija.

Es lo primero que aprendemos de ella, aprendemos a gritar nuestra necesidad delante del Señor, somos conscientes de nuestra debilidad y flaqueza delante de nuestro Dios; la humildad nos hace reconocer nuestros propios errores. Y aunque parezca que, a veces, el Señor guarda silencio eso no nos desanima, seguimos clamando al único que puede liberar nuestra conciencia y curar nuestras heridas del cuerpo y del alma.

“También los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”

Ella se postró delante de Jesús y solo una expresión llena de dolor y esperanza brotó en su corazón de madre: Señor, ayúdame. ¡Cuántas veces también nosotros necesitamos postrarnos delante del Señor! en silencio, solo esperando una respuesta que aliente nuestra paz y fortalezca nuestra confianza en El.

Ante las palabras del Señor, aquella mujer, cananea, no se vino abajo, permaneció fiel, fiel a su condición de madre, fiel a su condición de pagana creyente. Sabía y había puesto su confianza en aquel hombre que venía de otro país, de otra tierra.

De alguna manera, la fe de esta mujer es una prueba cierta y verdadera de que las “migajas” de Dios llenan toda la tierra. Todo hombre, toda mujer solo por esa condición, que nos hace  hijos e hijas de Dios, llevamos en nosotros el germen de una fe que no conoce divisiones ni fronteras. La luz de Dios envuelve a toda la humanidad porque Dios ha sembrado de fe todos los surcos de la tierra.

SANTOS DEL DÍA

 



Santoral

Dedicación de la Basílica de Santa María
Llamada también Santa María de las Nieves. 5 de agosto ...

martes, 4 de agosto de 2026

LECTURAS Y MEDITACIÓN DEL DÍA

 



Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 30, 1-2. 12b-15. 18-22

Palabras que recibió Jeremías de parte del Señor:
«Esto dice el Señor, Dios de Israel:
“Escribe en un libro todas las palabras que he dicho:
Tu fractura es incurable,
tu herida está infectada;
tu haga no tiene remedio,
no hay medicina que la cierre.
Tus amantes te han olvidado,
ya no preguntan por ti,
pues te herí como un enemigo,
te di un escarmiento cruel.
Y todo por tus muchos crímenes,
por la gran cantidad de tus pecados.
¿Por qué gritas por tu herida?
Tu haga es incurable.
Por tantos y tantos crímenes,
por todos tus numerosos pecados
te he tratado de ese modo”.
Pero esto dice el Señor:
“Cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob,
voy a compadecerme de sus moradas;
reconstruirán la ciudad sobre sus ruinas,
su palacio se asentará en su puesto.
De allí saldrán alabanzas,
voces con aire de fiesta.
Haré que crezcan y no mengüen,
que sea reconocida su importancia,
que no sean despreciados.
Serán sus hijos como antaño,
su asamblea, estable en mi presencia;
yo castigaré a sus opresores.
De entre ellos surgirá un príncipe,
su gobernante saldrá de entre ellos;
lo acercaré y estará junto a mí,
pues ¿quién arriesgaría su vida
por ponerse cerca de mí?
—oráculo del Señor—.
Y vosotros seréis mí pueblo
y yo seré vuestro Dios”».

Salmo de hoy

Salmo 101, 16-18. 19-21. 29 y 22-23 R/. El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria.

Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sion,
y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones. R/.

Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R/.

Los hijos de tus siervos vivirán seguros,
su linaje durará en tu presencia.
Para anunciar en Sión el nombre del Señor,
y su alabanza en Jerusalén,
cuando se reúnan unánimes los pueblos
y los reyes para dar culto al Señor. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 15, 1-2. 13-14

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén y le preguntaron:
«¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?».
Y, llamando a la gente, les dijo:
«Escuchad y entended: no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre».
Se acercaron los discípulos y le dijeron:
«¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte?».
Respondió él:
«La planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo».

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Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Y vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios”

La palabra del Señor es siempre sorprendente, en términos actuales, contraintuitiva. El profeta Jeremías narra en este pasaje, sin paños calientes, las consecuencias atroces del pecado y de la traición. Los muchos crímenes cometidos, también nuestras grandes y pequeñas traiciones, tienen consecuencias terribles, provocan heridas profundas que se sobreinfectan, traumatismos irreparables que requieren amputaciones.

En medio de este desolador paisaje, que todos conocemos bien porque lo vemos a diario en las pantallas, escuchamos la voz del Señor en boca del profeta: cambiaré vuestra suerte, me compadeceré, reconstruiré vuestras ruinas.

En el Éxodo, en el Levítico y en los libros proféticos del AT hemos podido leer, muy gozosamente, que Dios permanece fiel a su pueblo. Hemos visto cumplida esa promesa en la persona de Jesús y nos hemos unido a la esperanza paulina: Si el Señor está con nosotros ¿quién contra nosotros? (cf. Rm 8, 31)

“Dejadlos, son ciegos”

En este curso académico he podido compartir, con un buen alumno de máster, sus problemas de visión. Mantiene un resto visual del cinco por ciento y ha aprendido a desenvolverse de manera muy hábil. Admirable. Hablábamos de la importancia de la atención a la diversidad en educación. La discapacidad forma parte de la diversidad, aunque en el Evangelio de hoy, san Marcos se refiere a otra cosa. No se trata del ciego de Siloé ni de Bartimeo, el ciego de Jericó, sino del que no quiere ver. 

Hablábamos, mi alumno y yo, de que le es más fácil al ambliope diagnosticado actuar de manera lúcida, consciente de su hándicap, que a cualquiera de los que no estamos diagnosticados, aunque no estemos libres de limitaciones discapacitantes. Creo que, a estos, a nosotros, se refiere el Evangelio.

Qué peligroso es creer que nuestras observancias son las que nos mantienen a salvo, dentro de ese selecto grupo de privilegiados que cumplen con el precepto dominical y rezan el rosario, apartados de los peligros del mundo, encerrados en nuestras propias garantías de las que dan cuenta los rigurosos cumplimientos.

Si nos miramos por dentro vemos que no somos impecables, que hemos consentido el mal debilitados por la tentación de nuestras sucesivas aproximaciones a él o seducidos por las ventajas de sus engañosas promesas. Cuando hemos consentido el mal ya opera desde nuestro interior, aunque nos mantengamos, no sin impostura, apartados de la contaminación del mundo.